Sitio Web del periódico de la Universidad de Chile / Abril 2003, Año 5, Nº44










La Educación Artística y el Mundo de la Cultura


En el mes de diciembre se realizó el Primer Congreso Cul-tura - Educación, organizado por la División de Cultura del Ministerio de Educación. Su propósito fue generar un proceso de reflexión nacional en torno a las relaciones entre los ámbitos culturales y educativos y el desarrollo de alianzas entre ellos. Una de las cuestiones debatidas fue la educación artística como una forma de despertar el espíritu crítico y creativo. Es un objetivo laudable, ya que los protagonistas de la cultura son muchos y no siempre se les aborda debidamente y en plenitud. Un modo de contribuir a ese fin consiste en detenerse en ciertas cuestiones previas, importantes tanto desde el punto de vista del arte como de la educación.
El arte en sus diversas formas de expresión es un ámbito muy

Prof. Mimí Marinovich.
Sicología de las Artes.
Facultad de Artes.
representativo de la cultura. Eso implica disentir de nociones como la muerte de la filosofía, la historia, la religión o el arte, trátese en este último caso de tal o cual defunción, ya sea hipotéticamente como objeto, aura u otra cosa en este mundo plural de su historia y contemporaneidad. En mayor o menor grado, siempre quedan huellas y presencias, armonías y discordancias, subsistiendo de distintos modos de acuerdo a la ley del péndulo o en lo más profundo, renaciendo cada vez como el ave fénix, de sus propias cenizas. Si no hay arte no hay artistas, ni público deseoso de vivir su experiencia, ni educandos que puedan recibir sus beneficios.
Es necesario superar reduccionismos que rechazan términos como “artista”, “creación”, “obra de arte”, específicos del vocabulario del arte y los artistas, para sustituirlos por los que derivan del concepto de producción cultural, contrariando una de las dimensiones más significativas de la vida y la experiencia humana. Se corre el riesgo de negar la posibilidad de una experiencia estética y su repercusión en la calidad de vida y en el desarrollo de una verdadera conciencia ecológica. Curiosamente, quienes más se refieren a lo estético y su experiencia son los investigadores en las ciencias exactas y naturales. La famosa frase de Dostoievski “la belleza salvará el mundo” es más fácil de escuchar en este momento en boca de un científico que en la de algunos artistas. Al respecto, el Prof. Dr. Héctor Croxatto, Premio Nacional de Ciencias, se ha referido en diversas ocasiones al valor de lo estético en la ciencia, al mismo tiempo que ha puesto énfasis en las similitudes y diferencias entre la creación artística y la científica. Para él, ambas dimensiones de la experiencia obedecen a una vocación común que consiste en traer a la luz lo que estaba oculto. El impulso constructivo del artista -dice- está más ligado a su subjetividad, a diferencia del científico que aspira a excluirla y recurre a un lenguaje más abstruso, frío y denso.
Para tender los puentes que se necesitan habrá que armonizar la tradición artística con lo nuevo; acortar muchas distancias, como las que existen entre el arte comunitario y el docto; superar el cisma entre intelectuales que pertenecen a una primera o a una segunda cultura como científicos, humanistas o artistas, distanciados tempranamente en el proceso de la educación, con consecuencias negativas para el logro de una imagen integral del mundo, el desarrollo personal y el de la sociedad en que se vive.
Cuando se reconoce la especificidad del arte y no se lo concibe como un epifenómeno de otra cosa, o para ejemplificar teorías provenientes de campos ajenos, es posible llegar a comprender el mundo de otra manera que la ciencia y la filosofía, al mismo tiempo que realizar potencialidades humanas. Jauss, teórico y hermeneuta de las artes, quien recurre a conceptos fundamentales de la tradición estética y establece distancia entre la estética y el esteticismo, expresa que la capacidad de hacer arte (poiesis) hace familiar el mundo, privándolo de su extrañeza; la aisthesis renueva la percepción embotada de las cosas con un conocimiento diferente al conceptual, y la catharsis, libera de los intereses vitales prácticos hacia una identificación comunicativa u orientadora de la acción.
Desde otro enfoque, hace ya muchos años que el impulsor de la educación por el arte Herbert Read, distinguía entre una educación que respeta la identidad de la persona, educa para lo que se es, y otra que la ignora, educa para lo que no se es. A partir de una perspectiva multicultural, Martín Hopenhayn coincide al decir que el profesor debe pensar en las diferencias de identidad en la sala de clases. La educación artística pone énfasis en los aspectos formativos, más allá de la mera instrucción, favorece el desarrollo más pleno y auténtico de las dotaciones de cada individuo por su resonancia en todas las dimensiones de la personalidad y la conducta. Esto implica reconocer el valor de los profesionales del área de las artes, ya sea como profesores o terapeutas especializados en sus diversas disciplinas: música, teatro, danza, artes visuales y de la palabra y aprovechar mejor los agentes educativos de una sociedad.
Por todo lo expuesto y por mucho más, es cierto que la educación artística es capaz de despertar el espíritu crítico y creativo, pero su impacto puede ser mucho mayor. Para el cumplimiento de los propósitos del Congreso recientemente efectuado, el educador de cualquier manifestación artística, en sus diferentes niveles, debe ser reconocido como integrante del llamado mundo del arte, debe participar en él y estar consciente de esta pertenencia.



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