Si hace un siglo eran frecuentes los intercambios de población entre regiones, hoy, en la capital, son mayores los movimientos en su interior, los cuales demuestran que cada vez son menos las personas que habitan en el centro. La tendencia es ubicarse en la periferia.

Usted, hace cinco años donde vivía? Cuando responda esta pregunta en el próximo Censo a realizarse el 24 de abril en todo el país, si es habitante de la Región Metropolitana, es probable que sus datos reafirmen una tendencia que se ha acentuado los últimos años: desde 1987 a 1992 se registraron 855 mil cambios de comuna, que evidencian que la opción de vivir en el centro de la capital, en la actualidad, ha sido desplazada por la de habitar las “nuevas periferias”, espacios que están más allá de su frontera. En este sentido, al preguntarnos si Santiago se parece a Madrid o Nueva York, por fin para aquellos que miran siempre al extranjero con admiración, hemos establecido un cordón de parentela. Sí, porque nuestra capital, para bien o para mal, registra el mismo fenómeno que viven las principales urbes del mundo, como producto de la modernidad y de un crecimiento descontrolado. Se ha pasado de ser una ciudad compacta, tradicional, con límites definidos, a una de carácter difuso, con desarrollo de zonas suburbanas, fuertemente dependientes del centro.
Pensar que este proceso de dispersión es propio de los últimos años es un error. Ya en los años treinta, por temor a los males ambientales que surgieron con la proliferación de la industrialización y el comercio, se registró la “huida” de buena parte de los habitantes de clase acomodada, que tradicionalmente emplazaban sus aristocráticas residencias en pleno centro de la capital. Ellos pagaron la distancia y escaparon hacia zonas de mayor tranquilidad. Hoy es evidente que los males se acentuaron, las preemergencias, los números adicionales de la restricción vehicular, están a la orden del día, pero el fenómeno presenta características propias, ya que no sólo los ciudadanos con una posición socioeconómica privilegiada viven en la periferia, los pobres también lo hacen. Eso si, que sus motivos son diametralmente distintos y las zonas periféricas que habitan también.
"Logramos establecer que los espacios de periferia de la ciudad alcanzan los niveles más altos de concentración de migrantes intraurbanos. Es lo que se llama “desarrollo tipo salto de rana”, el surgimiento de espacios periféricos, pero que son absorbidos físicamente por la ciudad”.
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Mientras para la población con mayores recursos es símbolo de estatus alejarse de Santiago y está de última moda, ya que la metrópolis ha pasado a ser sinónimo de estrés, quienes optan por una vivienda social de bajo costo terminan viviendo también en zonas suburbanas. El valor del suelo de la ciudad es tan alto que dificulta el desarrollo de este tipo de construcciones, a no ser que sean emplazadas en la periferia.
Santiago hoy registra índices de crecimiento negativos, fenómeno que difícilmente se explica sin considerar a las migraciones intraurbanas, es por eso que para dimensionar su impacto y la responsabilidad en el proceso de dispersión, el académico Jorge Ortiz Véliz, docente del Departamento de Geografía, desarrolla una investigación, que cuenta con el aval de ser también un proyecto Fondecyt. “Efectivamente, logramos establecer que los espacios de periferia de la ciudad alcanzan los niveles más altos de concentración de migrantes intraurbanos. Es lo que se llama “desarrollo tipo salto de rana”, el surgimiento de espacios periféricos, pero que son absorbidos físicamente por la ciudad”, explica el prof. Ortiz.
Cuatro son las generalizaciones que se tomaron como referencia en esta investigación y que fueron comprobadas. En primer lugar, que los movimientos dentro de la ciudad se desarrollan del centro a la periferia y que son de corta distancia, porque quienes se trasladan prefieren no modificar sus actividades cotidianas Además, que los arrendatarios con mayor frecuencia que los propietarios y que las motivaciones para cambiar de comuna están asociadas al ciclo de vida.
El académico explica que en los espacios centrales la mayoría de la población que llega está de paso, son profesionales jóvenes, solteros, que viven en viviendas arrendadas, tendencia que no debiera cambiar debido a que en Santiago la mayoría de las construcciones que se están realizando corresponde a edificios en altura. Sin embargo, cuando dichos habitantes por lo general, debido al matrimonio y a la llegada de los hijos, deciden comprar una vivienda para contar con más espacio, abandonan el centro. La cifras lo demuestran: en la periferia predomina la vivienda pagada y los grupos familiares son más grandes.
Efectos
Volviendo a las comparaciones, los 855 mil movimientos intraurbanos que se registraron entre 1987 y 1992 en Santiago, contrastan con los diez mil y veinte mil que en un año viven ciudades como Madrid. Es indudable que la magnitud del fenómeno en Chile, ha generado (aún lo sigue haciendo) efectos múltiples y diversos, ya sean de tipo físico como social.
En la medida que empiezan a aparecer sectores de concentración de la población más allá de lo que es la frontera de la ciudad compacta, se producen irrebatibles consecuencias negativas. Desde el punto de vista del impacto natural, surge el consumo de suelo agrícola, la contaminación de aire, suelo y agua. Y en lo que respecta a la economía, se produce un encarecimiento de los costos de infraestructura para atender a dichos sectores de baja densidad poblacional, como lo es por ejemplo, la construcción una línea del Metro para acercar a la población desde su vivienda hacia su lugar de trabajo o estudio, o
Es bastante desigual la situación entre quienes en la periferia buscan el “verde placentero”, y aquellos que se ven relegados a las zonas suburbanas por no contar con dinero para ubicarse más al centro.
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bien la implementación de redes de electricidad y agua potable. Además, el que sus habitantes sigan dependiendo fuertemente del centro, provoca que su traslado esté asociado a los gastos en locomoción, y a la congestión vehicular.
En el plano social, no es casualidad que en Pirque, Colina, el Canelo en San José de Maipo y Lo Hermida, la mayoría de los migrantes (40%) sean profesionales universitarios, con un buen ingreso y vivienda, provenientes de comunas como Providencia, Las Condes, Ñuñoa o La Reina; mientras que en distritos como Maipú Poniente o Antumapu en La Pintana se concentre población de estratos sociales medio y medio-bajo, cuyo origen en su mayoría es Estación Central, Conchalí, Pudahuel o La Granja. “Este parámetro sirve para explicar que personas de origen similar se ubican en lugares con determinadas características socioeconómicas. Y en la medida que la población se orienta hacia determinada zona, los atributos que se asocian a ella, reafirman las diferencias socioespaciales que de esos lugares se tiene”, argumenta el Prof. Jorge Ortiz.
Bastante desigual es entonces la situación entre quienes en la periferia buscan el “verde placentero”, y aquellos que se ven relegados a las zonas suburbanas por no contar con dinero para ubicarse más al centro. Estos últimos también sufren costos en la calidad de vida, principalmente por la cantidad de tiempo que ocupan en el día sólo para trasladarse.
Para paliar estos efectos, reducir los costos que significa la dispersión de la ciudad y aumentar los índices de crecimiento en Santiago, se está desarrollando con relativo éxito un plan de repoblamiento, conforme a lo establecido en el Plan Regulador Metropolitano. Sin embargo, hasta el momento, según cifras de la Corporación de Desarrollo de Santiago (CORDESAN), tanto, los actuales residentes de los nuevos departamentos construidos en el marco del programa de redensificación habitacional, como también los futuros ocupantes, son mayoritariamente originarios de la propia comuna de Santiago. Por lo tanto los genuinamente migrantes son sólo un 50% de ellos y pese a los esfuerzos por aumentar la cantidad de habitantes por hectárea, en la realidad está ocurriendo justamente lo contrario.
Mientras más se tome conciencia de la dimensión de las migraciones intraurbanas en Santiago y los cambios que ellas provocan al impulsar la dispersión de la ciudad, se estará a su vez evitando que las ciudades de tamaño medio, que ya están adoptando las conductas de ciudad grande, sufran un impacto frontal.
Los datos obtenidos de la investigación realizada por el académico Jorge Ortiz Véliz serán contrastados con los que se obtengan del Censo 2002. Sin embargo, antes que usted responda dónde vivía hace cinco años, ya es posible determinar que los movimientos dentro de la ciudad se han profundizado y que más temprano que tarde, las periferias serán absorbidas por Santiago.