Sitio Web del periódico de la Universidad de Chile / Abril 2003, Año 5, Nº44










FUNDADA EN 1833, ES LA MÁS GRANDE Y ANTIGUA DEL PAÍS

170 años de la Facultad de Medicina:
Tradición a la Vanguardia

Un largo camino de vidas que han entregado su existencia a la medicina y que han escrito la historia y la anécdota de nuestra enseñanza. Aquí desde los decenios de ayer hasta los de hoy y la fuente de orgullo para todos los chilenos, por la excelencia profesional de quienes salen de estas aulas.


Un Compromiso con Chile

La Facultad de Medicina de nuestra Universidad es pasado, presente y futuro. Hoy, después de 170 años de existencia, su historia se confunde en buena medida con el desarrollo cultural, social y político del país. Desde sus orígenes, esta institución se ha desenvuelto en una esforzada historia de logros educacionales que han determinado una solvencia indiscutible en áreas del conocimiento biomédico, favorecida por el caudal intelectual acuñado en sus claustros y la presencia de sus egresados en todos los ámbitos de acción laboral y científico de nuestra sociedad.
El plantel ha formado, desde 1833, profesionales en todas las áreas de la salud, transformándose en un centro del saber que ha sabido enfatizar el espíritu de servicio en sus egresados; un organismo autónomo, abierto a las opiniones y a la creatividad de sus miembros, un lugar donde se interrelacionan distintos saberes y se socializan los conocimientos; un espacio destinado a la investigación y la educación, que se orienta a satisfacer las demandas de la comunidad y el país.
Así, nuestra Facultad cambia y se adapta a las necesidades de los nuevos tiempos sin perder de vista los valores que la han consolidado como la institución formadora en salud más relevante de Chile. Los nuevos desafíos de la sociedad nacional nos han obligado a plantearnos modificaciones organizacionales, estructurales, temáticas y metodológicas, para continuar cumpliendo con los objetivos definidos en nuestra misión: el compromiso de desarrollar las ciencias biológicas y biomédicas con una visión integradora; formar profesionales en el campo de la salud e investigadores en el área de las ciencias biomédicas y la salud pública; y proveer al país de la información y la tecnología que permitan un mejor manejo de los problemas sanitarios.
Para alcanzar estos objetivos vamos a continuar velando por la excelencia académica y la participación activa de todos los miembros de la comunidad de la Facultad, lo que nos permitirá mantener nuestra posición de liderazgo respecto de otras instituciones en el área de la salud.


De los 11 alumnos que se matricularon en la primera Escuela de Medicina de Chile, en 1833, sólo cuatro obtuvieron su título profesional una década después: y es que la enseñanza de la Anatomía práctica -base de la instrucción en los dos primeros años de formación- se fundamentaba en las autopsias de cadáveres, muchos de ellos de personas fallecidas por pestes, con lo cual había serios riesgos de infección, enfermedad y muerte.
Hoy, 170 años después y cuando el aprendizaje de la medicina se basa en los avances de la ciencia moderna, ingresan anualmente más de 600 alumnos a las ocho carreras de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, quienes son formados por más de mil 600 académicos, responsables además de que el plantel siga a la cabeza en cuanto educación en salud en el país. Porque no sólo enseñan, sino que también incrementan el conocimiento gracias a sus continuas investigaciones en áreas de interés nacional.
Esa es la “Tradición a la vanguardia” de la Facultad más antigua de la Casa de Bello. Los profesores Lorenzo Sazié -primer decano del plantel-, Guillermo Blest, Pedro Morán y Vicente Bustillos comenzaron a escribir esta historia cuando asumieron las cátedras de Anatomía, Química, Farmacia, Medicina, Cirugía y Obstetricia que se impartieron primero en dependencias del Instituto Nacional y luego en salas del Hospital San Juan de Dios, en cuyo costado se construyó el primer edificio para la Escuela de Medicina. Estos profesores, formados en Europa, fueron pioneros no sólo con su docencia, sino también crearon las primeras líneas de investigación científica luchando contra epidemias y distintas enfermedades, estudiando y formando a quienes los seguirían, los que llevarían su legado hasta hoy.

Enseñanza, salud y ciencias en el siglo XIX
Los hospitales comenzaron a expandirse por Santiago: se fundaron el San Vicente de Paul, del Salvador y San José; se ampliaron el San Borja y la Casa de Orates. A mediados del siglo XIX la Escuela de Medicina tenía entre sus profesores a José Joaquín Aguirre, ex alumno que llegaría a ser decano y luego Rector de la Casa de Estudios, gran impulsor de la formación de posgrado y creador del primer hospital universitario del país. Pero también aceptaba en sus aulas a Eloísa Díaz, la primera mujer del país que recibió un título profesional, y específicamente como médico cirujana, en 1887; ella no sólo se dedicó exitosamente a la ginecología, sino que además desarrolló actividades gremiales en sociedades de mujeres y en asociaciones para combatir la tuberculosis y el alcoholismo. También en esa época comienzan a introducirse a la ciencia nacional todos los nuevos instrumentos inventados por el positivismo europeo: la jeringa, el oftalmoscopio, el termómetro, los aparatos químicos, el esfigmógrafo, los antisépticos y los aparatos de anestesia, para culminar, en 1895, con los rayos X.
El nacimiento formal de las ciencias biológicas y médicas en Chile se produciría en la época parlamentaria, con la organización de los primeros laboratorios especializados que se instalaron en la nueva escuela de Química y Farmacia creada en la Facultad de Medicina, por los médicos nacionales que retornaban de Europa. El primero de ellos, que se formó en el rigor de los laboratorios germanos, fue Vicente Izquierdo Sanfuentes quien fue nombrado profesor de Histología y Anatomía Microscópica en 1882, dotando a la cátedra de biblioteca y laboratorios de microscopía. Fue sucedido por el profesor italiano Juan Noé Crevani, quien enseñaba Citología, Genética, Evolución, Embriología, Anatomía Comparada y Parasitología, además de Histología. Todos estos maestros fundadores, junto a Francisco Puelma en Anatomía Patológica, Rodolfo Phillipi en botánica -fundador del Museo de Historia Natural- y Adeodato García en Ciencias Químicas, entre otros, debieron trabajar en precarias condiciones académicas, tratando de inculcar en sus alumnos rigurosos estándares científicos; su labor fructificó a fines de la década del ’20, cuando sus discípulos formaron la Sociedad de Biología y nuevas cátedras y laboratorios.

Crecimiento y expansión
La Universidad de Chile modernizó su estructura en 1931, y su Facultad de Medicina pudo iniciar un período de gran esplendor con el desarrollo y expansión de las ciencias biológicas y médicas. Ya no era la única escuela del país, pues se habían fundado otras en la Universidad de Concepción (1924) y, en Santiago, en la Pontificia Universidad Católica (1930), pero fueron alumnos y profesores de esta Casa de Estudios quienes crearon nuevos centros biomédicos en todo el país, incluyendo a Valparaíso, Valdivia y Temuco.
La escuela biológica del Prof. Noé, en la segunda década del siglo, educó a decenas de profesionales, entre los que se destacaron Amador Neghme en Parasitología; Gabriel Gasic en Inmunología y Oncología; Gustavo Hoecker, en Inmunogenética; Danko Brncic en Genética Básica y Walter Fernández, en Histología. Brncic y Hoecker recibieron el Premio Nacional de Ciencias en 1987 y 1989, respectivamente. Asimismo, la escuela de Química Fisiológica y Patológica del Dr. Eduardo Cruz Coke formó a una gran pléyade de destacados Premios Nacionales de Ciencias, como el neurocirujano Alfonso Asenjo en 1973; el farmacólogo Jorge Mardones Restat (1977); el fisiólogo Héctor Croxatto (1979); el bioquímico Herman Niemeyer (1983) y el fisiopatólogo Luis Vargas (1985). También el neurofisiólogo Joaquín Luco Valenzuela (1981) recibió la influencia de Cruz Coke.
Por esto se puede decir que el desarrollo de las ciencias clínicas estuvo liderada por los grandes profesores de Medicina de esa época, quienes, encabezados por Hernán Alessandri Rodríguez, Alejandro Garretón Silva y, posteriormente, Rodolfo Armas Cruz, introdujeron en la clínica médica todas las nuevas subespecialidades clásicas como la Cardiología, Gastroenterología, Nefrología, Endocrinología, Hematología y Reumatología. Fueron los últimos grandes médicos generalistas internistas, que abordaban y trataban todas las enfermedades en la tradición de la clínica europea.
Las escuelas asociadas a Medicina completaron en esta época los procesos de fundación. A las antiguas escuelas de Obstetricia y Puericultura .


Prof. Dra. Colomba Norero V.
ViceDecana de la
Facultad de Medicina.

Celebrando 170 Años

La Escuela de Medicina de la Universidad de Chile cumple 170 años desde su creación en 1833, antecediendo incluso a la fundación de la propia Casa de Bello. Nos parece que es una cifra de destacar, porque revela la importancia que se dio en los primeros años de nuestra República a la preparación de los profesionales encargados de proporcionar salud a la población.
Pocas son las instituciones que pueden demostrar una trayectoria tan amplia y que tanto ha dado al país, no sólo en la formación de los profesionales del área -y en forma exclusiva hasta hace unas cinco décadas- sino que su aporte a la vida política ha sido trascendente en diferentes épocas, entregando desde Presidentes de la República y Ministros de Estado a connotadas figuras que han contribuido a promulgar leyes en beneficio de la población y asentar los cimientos de la seguridad social.
La formación docente de sus académicos ha contribuido en forma generosa a formar los cuadros de las universidades tradicionales del país y, actualmente, de las nuevas universidades.
Su capacidad de investigación biomédica se refleja en el número y cantidad de sus publicaciones, en sus convenios con casas de estudio de gran trayectoria mundial y en el desarrollo de vigorosos programas de Doctorado. Es, sin duda, el semillero intelectual de este tipo de investigación que tanta importancia reviste para el desarrollo científico-tecnológico del país.
Su trascendencia en temas de salud pública se ha demostrado con la formación de numerosos profesionales latinoamericanos que han ejercido posición de liderazgo en sus respectivos países.
Siendo todo lo anterior muy importante, nos parece, sin embargo, que lo principal radica en su capacidad de evolución que la hace mantenerse a la vanguardia de las modificaciones docentes, cambiando de una escuela profesionalizante hasta fines del siglo XX, a otra con énfasis en la formación valórica, dentro del pluralismo que caracteriza a la Universidad de Chile y, además, preparando a sus alumnos para enfrentar la extrema complejidad de la medicina de nuestra época.
Nuestra principal preocupación actual radica en la calidad de la formación médica en el país. Por eso, la institución ha participado decididamente en los procesos de acreditación de escuelas y de programas de pre y posgrado. El peso de nuestra tradición nos obliga a una actitud de cautela respetuosa en el desarrollo de nuevos centros formadores, tanto en el pregrado como en el postítulo. Nuestra trayectoria ha sido de generosidad en la docencia y en la investigación y nos sentimos orgullosos de continuar contribuyendo a la educación superior del país, con vigor, entusiasmo y mística.

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