
Prof. Marina Gambardella.
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Tiene propiedades anticancerígenas, es antipirética, tiene un alto contenido de vitamina C, se relaciona con la alimentación sana, es bonita a la vista y de agradable sabor. Estas son sólo parte de las múltiples bondades de la frutilla, que de ser considerada tradicionalmente como un alimento de lujo, en los últimos años ha experimentado un alza en su consumo a nivel mundial. El contraste es evidente: de 750 mil toneladas anuales que se producían en todo el globo en los años sesenta, la cifra aumentó a 3 millones 170 mil el año pasado, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO.
En Chile su producción ha sido limitada y retrasada en cuanto a la tecnología utilizada y a la superficie por hectárea plantada, y responde principalmente a esfuerzos esporádicos e irregulares de empresas independientes, no a una planificación coordinada del sector. Sin embargo, donde sí podríamos tener ventajas competitivas con respecto a otros países, no es exportando el fruto en sí mismo, sino su planta, un producto interesante desde el punto de vista de la comercialización especialmente al mercado europeo, que se caracteriza por ser dinámico, atractivo y manifiesta una creciente demanda. Así lo considera el grupo de académicos del Departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agronómicas, que están desarrollando el proyecto Fondef, Transferencia tecnológica y desarrollo de plantas de frutillas para la exportación. En nuestro país tenemos un monopolio en esta materia, porque existe sólo un vivero comercial en esta materia, el que obviamente no va a difundir su tecnología a otros interesados. La misión nuestra es ponerla al alcance de medianos y grandes empresarios agrícolas para aumentar las posibilidades de convertir a Chile en un vivero de latinoamérica, explica la Prof. Marina Gambardella, jefa del proyecto.
En los países productores de frutillas la reposición de plantas se realiza todos los años y Chile cuenta con las condiciones agro- ecológicas necesarias para cubrir parte de la demanda. En primer lugar, su ubicación geográfica otorga altitud y latitud favorables para cumplir con los requerimientos de frío y de fotoperíodo, claves para este tipo de producción, cuyo cultivo se basa en el uso de plantas frigoconservadas. La diferencia de hemisferio con Europa también actúa a favor, ya que permite que su cosecha se realice justo cuando es necesario plantarlas en el hemisferio norte, con lo que el período de conservación en frío es mínimo, lo que disminuye el riesgo de pudriciones y determina la buena calidad de exportación.
Las garantías de sanidad con las que cuenta el país, también es un factor importante, pues permiten asegurar la ausencia de buena parte de las enfermedades que afectan este tipo de producción, como la Antracnosis, hongo sumamente nocivo, o la bacteria Xanthomona, latente en la mayoría de los países que trabajan en este rubro.
Dado lo favorable del panorama, este proyecto, que en su primera fase estuvo enfocado a desarrollar la tecnología de producción no disponible en el país y la estructura para abastecer de plantas madre, hoy busca incentivar a empresarios para que apuesten por este tipo de exportación que puede reportar buenos dividendos a nuestro país.
UN COMPLEJO PROCESO
La planta de frutilla es un producto agrícola de alta tecnología, que requiere de muchos cuidados y de un tratamiento estrictamente supervisado por especialistas. Este proceso puede durar de tres años y medio a cuatro, en todo este tiempo, somos capaces de convertir una planta en 500 mil. Todo este sistema de producción lo realizamos siguiendo lo reglamentado por todos los sistemas de certificación mundial que se le exigen a los viveros comerciales. De este modo, aseguramos al agricultor una planta sana y productiva, con suficiente carbohidrato, explica la Prof. Marina Gambardella. Junto con esto, señala, que todas las etapas involucradas requieren de una alta inversión tanto en investigación, infraestructura y tiempo.
El proceso se realiza respetando las características de la variedad comercial que aceptan los mercados internacionales. Primero, a una planta madre se le corta un meristema, pequeña zona de activo crecimiento y se coloca en un medio de cultivo in vitro para su micro propagación. Las plantas que surgen de esta acción son separadas en frascos especiales para un período de aclimatación, para después pasar a un bloque fundación, bajo las condiciones de un invernadero llamado Screen House, que contiene mallas que impiden el ingreso de los temidos áfidos, los vectores de virus. Es aquí donde, manteniendo las particularidades de la planta original, se desarrolla naturalmente la reproducción vegetativa. Luego de ser llevadas a un bloque de incremento, para su propagación en pleno campo, las plantas son trasladadas a un vivero comercial. Cada una posteriormente es almacenada en cajas especiales y frigoconservadas a -2 grados centígrados, listas para ser exportadas.
Para efectos de la investigación, si bien se establecieron viveros en Ovalle, Santiago, Curicó, Bulnes y Los Angeles, se determinó que las mejores zonas de cultivo para las plantas frigoconservadas se encuentran en el tramo desde Chillán hasta Osorno. Y desde el punto de vista económico, la experiencia reportó que un vivero comercial de este tipo tiene un costo de 10 a 12 millones de pesos por hectárea, valor determinado por la alta necesidad tecnológica.
Los resultados de este trabajo desarrollado por el Departamento de Producción Agrícola han sido exitosos. Entre sus logros se cuenta el acondicionamiento de un laboratorio para el cultivo de tejidos y screen house para producción de plantas madres, la creación de una base de datos con información del mercado de plantas de frutillas, la comparación del comportamiento agronómico de las plantas producidas en Chile con aquellas de los países de destino y el establecimiento de las técnicas de manejo post- cosecha y las condiciones de envío al mercado internacional.
El proceso completo que incluye la exportación ya fue realizado el año pasado a escala piloto -en un nivel sub comercial- con buenos resultados en el extranjero y en el 2003 se repetirá. Este representa el primer paso en la tarea de incentivar a que otras empresas chilenas del área agrícola se integren a este negocio y cuenten con todo el apoyo técnico adecuado para competir exitosamente en este rubro.