
Prof. Roberto Nahum A. Facultad de Derecho.
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Hay una objetividad trascendente en
las páginas de “Universidad de Chile:
En busca de un rostro”; por ellas desfilan
todas las imágenes universitarias
que hemos conocido entre 1996 y
1999, desde el Proyecto de
Optimización Académica del
Rectorado del profesor Lavados hasta
la creación de la Comisión Normativa
Transitoria del Rectorado del profesor
Riveros, dando vida a las actitudes, inquietudes,
críticas y sugerencias que
han animado el mundo de la Universidad
de Chile en este lapso de nuestra
historia democrática, en torno a
esos proyectos y a otras inquietudes,
en los diversos referentes universitarios:
el académico, el estudiantil y el
administrativo; documentando los
acontecimientos más importantes que
vivió nuestra Alma Mater durante este
período y registrando, con vívidas tonalidades,
las voces de sus más destacados
protagonistas.
Como bien recuerda el Maestro
Valenzuela, a mí me correspondió participar
en segundo y primer plano en
todos los días que precedieron a la noche
del 23 de abril de 1997 en la Facultad
de Derecho, y en los días y noches
que la sucedieron.
En segundo plano, desde luego, porque
desde hacía diez años que me desempeñaba
como Director de su Escuela y, por consiguiente, era el directivo
universitario responsable del orden
general de Derecho; en primer plano,
enseguida, porque al renunciar
Avelino León, primero, y Francisco
Merino después, el Rector me designó
Decano subrogante por estricto orden
de precedencia jerárquica y debí
ocupar la testera de la Facultad.
No fue un tiempo apacible aquél. El
relato de los hechos por la pluma del
autor de este Rostro, habla por sí solo.
En honor a la verdad, la toma de la
Facultad fue un hecho episódico, pero
definitorio.
Los medios de comunicación recogieron
las acciones y reacciones que se
produjeron en la Facultad desde aquel
23 de abril, y es probable que la ciudadanía
se formara una opinión de rebeldía
y desorden, quizás atribuyéndolas
a factores políticos, como que
uno de los candidatos a Decano era el
ex jefe del movimiento Patria y Libertad,
de suyo conocido. Pero para quienes
éramos y estábamos en la Facultad,
y conocíamos el sentir y el pensar
de muchos académicos y de la casi
unanimidad de los alumnos, el problema
que se había desatado esa noche
era más bien la explosión liberadora
de un sistema cerrado de vida universitaria
que se arrastraba por inercia,
por lo menos desde 1973, y que se
caracterizaba por el signo y designio
de la autoridad, en detrimento de la
espontaneidad de los participantes en
el trabajo pedagógico, tanto en los aspectos
de promoción académica, cuanto
de administración de cursos y recursos
universitarios, controles y grados.
Por eso, la noche del 23 de abril de
1997 no debe analizarse, creo, bajo la
visión simplificada de la situación
fáctica que produjo la actitud de los
alumnos de Derecho. Tras el hecho de
instalarse en el edificio de la Facultad,
de poner cadenas en sus rejas de
fierro, se levantaba un grito de insatisfacción
por siete años de democracia
que parecían haberse quedado al
otro lado de la calle Pío Nono sin entrar
a la Facultad de Derecho.
Por eso, nunca compartí el criterio
penalizador de la represión frente a lo
sucedido, porque tampoco me pareció
que el orden universitario pudiera restaurarse
reinstalándose por decreto,
como si fuera un hecho desligado del
querer y pensar de la comunidad estudiantil.
Tampoco me pareció correcto
atribuir al Rector Lavados torcidas
intenciones respecto de la Facultad, ni
como recuerda el Maestro Valenzuela,
a implícitas sanciones por las actitudes
universitarias y administrativas
que había mantenido.
Desde la distancia que nos separa de
aquellos años, yo reafirmo mi convicción
de habernos encontrado en presencia
de una profunda transformación
sicológica, en que los colores y los
himnos de la democracia surgente que
recorrían los cuatro puntos cardinales
de la nación centrados en un crecimiento
con equidad, no eran
vivenciados al interior de las aulas, que
mantenían contenidos y métodos, y
sobre todo formas de relación, que recordaban
vívidamente las palabras con
que Amanda Labarca se había referido
al área de Derecho de la Universidad.
* Nota de Editora: Comenterio del
Prof. Nahum en la presentación del
libro “Universidad de Chile en busca
de un rostro”, del Prof. Fernando
Valenzuela, marzo del 2002.