“Cautiverio Feliz” para el hombre del siglo XXI.
Arduo trabajo de trascripción y análisis de antiguos manuscritos permite que relato cumbre del siglo XVII sea entendido sin dificultades por el lector de nuestros tiempos.
 Prof. Raïssa Kordic
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Ocho años descifrando y analizando desvencijados manuscritos, fue el tiempo que les demandó a los académicos Raïssa Kordic y Mario Ferreccio, del Departamento de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Humanidades, reconstruir en forma fiel y con las indicaciones adecuadas para el lector contemporáneo la obra colonial “Cautiverio Feliz” de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán.
Gracias a esta primera edición crítica, la experiencia del autor -que convivió forzadamente con el pueblo mapuche- y sus incisivas reflexiones políticas en pleno siglo XVII, pueden ser comprendidas a cabalidad por las personas del siglo XXI. Precisas notas al pie de página aclaran las numerosas diferencias léxicas y semánticas que se producen debido a lo mucho que cambia el lenguaje a través del tiempo.
De hecho, la elaboración de ediciones críticas que clarifiquen los textos es una de las principales labores de la filología, disciplina definida, en términos generales, como el estudio de las culturas de los pueblos a través de sus escritos.
“A través de estos textos se debe hacer un trabajo tal que aclare todos los aspectos enigmáticos para una persona de esta época. Hay todo un marco referencial histórico que uno debe explicarle al lector, además hay una lengua que en cierto grado también debe ser explicada”, señala la Prof. Kordic.
El primer paso para realizar una edición crítica con el método filológico es establecer el texto, esto siempre a partir del manuscrito original. En el caso de “Cautiverio Feliz” más de 300 hojas de gran formato escritas y reescritas por Núñez de Pineda durante 20 años, si bien la letra es uniforme, el papel presenta manchas de humedad y una serie de retoques y comentarios estampados por manos ajenas, además hay algunas páginas perdidas.
El proceso de lectura y trascripción es lento debido al llamado “escollo paleográfico”. Según explica la Prof. Kordic, para resolver este problema no basta con ser paleógrafo, sino que el profesional debe conocer todos los fenómenos idiomáticos de la época, en caso contrario se tiende a adulterar permanentemente el contenido del texto, como lo hacen algunos historiadores poco rigurosos.
Una vez hecha la trascripción o establecido el “discurso”, labor que para el Cautiverio duró tres años, se debe ir clarificando el mensaje. Esto se realiza a través de notas explicativas a pie de página sobre los aspectos referenciales o lingüísticos enigmáticos. El problema es que determinar los valores sémicos (significado y acepciones) de cada palabra puede ser muy complejo, porque si bien se trabaja con una serie de diccionarios de época, hay significados que no están registrados en ninguna parte.
“Ante el hecho de no tener una fuente o que la fuente sólo de indicios pero no exactamente la respuesta, el filólogo tiene que tener muy presente el estudio de los usos de la época, los usos idiomáticos y los usos personales del escritor. Por ejemplo, no cualquier palabra puede aparecer en cualquier época, las palabras tienen su período histórico. En ese sentido es un trabajo que requiere mucha creatividad en el investigador, la filología es además muy metodológica”, afirma la profesora Raïssa Kordic.
Muchas veces se trata de palabras que utilizamos hoy en día pero el aspecto semántico ha cambiado diametralmente, pero es en el aspecto léxico en donde se producen las mayores transformaciones.
Una problemática adicional en el caso de Chile es que toda investigación de textos nacionales no tiene precedentes con los cuales guiarse, de hecho, el Prof. Mario Ferreccio es considerado el fundador de la crítica textual sistémica de los escritos chilenos.
En casos extremos de palabras que se hacen incomprensibles incluso para el investigador este postula un valor sémico aproximado y lo fundamenta. “En el trabajo filológico hay que ser muy honesto, por ejemplo, si no puedes leer porque el manuscrito esta manchado o roto hay que dar cuenta de ello en el pie de página”, señala la investigadora.
Para no dañar la continuidad de la obra, las notas al pie de página deben ser precisas, breves y que indiquen lo que realmente sea necesario para el lector. “No hay que abusar de la paciencia del lector, nadie tiene que estar haciendo alarde de erudición, sino que exclusivamente anotar lo que sea necesario para la total comprensión de la obra” explica la profesora y sostiene que la nota debe ir armónicamente acompañando al texto, siempre al pie y nunca al final del texto, porque esas nadie las lee.
Todo este proceso de análisis tardó cuatro años más y sumado a un año de revisión personalizada en la imprenta, labor que debe hacer el investigador porque no se admiten fe de erratas. El trabajo en total demoró ocho años.
Obra cumbre
La edición crítica del “Cautiverio Feliz” pasa a engrosar la colección Biblioteca Antigua Chilena y su realización contó con el apoyo del Consejo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, RIL Editores y la asistencia de Fondecyt.
Se eligió este escrito en particular por ser reconocido como una de las obras patrimoniales más importantes de la época colonial chilena, en pleno siglo XVII. Se trata de una extensa reflexión ético-política, escrita por Núñez de Pineda, extremadamente crítica con los gobiernos de la época, la situación administrativa, los estamentos militares, eclesiásticos, etc.
Esto como una especie de gran recomendación a la autoridad, entramando la reflexión con el relato anecdótico de cuando fue tomado prisionero durante tres meses por el pueblo mapuche. De este episodio detalla las costumbres indígenas, las tradiciones, las comidas, el buen trato que recibió, llegando al balance de que fue un cautiverio feliz.
Pineda tuvo una muy buena formación en colegios jesuitas que eran los mejores de la época. En su texto demuestra una cultura y erudición impresionante, si bien trabajó como soldado y debió enfrentar a los mapuches, su gran pasión era la escritura y a través de ella intentar manifestar sus ideales.
A su juicio, los araucanos no podían ser juzgados como cristianos porque no lo eran, por eso los defendía considerando que junto con ampliar el imperio se debía fomentar una acción evangelizadora. Junto con eso, criticaba fuertemente la corrupción del sistema administrativo de la época.
Las 1109 páginas de la edición crítica que trascriben el texto de Núñez de Pineda con las acotaciones necesarias para el lector actual, concluyen con una notabilia lingüística, en donde se agrupa un listado de palabras llamativas por sus aspectos formales o significado.
Así, entre otros muchos ejemplos, mientras en el texto del “Cautiverio feliz” que trascribió el historiador Diego Barros Arana, y del cual se hicieron todos los resúmenes escolares, se menciona en cierta parte del relato “las llaves de Lo Vas” como si existiera un lugar llamado así, en la nueva versión se clarifica que el término es “llaves de lobas”, grandes llaves que según la etimología popular tenían forma de dientes de lobo.
O clarificar palabras como que cuando alguien llega “a pedir sillas”, en realidad viene a pedir dignidad, preeminencia. Que el “refresco” es una persona que remplaza a otra en su cargo. O una persona que es como “ventilador” significa que separa lo bueno de lo malo.