U-noticias
     Sitio Web del periódico de la Universidad de Chile

Estudio de la “U” valida indicador
Proponen cobro por retiro de basura según consumo de electricidad

El análisis guiado por los Profesores Eugenio Figueroa, de la Facultad de Ciencias Económicas; y José Arellano, investigador del Cenma, se realizó en 120 hogares de Peñalolén, y confirmó que a mayores ingresos, se generan más desechos y consumo eléctrico. Además determinó que sólo a partir de un ingreso per cápita mensual de 950 mil pesos, la relación “más ingresos, más basura” tendería a estabilizarse.


Prof. José Arellano.

Prof. Eugenio Figueroa.
Las imágenes de vecinos protestando por la apertura de un relleno sanitario, o las que muestran a autoridades comunales complicadas por los altos costos que significa recolectar y depositar la basura, no hacen más que constatar que el manejo de los residuos sólidos domiciliarios en la capital se está haciendo cada vez más difícil.

El acceso a mejores estándares de vida ha contribuido a que la producción de basura per cápita entre los habitantes de la Región Metropolitana esté aumentando a razón de un 3% anual, situación que al parecer no se revertirá en el corto plazo de no mediar cambios en las conductas de consumo.

Más basura los fines de semana

Además de los ingresos económicos, entre los factores que influyen en la cantidad de residuos que genera un hogar se consideran la educación ambiental de los habitantes, los días de la semana, la estación del año y la gestión ambiental.
En el estudio “Relación entre la producción per cápita de residuos sólidos y factores socioeconómicos” antes descrito, se constató que de lunes a viernes se genera la menor cantidad de basura, mientras que los fines de semana se produce un aumento de la producción asociado con tareas de aseo en el hogar. La existencia de días festivos incide también en el volumen debido al mayor consumo de bienes y servicios.

Por otro lado, el estudio reveló que la educación ambiental no formal de cursos y difusión de este tipo de temas a través de la televisión influye sobre la cantidad de residuos que producen las personas. “A medida que sube el ingreso socioeconómico sube tanto la asistencia a cursos ambientales como a ver programas. Esto de alguna manera es la explicación que hay detrás de por qué cuando aumentan los ingresos, al final se produce una mayor conciencia ambiental y se va atendiendo a una menor producción de basura así como de otros contaminantes”, dice el Prof. Figueroa.

Más allá de esto, la política que tengan las ciudades respecto al manejo de la basura tiene especial relevancia en cómo la población asume la problemática. En nuestro país, por mucho tiempo se abordó el tema del tratamiento de la basura cuando ésta ya se había generado, es decir, la política estaba orientada únicamente a buscar lugares de disposición final para los desechos. En los últimos años, en tanto, se han impulsado acciones orientadas a prevenir la generación de estos.
La reducción, re-uso y reciclaje de la basura aparecen en este escenario como las alternativas de solución propuestas por autoridades y especialistas en el tema. Sin embargo, los avances han estado lejos de los deseados. Ante esto, buscando una forma de incentivar la minimización de residuos y tomando en cuenta que en la actualidad en los cobros por aseo no se hace diferenciación según la cantidad de residuos que producen las personas, académicos de la Universidad de Chile se abocaron a investigar el tema con vistas a establecer un sistema de tarificación que permitiera hacer realidad el principio de “quien contamina paga”. Fue así como llegaron a validar el indicador del consumo eléctrico. En efecto, el estudio comprobó que la cantidad de basura que se produce en un hogar aumenta según sube el ingreso económico, y se correlaciona también con el consumo de electricidad, tesis que en un sentido amplio coincide con la percepción general que indica que los que más tienen, más residuos generan.

También, por otro lado, la investigación determinó que sólo con un ingreso per cápita mensual de mil 451 dólares -unos 950 mil pesos por habitante o cuatro millones 750 mil mensual por una familia tipo de cinco personas- la relación “a más dinero, más producción de basura” en vez de seguir subiendo, tendería a estabilizarse o bajar.


Si contamina paga

Según explican los académicos Prof. Eugenio Figueroa, de la Facultad de Ciencias Económicas, y Prof. José Arellano investigador del Cenma y académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, quienes guiaron esta investigación presentada por el profesional Javier Orccosupa para optar al título de magíster en Gestión y Planificación Ambiental, se realizó en 120 hogares de Peñalolén, comuna escogida por representar de mejor forma la composición de los estratos socioeconómicos de las 32 comunas de la Provincia de Santiago.

Para este estudio, la basura fue recolectada desde los domicilios durante nueve días consecutivos, determinándose que el promedio de desechos diarios por habitante llega a 749 gramos. Sin embargo, en el nivel socioeconómico alto las personas producen más de un kilo, monto que desciende progresivamente en el resto de los estratos hasta llegar a poco más de 500 gramos en la población más pobre. Así las personas del nivel “alto” generan casi el doble que los habitantes del nivel considerado “bajo”.

Además, como ya se mencionaba, se comprobó que existe una alta correlación entre el consumo de electricidad -que es mayor en los estratos altos- y la producción de basura. “Se pudo apreciar que las personas que ganan más dinero consumen más energía y producen más residuos, por lo tanto, lo lógico es que la tarifa vaya de acuerdo a esto”, dice el Prof. Arellano.

En la misma línea, el Prof. Figueroa agrega que si bien lo ideal sería cobrar por la relación producción de basura e ingreso, esta es una relación que tiene poco uso práctico para establecer una tarifa, debido a la imposibilidad de medir casa a casa la producción de basura en el proceso de recolección. Tomando una ecuación de regresión múltiple se llegó a los siguientes valores de tarifa para la comuna de Peñalolén. Estrato alto, $39.270 anuales por retiro de basura; medio-alto $38.222; medio $32.862; medio-bajo $31.786; y bajo $28.738.

Estas cifras dejan en evidencia que lo que se cobra actualmente (unos 22 mil pesos en Peñalolén) está bajo el costo real, ya que está subvencionado, sin embargo, a todos se les cobra por igual. En este sentido, el Prof. Figueroa indica que hoy se paga una suma determinada por el retiro de basura y eso genera subsidios cruzados en que los que producen menos le pagan el retiro de basuras a los que producen más.

Destaca que entre las ventajas de la tarificación diferenciada, además del principio de “quien contamina paga”, está el principio de “equidad”, variables que actualmente no se consideran y que de algún modo desincentivan cualquier acción que apunte a minimizar la generación de residuos domiciliarios, práctica que está basada en el uso eficiente de los recursos naturales, ahorro de energía y buenas prácticas de consumo. Entre ellas, preferir bebidas en envases retornables y de tamaño familiar y no en latas; no malgastar el papel; usar bolsas de tela; y evitar productos envueltos con mucho plástico.

Por último, como ya se adelantaba, al aplicar el modelo general de la curva ambiental de Kuznets, que es un indicador que sugiere que la contaminación aumenta de acuerdo al crecimiento económico, pero que se estabiliza o baja cuando se llega a un cierto nivel de ingresos, el estudio determinó este punto de inflexión para un ingreso económico per cápita de 17. 418 dólares anuales, tres veces el ingreso promedio actual. Llegar a una estabilización de las cifras, permitiría planificar mejor. “Ahora el gran problema que tenemos con los residuos domiciliarios es que vamos detrás de la producción. Las soluciones se piensan y ya el problema nos sobrepasó”, puntualiza el Prof. Arellano.

Cabe señalar que la llegada al punto de inflexión señalado, revela por un lado que si bien la tendencia a consumir más aumenta con el ingreso, también a la par de esto aumenta la conciencia ambiental y en algún momento este último factor sería más determinante.

¿Qué botamos?

Según el análisis realizado en la comuna de Peñalolén, más de la mitad de los desechos (53,9%) vertidos corresponden a materia orgánica. Con un 13% le siguen los papeles y cartones; plástico (12%); textiles (5,4%); escombros, cenizas y lozas (4%); y metales (3,2%), entre otros. Al hacer la comparación con otro estudio realizado en 1992 -que a diferencia de éste analizó la composición de la basura en el relleno sanitario Lo Errázuriz y no una vez retirada de las casas- se evidenció un crecimiento de alrededor de un 5% en los desechos de materia orgánica, mientras que el plástico aumentó en dos puntos, lo que reafirma el incremento sostenido que ha experimentado este tipo de residuos en los últimos 30 años.

El depósito de papeles y cartones, por otro lado, disminuyó en un 6%, mientras que el resto de los componentes se mantuvo prácticamente estable. Por nivel socioeconómico, el estudio constató que en los estratos “alto” y “medio-alto” se bota una mayor cantidad de papeles, pañales y pilas. Los más pobres, en tanto, generan más metales, escombros, cenizas y lozas que el resto de los estratos. Por último, en el estrato medio, hubo valores intermedios para los distintos componentes.










Sitio Web del periódico mensual publicado por la Dirección de Comunicaciones y RR.PP. de la Universiadad de Chile, Avda. Bernardo O'Higgins 1058, teléfono: 6781060, fax: 6781132, e-mail: unoticias@uchile.cl
© Universidad de Chile, 2002