Opinan los profesores de Epidemiología Veterinaria de la Universidad de Chile, doctores Decano Santiago Urcelay V. y Julio Pinto C.
 Decano Prof. Dr. Santiago Urcelay. |
Para muchos la influenza Aviar es sólo un
mal exótico que afecta a algunas aves. Para
saber más sobre el tema los médicos veterinarios
y profesores de Epidimiología de
la Universidad de Chile, Santiago Urcelay
y Julio Pinto explican el alcance de esta
enfermedad.
Una característica es que presenta la capacidad
de cruzar las barreras interespecies:
hombre, cerdo, equinos, aves etc., y sufrir
grandes mutaciones lo cual puede producir
verdaderas pandemias. Los casos descritos
en personas han sido hallazgos desde aislamientos
en brotes o resultados de vigilancia
epidemiológica, por lo cual no hay riesgo
zoonótico directo de esta enfermedad.
La influenza aviar es una enfermedad que
afecta a las aves domésticas (especialmente
pollos, patos y pavos) y silvestres, siendo producida por un ortomixovirus compuesto
de RNA. Los virus influenza son del tipo
A, B y C y los únicos que afectan a las
aves son del tipo A.
Es una enfermedad de la lista A de la OIE,
es decir de alta diseminación y de alto impacto
económico. Los últimos brotes de influenza
aviar en el mundo se han notificado
en México (1994), Pakistán (1994),
Hong Kong (1997) e Italia (1999-2000).
Los reservorios naturales pueden jugar un
importante rol en la epidemiología de la
enfermedad. Especies como las gaviotas,
aves costeras y aves migratorias han estado
asociadas a la presentación de brotes de influenza
aviar. En muchos de los brotes hasta
hoy, la diseminación o transmisión del
virus desde especies silvestres es el principal
mecanismo de transmisión viral.
Lo preocupante en el caso chileno, es que
es primera vez en su historia que se confirma
la presencia de influenza aviar en sus
poblaciones, lo cual nos exige mucha rigurosidad
frente a los mecanismos probables
de introducción de la infección en las
poblaciones afectadas y los mecanismos de
control y erradicación.
Las hipótesis probables del caso nuestro, y que
deberían ser estudiadas, son las siguientes:
La enfermedad pudo ser transmitida por
aves silvestres del tipo migratorio o
costeras debido a que el centro afectado
en la V Región está cercano a zonas
ecológicas con presencia de este tipo de
aves. Fallas en los mecanismos de
bioseguridad y de contaminación de alimentos
o aguas pueden explicar esta hipótesis.
También es factible la introducción externa
de algún material biológico contaminado:
vacunas, reproductores, etc. En este
caso el virus introducido no significó un
riesgo importante desde el punto de vista
de la mortalidad pero pudo haber circulado
y presentado el potencial de mutar a una
situación de mayor patogenicidad.
También puede ser una infección presente en el país pero no detectada. Esta hipótesis,
menos probable, no es descartable ya
que se ha descrito que el virus puede circular
un largo tiempo sin ser detectado y
sufrir mutaciones importantes para transformarse
en un virus patógeno que causa
mortalidades significativas.
La presencia de anticuerpos en un plantel
de la VI Región indicaría que puede o no
existir relación entre el evento de la V Región
y de la VI Región. Una posibilidad es
que éstos pudieron ser eventos independientes
causados por dos subtipos diferentes
que pertenecen a un mismo tipo viral.
Respecto con las hipótesis indicadas podría
existir una falla en los veterinarios, en
cuanto a su capacidad de detectar oportunamente
la enfermedad a través de los mecanismos
actuales de vigilancia activa. Detección
oportuna significa detectar las primeras
mortalidades y establecer en forma
rápida el diagnóstico.
También podrían haber fallas en el sistema
privado, quizás en esperar que ocurrieran
altas mortalidades para notificar a la
autoridad sanitaria. De acuerdo al informe
oficial del SAG enviado a la OIE, “El SAG
detectó una alta mortalidad más allá de lo
normal en una granja de gallinas”. ¿Puede
significar ello que los médicos veterinarios
a cargo de la granja no detectaron esta mortalidad
oportunamente?
De lo anterior se infiere lo fundamental que
es el reporte oportuno de cualquier anomalía
en los sistemas productivos ya que
muchas veces se evitarían pérdidas que
pueden significar millones de dólares. Recordemos
que la influenza aviar cursa cuadros
clínicos similares a otras enfermedades
respiratorias y digestivas que afectan
a las aves.
Esto nos lleva a la siguiente reflexión, al
parecer el SAG esta haciendo las cosas correctamente
una vez que se ha declarado
la enfermedad y al mismo tiempo está aplicando
adecuadamente las estrategias de
control y erradicación. Debemos poner esa misma energía en tratar de conocer las causas
que desencadenaron este brote. Respecto
a la incorporación de vacunación, como
parte de la estrategia de control, a nuestro
juicio y con los antecedentes en nuestro
poder no sería recomendable debido a que
la vacuna protegería solamente frente a un
subtipo del virus, presentaría interferencia
con el diagnóstico, no evitaría la infección
con cepas vírales de alta patogenicidad y
finalmente si Chile quiere recuperar el
estatus de país debe esperar al menos un año
una vez que se suspenda la vacunación.
Debemos aprender de lo que nos ocurre y
sobre las lecciones que nos deje este episodio
para focalizar nuestros esfuerzos futuros
en el fortalecimiento de los mecanismos
de vigilancia epidemiológica y la prevención
de brotes, no solamente de influenza
aviar sino de cualquier enfermedad que
nos afecte como país: Fiebre Aftosa, Peste
Porcina Clásica, Enfermedad de Newcastle
y cualquier problema sanitario-productivo
que puede tener consecuencias directas e indirectas
de enormes implicancias para el comercio
internacional de productos pecuarios.
Frente a los millones de dólares estimados
como pérdidas, uno se podría preguntar si
las pérdidas superaban los 100 o 200 millones
de dólares, ¿Quién paga? Es necesario
profundizar sobre los mecanismos de
seguros contra enfermedades catastróficas
como el que se emplea hoy contra la Peste
Porcina Clásica, que puedan sean manejados
por las asociaciones de productores,
para protegerse en el caso de situaciones
catastróficas en el futuro.
Para las Universidades, la formación de
profesionales preparados para enfrentar estas
emergencias y del entrenamiento continuo
de aquellos que son responsables de
las políticas de prevención, control y erradicación,
es un enorme desafío. La investigación
de enfermedades que no se encuentran
en el país y frente a los cuales
existen los riesgos de su introducción debe
ser estimulada.