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Prefieren a sus parientes aunque no vivan con ellos
Constatan nepotismo en conductas de ratones

El Prof. Rodrigo Vásquez, académico del Departamento de Ciencias Ecológicas de la Facultad de Ciencias, evaluó el comportamiento de una especie de roedor en ambientes variables y su desempeño social vinculado al parentesco, constatando cambios evidentes en su actuar según esos factores.


Prof. Rodrigo Vásquez.
La inquietud cada vez más extendida entre los investigadores por conocer cómo los animales se desenvuelven realmente en la naturaleza, fue uno de los factores que motivó un interesante estudio sobre conducta animal que acaba de concluir el Prof. Rodrigo Vásquez, académico del Departamento de Ciencias Ecológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.

Tomando en cuenta que hasta hace muy poco gran parte de la literatura de conducta y ecología evolutiva consideraba a los animales como si estos vivieran en ambientes muy estables y con escasa interconexión con otros organismos, este académico se dedicó a evaluar el comportamiento de una especie de roedor en ambientes variables y su desempeño social vinculado al parentesco. Allí constató la existencia de cambios evidentes en su actuar según esos factores.

En el marco del proyecto denominado “Plasticidad y compromiso en ecología conductual: uso de la información, del tiempo y de la energía en ambientes cambiantes”, el cual tiene como principal aporte ahondar en los rasgos conductuales de vigilancia, escape, y actitudes cooperativas en mamíferos, se estudió al roedor octodon Degus, conocido también como degu o ratoncito cola de pincel.

Una de las líneas investigativas se centró en la evaluación de los efectos del parentesco genético y familiaridad asociado a la agresividad; y la cooperación vinculada a conductas de vigilancia. Para ello se realizaron experimentos de laboratorio a partir de camadas con origen genético conocido, conformándose grupos de hermanos y no hermanos que fueron criados juntos desde temprana edad; y de hermanos y no hermanos criados aisladamente. La investigación arrojó que la agresividad fue significativamente mayor entre individuos no emparentados y superior en los roedores criados separadamente. Por otro lado, la agresividad es mucho menor entre hermanos, incluso entre los que no se habían visto nunca hasta la edad adulta. Cabe resaltar en este sentido, que es más baja aún, que la presentada entre individuos que vivieron juntos desde el nacimiento, pero que no eran parientes. Por otro lado, quedó en evidencia que los hermanos criados separadamente mostraron los mayores tiempos de exploración y, asimismo, la vigilancia individual anti-depredatoria fue mayor entre grupos de hermanos que en grupos de no emparentados.

Según explica el Prof. Vásquez este último resultado es de gran relevancia, ya que si bien no es novedoso en cuanto a la teoría de selección de parentesco, se comprueba un caso de nepotismo en mamíferos respecto de conductas de vigilancia, una variable que no había sido estudiada. “Esto refleja que el parentesco genético juega un rol muy importante en las conductas sociales de vigilancia, favoreciendo una mayor colaboración”, puntualiza el Prof. Vásquez. Este académico, quien es Doctor en Biología de la Universidad de Oxford y Magíster en Ecología de la Casa de Bello, agrega que el resultado apoya postulados de la teoría del fitness inclusivo que señala que el éxito de una especie no se define sólo a través de la descendencia directa, sino que también aumentando la probabilidad de que parientes que contengan sus genes puedan sobrevivir por mayor tiempo.


Otros cambios

Tal como se mencionaba al principio, la investigación del Prof. Vásquez también consideró los cambios conductuales de los animales en aspectos como la vigilancia y velocidad de desplazamiento, según variables internas y externas.

Sobre esto último, el estudio contempló un experimento de campo que comparó el comportamiento de roedores de la misma especie en un hábitat carente de vegetación y otro abundante en arbustos que proveen refugio. En este caso, los animales fueron marcados para evaluar su conducta en ambos lugares.

El Prof. Vásquez explica que se constató que la vigilancia de los roedores en hábitat desnudos es mucho mayor que donde hay arbustos. Por otro lado, se verificó que las pausas para vigilar de estos roedores -cuyo desplazamiento es a escala- son significativamente más largas en los espacios abiertos. Esto pudiera parecer extraño, pero según estudios ello tendría su explicación en que los roedores son más difíciles de detectar cuando están inmóviles, pues son muy miméticos con el ambiente. Por lo mismo, para cruzar distancia en espacios abiertos se detendrían por un mayor tiempo.

Por último, para evaluar cambios de conductas según variables internas, se estudiaron los efectos del tamaño o masa corporal en la conducta de vigilancia y capacidad que tiene el roedor degu de evadir depredadores, acciones muy relevantes desde el punto de vista reproductivo y evolutivo de la especie. En este caso, se modificó en laboratorio el peso corporal del roedor a través de un proceso de engorda con sobrealimentación, mientras que a otro grupo se les aumentó la masa con inyecciones de suero salino. La idea era verificar en ambos casos, y con animales control, si había diferencias respecto de las conductas señaladas.

Según explica el Prof. Vásquez, los resultados obtenidos indican que los animales más pesados, debido a la sobrealimentación, vigilaron más que los animales con masa artificial, mientras que el escape tiende a ser más lento entre estos roedores que en los controles, aunque los resultados no son del todo concluyentes en este aspecto.

Siguiendo la misma línea de estos estudios, el académico del Departamento de Ciencias Ecológicas está iniciando un nuevo proyecto Fondecyt que busca determinar el valor del aprendizaje como rasgo conductual que favorece el desempeño biológico de los organismos. Esto, atendiendo a que comúnmente las ventajas selectivas de las especies han sido asociadas a rasgos como el tamaño, la historia de vida o sus estrategias de forrajeo, y a que si bien hay modelos teóricos que sugieren la influencia de las capacidades cognitivas, las evidencias empíricas existentes hasta ahora no son concluyentes.









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