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Otras voces
La Dimensión del Otro
Prof. Humberto Maturana
Yo soy científico, es mi profesión, y me preocupan las consecuencias de lo que hago en relación al tema de la ética. ¿Desde dónde? Yo pienso que desde la intención democrática. Como un intento de generar un espacio de convivencia, en el cual las personas tengamos una vida que nos resulte satisfactoria y contribuyamos como individuos a que sea un espacio grato, digno, deseable para vivir. Es desde allí donde me pregunto sobre estos temas de la ciencia y la ética. Yo no creo que uno hace ciencia por el bien de la humanidad o el de la sociedad; yo creo que uno hace ciencia desde la curiosidad, porque ciencia tiene que ver con el explicar, con el deseo de conocer y con la curiosidad y con la intención del entendimiento para la acción. Y lo que hago tiene, por supuesto, consecuencias en la comunidad a que pertenezco, pero mi preocupación por las consecuencias van a ser distinta dependiendo de sí es una comunidad democrática o no, es decir, un espacio donde todos los miembros son individuos que, en conjunto, tratan de hacerlo respetable, deseable, grato, interesante, acogedor para todos, o bien si es un espacio no democrático que está centrado en la intención del control, de la ganancia, de la producción u otras. Creo que los científicos somos personas que nos movemos en el mundo por la curiosidad y el intento de explicar todo, con el criterio de validación de las explicaciones científicas, del método científico. Es la realización de un cierto modo de operar lo que va a otorgar validez científica. Si esto es así, la ciencia como dominio de conocimiento tiene un origen formal; si yo aplico bien el método, y obtengo una explicación científica. Eso hace que el tema de las consecuencias de lo que los científicos hacemos no tenga que ver con la ciencia sino con los científicos.
Ese es el punto: la ciencia no es ni buena ni mala, no tiene un valor en sí, porque los valores son las relaciones humanas. Algo se convierte en valor solamente cuando es deseable en un espacio de convivencia particular, en el cual las personas tienen presencia y lo que les pasa a ellas le importa a uno. Allí aparece el tema de la ética, que tiene que ver con las emociones. Hay preocupación ética cuando preocupan las consecuencias de lo que uno hace sobre los demás; pero, para que me preocupe lo que les pasa a los demás con lo que les hago, por lo tanto para tener preocupaciones éticas, los demás tienen que tener presencia para mí. Es decir, tengo que verlos y eso depende de la emoción y no la razón. El otro tiene presencia para mí, surge en su legitimidad conmigo. El tema de la ética no tiene que ver con la práctica, con la ciencia, con la tecnología, tiene que ver con las personas. Por eso es tan importante lo que las personas piensan o lo que declaran, como motivo de su hacer. Yo hago ciencia por curiosidad y no por el bien de la comunidad, pero debo tener preocupación ética, en el sentido de que me preocupen las consecuencias de lo que hago. Quiero hacer también una distinción entre ética y moral: cuando hablamos de moral, en realidad estamos hablando de las costumbres, de los hábitos, de las normas propias de una comunidad particular; pero la ética no tiene que ver con esto sino con que a uno le importe o no le importe las consecuencias de lo que uno hace sobre otras personas, es decir, tiene que ver con el amor. Por ello los argumentos racionales no convencen en el ámbito de la ética; podrán usarlos en el ámbito de la moral que está fundada en normas tradicionales. Si una conducta no satisface la costumbre es una conducta inmoral; pero se puede ser moral y no ético y se puede ser ético y no moral. Si estoy trabajando dentro de los límites que la norma permite, entonces yo estoy siendo moral; pero no ético, porque estoy actuando de una manera que tiene consecuencias negativas en la comunidad.
Me parece que el tema de la ética es un tema central para todos los seres humanos, en un mundo en el cual todo está disponible y la preocupación por las consecuencias de lo que uno hace no es central. Pienso que la ciencia es un arte, un quehacer valioso, porque puede ampliar el entendimiento, puede hacer cosas que son deseables, pero también puede hacer cosas que son indeseables. Nuestro problema es justamente el de la formación humana. ¿Qué formación estamos dándoles a nuestros hijos? ¿Estamos dándoles una formación que le permita actuar con sentido ético o estamos distorsionando la información al poner el énfasis en el conocimiento, en la técnica, en el éxito, en la competencia, en el logro? Una reunión de esta naturaleza es interesante precisamente porque, en el fondo, el tema central es la ética no solamente en las ciencias, sino en la educación. No como un aspecto de la conducta, sino como aspecto de la formación de las personas. Por último, creo que todos los valores tienen que ver con el amor, porque tienen que ver justamente con la preocupación acerca de las consecuencias que tiene sobre los demás lo que uno hace.
(Texto editado sobre el libro DebatePaís/2000)
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