Gracias a un convenio de cooperación que se firmará con la Armada, el Laboratorio de Radiación Cósmica de la Universidad de Chile (LARC) iniciará el más ambicioso proyecto de estudio atmosférico y del medio ambiente que jamás se haya emprendido en Latinoamérica.
 Prof. Enrique Cordaro
|
A primera vista nada tienen que ver entre sí fenómenos tan disímiles como quedarse con la mente en blanco -o sufrir los conocidos lapsus-, la interrupción de la comunicación vía satélite, o la corrosión de los acueductos. Sin embargo, lo contrario afirman las investigaciones que realizan los profesionales del Laboratorio de Radiación Cósmica de la Universidad de Chile (LARC), centro pionero en Chile y Latinoamérica, que desde 1948 se dedica a la medición de las variables medio ambientales y atmosféricas derivadas de fenómenos solares, que afectan a diversas actividades humanas, y cuyo campo de estudio se ha unificado y definido bajo el concepto de clima espacial.
Actualmente, el LARC realiza gestiones con la Armada para lograr un acuerdo de cooperación que permitirá impulsar el más ambicioso proyecto en esta disciplina que se haya emprendido en Hispanoamérica. Así lo explicó el Prof. Enrique Cordaro, investigador jefe del LARC y académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Esta iniciativa consiste en ampliar a unos 10 millones de kilómetros cuadrados de superficie la cobertura de monitoreo que abarca el LARC en su seguimiento de las partículas subatómicas presentes en la atmósfera, como los muones, neutrones y electrones.
El trabajo del Laboratorio de Radiación Cósmica consiste en la detección, medición y registro de los efectos que se producen en el planeta a consecuencia de fenómenos como las llamaradas, vientos solares, explosiones y otras situaciones similares que afectan al gran horno nuclear que es el sol. A una velocidad cercana a la de la luz, un número incontable de partículas primarias -denominadas así porque proceden directamente de la gran lumbrera- se desplazan en todas direcciones hasta que algunas ingresan a la atmósfera terrestre. Producto del choque con esta capa, se generan otras partículas de tamaño inferior a un átomo que bajan como chubascos provocando diversas efectos en la vida humana, desde alteraciones de los sistemas de comunicaciones satelitales y sus consecuencias en la navegación marítima y aérea; la aceleración de la corrosión de los acueductos, gasoductos y oleoductos, y los procesos biológicos que se realizan con impulsos eléctricos, como el contacto entre las neuronas y los ciclos cardíacos.
Entre las principales partículas monitoreadas por el LARC se encuentran los muones y neutrones, que se diferencian entre sí porque los primeros son calificadas como “duras” o de muy alta carga de energía. En cambio, los neutrones son catalogados como “blandos” debido a su menor carga. El Prof. Cordaro señala que estos últimos están más presentes en las regiones polares, razón por la que son los elementos más estudiados por el LARC de la Antártida, centro que inauguró la Universidad de Chile en 1991.
El proyecto comprende la formación de un radio de cobertura en forma triangular de alrededor de 10 millones de kilómetros cuadrados, compuesto por los centros de monitoreo de la Antártica, Cerrillos y Putre, que entrará en funcionamiento próximamente en el Centro Internacional de Estudios Andinos de la Universidad de Chile (INCAS).
El tercer punto de la figura geométrica será Isla de Pascua, hasta donde se realizarán las mediciones gracias a la instalación en buques de la Armada de la denominada “Cabina espacial”. Se trata de un monitor de muones construido en un contenedor de pequeñas dimensiones y presurizado. Parte de su instrumental, así como el de otras unidades del laboratorio de Cerrillos, ha sido obtenido en virtud del convenio de cooperación chileno-italiana que la Universidad de Chile mantiene con el Istituto di Fisica dello Spazio Interplanetario (IFSI) desde hace diez años.
El convenio que se suscribirá con la Marina permitirá a los alumnos de ingeniería de la Universidad de Chile participar de estos monitoreos a bordo de las naves, durante sus viajes regulares.
Los únicos de América Latina en el “club de toby”
En América Latina, el LARC es la única institución que se dedica a medir las variables medio ambientales y atmosféricas derivadas de fenómenos solares. Aunque parte de los datos obtenidos son compartidos con países de la región, el Prof. Cordaro se manifiesta partidario de administrarla cautelosamente, argumentando que se trata de un valioso patrimonio de la República de Chile.
Y su celo no es gratuito, considerando que la mayoría de las estaciones de monitoreo se encuentran en Europa y Estados Unidos, naciones que, según el académico, conforman un verdadero “Club de Toby” en cuanto a almacenamiento e intercambio de información, pero al que -asegura- Chile tiene acceso.
El Laboratorio de Radiación Cósmica en Santiago se emplaza en un terreno de siete hectáreas de superficie, que comparte junto a la planta experimental del Instituto de Investigación y Ensayo de Materiales de la Universidad de Chile (IDIEM), en la comuna de Cerrillos. En la actualidad su equipo lo componen cuatro personas, el Prof. Enrique Cordaro, como director e investigador jefe; el ingeniero Enrique Olivares, a cargo de la instrumentación y sistemas de almacenamiento en el LARC metropolitano; el ingeniero Jorge Osorio, quien realiza estas funciones de manera permanente en la Antártica, y el técnico ayudante Miguel Ángel Opazo, artesano que desde 1964 ha desarrollado una labor clave en la construcción y ensamblaje de los telescopios y monitores de partículas utilizados en estos centros.
Tanto la gestión, como su trayectoria, logros y proyectos de esta unidad serán dados a conocer a la comunidad universitaria y al público en general en una exposición que se montará en la Casa Central durante la tercera semana de mayo, y a la que serán invitadas altas autoridades del país, encabezadas por el Presidente Ricardo Lagos.