Análisis liderado por el Doctor en Nutrición, Prof. Erik Díaz, aportará información relevante sobre los efectos que producen las diferentes preparaciones (comidas)
sobre nuestro metabolismo, lo que permitirá modularlo con el propósito de tratar y prevenir la obesidad.
 Prof. Dr. Erik Díaz. |
Nuestro organismo posee una
capacidad altamente eficiente
para almacenar grasas como fuente de reserva, característica
que algunos atribuyen a la evolución
debido a una adaptación propia
de los seres humanos a períodos de
carencia de alimentos. Lo cierto es que
la acumulación excesiva de estos
lípidos es lo que determina la aparición
de una de las enfermedades de
mayor incidencia en nuestro país, especialmente
entre las mujeres: la obesidad.
Esta enfermedad sobrepasa en la población
femenina de estrato socioeconómico bajo y medio-bajo el
40% de prevalencia, con un aumento
paulatino, situación que desde el punto
de vista de la prevención y tratamiento
preocupa a académicos del INTA de la Universidad de Chile, que
en estos momentos estudian cómo la
dieta puede modular el metabolismo
o combustión de esas grasas demás.
El Prof. Dr. Erik Díaz, Jefe del Laboratorio
de Metabolismo Energético e
Isótopos Estables, dirige la investigación
financiada por FONDECYT “Indice
glicémico de dietas habituales
como determinante de la oxidación de
sustratos y el perfil hormonal en mujeres
obesas”, con la colaboración de los
nutricionistas Jose Galgani y Carolina
Aguirre, además de las doctoras profesoras
Raquel Burrows e Illani Atwater.
Dicho estudio cambia el enfoque centrado
básicamente en la ingesta de ciertos
alimentos por separado -en evitarlos
o regular su consumo- pasando a
considerar las combinaciones de alimentos
que es lo que en general ingerimos.
Y es que la mayoría de los estudios
entregan información sobre el aporte de energía y nutrientes de la dieta,
pero no sobre los tipos de preparaciones
y sus componentes, características
que pueden incidir directamente
en el destino metabólico que tienen los
sustratos energéticos.
Las dietas que se prueban en el marco
del estudio respetan las características
de consumo de alimentos de las personas
y se trata de comidas habituales
con pequeñas variaciones respecto a
la combinación.
Como ejemplo, un desayuno con bajo
índice glicémico contiene arroz con leche
semidescremada, porción de quesillo, pera y galleta de salvado
light. Un almuerzo, en tanto, puede
estar constituido por fideos cocidos
con posta negra molida y tomate; ensalada
de apio con aceite de soya y limón,
más una manzana de postre.
Una dieta con alto índice glicémico,
por su parte, puede contener al desayuno
café, azúcar, pan, mantequilla,
quesillo y leche en polvo con 12% de
materia grasa.
Entre los alimentos con mayor índice
glicémico se destacan el pan y las papas.
Así, en este estudio se está comparando
el efecto de dietas con diferente índice
glicémico (alto y bajo) sobre el
metabolismo oxidativo (quema) de las
grasas y carbohidratos en condiciones
de exceso y déficit de energía.
El profesor explica que ciertas combinaciones
de alimentos producen una
elevación de la insulina -hormona que
regula la glucosa sanguínea- y cuyos
altos niveles van a favorecer el depósito
de grasas.
En este sentido, se postula en el proyecto
que la ingesta de dietas de bajo
índice glicémico y calórico favorecería
la movilización o liberación de grasas
y por tanto produciría una mayor
combustión de ellas. “Lo que interesa aquí es buscar la forma de que estas
dietas promuevan al máximo la movilización
de las grasas desde el tejido
adiposo. Esto lo deseamos hacer aprovechando
las modificaciones en el
metabolismo a través de los cambios
que los nutrientes de la dieta producen
en el patrón metabólico o de hormonas”,
precisó el académico.
Esta investigación, que concluirá en
marzo del 2003, estudia una muestra
de 12 mujeres obesas entre 20 y 45
años que no presentan alteraciones
metabólicas o patologías asociadas. En
ellas se evalúan, entre otros, el nivel
de glicemia, insulina y oxidación de
carbohidratos y grasas por calorimetría
indirecta durante las 24 horas. Esta
instalación -que es única en
Latinoamérica- permite la permanencia
de la persona en una cámara
termorregulada para permanecer a 24
grados. Esta técnica permite evaluar
minuto a minuto lo que está ocurriendo
con el metabolismo energético de
la persona, tanto durante el sueño
como después de las comidas diarias,
donde el efecto de una comida puede
superponerse con la siguiente.
El Prof. Dr. Díaz explica que este estudio
aportará información relevante
sobre los efectos que inducen los alimentos
sobre nuestro metabolismo,
conocimiento que se podría utilizar
para modularlo a partir de los componentes
de la dieta. “Estos cambios los
podremos producir a través de modificaciones
sencillas en las combinaciones
de alimentos”, precisa.
Agrega que la idea es dar pautas de
orientación sobre la forma de alimentarse.
Actualmente -indica- está la pirámide
alimentaria basada en la composición
nutricional de los alimentos
y sus características per se. Lo que
quisieramos -precisa- es llegar a una
especie de “pirámide” de lo que son
las distintas preparaciones.
“Estas investigaciones deberían generar
lo que son las guías de alimentación
basadas en preparaciones y tiempos
de comidas, como el transcurrido
entre ellas, la actividad realizada luego
de la ingesta, la cercanía con el sueño
nocturno, etcétera. Tenemos que ir
introduciendo estos elementos para
que las personas puedan manejarlos en
el momento en que deciden qué y
cuánto van a comer”.
Añade en el mismo sentido que a partir
de lo que indiquen los estudios, la
meta es recomendar las características
de una determinada alimentación para
la población, de manera que se puedan
seleccionar aquellos alimentos
cuya combinación produzca asociaciones
más favorables para combatir o
prevenir la obesidad.
En este estudio también se analizan los
efectos de las dietas con alto o bajo
índice glicémico sobre la posterior selección
de alimentos, en combinación
con investigadores del Departamento
de Nutrición de la Facultad de Medicina.
Ello, ya que investigaciones realizadas
en niños y adolescentes revelan
que ante dietas de alto índice
glicémico éstos tienden a ingerir más
energía en la siguiente comida.