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Acuerdan crear megaproyecto para combatir aluviones

Tragedias similares a las de Antofagasta en 1991 o de la Quebrada de Macul en 1993 podrían evitarse o al menos mitigarse gracias a un estudio interdisciplinario que desarrollarán facultativos de nuestra Universidad.

El domingo 28 de Marzo de 1965, a las 12,33 horas, un terremoto de Magnitud 7,6 en la escala de Richter, con epicentro en La Ligua, sacudió al país, desde la IV a la IX región. La situación más grave se produjo en el tranque de relaves El Cobre de la mina El Soldado, perteneciente a la compañía Disputada de Las Condes, ubicado a unos 10 Km. del pueblo de La Calera. En este lugar, y al parecer con el primer remezón del sismo, el tranque cedió originando una avalancha de 10 millones de metros cúbicos de fango, ácidos y residuos minerales provenientes de la mina.

El aluvión bajó a una velocidad de 40 kilómetros por hora y no tardó ni quince minutos en cubrir para siempre, bajo una capa de varios metros, al pequeño pueblo minero dando muerte a casi 200 personas. De los habitantes sólo diez lograron escapar y jamás se encontraron los cadáveres de la gran mayoría. Los reportes de la época señalan que el tranque artificial no contaba con defensas apropiadas para eventuales derrumbes y sólo algunos sacos de arena resguardaban a la población.


En este sentido, y antes de que sea necesario esperar otro alud de estas características para comenzar a actuar en materias de prevención y mitigación, un grupo de académicos de la Universidad de Chile adelantó los primeros pasos, acordando la elaboración de un megaproyecto para enfrentar este tema.
Pero tragedias como estas no sólo originan males. A partir de ese episodio se estableció por primera vez la facultad presidencial de declarar “zonas de catástrofe” frente a desastres de magnitud para agilizar la ayuda a la comunidad. Se regularon las normas legales sobre “muerte presunta” y se definió el concepto de “damnificado”. Surgió también la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI), según indica el libro “Catátrofes en Chile 1541 - 1992”, de Rosa Urrutia y Carlos Lanza.

En este sentido, y antes de que sea necesario esperar otro alud de estas características para comenzar a actuar en materias de prevención y mitigación, un grupo de académicos de la Universidad de Chile adelantó los primeros pasos, acordando la elaboración de un megaproyecto para enfrentar este tema. Precisamente, el pasado mes de enero se realizó un taller de investigación a gran escala para especialistas de diferentes disciplinas en el Salón de Honor de la Casa Central. El eje general del encuentro, organizado por el Departamento de Investigación y Desarrollo de la Universidad (DID), fue el de los desastres naturales en nuestro país, centrándose principalmente en el tópico de las remociones de tierra como avalanchas y rodados, ya que Chile, como sabemos, se ve constantemente afectado por la inclemencia de la naturaleza que se manifiesta en fenómenos como terremotos, erupciones volcánicas, aluviones, sequías, heladas, incendios, pestes, etc. Según explica el coordinador del taller, el Prof. Edgar Kausel, del Departamento de Sismología, “la iniciativa tuvo como propósito coordinar a través de un tema general y nacional como el de los desastre naturales, los conocimientos de los más variados profesionales”.

Durante la realización del taller, los participantes eligieron el fenómeno de las remociones de tierra en particular, esto debido a que su estudio puede ser abordado desde las más diversas miradas. De hecho, sólo el tema de los aluviones puede ser analizado desde campos tan variados como la sismología, la meteorología, la hidrología, considerando aspectos geológicos, geotécnicos, geográficos, geomorfológicos, etc.
Además, con el manejo de los conocimientos adecuados, son desastres factibles de ser evitados o mitigados.

El objetivo base del encuentro, era intentar lograr preacuerdos importantes para generar megaproyectos de investigación. Tarea compleja considerando la pluralidad de académicos y enfoques presentes. No obstante, y pese a voces que intentaban instalar otros temas en el debate como las problemáticas hidráulicas en el norte, finalmente se acordó trabajar en el amplio tema de los aluviones. Aunque no hay plazos definidos, el Prof. Kausel -quien se mantendrá como coordinador de la iniciativa- estima que se fijarán encuentros periódicos entre los investigadores para tener, tal vez en un plazo de seis meses, la propuesta del megaproyecto que se centrará en este tema con un criterio país. Un desafío importante es conseguir el financiamiento apropiado que requiere un trabajo de esta envergadura, pero para ello ya cuentan con el respaldo y asesoría del DID.

En términos generales, durante la jornada de debate se acordó que las líneas del estudio serán el análisis teórico del fenómeno desde las distintas disciplinas participantes y las mediciones en terreno o laboratorios en busca de responder las preguntas básicas: ¿cómo se genera un aluvión? y una vez generado ¿cuál es su trayectoria?, entre otras interrogantes.

Desde luego, la finalidad es crear conocimientos, implementar las medidas de prevención del fenómeno y tener los mecanismos de mitigación en caso necesario.


Aludes inolvidables

Para recordar la magnitud que puede alcanzar este desastre si no se toman a tiempo las políticas adecuadas, el prof. Kausel simplemente hace mención de tragedias como el aluvión de Antofagasta en 1991, en que murieron más de cien personas, o el de las Quebrada de Macul y San Ramón en la capital, el año 1993, con un saldo de 23 muertos y dos mil damnificados.

Las causas de estos fenómenos pueden ser, entre otras, el desprendimiento de terrenos a raíz de un temblor, las consecuencias de una erupción volcánica o simplemente el efecto de fuertes lluvias en combinación con elevadas temperaturas que generan mayor derretimiento de nieve y aumento de los caudales de los ríos, como pasó en el caso de la quebrada de Macul.

Hablando de estos temas, el académico no puede dejar mencionar el terremoto del 22 de mayo de 1960 en Valdivia, líder de todos los rankings a nivel mundial (9,5 grados en escala Richter, fue percibido en todo el cono sur del América). A raíz de este movimiento se generó un aluvión que tapó el desagüe del lago Riñihue, generando un peligroso riesgo de desbordamiento. Fue un verdadero desafío logístico -a cargo del ingeniero Raúl Sáez- abrir un canal que carcomiese el taco en forma regulada, lo que finalmente y tras varias semanas de trabajo evitó aumentar las cifras de la tragedia.








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