Anales de la Universidad de Chile Sexta Serie, N° 17, diciembre de 2005

 

Estudios

[Los Jóvenes traen buenas noticias. El reformismo en la Fecech [1]]

 Toro, Pablo. Isla, José y García, Diego

 

RESUMEN

“FECECH realizará un simposio sobre la
Sordera en Chile, en el Edificio Diego Portales”[2]


Este trabajo plantea la existencia y alcances de distintas corrientes ideológicas en el periodo de reformismo de la Federación de Centros de Estudiantes de Chile –FECECH-, 1973 a 1988, en el ámbito de confrontaciones del gobierno con los estudiantes.

Palabras claves: movimiento estudiantil, política, organización institucional


  ABSTRACTS

This work sets up the existente and reaches of different ideological flor in the reformativ period of the Federación de Centros de Estudiantes de Chile  -FECECH- since 1973 to 1988 in the confrontations ambit between the government and the students.

Key words: student movement, politic, organization, institutionality

 

_________________________
Nota

[1]

Este estudio corresponde al capítulo V del libro Los muchachos de antes. Historias de la FECH 1973-1988, cuyos autores, que lo son también de todo el libro, han dado expresamente su autorización para que se incluya en este número de Anales de la Universidad de Chile, ya que la publicación de dicho libro será posterior a la de este número de Anales, cuyo comité editor ha considerado oportuno difundirlo en el centenario de la fundación de la FECH.

Cita / Referencia
Toro, Pablo. Isla, José y García, Diego. Los Jóvenes traen buenas noticias. El reformismo en la Fecech. Anales de la Universidad de Chile, VI serie: Nº17, diciembre 2005

[Introducción]

Los dirigentes estudiantiles gremialistas de la Universidad de Chile estaban colocándose en una situación paradójica con sus postulados de mayor independencia frente a la autoridad de rectoría y su demanda de mayor participación de la comunidad universitaria en los asuntos propios de la corporación. Mientras por una parte reclamaban para que las autoridades superiores dieran más atención al parecer de los académicos, por la otra presentaban una tenaz resistencia a los clamores crecientes que, desde el mismo estudiantado, pedían una democratización del estatuto de FECECH. En el momento de su aparente mayor fortaleza, la FECECH estaba incubando en su seno el germen de una contradicción que la llevaría a su caída.

Como ya se advirtió, luego de la dictación de la Ley General de Universidades, los estudiantes opositores al régimen militar experimentaron un notorio repliegue de sus iniciativas. Ante el egreso o la expulsión de la mayor parte de sus dirigentes, se imponía para estos sectores la necesidad de emprender un nuevo aprendizaje para la construcción de un movimiento estudiantil que tuviera posibilidades de disputar la hegemonía a los gremialistas. A lo anterior, hay que agregar una mayor desorientación política respecto del período anterior. Con posterioridad a 1980, se producirá entre los comunistas la adopción de una estrategia que consideraba todas las formas de lucha para enfrentar el régimen militar, la que producirá un mayor distanciamiento especialmente en relación con la Democracia Cristiana, en comparación con lo que había sido previamente la política de alianzas amplias -el llamado Frente Antifascista- cuyo principal destinatario era precisamente el PDC, y que en la universidad había tenido uno de sus mayores éxitos en el CORREME en los años en que la DCU era dirigida por el sector chascón.     Adicionalmente, los años que siguen a la dictación de la legislación universitaria de los militares se caracterizan por una creciente fragmentación y dispersión de los sectores socialistas[3]. Asimismo, decae la línea de trabajo de los opositores menos vinculada a la acción político partidista, y tendiente en cambio a iniciativas de carácter universitario o cultural -la llamada estrategia basista-. Aunque formalmente se prolongó hasta 1983, la Agrupación Cultural Universitaria realizó sus últimos grandes festivales en 1981, año en que además fue objeto de una violenta represión en contra de importantes figuras, como su presidente Patricio Lanfranco y el actor y dramaturgo Gregory Cohen[4]. Declina también la importancia de la CODEJU y de la Pastoral Universitaria, que ofrecían amparo a iniciativas juveniles disidentes o, cuando menos, rechazadas por el oficialismo[5]. Los comités de resistencia, cuyo propósito era expandir el rango de acción de los militantes de partidos de izquierda hacia el común de los estudiantes, con iniciativas locales que fluctuaban desde intereses académicos hasta el bienestar estudiantil pasando por la defensa de los derechos humanos, iban a ir cediendo paso a una demanda marcadamente gremial, es decir, una lucha por el control formal de las organizaciones estudiantiles, mutando en Comités de Participación. La sincronicidad que este movimiento de democratización gremial va a tener con el desarrollo de las protestas nacionales iniciadas en Chile tras la crisis económica desencadenada a mediados de 1982, explicará el que los contenidos del movimiento estudiantil democratizador oscilen en sus énfasis entre los intereses universitarios-corporativos y la demanda democrática a nivel nacional, con una indiscutible presencia de las juventudes de partidos políticos en la articulación y dirección del movimiento[6]. De cualquier manera, entre 1981 y 1983, la progresión del movimiento opositor es lenta y desde una clara conciencia de la precariedad. Un documento emanado de la CODEJU, aporte a las Jornadas por una Universidad Libre, celebradas en noviembre de 1981, expresa el modesto momento que atraviesa el movimiento democratizador: "Las jornadas no procuran representar a una comunidad que aún no se constituye como tal, sino incentivar experiencias que recreen una universidad libre, que se mostró impotente frente a la dictación de la Ley General de Universidades. El problema de fondo a atacar parece ser la neutralidad y el descompromiso individualista de la inmensa mayoría, la despolitización y la pérdida de interés por los problemas colectivos. (...) No [se] busca dirigir un movimiento que no es tal, sino apoyar su constitución"[7].

Como contrapartida, el predominio del gremialismo en FECECH era incontrarrestable ese año 1981. Salvo mínimas excepciones, el mecanismo diseñado por el estatuto de la Federación estaba dando los resultados previstos en términos de un sistema que se protege a sí mismo de cualquier posibilidad de reforma no controlada por la cúpula. Un mecanismo de elección de delegados que conformaba un cuerpo de electores del centro de alumnos que propendía a un empate entre dos bloques (oficialismo-oposición), el cual se dirimía con el voto de la directiva saliente, heredera mediata de una primera directiva designada por la autoridad universitaria. El centro de alumnos así establecido, formaba un nuevo cuerpo de electores que designaba la directiva de la Federación, de una terna propuesta por al menos cuatro de los centros de alumnos participantes en el consejo de presidentes. Remotamente, la validación pretendidamente democrática de esta pirámide radicaba en una elección de delegados de curso por la base de los estudiantes, en un proceso convocado con relativa sorpresa; con seis meses de diferencia respecto de la elección de directiva de FECECH; sin candidaturas, al modo de una elección escolar de mejor compañero, y, en consecuencia, una elección donde no era posible presentar ni evaluar propuestas de ninguna especie, ni aún gremiales, ni menos votar informadamente. El resultado era la despolitización del conjunto del proceso, y la gestión elitista de la federación y de los centros de alumnos.

Aunque a nivel de elecciones de delegados la oposición conseguía obtener representantes y en algunas facultades incluso obtener mayoría, el resultado general le era ampliamente desfavorable, mucho más considerando que la Universidad se había desprendido del Pedagógico, el que se había constituido tempranamente en un centro de alumno de oposición dentro del sistema de FECECH. Por lo demás, los opositores no conseguían establecer estrategias comunes entre quienes privilegiaban obtener espacios dentro del sistema perfilando delegados que constituyeran liderazgos locales y equipos de trabajo por facultad, y los que apostaban a la deslegitimación de la Federación llamando a la abstención. Los resultados para unos y otros terminaron siendo deplorables en las elecciones de delegados de 1981, donde el oficialismo arrasó con los delegados, pese a que se reconoció una importante abstención general del 44%[8].

Así las cosas, en octubre de 1981, cuando correspondió renovar directiva de FECECH, de entre los diecisiete centros de alumnos que conformaban el consejo de presidentes, Artes y Filosofía no se encontraban constituidos como tales, y otros cuatro -Ciencias Básicas y Farmacéuticas, Medicina Oriente, Medicina Occidente y Medicina Veterinaria- decidieron abstenerse por considerar que el proceso estaba siendo llevado de manera irregular, puesto que la mayoría de los presidentes del consejo estaba tomando decisiones marginando de hecho a los centros de alumnos que formulaban la reclamación. Pero la mayoría aplastante de presidentes gremialistas no sólo eligió nueva directiva, sino que impidió a la minoría la lectura de una declaración en la que explicaban su abstención[9].

Así se decidió la elección de la directiva que encabezaría Pablo Longueira, estudiante de Ingeniería Civil. Sus primeras declaraciones no sólo abogaban por mayor participación de la comunidad universitaria en sus asuntos propios -incluso con derecho a voto de los representantes estudiantiles en los organismos colegiados a nivel de facultad y de consejo universitario en materias docentes- y una normalización del régimen de gobierno de las universidades que implicaba el término de los rectores delegados y la radicación de la dirección superior de la universidad en las manos de los académicos[10]. Además, el nuevo presidente de FECECH traía consigo una propuesta de reformas del propio estatuto de la Federación. Partiendo de la premisa de la necesidad de contar con una organización estudiantil única en la Universidad de Chile, Longueira consideraba del caso reformar el sistema de elección de delegados de curso, de manera de posibilitar la presentación anticipada de candidaturas. En marzo de 1982 se realizó un ampliado de delegados de curso de la Universidad de Chile en que se acordaron tales reformas para la elección de delegados. Además, se redujo el número de delegados indispensables para presentar candidaturas al centro de alumnos (un delegado avalado por un 30% del consejo de delegados), y de presidentes de centros de alumnos que podían presentar candidaturas para directiva de la Federación (un presidente de centro de alumnos avalado por un 30% de los votos ponderados del consejo de presidentes). Además, se consideraba en las reformas dotar de atribuciones resolutivas a los consejos de delegados y de presidentes de centros de alumnos, puesto que hasta el momento sólo eran órganos consultivos de los centros de alumnos y de la directiva de la federación, respectivamente. El propósito buscado por estas modificaciones y declarado por Longueira era el de lograr mayor participación, mayor identificación con la universidad y mayor igualdad de oportunidades entre los estudiantes. Curiosamente, su colega en la presidencia de FEUC, Jaime Orpis, comentaba de manera algo inoportuna las reformas de Longueira: "Los cambios realizados por FECECH son formales y no afectan el fondo del sistema". A fines del mes de mayo, rectoría declaraba su conformidad con lo sustancial de las reformas adoptadas por el ampliado de delegados de curso de FECECH[11].

Uno de los mayores énfasis puestos en la estrategia de reformas estatutarias promovidas por la nueva directiva de FECECH se relacionaba con la necesidad de fortalecer la unidad del estudiantado en una sola federación. En su contra, a juicio de los gremialistas, conspiraban dos fenómenos. Primero, el surgimiento de actividades paralelas a las que realizaba la federación. Así, por ejemplo, durante los meses de verano, estudiantes opositores habían realizado trabajos voluntarios en Cautín, organizados por el Centro de Alumnos de Ciencias Básicas y Farmacéuticas y con importante participación de la Agrupación Cultural Universitaria. Durante la realización de los mismos, 61 personas, entre ellas 17 estudiantes, fueron detenidas acusadas de planificar actividades terroristas. Longueira acusó a los participantes de estos trabajos de actuar deslealmente y de manchar el prestigio y transparencia de las actividades juveniles y de la FECECH en particular, que había realizado sus tradicionales trabajos voluntarios en Lumaco. Esta declaración fue apoyada por El Mercurio, que por su parte calificaba a los detenidos de "adherentes a una agrupación cultural que sirve de pantalla al marxismo"[12]. Lo inexplicable de estas reacciones es que dos días antes de su publicación, ya habían sido puestos en libertad por falta de méritos la totalidad de los detenidos, por resolución del Fiscal Militar, Mayor de Ejército Rodolfo Vargas Campos. En otro orden de materias, el temor al paralelismo se relacionaba con iniciativas de democratización de los centros de alumnos. En noviembre de 1981, la directiva del Centro de Alumnos de Periodismo fue elegido por votación directa y universal, no obstante lo cual sus nuevos dirigentes afirmaban no tener intención de apartarse del sistema de FECECH[13]. Más tarde, los estudiantes de Ciencias Básicas y Farmacéuticas, si bien elegían sus delegados de curso con el sistema de FECECH, habían procedido a elegir la directiva del centro de alumnos mediante sufragio universal y directo, previa realización de campaña con ternas de candidatos y programas conocidos con anticipación por los electores. En este proceso resultó elegido presidente David Escanilla, de tendencia comunista[14].

Un segundo fenómeno que preocupaba a los gremialistas era el de la eventual pérdida de legitimidad de la FECECH expresada en el éxito que pudieran tener los llamados a la abstención en las próximas elecciones de delegados de curso. Estas finalmente se realizaron, con las reformas al estatuto ya en curso, en junio de 1982. FECECH informó los siguientes resultados: sobre un universo de estudiantes de 17.055 alumnos, se produjo un 64,4% de participación, y la elección de 102 delegados oficialistas y 65 de oposición. Los llamados a la abstención en Derecho e Ingeniería alcanzaron una respuesta superior al 70% en ambas facultades[15]. Una semana más tarde, sin embargo, Revista Hoy publicó los resultados de una encuesta efectuada por estudiantes independientes sobre un total de 13.358 alumnos de la Universidad de Chile. Pese a no cubrir el total de los estudiantes de la universidad, esa encuesta había registrado 7.057 abstenciones, es decir, casi mil más que las que había arrojado el cómputo de FECECH sobre un universo de 17.055 alumnos. La conclusión de los realizadores de la encuesta era obvia: FECECH había cometido fraude[16]. Evidentemente, los efectos prácticos de esa denuncia fueron inexistentes y no alteraron la marcha de la directiva de FECECH en ese momento. Aún más, el mecanismo de la encuesta demostraba que los estudiantes independientes o disidentes de FECECH carecían de la suficiente organización a nivel de toda la universidad para realizar un control del cómputo de los sufragios realmente emitidos en las mismas mesas de votación. Una encuesta como la realizada era un método engorroso y que no se podía comparar sin más a los resultados de la elección porque evidentemente se prestaba a distorsiones[17].

Parecía consolidado un statu quo. De una parte, los opositores al sistema de FECECH se encontraban sin acertar en una estrategia que les permitiera dar un paso cualititativo más allá del limitado propósito de elegir delegados de curso dentro del sistema. Perseverar en este propósito los condenaba, en el mejor de los casos, a un empate perpetuo a nivel de consejo de delegados que se resolvía siempre de manera adversa al momento de elegir nueva directiva de centro de alumno, por el voto dirimente de la directiva saliente. El llamado a la abstención no producía efectos prácticos positivos, e incluso empeoraba la situación al entregar la totalidad de los delegados electos al oficialismo, como había sido el caso de Ingeniería en 1981. Pero por otra parte, la propia FECECH no era enteramente indolente frente al potencial de desprestigio que acumulaba el sistema de representación estudiantil imperante. Así, mientras formalmente se elegían delegados que permitían al diseño de representación indirecto seguir manteniendo su forma, paralelamente se temía el progresivo distanciamiento de los estudiantes respecto de la federación en un momento en que ésta se había propuesto emprender cambios mayores dentro de la universidad y en conflicto con la rectoría de Medina Lois. El peor de los mundos posibles para el gremialismo era el de una FECECH sin la solidaridad de los estudiantes y en conflicto con las autoridades. La organización podía mantenerse en el diseño de control elitista mientras mantuviera afinidad con las autoridades interventoras. A su vez, podía enfrentar a la autoridad mientras contara con respaldo real de los estudiantes. Lo que no hacía viable el diseño de Federación única bajo la modalidad elitista era el conflicto con la autoridad en un contexto de bajo respaldo de la base estudiantil. FECECH no contaba con medios para apelar al respaldo informal y masivo de los estudiantes porque no creía en ellos, y tampoco se había preocupado de procurarse dicho respaldo en el curso de los años en que había existido como organización. Más allá de las intenciones confesas o inconfesables de sus sostenedores, el hecho crudo y duro era que la vigencia del estatuto de FECECH, aún con las reformas de tipo formal emprendidas en el período de Longueira, emanaba de un acto de imperio de rectoría y su diseño era funcional a la inmovilización de la base estudiantil.

El segundo semestre de 1982 fue escenario de un incremento de la movilización estudiantil de oposición, simultánea al progresivo enfriamiento de las relaciones entre FECECH y rectoría. En el mes de septiembre, los estudiantes de Derecho protagonizaron importantes manifestaciones en contra del exilio, que derivaron en pugilatos con partidarios del gobierno dentro de la facultad, y con desórdenes en el Palacio de los Tribunales de Justicia, al grito de "¡Queremos Justicia, Poder Judicial!". Resultado de esos incidentes, fueron relegados por el Ministerio del Interior Yerko Ljubetic y Fernando Martínez, mientras que eran detenidos por la CNI el egresado Guillermo Pickering y el alumno Raúl Campusano. La alteración del orden había sido tal que el decano Rosende amenazó con cerrar la escuela y suspender el año académico. El secretario de estudios de la Facultad Rafael Cruz, a quien los estudiantes apodaban "El Guarén", interrumpió una actividad organizada por los estudiantes en la que el abogado Jaime Hales exponía acerca del caso de COVEMA. Cruz le anunció que, en lo sucesivo, la entrada de Hales a la facultad quedaba prohibida[18]. En esos mismos días, en el Campus La Reina los alumnos de Filosofía, Humanidades y Educación realizaban protestas llamando a no pagar la cuota extra de matrícula de $ 2.700. En la Facultad de Medicina Norte, más de trescientos estudiantes se manifestaban en el frontis de la escuela disconformes con la situación presupuestaria de la Facultad y con la reducción de la planta docente anunciada por el decano Elías Cumsille. En el Campus Andrés Bello, se solidarizaba con la estudiante de Filosofía de la Universidad Católica Andrea Palma, detenida y vejada por la CNI, y se protestaba por el recrudecimiento de la represión gubernamental en contra de los estudiantes[19]. Por cierto, la falta de una orientación homogénea de las diversas manifestaciones saltaba a la vista, y era obvio que ellas se explicaban en parte como fruto de las tradicionales movilizaciones estudiantiles que se realizaban, desde 1978, durante el mes de septiembre, por lo que podía esperarse que decayeran en los meses siguientes. Sin embargo, esta vez las manifestaciones habían sido considerablemente más masivas y contestatarias que las de 1981, y auguraban una mayor presencia opositora en el futuro próximo.

El efecto de estos incidentes era el de estrechar las posibilidades de acción de FECECH. Como ya se vio, ese mes de septiembre, las relaciones con el rector Medina Lois tocaron su punto más bajo luego de la bullada entrevista entre los dirigentes estudiantiles y el general Pinochet. Los sectores cercanos a Medina Lois estimaban que la federación controlada por los gremialistas realizaba una operación política para sacarlo de la rectoría. Sin embargo, observaban que la legitimidad de la propia FECECH estaba en cuestión, considerando la alta abstención registrada en las últimas elecciones de delegado de junio. Incluso, los asesores del Rector le proponían restringir las atribuciones de la federación, y se especulaba que los gremialistas, con el propósito de subir la participación electoral estudiantil, habían negociado con los estudiantes de oposición la posibilidad de cederles algunos centros de alumnos, lo cual implicaba politizar la federación[20].

El año terminó con una nueva elección de FECECH. Sobre 42 votos ponderados dentro del Consejo de Presidentes de Centros de Alumnos, el estudiante de Medicina Manuel Sepúlveda, gremialista "reformista", obtuvo 37. Los presidentes de Ciencias Básicas y Farmacéuticas, David Escanilla, y de Filosofía, Eduardo Rojas, decidieron abstenerse. Aunque Rojas esperaba mantener contacto con los futuros dirigentes en beneficio de la solución de los problemas económicos de los estudiantes, no estaba dispuesto a participar de una elección antidemocrática, "un simple cambio de nombres"[21].

Al asumir su cargo, Sepúlveda reiteró los postulados de Longueira en orden a normalizar las universidades en lo que a sus sistema de gobierno académico se refería; las críticas a los vacíos que evidenciaba la nueva legislación universitaria, y los propósitos de fortalecer el carácter único de la Federación frente a lo que consideraba paralelismo de los opositores[22].

Bienvenido sea el caos: el orden ha fracasado [23]

[23] El 11 de abril de 1983, la tradicional celebración de la Guerra del Puente a metros de la Facultad de Derecho, en el contexto de la Semana Mechona, derivó en una gresca descomunal entre estudiantes y carabineros. A sólo días de su inauguración, del nuevo Puente de Pío Nono, ornamentado con primor con jardineras y luminarias, no quedaba piedra sobre piedra, hasta las barandas metálicas fueron arrancadas de cuajo. Un acongojado alcalde de Santiago, Carlos Bombal, acusó a elementos infiltrados ajenos al quehacer universitario de los destrozos producidos. Sin embargo, los propios estudiantes en cartas a la prensa lo desmintieron, arrogándose la responsabilidad de lo acontecido. La  tradición oral incluso afirma que el mismísimo decano Rosende -cuya muñeca política le permitía este tipo de originalidades-, en los momentos de máxima confusión y repliegue estudiantil ante la acción de carabineros, se apersonó en el frontis de la Facultad para arengar a los suyos incitándolos a no dar por perdido el puente, siendo aclamado por estudiantes oficialistas y opositores que luchaban ahora contra una extraña alianza táctica de pacos y estudiantes de ingeniería. FECECH se sumó a los desmentidos a los dichos del alcalde y anunció que pagaría los daños. Un fantasma recorría las universidades: era el fantasma de la ingobernabilidad. [24]

Hasta ese momento, el curso de los acontecimientos universitarios parecía orientarse hacia una mayor apertura. En el verano había asumido el nuevo rector Roberto Soto, quien ofreció señales de más deferencia hacia las inquietudes académicas, suscitando esperanzas y elogios de los sectores aperturistas del gobierno, luego del malestar inicial que produjo la forma de su nombramiento. Así, una de las primeras medidas del nuevo rector fue la supresión de su comité asesor militar, sustituyéndolo por un comité académico. Mientras tanto, FECECH había realizado sus trabajos de verano en la XIª Región, con respaldo de la Fuerza Aérea de Chile en el traslado hasta el sitio de los trabajos, y había recibido la visita en terreno del propio rector Soto. En la inauguración del año académico, la máxima autoridad indicaba que las puertas de la rectoría estaban abiertas a los estudiantes en todos aquellos asuntos en que su participación fuera pertinente. Más aún, en respaldo de la condición de federación única que ostentaba FECECH, aclaraba que no estaría dispuesto al diálogo con personas que se arrogaran la representación de estructuras inexistentes. En el mes de febrero era designada Mónica Madariaga como nueva Ministra de Educación, formando de inmediato una comisión que estudiaría cambios a la legislación universitaria, a la que se integraron los representantes de FECECH. [25]

La Revista Realidad, de orientación gremialista, definía los desafíos de ese año: "En el campo universitario, el problema es mucho más agudo, porque mientras la nueva legislación respectiva amenaza con esterilizarse o desvirtuarse por una errónea forma de aplicarla, la estructura de poder que existe en nuestras universidades se ha demostrado incapaz de incorporar efectivamente a su conducción a los mejores académicos, salvo honrosas excepciones que más bien confirman la regla. El comité ad hoc que asesora al Presidente y el inicio de las actividades de varias juntas directivas en las universidades estatales deben apreciarse como paliativos valiosos, pero que no modifican el cuadro general predominantemente negativo en este importante rubro del quehacer nacional. La incomprensión que el gobierno muestra hacia el mundo universitario no sólo perjudica el fruto académico de éste, sino que le enajena al régimen la voluntad de sectores muy influyentes del país que han estado y estarían proclives a apoyarlo, de no mediar tan lamentable y prolongado desencuentro"[26]. En la misma línea, la Revista Qué Pasa advertía que el rector Soto tenía por delante la tarea de mejorar el ambiente interno y solucionar el déficit económico del plantel[27].

En verdad, la crisis económica del año 1982 había hecho fracasar todas las previsiones que acerca de las universidades se había planteado la legislación dictada en 1981. En efecto, mientras el DFL 4 de 1981 establecía que, en moneda de igual valor, el aporte fiscal al sistema universitario aumentaría respecto de 1980 en un 15% en 1982 y en un 23% en 1983, la realidad había mostrado otra cosa. El aporte fiscal en 1982 había aumentado sólo un 5,7%, para caer en 1983 a sólo el 87,5% de lo que se entregaba en 1980[28]. En ese momento, amplios sectores del propio gobierno cuestionaban los mecanismos diseñados para distribuir los recursos fiscales, especialmente el aporte fiscal indirecto, que se suponía introducía elementos de competencia entre las instituciones. Las consecuencias del cuadro creado eran fáciles de prever: menoscabo salarial a los trabajadores universitarios académicos y no académicos, reducciones de personal, merma de las propias funciones uiversitarias, aumento del valor de los aranceles para los estudiantes, insuficiencia de crédito fiscal para los estudiantes de menores recursos, etc. FECECH se dirigía al propio general Pinochet para expresarle su preocupación por la situación económica de los estudiantes, calificando de nefasta la ley de financiamiento universitario y solicitando mayor crédito fiscal. Manuel Sepúlveda reiteraba el deseo de poner fin a los rectores delegados y acusaba, de paso, a algunos centros de alumnos y a la Unión Nacional de Estudiantes Democráticos de promover un paralelismo que calificaba como deleznable: "Siempre el paralelismo es una traición"[29].

El 11 de mayo sorprendió a toda la sociedad, gobierno y oposición, con una protesta pacífica de carácter nacional convocada por organismos sindicales y que logró la adhesión no sólo del mundo popular, sino que además de vastos sectores medios directamente afectados por la quiebra del sistema financiero declarada en el mes de enero de ese año. Desde entonces, y cada mes durante el siguiente año y medio, los chilenos serían convocados a sucesivas jornadas de protesta, con un aumento tanto de la agresividad y audacia de las acciones de rechazo al régimen como de la magnitud de la represión por parte del gobierno. En el desarrollo de estas iniciativas, las protestas estudiantiles en horas de la mañana tendrían un destacado lugar, especialmente lo que ocurriera en las facultades de Ingeniería, Derecho, Medicina Norte y Campus Andrés Bello, en el caso de la Universidad de Chile, y considerando por supuesto al Pedagógico, donde los incidentes, por lo regular, eran de consideración. Una de las consecuencias más importantes para el proceso estudiantil fue la de evidenciar que la contestación al régimen militar y a la intervención de las universidades tenía un carácter masivo y que, de ahora en adelante, estaba dispuesta a ocupar el espacio público. Los años 1981 y 1982 habían sido de derrota para los opositores al sistema de FECECH, sumidos en una sensación de atomización y desamparo. La irrupción de las protestas nacionales, en cambio, tenía para los adversarios del gobierno el saludable efecto de ofrecerles un espacio de reconocimiento mutuo, a plena luz, y hasta con difusión pública por los propios medios de comunicación controlados por el oficialismo. En el año 1983, pese a su dramatismo, el ciclo de las protestas tuvo un extraño efecto catárquico al que sus actores acudían con curiosidad por conocer su propio potencial de rebeldía, poniendo al miedo entre paréntesis. Mientras tanto, el gobierno entró en una fase de extrema confusión en su iniciativa política, oscilando entre un tibio aperturismo y la aplicación más prosaica del terror.

En las universidades, el inicio de las protestas alimentó la extensión de un movimiento democratizador del estatuto de FECECH, ofreciendo un norte más claro a un movimiento opositor hasta entonces disperso y estratégicamente vacilante. En los primeros días de mayo, FECECH declaraba que no reconocería las elecciones de centro de alumnos realizadas mediante sistema de sufragio universal y directo en Medicina Norte y en Ciencias Básicas y Farmacéuticas. La consecuencia práctica de esta marginación se traducía en la pérdida de local para sesionar y de financiamiento de sus actividades para los centros de alumnos rebeldes, cuestión que afectaba además al centro de alumnos de Filosofía, Humanidades y Educación, elegido con anterioridad. Semanas más tarde, acusando el impacto del fenómeno de las protestas, FECECH invitaba para discutir reformas al estatuto de la federación a tres dirigentes estudiantiles disidentes, Enrique Fanta y Eduardo Saffirio, demócrata cristianos de Ingeniería y Derecho, respectivamente, y Antonio Bascuñán, un sobresaliente estudiante de Derecho de ideas liberales. La invitación fue rechazada, argumentando Fanta y Saffirio que no se prestarían para blanquear instituciones que no eran democráticas. En su declaración, los dos dirigentes se manifestaban dispuestos a un diálogo, el que en realidad era impedido por el régimen universitario imperante. Finalmente, solicitaban el término de la intervención universitaria; el reintegro de los universitarios exonerados, expulsados y exiliados; un estatuto democrático para la organización estudiantil; el reconocimiento y respeto de la autonomía a las universidades; el restablecimiento de un presupuesto adecuado para la educación superior, y el fin de los sistemas de vigilancia y represión existentes al interior de las universidades[30].

El 25 de mayo se eligieron delegados de curso. Según FECECH, la participación había alcanzado a un 75% de los estudiantes y habían triunfado los candidatos gremialistas en la generalidad de las carreras, salvo Ciencias Básicas y Farmacéuticas, Medicina Oriente y Arquitectura. La oposición, sin embargo, señalaba haber obtenido 112 delegados contra 102 del oficialismo y 14 independientes, informando adicionalmente de un 70% de abstención en Ingeniería y 48% en Derecho[31]. Algo estaba cambiando en el clima universitario. La oposición se proclamaba mayoría, y la FECECH transitaba por un sendero cada vez más angosto. Su vicepresidentes, Vicente Santa Cruz, pedía al gobierno Crédito Fiscal ilimitado, agregando que FECECH estaba dispuesta a llegar "hasta las últimas consecuencias" en su demanda, insinuando que ello podía incluir una huelga: "Resolver este problema es responsabilidad del Estado"[32].

En la Facultad de Derecho, el presidente del centro de alumnos recién designado, Francisco Luna, convocó en junio a un plebiscito. Con una participación de 68% de los estudiantes, el 61% de los votantes aprobaba la elección directa de la directiva del centro; el aumento del número de delegados de curso a tres, y la convocatoria a una asamblea constituyente de la facultad para la elaboración de un nuevo estatuto. Una semana más tarde, con la participación del 75% de los estudiantes, se elegía una asamblea constituyente en la que la oposición elegía 15 delegados sobre un total de 25. Para la primera quincena de julio estaba prevista la elección de nueva directiva del centro de alumnos. FECECH reaccionó con incomodidad e incoherencia. Vicente Santa Cruz acusaba a quienes pretendían quebrar la Federación saliéndose de sus normas democratizando el procedimiento de designación de dirigentes en las facultades. Sin embargo, a fines de junio, se anunciaba la convocatoria a un consultivo ampliado de FECECH con el propósito de estudiar modificaciones al estatuto. Tres centros de alumnos se encontraban marginados por haber elegido directamente a sus dirigentes: Filosofía, Humanidades y Educación; Medicina Norte y Ciencias Básicas y Farmacéuticas. FECECH ofrecía reconocer estas directivas en la medida que se sujetaran al estatuto de la federación, es decir, que los respectivos consejos de delegados ratificaran la directiva electa mediante sufragio universal, oferta débil y eufemística que permitía aparentar la subsistencia formal de un estatuto que de hecho estaba siendo sobrepasado. Manuel Sepúlveda, refiriéndose al movimiento originado en Derecho, señalaba que el estatuto de FECECH podía reformarse, pero sólo en el Consejo de Presidentes de Centros de Alumnos: "Ningún Centro de Alumnos puede modificarlo [el estatuto] por sí y ante sí, a menos que pretenda automarginarse. Derecho está precipitando las cosas y habría sido recomendable meditar mejor los pasos tomados"[33]. En Derecho no pensaban lo mismo. El 13 de julio se efectuó la primera vuelta electoral, obteniendo la primera mayoría relativa la oposición de centro izquierda encabezada por el demócrata cristiano Yerko Ljubetic, teniendo que dirimir en segunda vuelta con la lista de la Derecha Republicana encabezada por Víctor Galilea. En los últimos lugares quedaron las listas del Nacionalismo y del Gremialismo. El 19 de julio, con un 59,6% de los votos emitidos, se confirmaba el triunfo de la oposición. Ljubetic recibía el cargo de su antecesor Francisco Luna, quien, desde entonces, empezó a ser conocido por moros y cristianos con el afectuoso mote de "Kerensky". La importancia de esta elección radicaba en que ponía mayor claridad al debate que enfrentaba a FECECH con algunos centros de alumnos disidentes. Era evidente que ciertas facultades estaban transgrediendo el estatuto de la Federación, pero en el contexto de la vieja polémica entre legalidad y legitimidad. A fin de cuentas, las cosas estaban marchando en esa dirección ante la obstinación de FECECH en negarse a someter su normativa a la voluntad del estudiantado consultado en forma directa e informada. El proceso de Derecho era lo bastante contundente como para debilitar a FECECH y alentar a otras facultades a emprender procedimientos democráticos. No se trataba de procesos de paralelismo opositor, sino de la decisión soberana de toda la facultad involucrada, con participación de oficialistas y opositores. Dicho de otro modo, la decisión soberana respecto de cómo organizarse en Derecho radicaba de ahora en adelante en los propios estudiantes de la facultad y no en el Consejo de Presidentes de Centros de Alumnos que sesionaba en calle Santa Lucía.

FECECH reaccionó confirmando la realización de un ampliado en Padre Hurtado cuyo propósito sería el estudio de reformas al estatuto que permitirían la elección directa de los centros de alumnos. Por otra parte, a los casos de Derecho, Ciencias Básicas, Filosofía y Medicina Norte, que ya se habían apartado del estatuto, había que agregar dos centros de alumnos que se habían sumado a la oposición dentro del sistema de FECECH, como eran los casos de Arquitectura y Medicina Oriente, encabezados por Andrés Weil y Cristián Baeza respectivamente, ambos de la Democracia Cristiana. Con esto, la demanda de democratización del estatuto se trasladaba al interior del propio Consejo de Presidentes sin que fuera posible oponer descalificación alguna a sus voceros. En el mes de agosto, las elecciones del centro de alumnos de Ingeniería Civil de la Facultad de Ingeniería se realizaban en forma directa, triunfando esta vez un candidato gremialista, Carlos Moreno.

El ciclo de protestas nacionales había introducido un elemento nuevo en la escena estudiantil. La represión gubernamental ya no se ejercía sólo de modo selectivo, sino también de manera abierta e indiscriminada, generando además una capacidad de respuesta de los estudiantes con dosis variables de violencia. A los seguimientos en contra de estudiantes[34], el gobierno estrenó el baleo con balines y balas hacia el interior de los recintos universitarios. A consecuencia de esta modalidad, Roberto Romero, funcionario del Campus Antumapu, falleció tras recibir una herida a bala el día 11 de agosto, día de protesta nacional en el que el gobierno desplegó a 18.000 efectivos militares en las calles, con un saldo de 29 muertos a bala y más de mil detenidos. La evaluación de este tipo de situaciones era dispar. Los sectores oficialistas de la universidad comenzaban a apuntar contra una minoría de oposición políticamente interesada, que procuraba intranquilizar a los estudiantes y que llevaba a los recintos universitarios a elementos ajenos a su quehacer que provocaban disturbios; incluso FECECH daba a conocer la formación de "grupos antiviolentistas" en las facultades de Ingeniería y Economía[35], al tiempo que reconocía el derecho a disentir en forma pacífica y repudiaba la violencia. En cambio, 160 delegados pastorales asistentes a un congreso de la Vicaría Pastoral Universitaria, declaraban que los universitarios estaban siendo sometidos a una "represión inaguantable", y la Asociación Universitaria y Cultural Andrés Bello rechazaba el despliegue de material bélico ante recintos universitarios ordenado por el gobierno, que creaba un clima de provocación e intimidación[36].

La elección de Derecho había significado un importante avance simbólico para la oposición, y los grados de concertación y asertividad de los centros de alumnos opositores de FECECH eran ya muy altos. La respuesta del gobierno, en cambio, era errática. El general Pinochet exigía a los rectores la máxima severidad en la aplicación de los reglamentos de disciplina estudiantil existentes en las universidades[37]. La ministro de educación Mónica Madariaga, mientras tanto, realizaba el estudio de reformas a la legislación universitaria con una comisión y diez subcomisiones. Las conclusiones de este trabajo proponían la creación de un Consejo Nacional de Educación con atribuciones para aprobar o rechazar la creación de nuevas carreras, facultades y universidades; la eliminación de las juntas directivas; la exigencia de que los rectores tuvieran el carácter de profesores titulares, y la eliminación del listado taxativo de doce carreras universitarias. En el ámbito propiamente estudiantil, la ministro declaraba no tener problemas con que los estudiantes escogieran en forma directa a sus representantes. La autonomía con que actuaba la ministro no era bien vista en los sectores afines al régimen, y en el mes de octubre los rectores militares concordaron en una declaración admirable: las conclusiones de la comisión ministerial sobre modificaciones a la legislación universitaria "vulneraban la autonomía universitaria"[38].

El 30 de agosto, los dirigentes de los centros de alumnos opositores a FECECH intentaron dar una conferencia de prensa en la sede de la Federación, pero desde el segundo piso fueron rechazados con baldasos de agua lanzados por los oficialistas, produciéndose luego pugilatos. En la frustrada declaración, los estudiantes democráticos pedían reconocimiento formal y apoyo material de la Federación, y un plebiscito para reformar el estatuto de FECECH dentro del mes de septiembre. FECECH seguía dando palos de ciego. Manuel Sepúlveda se manifestaba indispuesto al diálogo con los marxistas, mientras que Pablo Longueira formulaba un llamado para impedir que los marxistas y violentistas destruyeran la universidad[39]. Sin embargo, el 3 de septiembre, FECECH llamaba al diálogo a los estudiantes democráticos. Pese a ello, la relación entre la Federación y los centros de alumnos democráticos se estaba quebrando irreversiblemente. A comienzos de octubre, 8 centros de alumnos creaban una Coordinadora de Centros de alumnos Democráticos, y convocaban a un consultivo de delegados de curso -elegidos mayoritariamente en el sistema de FECECH- y dirigentes estudiantiles en el cual discutirían acerca de los sistemas de representatividad estudiantil. La Coordinadora, además, inició una interlocución con el propio rector, solicitándole su intervención en favor de pobladores sin casa de La Granja que habían hecho ocupación de terrenos de la Universidad de Chile constituyendo los campamentos Juan Francisco Fresno y Raúl Silva Henríquez, y que estaban amenazados de desalojo por Carabineros. El 11 de octubre se realizó el ampliado de delegados, al que asistieron 144 representantes sobre 282 reconocidos por FECECH, aprobando un llamado a plebiscito para resolver el incordio con FECECH. El secretario general de la FECECH, Juan Carlos González, acusaba que el encuentro era organizado por la FECH (sic) y los comunistas. Una semana más tarde, se producía en la Facultad de Ingeniería un plebiscito organizado por los opositores para convocar a elecciones directas del centro de estudiantes, sin que la participación alcanzara al 50% de los estudiantes de la facultad. Ese proceso iba a desembocar en la elección de una directiva encabezada por el socialista Ricardo Herrera, paralela a la directiva oficialista regida por el sistema de FECECH. El 29 de octubre, ya eran 9 los centros de alumnos elegidos democráticamente que pedían a la FECECH terminar con el paralelismo gremialista (sic) que impedía la unidad y democracia del movimiento estudiantil. Aún más, las directivas de los centros de alumnos democráticos estaban siendo inhabilitadas por sus respectivos consejos de delegados para participar de la próxima renovación de directiva de la Federación. Manuel Sepúlveda contestaba impertérrito: "Las elecciones masivas permiten una sola cosa, bastante perniciosa, que es una lucha política selvática para las elecciones, y llegar a hacer recuentos de votos con pistola en mano", mientras llamaba a su propio ampliado de dirigentes de FECECH[40].

Los resultados para la FECECH en ese ampliado de dirigentes fueron catastróficos. Salvo los centros de alumnos de Contadores Auditores y de Ingeniería, todos los restantes aprobaron la realización de elecciones directas de sus directivas. Mientras tanto, el proceso de renovación de directiva de la Federación seguía su curso a través del mecanismo indirecto. Nueve de 17 centros de alumnos procedieron a elegir la terna propuesta encabezada por el gremialista Flavio Angelini, estudiante de periodismo[41]. Los centros de alumnos democráticos se retiraron de la reunión, calificando el procedimiento como fraudulento y emplazaron a Manuel Sepúlveda a la realización del plebiscito. Angelini acusó a la Coordinadora de dividir al movimiento estudiantil, no obstante que los centros de alumnos de Arquitectura, Medicina Oriente, Medicina Occidente y Arte se habían hecho elegir con el sistema de FECECH. A juicio de Angelini, la Coordinadora buscaba el derrocamiento del gobierno, pero de todos modos la desafiaba a medir fuerzas en elecciones directas de los centros de alumnos en ese mes, con la venia del rector Soto en orden a reconocer la autonomía de cada centro de alumnos para definir su sistema de elección. Una vez más, los resultados para FECECH fueron completamente adversos. Los centros de alumnos de Agronomía, Ingeniería Forestal, Veterinaria, Medicina Occidente, Medicina Sur, Medicina Oriente, Arquitectura, Odontología y Arte eligieron directivas encabezadas por los opositores a FECECH. A ellos había que sumar los centros de alumnos democratizados al margen de FECECH -Derecho, Medicina Norte, Filosofía, Humanidades y Educación, y Ciencias Básicas y Farmacéuticas-. La situación de Ingeniería se mantenía en una especie de empate catastrófico, con dos centros de alumnos paralelos. Mediante el procedimiento indirecto, era elegido el oficialista Roberto Sáez, al tiempo que Ademar Alvear, vicepresidente de la directiva saliente, declaraba que el proceso había sido llevado de manera irregular, acusando al gremialismo de trabajar con fines políticos[42].

Sólo la llegada de las vacaciones de verano logró dar un respiro a la directiva de la FECECH, LA que se encontraba completamente acosada por una oposición que reunía a la indiscutible mayoría de los centros de alumnos, votos ponderados más o menos, y que le demandaban a Angelini su renuncia al cargo para que asumiera provisionalmente el Consejo de Presidentes.

Como pera madura...

El cerrojo que la propia FECECH se había proporcionado como protección estaba terminando por asfixiarla. A regañadientes, había admitido reformas al estatuto cuya aplicación se tradujo en la explicitación de un repudio mayoritario de los estudiantes a la modalidad de su gestión y organización. Los estudiantes opositores al sistema, durante 1983, no habían conseguido concordar estrategias únicas para democratizar sus centros de alumnos. En rigor, no cabe hablar de un paralelismo a FECECH, salvo en el caso de Ingeniería. Las elecciones de diciembre en diez centros de alumnos pueden considerarse una democratización desde dentro de la federación, y las previas democratizaciones en Ciencias Básicas y Farmacéuticas, Filosofía, Medicina Norte y Derecho eran consentidas por la generalidad de los estudiantes de esas facultades constituidos en cuerpo soberano. Por otra parte, nunca la Coordinadora alentó el discuso del paralelismo, y reivindicó siempre la existencia de una Federación única y pluralista de los estudiantes de la Universidad de Chile. La diferencia fundamental con FECECH, como es evidente, no radicaba en la condición de ser ésta la organización única de los estudiantes, sino en el hecho de ser una organización impermeable a la opinión y decisión de la mayoría estudiantil. Pese a todos estos antecedentes, la directiva de FECECH se mantuvo hasta el final negándose a la evidencia. Aislada de la rectoría -que le había dado vida y con la que se enfrentaba periódicamente desde 1981-, como asimismo de los estudiantes, en lugar de buscar aliados de algún tipo, FECECH inició sus últimos meses tratando de golpear en todas las direcciones.

Como era habitual, durante las vacaciones, rectoría anunció un alza de aranceles del orden del 25%, ante lo cual la FECECH llamó al no pago de los mismos, por considerar que rectoría había faltado a su palabra de discutir cualquier reajuste en una instancia bipartita integrada con representantes de la federación, reiterando su opinión en orden a que se diera fin al sistema de rectores delegados. Aún así, FECECH obtuvo en mayo, luego de reunirse con el general Pinochet, un aumento de 400 millones de pesos en la disponibilidad de crédito fiscal, una rebaja de los aranceles del 5% y una condonación de los intereses acumulados en contra de los alumnos en mora de pagar sus mensualidades[43].

Por su parte, los centros de alumnos de la Coordinadora se encontraban estudiando proposiciones al problema económico, llamando a protestas mensuales los días de vencimiento de las cuotas de aranceles, y además, organizaban las actividades tradicionales propias de una federación. Simultánea a la realización de trabajos voluntarios de verano de FECECH en Chiloé, grupos de oposición se desplazaron a Copiapó, donde efectuaron sus trabajos, incluso con apoyo económico del Intendente Regional Coronel Alejandro González. De regreso a clases, los 14 centros de alumnos organizaron una masiva semana mechona. En las escuelas democratizadas, los alumnos nuevos no tuvieron ninguna noción de la existencia de FECECH, salvo por un paralelismo alentado abiertamente por El Mercurio, que publicó in extenso las actividades de FECECH en las escuelas democratizadas, incluida fotografía de las reinas mechonas apócrifas. El proyecto gremialista en la Universidad de Chile jugaba los descuentos.

El golpe de gracia vino desde Ingeniería. Hasta entonces, la FECECH se había aferrado a un clavo ardiendo. El sistema de voto ponderado dentro del Consejo de Presidentes de Centros de Alumnos daba una importantísima presencia a Ingeniería, lejos la facultad más poblada de toda la Universidad, y que tenía una directiva gremialista bajo el sistema de elección indirecta presidida por Roberto Sáez Iglesias. A ello había que sumar el apoyo que FECECH todavía tenía de los centros de alumnos de Ingeniería Comercial, una directiva paralela de Ciencias Básicas y Farmacéuticas elegida en diciembre, Administración Pública y Contadores Auditores, y los votos de los tres integrantes de la propia directiva de FECECH. Como FECECH insistía en no reconocer a los centros de alumnos que se habían democratizado antes del mes de diciembre -pese a que ese sistema sí le era reconocido a otros diez centros de alumnos-, todavía los gremialistas hacían abracadabras que el papel del estatuto resistía: los centros de alumnos opositores y reconocidos sólo reunían ocho votos ponderados en el Consejo de Presidentes. Ingeniería por sí sola reunía nueve votos.

Pero en Ingeniería las aguas no estaban quietas. A fines de septiembre de 1983, los estudiantes de oposición habían convocado a un plebiscito para pronunciarse respecto del sistema de elección de representantes estudiantiles para el Centro de Estudiantes de Ingeniería[44]. Sobre un universo de 4.725 estudiantes con derecho a voto, habían participado 2.193, y 1.999 habían apoyado un sistema de elecciones directas, es decir, un 42.4% de toda la facultad. Dos semanas más tarde, se elegía con un respaldo de 1.321 votos una directiva de oposición encabezada por el socialista Ricardo Herrera, paralela a la directiva gremialista pro-FECECH. El entonces presidente gremialista Jorge Morel sostenía que la directiva paralela que se pretendía establecer de esa manera apenas tenía un respaldo superior al 25% del universo total de estudiantes. Sin embargo, las elecciones de delegados que dieron origen a la directiva encabezada por Morel habían registrado una participación aún menor. Ambos sectores se negaban recíprocamente y ninguno podía acreditar un respaldo mayoritario a su propio sistema, lo que generaba un empate catastrófico, y algunas situaciones extravagantes. Así, por ejemplo, con ocasión de la inauguración de un gimnasio de la facultad, estaba contemplada la intervención del presidente del centro de alumnos oficialista, lo que derivó en un incidente cuando Ricardo Herrera y sus partidarios exigieron que se les permitiera hablar también. La inauguración del gimnasio derivó en un foro entre ambos presidentes de centros de alumnos, moderado por el propio decano Claudio Anguita[45]. Como se mencionó anteriormente, la renovación de directiva bajo el sistema FECECH en diciembre había sido cuestionada por el vicepresidente de la directiva saliente, que se manifestaba decepcionado por el aprovechamiento político que practicaban los gremialistas.

Ambos sectores comprendían que había que zanjar de manera definitiva el problema, y fue entonces que concordaron en una convocatoria de ambos centros de alumnos a un plebiscito en el mes de mayo para decidir definitivamente sobre la modalidad de centro de alumnos que se iba a adoptar. "El acuerdo con la derecha de competir juntos en un plebiscito y respetar sus resultados era algo así como 'último gol gana todo'[46]. En dicho plebiscito, se presentaron propuestas por ambos centros de alumnos, pero el Frente Universitario de la facultad[47]presentó una alternativa propia, aislando aún más la posición gremialista. El 17 de mayo, con una participación del 73,5% de los estudiantes, el 56,5% de los votantes apoyó la propuesta de retirarse de FECECH y democratizar el Centro de Estudiantes, contra un 34% del Frente Universitario y sólo un 9,5% del gremialismo. Para el 9 de junio se fijaron elecciones de directiva, en las que resultó triunfante por mayoría absoluta Ricardo Herrera. Ahora sí, la directiva de FECECH se encontraba ahogada en su propio estatuto[48].

Desde el gobierno se venía percibiendo que la caída de FECECH no podía ser detenida. Ya el 7 de mayo, el ministro de educación Horacio Aránguiz sugería que se decretara libertad de asociación para las organizaciones estudiantiles, lo que de inmediato fue rechazado por Ljubetic como una maniobra que promovía el paralelismo para debilitar al movimiento estudiantil[49]. El 9 de junio, el gremialismo perpetró una de sus acciones más incalificables: Flavio Angelini declaró unilateralmente disuelta la FECECH porque la oposición controlaba la mayoría de los votos del Consejo de Presidentes (!). En la teoría del "último gol gana", la respuesta gremialista era la del picado: llevarse la pelota para la casa. Al parecer, la alternativa de "el gordo al arco" que le estaba reservada de ahora en adelante no se avenía con el talante iluminado de la vanguardia gremialista. Ricardo Herrera le recordaba a Angelini que mal podía tomar tales decisiones sin reunir un quórum mínimo, sin contar con atribuciones para ello expresamente señaladas en el estatuto, y olvidando un aspecto que para todo buen gremialista tendría que haber resultado elemental: la FECECH no debía su existencia a la voluntad de sus dirigentes máximos, sino a un decreto de rectoría[50]. Pero Angelini no estaba para tinterilladas de leguleyo. No contento con disolver FECECH, llamaba al paralelismo en todas las escuelas para oponerse a una FECH politizada que ya entreveía[51].

Echando a perder se aprende

Apenas declarada la autodisolución de la FECECH, la rectoría se apresuró a dictar un decreto que consideraba cumplidas las finalidades para las cuales se habían reglamentado con anterioridad la existencia del Consejo Superior Estudiantil y, luego, de la FECECH. Por esa razón, y dado que, a juicio de la rectoría, los estudiantes habían manifestado sus deseos de organizarse en forma independiente para la canalización de sus intereses, se procedió a la dictación de esta nueva normativa que les permitía establecer en forma autónoma las modalidades de su organización, dictar sus propios estatutos y elegir sus directivas, sin necesidad de trámite de reconocimiento por parte de la autoridad universitaria. Los estudiantes así organizados podrían plantear a las autoridades sus inquietudes, siempre que a ello se procediera en términos respetuosos. Finalmente, señalaba que la Universidad no admitiría organización alguna de estudiantes que empleara la violencia, y que promoviera o realizara conductas contrarias a la honra de las personas, al normal desarrollo de las actividades académicas o al patrimonio de la Universidad[52].

Este decreto cierra el ciclo de las instituciones que la rectoría, en todos los años de intervención militar en la Universidad, proveyó para atender los requerimientos de las organizaciones estudiantiles, fuera de la atención del bienestar estudiantil y la aplicación de reglamentos disciplinarios. Desde las primeras normativas que los rectores delegados dictaron ya en 1974, se insistió en que los estudiantes universitarios constituían un grupo seleccionado de la Nación que debía ser formado con un elevado sentido de responsabilidad moral con la Universidad y la Patria[53]. Increíblemente, estos propósitos formativos se consideraban ahora cumplidos -en una institución que anualmente recibía más de tres mil nuevos alumnos hipotéticamente necesitados de la formación moral y patriótica que se buscaba con las normas que ahora se procedía a derogar-. El nuevo decreto que complementaba la disolución de la FECECH más bien expresaba la imposibilidad de rectoría de mantener disciplinado al estudiantado. El decreto de libre afiliación y sus considerandos constituían un acto de mala fe por parte de la autoridad, que se había manifestado indolente frente a una FECECH -de conducta algo díscola desde 1981-, y que de ahora en adelante se lavaba las manos frente al complejo tema del asociacionismo de los estudiantes, el estamento universitario más numeroso e inquieto. Los bienes y el presupuesto que la Universidad otorgaba a la FECECH se destinarían a otros fines[54].

La Coordinadora de Centros de Alumnos Democráticos presentó de inmediato un itinerario conducente a la elección de una nueva federación, a la que ya se denominaba abiertamente FECH, y que se iniciaba con un plebiscito el 21 de junio en el que los estudiantes deberían decidir entre las alternativas de una federación única o la libertad de afiliación. El itinerario continuaba con la convocatoria a una asamblea constituyente que elaboraría estatutos cuya aprobación se sometería a plebiscito, para culminar con las elecciones de directiva en el mes de octubre. Este itinerario había sido motivo de debate entre los dirigentes opositores, que controlaban la totalidad de la Coordinadora de Centros de Alumnos. De hecho, la coordinadora estaba integrada por centros de alumnos democratizados, por lo que no era descabellado endosarle la representatividad y legitimidad como para que ella misma encabezara la convocatoria a una elección de federación sin recurrir a un plebiscito. Por lo demás, había buenas razones prudenciales para impulsar desde ya la elección de la federación, ante la arremetida prescindente de rectoría, la promoción de un decreto cuyo objetivo era el paralelismo entre las organizaciones estudiantiles, y el permanente ejercicio de la represión gubernamental contra los estudiantes. Así, había dirigentes que insistían en la urgencia de tener una federación lo antes posible. En cambio, un sector mayoritario de la DCU y del Bloque Socialista era partidario de un plebiscito donde una mayoría comprobada de los estudiantes respaldara la propuesta de la Coordinadora de Centros de Alumnos Democráticos, de manera de construir una federación que no sólo fuera de una oposición poderosa, sino que pudiera reclamar ante las autoridades su condición de representativa de todos los estudiantes, cualquiera fuera la preferencia política de éstos. En el contexto de esta polémica, Humberto Burotto razonaba de esta manera: "Para mí el quórum era un detalle, y en esto coincidía con los comunistas, en realidad, con uno de ellos, David Escanilla, quien a título personal fue el que hizo ver que el problema era en qué fecha había que elegir la FECH; cuándo y no cómo. Para mí era un problema elegir la FECH y salir inmediatamente a vacaciones. ¿Y qué hacer entonces si relegaban al presidente de la FECH en diciembre o en enero?"[55]. En cambio, Yerko Ljubetic expresaba la opinión de cumplir los requisitos formales de legitimidad de manera de comprometer la adhesión de todos los sectores: "La rectoría, tras la disolución de FECECH, determinó la libertad de afiliación, que para nosotros fue un cuco muy grande. Nos parecía posible que los de derecha pudieran armar organizaciones paralelas por distintas partes. En ese escenario, nos íbamos todos a la mierda. El tema de una FECH que los incorporara a todos era crucial"[56].

El requisito de legitimidad que la Coordinadora de Centros de Alumnos Democráticos se impuso consistía en que la aprobación del itinerario propuesto debía superar al cincuenta por ciento del universo total de los estudiantes de la Universidad de Chile. Este requisito autoimpuesto fue aprovechado hábilmente por los grupos de derecha que aún no tenían representación en la Coordinadora de Centros de Alumnos Democráticos. Con el propósito de procurarse de un espacio político en la conducción del proceso, apostaron al fracaso de la convocatoria del Consejo de Presidentes llamando a la abstención, pero reiterando la necesidad de construir una federación única. Otra crítica esgrimida por estos sectores hacia la Coordinadora era el que se pretendiera reeditar la FECH, asociándola exclusivamente a la experiencia del período de la reforma universitaria en que fue encabezada por el comunista Alejandro Rojas. Los grupos de derecha insistieron en recordar la partidización de la FECH, el apernamiento de sus dirigentes y el que se llegara al extremo de no realizar elecciones de renovación de directiva en forma regular atendiendo a acuerdos políticos que escamoteaban a los estudiantes su facultad de decidir soberanamente sobre el destino de su organización[57]. Al momento de la realización de las votaciones, la jugada de la derecha obtuvo el efecto que perseguía. Aunque la participación en el plebiscito superó la mayoría absoluta de los estudiantes de la universidad, la aprobación del itinerario propuesto sólo contó con el 48,51% del total del universo convocado, mientras que en favor de la libertad de afiliación se pronunció un 2,14% del mismo. Las escuelas donde el quórum de aprobación fue inferior al 50% eran las de Derecho, Ingeniería, Odontología y Administración Pública[58]. Un resumen de la contrariedad en que se sumió momentáneamente la Coordinadora se expresa en las palabras de Gonzalo Rovira, entonces presidente del Centro de Alumnos de Filosofía, Humanidades y Educación: "Los dirigentes más importantes de la JDC enfatizaban bastante el asunto de la legitimidad, asunto del cual yo me reía mucho porque lo estimaba un cuento secundario. Sin embargo, al interior de la Dirección de Estudiantes Comunistas -DEC- en la Universidad de Chile, varios eran de la opinión de dejar hacer a la DCU: 'bueno, ya, si quieren legitimarla, no importa, eso no es la fundamental para la Juventud Comunista'. Cuando se plantea el tema de la legitimación del proceso, nosotros aceptamos entrar en él, aunque siguió siendo una situación muy ridícula, porque implicaba hacer un plebiscito cuando la gente ya estaba en otra. ¿Plebiscitar qué, el modo en que íbamos a proceder? ¡Pero si la propia gente había deshecho una situación antidemocrática por la fuerza! ¡El retorno a la democracia no podía ser plebiscitado! Todo eso me parecía, personalmente, descabellado. Pero tampoco estaba en posición de discutirle a la DEC que en todos esos años me había apoyado[59]. (...) En fin, era una situación complicada, y en medio de todo se acuerda este plebiscito que fue un chiste, porque lo perdimos, una situación muy ridícula. Estaba todo el mundo afuera esperando a que saliéramos diciendo '¡Lo logramos!'. Recuerdo que había una serie de académicos especialistas en estadísticas, y cuando íbamos en la mitad del recuento, los tipos tiraban unas fórmulas matemáticas y nos decían '¿Qué van a hacer en un rato más cuando ocurra la derrota?, porque aquí las estadísticas no fallan, está todo dicho y ya no quedan secretos'. Mientras tanto, nosotros seguíamos haciéndonos los lesos, contando votos, diciéndonos a nosotros mismos que íbamos a llegar de todas maneras [al quórum]. A media hora del final, ya estábamos con Yerko con la cabeza a dos manos preguntándonos '¡¿Y ahora qué vamos a hacer?!'. El plebiscito fue un fracaso, en un intento de legalidad que, tal vez, lo único positivo que tuvo fue que le mostró al mundo que éramos unos ingenuos y mostramos la hilacha de la ingenuidad, incluyéndome a mí que acepté meterme en este carro estúpido"[60].

La ingenuidad a que alude Rovira, de hecho, fue determinante en otorgarle credibilidad a los dirigentes de la Coordinadora, que reconocieron tempranamente su derrota en lugar de realizar algún fraude. Así lo recuerda Ljubetic: "El tema de una FECH que los incorporara a todos era crucial. Eso determinaba para nosotros la necesidad de obrar de manera que los sectores de derecha no se sintieran excluidos. Y eso fue mucho más claro luego de la derrota que nos autoinflingimos en el plebiscito, que marca un momento súper claro. Recuerdo la noche del recuento en el CEI, sólo habíamos gente de oposición presente. No había nadie de derecha para controlar si nosotros habíamos logrado el quórum o no. De hecho, nos faltó muy poco. Y no faltó el tipo que opinó que nos dejáramos de leseras, diciendo que los intereses de Chile estaban por sobre consideraciones legalistas, 'métele 300 votos y no güeís más, necesitamos la FECH'. Yo diría que la lucidez de algunos, como el Mica[61] -que tenía memoria hasta del tiempo de la UP y alguna carga guardaba de eso, era un tipo más maduro- resultó muy saludable. En la DCU esto también fue materia de discusión, aunque afortunadamente llegamos rápido a una resolución de que había que hacer las cosas bien hechas. A mi juicio, aceptar que en el plebiscito no habíamos ganado fue determinante para que la FECH sobreviviera como sobrevivió"[62].

Rápidamente, la Coordinadora modificó su itinerario a objeto de dar curso al proceso bajo nuevas condiciones. El 14 de julio se celebró una asamblea general de delegados de base o curso, a la que asistió un 70% de los mismos, incluyendo representantes del Frente Universitario. Con un respaldo de más del 80% de los delegados presentes, se aprobó la constitución de una federación única, la elección de una asamblea constituyente que redactara el estatuto de la nueva organización, la plebiscitación del estatuto y la elección de una directiva, todo ello en los meses de septiembre y octubre. Asimismo, la asamblea de los delegados dio mandato al Consejo de Presidentes de Centros de Alumnos para llevar la representación de los estudiantes ante las autoridades universitarias en el tiempo inmediato. Una valiosa incorporación al protagonismo del Consejo fue la de Julián Goñi, presidente del Centro de Alumnos de Administración Pública, miembro del Frente Universitario. Ello mostraba la efectividad de la maniobra de los sectores de derecha, porque de hecho el itinerario aprobado por el congreso de delegados de base no difería en lo sustancial de lo propuesto en el plebiscito que lo precedió por parte de la Coordinadora de Centros de Alumnos[63].

La asamblea constituyente fue elegida a fines del mes de agosto mediante sufragio directo en un sistema de representación por escuela o facultad. La Democracia Cristiana eligió 22 constituyentes; el Frente Universitario, 16; el Movimiento Democrático Popular[64], 13; el Bloque Socialista[65], 10; el Partido Humanista, 1, y finalmente, hubo cuatro delegados incalificables y de tendencias variopintas[66]. El propósito de incorporación de los grupos de derecha estaba logrado con la importante representación del FU, y además con la presencia de Fernando Espina en la mesa directiva de la Asamblea, junto a Yerko Ljubetic, que la presidía, y Ricardo Brodsky en la secretaría de actas. Todos ellos fueron parte, además, de la comisión redactora del estatuto.

En la discusión del estatuto se pusieron en juego buena parte de las tesis políticas que iban a caracterizar las plataformas electorales de octubre. Una de las cuestiones que más enfatizaron los grupos de orientación derechista fue la agitación del fantasma de la FECH durante los años de la Unidad Popular, como asimismo la cuestión del co-gobierno, asunto del que se hizo eco el Consejo Universitario y las autoridades superiores de la Universidad. Sin embargo, en la práctica de la Asamblea, el nivel del disenso fue menor que el esperado, lo que arrojó como fruto una propuesta de estatuto de 149 artículos permanentes y 6 transitorios, donde sólo en siete se habían producido mociones de mayoría y minoría que se plebiscitarían por separado. Aunque no formó parte de la Constituyente como delegado, Gonzalo Rovira siguió de cerca el curso de los debates y junto con reconocer como un elemento positivo de la misma la importante participación de una derecha de inspiración democrática, se sorprende de la novedad del debate suscitado en esa instancia colegiada: "La Constituyente fue muy interesante por la inusitada pasión con que fue enfrentada por quienes concurrieron a ella, y esa sería la pasión con que después nos enfrentaríamos todos en cada nueva coyuntura. Eso no se había visto nunca, y esa es la pasión con la que después se trabajaba. Todo era apasionado, y toda la pasión era desenfrenada en favor de las posiciones propias. La dictadura había acallado los colores propios, los sentimientos propios, las actitudes propias, los partidos propios. Era una cosa desatada de considerar la otredad, la diferencia, como sinónimo de bueno: 'Esto es lo mío y esto es lo tuyo'. Las transacciones en esa asamblea eran de palabras, de detalles. En todos los años posteriores en que trabajé en la FECH, que fueron prácticamente cinco, nunca nadie tomó en sus manos ese documento que fue el Estatuto, que se discutió con tanto ardor"[67]. La Asamblea Constituyente fue entonces un exitoso ejercicio democrático y universitario, capaz de convocar a una discusión plural y constructiva, en medio de un contexto nacional y universitario que seguía estando caracterizado por la violencia[68]. En ese sentido, testimonia Ljubetic: "En la Asamblea Constituyente ya se integró a trabajar normalmente la derecha, pero no sólo ella, sino una amplísima gama de grupos, mayor incluso que la que se presentó a las elecciones de directiva. Como los delegados a la Constituyente se elegían por escuelas, tuvimos especímenes mucho más marginales que los que llegan a una elección general de toda la Universidad. Tuvimos, por ejemplo, gente claramente de ultraderecha, gallos francamente neonazis, al lado de los cuales Enrique Estay[69] era un niñito de pecho. También gente de extrema izquierda, anarquistas, etc. Lo admirable fue que el nivel de consenso alcanzado en la Constituyente fue muy alto, mucho más alto que lo que nos habíamos imaginado, tanto en la participación como en los contenidos. Los temas de disenso que fueron llevados a plebiscito fueron menos en número y dramatismo que lo que teníamos previsto. Para mí siempre fue un riego que las discusiones desembocaran en que alguien se sintiera con motivos para autoexcluirse. En la conducción del debate para que eso no ocurriera, el papel de Mica Brodsky fue muy importante. Quisimos ser muy cuidadosos en eso. Recuerdo haber tenido conversaciones en fuentes de soda con tipos de lo más estrambóticos para convencerlos de la necesidad que mantuvieran sus propuestas porque eran interesantes. Lo que se produce es que la derecha se involucra de manera notable. Fernando Espina aparece a cada rato en la prensa expresando sus desacuerdos con el curso que toman ciertos tópicos, pero siempre desde dentro del proceso. A mi juicio, el logro de esta participación de la derecha marca mucho la sobrevivencia posterior de la FECH. Uno de los factores de sobrevivencia era el poder sentirnos representativos incluso de la gente que no votaba por nosotros, por eso nos esforzábamos de alguna manera en llegar a los estudiantes que no nos respaldaban"[70].

Las aprehensiones manifestadas por la derecha podían ser llevadas a plebiscito. Así, el nombre de la próxima federación era uno de los puntos a ser zanjado por votación universal de los estudiantes, donde finalmente la mayoría estudiantil aprobó el nombre FECH. El resto de los desacuerdos sometidos a plebiscito eran de orden menor y más bien técnico, e incluso tratándose de la incorporación a la federación de los estudiantes del Pedagógico y del Instituto Profesional de Santiago, las tres posiciones sometidas a plebiscito contemplaban que dicha incorporación se produjera tras el cumplimiento de requisitos de aprobación por los estudiantes de ambas instituciones mediante procedimientos plebiscitarios. Ningún sector objetaba la participación en la FECH de aquéllas sedes de Santiago que le habían sido quitadas a la Universidad en 1981[71].

Respecto de los temores que algunos manifestaban acerca de revivir la FECH conforme al modelo con que se la conoció una vez iniciada la reforma universitaria, la Constituyente alcanzó acuerdos que ponen de manifiesto algunos rasgos de identidad generacional de sus participantes. En efecto, la declaración de principios aprobada por el consenso de la Constituyente expresaba un presupuesto de memoria histórica y renovación respecto de la antigua FECH. Declaraba que "La Federación aquí definida es heredera de la tradición e historia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, fundada a principios de siglo, reivindicando así todo un movimiento que ha sido gestor y partícipe de la historia de nuestra Universidad y de nuestro país. Asumimos esta herencia como un compromiso conciente y responsable de rescatar cada uno de los logros obtenidos y de corregir todos aquellos errores cometidos, impulsando así al movimiento estudiantil de la Universidad de Chile hacia la consecución de sus metas en una forma real y eficiente"[72]. A la fantasía orwelliana de la dictadura de fundar un nuevo Chile privado de memoria o sobre la base de la denostación indiscriminada del pasado, la Constituyente propugnaba un principio inverso, de mirar con la mayor madurez posible el conjunto global de la historia de la FECH, con sus glorias y tragedias. Ljubetic insiste en este aspecto cuando señala que "había una esfuerzo conciente de conectarse históricamente con la FECH de los años '20 y '30. Parte de eso fue el Movimiento José Domingo Gómez Rojas[73]. Yo personalmente traté de rescatar cuestiones como el periódico Claridad. Probablemente había una inspiración muy romántica en eso, pero también estaba la motivación de sentirse muy continuadores de una organización que había sido parte importante de la historia de la Universidad y del país. Había un esfuerzo en ese sentido, conjunto con la idea de no repetir la FECH de la UP y de Alejandro Rojas. Lo importante es que ya en ese tiempo en el que nosotros discutíamos esas cosas, Alejandro Rojas era también muy crítico de sí mismo. La crítica a la FECH de los '70 tenía que ver con una época en que éramos estudiantes bombardeados por un discurso de desprestigio de los errores del pasado, del caos, etc. Y uno de los temas fuertes de esta campaña de desprestigio de la derecha era la FECH. ¿Qué había sido la FECH? Bueno, un tipo que se inscribía en distintas carreras para poder seguir siendo dirigente y por esa vía llegar a ser diputado y seguir una carrera política. En esa época, esa era un tema fuerte del que tenías que hacerte cargo desde el comienzo si querías llegar a los estudiantes promoviendo el regreso de la FECH de manera convincente"[74].

Con estas consideraciones, el estatuto fue sometido a plebiscito. Mientras los sectores independientes de derecha próximos al gremialismo insistían en la posición de abstenerse del proceso, el Frente Universitario llamó a participar del plebiscito, pero votando negativamente el estatuto, posición que obedecía a un propósito subalterno de perfilamiento político en la medida en que el máximo líder del FU, Fernando Espina, avalaba con su presencia en la comisión redactora un proyecto de estatuto de amplio consenso y que contenía disensos promovidos y patrocinados por el propio FU, a ser plebiscitados de manera especial. El argumento del FU para votar negativamente el estatuto era la indefinición de la DC y el MDP respecto de asuntos universitarios, y el supuesto propósito encubierto de estos sectores de promover el co-gobierno. Tal argumento, sin embargo, era inconsistente con las propias posiciones que semanas más tarde sostendría el FU como plataforma electoral, como se tendrá oportunidad de demostrar. Realizado el plebiscito, sobre un universo de 15.754 estudiantes con derecho a sufragio, votaron 8.287. Aprobaron el estatuto 6.660 estudiantes, y 1.229 se manifestaron negativamente[75].

Necesarias definiciones electorales

Con las elecciones a la vista, los distintos sectores político-universitarios ofrecieron sus apreciaciones acerca de la situación por la que atravesaba la Universidad de Chile. Es interesante observar ahora los postulados y proyectos que unos y otros ofrecían. Los sectores de derecha -Frente Universitario, independientes cercanos al gremialismo y nacionalistas- coincidían, a grandes rasgos, en la necesidad de poner fin al sistema de rectores delegados; de dar paso a un gobierno universitario encabezado por académicos; de regularizar la carrera académica; de extender el crédito universitario a objeto de no discriminar económicamente en el acceso a la universidad; de establecer un arancel bajo y estable, o bien diferenciado según la situación económica del estudiante. Todos los grupos de derecha defendieron en las palabras la existencia de una federación única con una inspiración gremial restrictiva, autónoma de cualquier definición política contingente o partidista. No obstante, un matiz interesante lo ponía el Frente Universitario, al señalar su líder Fernando Espina que los estudiantes debían participar con derecho a voz y voto en los organismos colegiados de gobierno universitario en todos aquellos asuntos de carácter académico, de docencia y de bienestar estudiantil. Esta posición, que no fue compartida por las restantes candidaturas de derecha -Enrique Estay por los nacionalistas y Carlos Schaerer por los independientes próximos al gremialismo, ambos estudiantes de Derecho-, era levantada por Espina como alternativa al cogobierno que, a su juicio, postulaban los grupos de oposición al gobierno [76].

La autoridad de Casa Central puso mucho empeño en transformar la presunta demanda por cogobierno de la oposición en una objeción principal a la plataforma de sus candidatos. Para fundamentar su aserto, la rectoría argüía que el artículo 2 letra g) del estatuto aprobado en el plebiscito establecía el co-gobierno. Dicho artículo señalaba textualmente que entre los objetivos de la Federación estaba "promover la participación efectiva de los estudiantes junto a los funcionarios académicos y no académicos en la gestión política y gobierno de la Universidad, estableciendo procesos democráticos estables que resistan el acecho del autoritarismo, rechazando toda autoridad impuesta o designada". Este artículo formaba parte de aquellos aspectos del estatuto en los que hubo consenso de toda la Asamblea Constituyente, y su verbo "participar" era el mismo con el que el reformismo de FECECH bajo las directivas de Longueira y Sepúlveda había recetado la solución a los mayores problemas que entonces diagnosticaban a la Universidad. De hecho, el derecho a voz y voto de los estudiantes en instancias colegiadas y en asuntos de su interés directo que ahora proponía Espina había sido reivindicado ya por Longueira. La alusión a "procesos democráticos" del artículo en comento era desde luego ambigüa, pero por lo mismo no podía afirmarse que se tratara a priori de procesos electorales triestamentales como los que caracterizaron la reforma universitaria y con los que se identificó específicamente el término "co-gobierno" [77].

Por su parte, los grupos de oposición habían decantado posiciones alrededor de una proposición genérica de democratización. En lo estrictamente universitario, las demandas se traducían en el fin del sistema de intervención militar de la Universidad; la plena autonomía de las organizaciones estudiantiles y la defensa de su carácter unitario; la derogación de reglamentos disciplinarios que dotaban de amplia discrecionalidad a las autoridades para sancionar la disidencia dentro de la universidad; por último, un aumento de los recursos económicos para las universidades, que permitiera entre otras cosas ir en auxilio de los estudiantes con necesidades de bienestar y crédito fiscal [78]. Ricardo Brodsky, líder del Bloque Socialista, resume la idea de democratización universitaria envuelta en la demanda de los opositores: "Significa democratizar sus estructuras de poder: que el rector sea elegido por la comunidad universitaria; que los directores de escuelas y departamentos sean elegidos por el claustro de profesores; que la federación de estudiantes -y esto ya lo logramos- sea generada por medio de una votación libre donde participen todos los alumnos. Por otra parte, implica democratizar el acceso a la universidad: que la condición económica de un estudiante no sea el factor preponderante para su permanencia en ella. Y, por último, implica democratizar la cátedra: buscar un tipo de docencia que ponga en el centro la participación crítica de los estudiantes en la búsqueda de la verdad, y no concebir el conocimiento como algo envasado que se entrega a quienes están pagando por él, como si se tratara de un producto comestible" [79].

Los contenidos universitarios de opositores y derechistas coincidían en un amplio margen. ¿Por qué entonces tanta proliferación de tendencias y candidaturas? Evidentemente, la diversa percepción acerca de la inserción universitaria en el acontecer del país -y, más exactamente aún, del acontecer del país en el devenir universitario- seguiría separando las aguas dentro de la Universidad. Cada vez que los demócrata cristianos o los miembros del Bloque Socialista eran interrogados acerca de su anunciada alianza con el MDP -sector cuestionado, por su parte, debido a su defensa teórica y práctica de formas de lucha violenta contra el régimen militar- la respuesta era equivalente. A juicio de Ljubetic, la posición de la DCU de pactar en la FECH con el conjunto de la oposición obedecía a la aplicación de la estrategia de movilización social seguida oficialmente por su partido. Conforme con esta estrategia, en los distintos frentes sociales en los que se luchaba contra la dictadura, los acuerdos a que se llegara no eran de carácter político sino sociales, y por lo tanto era admisible el pacto con todos aquellos con los que existiera unidad de propósitos dentro de ese frente social. En el caso de la FECH, la unidad de propósitos distinguía tres niveles. El primero, construir una federación sobre el sustento de una amplia mayoría que le diera gobernabilidad. El segundo nivel perseguía el fin del sistema de intervención militar en las universidades y la recuperación de la autonomía de éstas. El tercer nivel surgía como corolario del anterior: el problema universitario era un problema de política nacional o, en otras palabras, la universidad estaba de facto politizada por la intervención de un gobierno que la quería militante con su proyecto o al menos sumisa. Por tanto, en esas condiciones, la lucha por la autonomía universitaria era una lucha contra el propio régimen militar. Con el ejemplo de unidad que se estaba produciendo en las universidades, los estudiantes buscaban ser aliciente para otros sectores de la vida nacional en el sentido que, cuando el objetivo de fondo era el mismo, era posible generar unidad y consenso antidictatorial por encima de las diferencias. Aunque en el papel los distintos sectores universitarios se declararan contrarios a la intervención, los grupos de derecha no ofrecían ningún programa de acción para dar eficacia a sus declaraciones. A juicio de los opositores, esto significaba una quietud cómplice de la derecha con el régimen o, aún, considerar la intervención militar como un mal menor aceptable con tal de mantener en pie la dictadura [80].

Aún así, dentro de la oposición se era conciente de la tensión que producía la diferencia de métodos entre el MDP por una parte, y el Bloque Socialista y la DC por la otra. Ricardo Brodsky distinguía dos sectores democráticos con sus respectivas maneras de concebir al movimiento estudiantil. Para uno de ellos, con el que se identificaba, el movimiento estudiantil era un actor social autónomo cuya tarea fundamental consistía en rescatar y construir una universidad que desde su especificadad contribuyera a la lucha del país por recuperar la democracia. Para el otro punto de vista en cambio, el movimiento estudiantil era concebido como actor político, punta de lanza de una política particular que buscaba el enfrentamiento agudo con el régimen, y que medía el éxito de su quehacer por el grado de radicalización o de enfrentamiento con las fuerzas represivas [81]. Concluía Brodsky en que ambas tendencias, pese a todo, compartían un consenso básico: "Todos entendemos que la lucha por la democratización de la universidad es la lucha por la democratización del país. (...) Yo creo que esta dicotomía [entre ambas vertientes del movimiento democrático] puede producir problemas. Sin embargo, nuestra lista va a ir gobernada por un programa, y este programa va a ser muy claro respecto a los fines de la federación: luchar por la democratización y la autonomía de la universidad" [82].

Y con estas precisiones, estaba todo-listo-todo-dispuesto-ya para dar inicio a las votaciones.

... y renació la FECH

Tras la exitosa realización de la Asamblea Constituyente y del posterior plebiscito de aprobación de los estatutos, quedaban configuradas todas las condiciones para realizar las primeras elecciones de directiva de una federación de estudiantes en la Universidad de Chile conforme a un procedimiento de sufragio universal, desde 1972. El entusiasmo que despertaba el próximo torneo electoral recorría por igual a todas las candidaturas, representativas de un muy amplio espectro de opiniones. Uno de los méritos indiscutibles de la Asamblea Constituyente era el de haber reunido en un mismo proceso a quienes habían antagonizado respecto de FECECH hasta hacía pocos meses atrás. Pese a la existencia del decreto de libre afiliación que alentaba el paralelismo entre las organizaciones estudiantiles, los distintos sectores de estudiantes se encontraban todos comprometidos en la reconstrucción de una FECH que, asumiendo altivamente su historia que arrancaba junto con los primeros años del siglo, procuraba pese a todo aprender de los errores del pasado reciente. La Asamblea Constituyente había contribuido también a perfilar algunos liderazgos con vistas a las próximas elecciones -como el de Fernando Espina, del Frente Universitario-, pero era un hecho que algunos de éstos venían consolidándose desde mucho tiempo atrás. En la práctica, Yerko Ljubetic por los demócrata cristianos, Gonzalo Rovira por los comunistas y el Movimiento Democrático Popular, y Ricardo Brodsky por el Bloque Socialista, eran candidatos en campaña desde 1983, cuando se vislumbraba que el conflicto entre la FECECH y la Coordinadora de Centro de Alumnos Democráticos atravesaba el punto de no retorno y que la constitución de una nueva organización estudiantil impulsada desde la base y no desde la rectoría era incontenible. De la misma manera, las alianzas políticas habían decantado tempranamente, y parecía asunto de sentido común que los grupos de oposición al régimen militar y al sistema de rectores delegados presentarían una lista conjunta.

Sin embargo, a último momento, las cosas se complicaron entre los opositores. El Partido Demócrata Cristiano se encontraba embarcado en la elección de una Junta Nacional que designaría a la directiva nacional, procedimiento empleado por primera vez en once años. El entonces presidente del PDC, Gabriel Valdés, estaba empeñado en reeditar un consenso alrededor de su persona, pero el ala derechista del Partido -los guatones- era renuente a esta posibilidad. Una de las diferencias centrales entre la posición de Valdés y la de los guatones radicaba en la implementación de la movilización social y en las alianzas políticas con otros grupos de oposición -y particularmente con el Partido Comunista- en los distintos frentes sociales. Mientras Valdés no ofrecía una definición general, y procedía a resolver estas situaciones caso a caso con distintos márgenes de flexibilidad, los guatones eran partidarios de separar a priori las aguas con los comunistas en todos los frentes. En el caso de la Universidad de Chile, la DCU había aprobado con bastante antelación y publicidad una alianza política amplia del conjunto de la oposición, con exclusión sólo del MIR, y ésta se traduciría además en la presentación de una lista conjunta que alcanzaba hasta el Partido Comunista, sin determinación prestablecida de los cargos a disputar.

La mesa directiva del PDC en esos momentos encarnaba un difícil consenso alrededor de la persona de Gabriel Valdés, y estaba integrada por personeros de tendencias muy diversas. Una de las vicepresidencias la ocupaba Patricio Aylwin, uno de los más tradicionales líderes guatones dentro de la DC. Por su parte, la Juventud Demócrata Cristiana era presidida por Miguel Salazar, también guatón, pero su influencia sobre la DCU era inexistente. La DCU estaba controlada por una mayoría considerada progresista, encabezada por Eduardo Salas, estudiante de Derecho, y respaldada por los chascones. A esta última tendencia estaba adscrito el indiscutido candidato a la FECH, Yerko Ljubetic.

Pocos días antes del cierre del plazo de inscripción de las listas, la directiva nacional del PDC comenzó a analizar el cuadro de las elecciones de la FECH, constatándose un equilibrio de fuerzas entre quienes estaban por reconocer a la DCU su prerrogativa para resolver en forma autónoma las alianzas políticas dentro de su ámbito específico, y quienes miraban con recelo la lista de oposición amplia y sin cargos predeterminados. Era evidente que la resolución final pasaría por la mesa nacional del PDC, pero la deliberación de ésta se prolongaba demasiado en el tiempo. Ya se habían iniciado los debates en las facultades, y quien era considerado como más seguro ganador de la presidencia, Yerko Ljubetic, se veía enfrentado a la embarazosa situación de tener que explicar cómo era que áun no sabía en qué lista competiría ni cuáles serían finalmente sus aliados. El domingo 14 de octubre, en un ampliado de la DCU realizado en el flamante local del Instituto Chileno de Estudios Humanísticos (ICHEH), una mayoría aplastante aprobó la posición encabezada por Humberto Burotto, miembro de la comisión política de la DCU, en orden a participar en las elecciones en una lista conjunta de la oposición, cualquiera que fuera la resolución del partido. La tesis de minoría, encabezada por Cristián Baeza, si bien apoyaba la alianza política con la izquierda, consideraba la necesidad de obedecer las decisiones de la Mesa Nacional del PDC en caso de discrepancia entre ella y la DCU. La situación interna dentro de la Democracia Cristiana se estaba volviendo insostenible. Aunque no era probable que, en caso de haber contradicción entre la mesa nacional y la DCU, se produjera una ruptura entre ambos estamentos o una renuncia masiva de la militancia universitaria, sí era de esperar que Yerko Ljubetic renunciara a encabezar cualquier otra fórmula que no contemplara la unidad de la oposición en los términos que se conocían desde hacía ya meses. Por lo demás, no era plausible pretender que los restantes grupos de oposición decidieran tolerar una lista conjunta con la Democracia Cristiana bajo el supuesto de la exclusión de los comunistas. En resumen, la marginación de los comunistas le estaría significando a la DCU enfrentar la elección sin aliados y sin candidato propio.

En estas condiciones, el jefe de la DCU, Eduardo Salas, el jefe político de la campaña, Humberto Burotto -chascón-, y el candidato Yerko Ljubetic, realizaron intensas gestiones para obtener respaldo a la tesis de los estudiantes dentro de la directiva nacional. "Nos fuimos con el Negro Salas a recorrer casa a casa a cada uno de los miembros de la mesa del partido. Valdés nos dio chipe libre; Astudillo, representante de los pobladores, estaba en contra; el Negro Salas no pudo dar vuelta a Irureta; con Aylwin ni nos reunimos; yo conseguí el apoyo de Jaime Castillo, Raúl Troncoso y Tomás Reyes. Gutemberg Martínez también estaba en la mesa, si no me equivoco, y en contra de nuestra tesis. Tomás Reyes nos invitó a su casa al Negro, a Yerko y a mí, tomó el voto que habíamos aprobado en el ICHEH, lo rompió y nos dijo que esa no era la manera de plantear las cosas" [83].

Las posiciones al interior de la directiva nacional del PDC se encontraban dramáticamente equiparadas, y en ese cuadro, Tomás Reyes ofreció realizar una gestión de composición dentro de la directiva y entre ésta y la DCU. Con ese objeto se fijó una reunión decisiva para el martes 16. Mientras tanto, la campaña continuaba para las restantes candidaturas y la indecisión de los DC comenzaba a ser patética. La noche de ese martes, una impresionante cantidad de militantes y simpatizantes de la DCU, que superaba con largueza las trescientas personas, acudió a la casa de la campaña en calle Elisa Cole, a una reunión a la que asistieron, representando a la directiva nacional del PDC, Patricio Aylwin, Narciso Irureta y Tomás Reyes, mientras que por la JDC asistió su vicepresidente nacional Gonzalo Duarte. En un indisimulable ambiente de tensión y resquemor, la mayoría de los universitarios reprobaron la muy tardía presencia e interés de Duarte en los asuntos universitarios, y respaldaron en todos los tonos y con abundantes argumentos la obligación en que se encontraban de respetar los acuerdos que tan anticipada y públicamente habían adoptado de pactar una lista conjunta con las principales fuerzas de izquierda. Por lo demás, no se trataba de una simple obsecación de los universitarios, puesto que de por medio se encontraba la necesidad de garantizarle gobernabilidad a una federación que había que construir desde sus cimientos y en condiciones muy adversas frente a las autoridades universitarias y al régimen militar. Tratando de aquietar los ánimos, Patricio Aylwin comenzó a desarrollar su punto de vista: lo que más lo preocupaba era la posibilidad que en una lista abierta, la izquierda concentrara su votación en el candidato comunista y desplazara de la presidencia al candidato demócrata cristiano, más aún considerando que la lista incluía tres demócrata cristianos que podrían dispersar su votación: semejante escenario, atendida la importante repercusión nacional de estas elecciones universitarias, sería nefasto para el PDC. Aunque en rigor se trataba de una hipótesis posible, era de cualquier modo la más improbable de todas e implicaba un completo desconocimiento de cómo se estaban planificando las cosas tanto dentro de la DCU como respecto de las relaciones políticas entre las fuerzas de izquierda, todas ellas deseosas de perfilarse políticamente con candidaturas competitivas. Sin embargo, la posición de Aylwin dejaba abierta una pequeña puerta: el ex senador se encontraba empeñado en una tesis política personal, en orden a reconocer la vigencia de la Constitución Política de 1980 como una cuestión de hecho y sin entrar a debatir acerca de su legitimidad, para a partir de ello promover reformas constitucionales democratizadoras. Esta tesis era simultánea a la posición política formal de la Alianza Democrática, que proponía en esos días la suscripción de un Pacto Constitucional por la Democracia y los Derechos Humanos, un conjunto de principios para una futura institucionalidad democrática entre los que se condenaba explícitamente el empleo de la violencia como método de acción política, cuestión que por supuesto implicaba un punto de tope con el Partido Comunista [84]. La posición de Aylwin llegaría a ser muy importante tanto en el surgimiento del Acuerdo Nacional promovido por el Arzobispo de Santiago Monseñor Juan Francisco Fresno un año más tarde, como en la transición a la democracia luego del triunfo del NO en el plebiscito de 1988. Sin embargo, en ese minuto, se trataba de una postura resistida por los partidarios de privilegiar la movilización social por sobre la negociación política con el régimen, dentro y fuera del PDC. De cualquier manera, Aylwin terminaba su intervención señalando que si se conseguía concordar una lista cerrada con un presidente demócrata cristiano y un apoyo del Partido Comunista al Pacto Constitucional, no habría objeción a la lista unitaria. Aún así, la tesis de Aylwin no encontró mayor eco. Los universitarios DC consideraban un deber cumplir los compromisos previamente pactados, y les resultaba molesta esta propuesta tan sobreprotectora de los intereses partidarios y tan escéptica respecto de la capacidad de los propios DC de conquistar la voluntad mayoritaria de los estudiantes. La opinión de Aylwin, a la larga, implicaba un contrasentido: ante la posibilidad de que los DC no fueran suficientemente mayoritarios para ganar la presidencia de la FECH, había que asegurarle ese cargo a través de un acuerdo político que vulneraría una voluntad estudiantil hipotéticamente adversa. El estado de irresolución en que se encontraba la DC era inaguantable, y la reunión había adquirido un tono francamente agrio entre una mayoría que se resistía a lo que consideraba una intervención de los adultos, y la minoría que comenzaban a temer la formación de un nuevo MAPU, fantasma ancestral y recurrente en el inconciente colectivo de los DC. Fue entonces que ocurrió algo providencial e insólito. Carlos Saffirio, presidente del Centro de Alumnos de Derecho, realizó una enardecida intervención defendiendo lo obrado durante el año por los estudiantes demócrata cristianos, explayándose latamente en consideraciones éticas respecto de la obligación de respetar la palabra empeñada. Deplorando este tardío e inoportuno intento de la dirección adulta de modificar esos compromisos, y frente a la disyuntiva en que estaban siendo colocados, remató su discurso con una sentencia que más bien pareció una declaración de guerra a los venerables patriarcas presentes: "¡Entre la moral y el partido, yo me quedo con la moral!". Entonces se produjo el desbande general de la reunión. Era evidente que la mayoría de la DCU manifestaba no estar de acuerdo con una intervención adulta, mientras que la minoría comenzaba a resistir esta calificación de inmoralidad que se le formulaba. Y entonces, ocurrió: Un apagón que afectó a siete regiones del país terminó por liquidar definitivamente una reunión que procuraba buscar el acuerdo y la concordia entre los demócrata cristianos: "Y claro, en la impunidad de la oscuridad se produjo el griterío, se pasó del discurso al insulto explícito, no sé si volvió la luz, pero lo que sí ocurrió es que se suspendió la reunión. Entonces Aylwin, en un anticipo de su muy posterior sabiduría, probablemente se dio cuenta que no era posible doblarnos la mano y que más bien había que buscar una salida digna para que el PDC pudiera aparecer apoyando esta lista. Hasta entonces, el PDC estaba muy casado frente a la opinión pública en el sentido de aislar a los comunistas en el movimiento social. A partir de esa reunión, los sectores más razonables de la mesa adulta se dieron cuenta que no había modo de disuadir a la militancia de la DCU. No había dentro de la DCU un grupo alternativo o disidente al cual echar mano y decir 'bueno, ya, a estos gallos les ponemos plata y paramos una candidatura fuerte'. Políticamente, la mesa nacional no contaba con esa alternativa" [85].

Y así fue como se zanjó la candidatura de Ljubetic. Curiosamente, aunque los DC acostumbraban a hacer más ostentación de sus desacuerdos internos, no eran los únicos que decidían sus candidaturas entre dolores de parto. Contra lo que pudieran sugerir las apariencias, la candidatura comunista de Gonzalo Rovira tampoco era del entero agrado de la dirección del Partido Comunista, que temía que la actitud de sus militantes universitarios pudiera significar una línea política demasiado centrada en los temas universitarios en desmedro de una alternativa que hiciera del movimiento estudiantil un actor líder de la movilización social a escala nacional en un enfrentamiento más directo con el régimen militar. La Dirección de Estudiantes Comunistas, DEC, había adoptado una línea relativamente más moderada que la del Partido Comunista, especialmente con el propósito de facilitar a la Democracia Cristiana Universitaria la factibilidad de un acuerdo electoral de toda la oposición. La misma persona de Gonzalo Rovira, líder indiscutido entre los estudiantes comunistas, resultaba incómoda a la dirección adulta del PC. Refiríendose a la DEC, cuyo papel resultó preponderante dentro de las decisiones comunistas, recuerda Rovira: "Eran gente muy buena, de gran nivel político, y que tuvieron aciertos como jugarse internamente por aceptar las voladuras de la DC, o por aceptar el proceso de la FECH a como diera lugar, es decir, jugarse por un proceso que sacara a la FECH adelante y que no era lo más rupturista que hay, en un momento en que ya había surgido el Frente Patriótico, y donde el modelo seguido en la Universidad de Chile no era el que propiciaba el Partido Comunista afuera de la Universidad". Así, concluye Rovira, entre él y Ljubetic se producía una complicidad generacional objetiva y no buscada: "En la elección de la FECH hubo dos factores claves que se llamaban Yerko y Gonzalo. Y hubo una cosa muy curiosa en esta disputa: Yerko era el hijo no deseado de la Democracia Cristiana, y yo era el hijo no deseado de la Gladys [Marín], de manera que era una disputa entre puros huachos. Yerko hacía lo imposible para que yo no me diera cuenta de su condición, y yo, lógicamente, hacía lo imposible para que Yerko tampoco se diera cuenta de la mía" [86].

La campaña electoral fue una verdadera fiesta con exhuberancia de propaganda, mitines y foros entre candidaturas, como no se veía desde los años de la Unidad Popular. Más allá de las rivalidades, primó un clima de amistad y alegría cívica y juvenil, sin incidentes de ninguna especie que cupiera lamentar entre las distintas candidaturas. La lista Unidad Democrática se perfilaba como contundente vencedora y sólo restaba esperar los márgenes por los que se produciría ese triunfo. El candidato nacionalista Enrique Estay, a quien sus propios adversarios reconocían como el principal líder de masas de la elección, encendía toda suerte de pasiones cada vez que, señalándolos con el dedo, acusaba a Ljubetic y Rovira -ubicados a su lado en las mesas de debates- de constituir un "contubernio demo-marxista", imprecación que era recibida por sus destinatarios como una verdadera condecoración. La lista filo-gremialista de Carlos Schoerer fracasaba en su intento de catequizar a los "buenos y verdaderos demócrata cristianos" sobre la necesidad de abandonar a los candidatos demócrata cristianos embarcados en una alianza improcedente con la izquierda marxista. Ninguna lista derechista apoyaba la política universitaria del gobierno, y ninguno de sus partidarios manifestaba solidaridad alguna con la autodisuelta FECECH.

Por fin, se realizó la votación. Sobre un total de 20.605 estudiantes con derecho a voto [87], se emitieron 13.791 sufragios. La lista Unidad Democrática obtuvo 9.205 votos, seguida por el Frente Universitario, con 2.129 votos. Más atrás, los filo-gremialistas, con 898 votos, el Nacionalismo con 684 votos, y en un cómodo último lugar, los Humanistas, encabezados por Cristóbal König, con 431 votos. Dentro de la lista triunfadora, Ljubetic obtuvo 4.385 votos; Rovira, 2.333 votos; Ricardo Brodsky, 1.331 votos; el socialista almeydista Jaime Andrade, 774 votos; Cristián Baeza, 82 votos, y Rubén Dueñas, 41 votos. Ljubetic obtenía un triunfo resonante, más allá de los cálculos más optimistas, y Rovira elevaba a los comunistas a la condición de segunda fuerza más poderosa dentro de la Universidad, por sobre el FU. La noche de los recuentos, un conmovido Ricardo Brodsky convocaba a allendistas y tomicistas a repetir un abrazo que había quedado trunco frente a la casa de la FECH un 4 de septiembre de 1970, mientras que Ljubetic ofrecía el triunfo a la memoria de Mario Fernández -transportista demócrata cristiano muerto días antes en La Serena a causa de torturas aplicadas por la CNI- y de Juan Antonio Aguirre Ballesteros, joven poblador detenido por carabineros el 4 de septiembre en Pudahuel, y desaparecido desde entonces hasta el mismo día de las votaciones, en que su cuerpo fue encontrado sin vida y mutilado. Decía Ljubetic, al dedicarles la victoria: "Creemos que eso, de alguna manera, nos ayuda a simbolizar lo que en definitiva representan las gloriosas jornadas que hemos vivido en estos días: el triunfo de la vida sobre la muerte, de la libertad sobre la opresión; el triunfo de la democracia sobre la tiranía" [88].

El 7 de octubre, asumía sus funciones la directiva electa en un masivo acto en la Facultad de Ingeniería. En esa oportunidad, y con la desprolija oratoria que lo caracterizaba, Ljubetic pronunció un extenso discurso, haciéndose portador del testimonio que desde la precaria memoria estudiantil le entregaba Miguel Angel Solar cuando ofrendaba sus "Palabras de Juventud" al poeta Pablo Neruda, nombrado Doctor Scientae et Honoris Causa de una Universidad Católica en pleno proceso de reforma universitaria. Esto decía  el joven Miguel Angel Solar un lejano agosto de 1969: "... no es una palabra individual; ha nacido de una generación de jóvenes que han luchado en esta universidad en estos años, y ella es el sedimento de muchas batallas por lograr ser verdaderamente jóvenes, y, mañana, verdaderamente hombres" [89]. Y así habló esta vez un joven Ljubetic, dirigiéndose no sólo a sus compañeros de juventud universitaria de todas las épocas, a toda la comunidad universitaria y a la dictadura militar que lo observaba con atención, sino también al mundo político adulto:

"Compañeros: Cuando el jueves 25 de octubre, nos reunimos espontáneamente casi medio millar de estudiantes hasta altas horas de la noche y juntos fuimos recibiendo los resultados parciales que llegaban desde todas las escuelas y facultades de nuestra universidad, los que daban siempre, en todos los casos, la mayoría aplastante de los votos para la Lista Unidad Democrática, esa noche culminó victoriosamente un esfuerzo, que a través de años, cientos de estudiantes desplegaron abnegadamente, buscando reconstruir y democratizar nuestras organizaciones.

"La FECH es fruto de quienes se jugaron en sus cursos por la participación; de quienes cuestionaron cotidianamente la pasividad y la indiferencia que reinó por años en nuestra universidad; de quienes protagonizaron la creación de los comités de participación, cuando nació la tristemente célebre FECECH; de quienes con su ejemplo y metodologías de trabajo basadas en la participación y el pluralismo pusieron en jaque el autoritarismo que nos pretendieron imponer. La FECH es el fruto de aquellas escuelas que lograron democratizar sus Centros de Alumnos pese a las sanciones de todo tipo. Es la victoria de todos los CCAA que coordinaron sus esfuerzos y dieron vida al Consejo de Presidentes, expresión orgánica que tuvo a su cargo la conducción de la etapa final del camino a la FECH.

"Es importante en esta hora de triunfos, en esta hora de unidad, decir muy claramente que esta victoria del movimiento estudiantil sólo ha sido posible gracias a la justa aplicación de criterios democráticos y participativos. En efecto, la FECH no surge producto de un acuerdo cupular, la FECH no surge por acuerdo de mesas políticas, ni de organismos centrales de dudosa representatividad. Por el contrario, la FECH surge cuando resulta incontrarrestable el hecho de que la mayoría de los estudiantes estuvo por construir una organización democrática y representativa; surge cuando todos los CCAA están democratizados reflejando las luchas dadas en las respectivas escuelas; surge cuando su creación es ya una exigencia inaplazable de las bases estudiantiles. La FECH es por tanto hija de las mayorías, hija de la participación, hija del protagonismo estudiantil. Son esos criterios los que nos permitieron esta gran victoria y es su aplicación la que nos va a permitir nuestra próxima victoria: echar los rectores delegados y democratizar nuestra universidad.

"Pero hay algo más. El jueves 25 no nació sólo una federación de estudiantes, nació algo más grande e importante para Chile: nació una generación.

"Una generación que trae buenas y nuevas noticias para Chile y su pueblo. Una generación que dice con mucha fuerza, con mucha convicción que la unidad es posible porque son más las cosas que nos unen que aquellas que nos dividen; que la unidad es posible porque anteponemos los intereses y aspiraciones de Chile por sobre los de nuestros partidos o los intereses particulares.

"¿Y qué mejor noticia que esta podía traer una nueva generación? En medio de un dramático espectáculo de divisiones, y querellas incomprensibles para quienes están viviendo cotidianamente los dramas del hambre, la miseria, la represión, la humillación, ¿Qué mejor noticia que la que trae la FECH?: la unidad es posible, esa es nuestra primera buena noticia.

"Pero esta buena nueva que trae nuestra generación quiere ir más allá de la elección de nuestra FECH. Nuestra palabra de unidad también quiere hablar de una juventud que no sólo debe tener puntos de encuentro en la creación de una organización, que no sólo quiere tenerlos en la democratización de la Universidad, que no sólo debe tenerlos en el actual desafío de lucha contra la dictadura... queremos una juventud que mañana también se una para trabajar juntos por los urgentes y profundos cambios que requiere nuestra sociedad para ser más humana, para acabar con las injusticias y construir un nuevo orden, el orden de un Chile libre, democrático y solidario.

"¡Esta generación quiere ser protagonista de esa mayoría por los cambios que es lo único que asegurará que el Chile de mañana deje atrás las injusticias, la desigualdad, el capitalismo!" [90].

Notas

[2]

Titular del Diario El Mercurio, 10 de Octubre de 1981.   volver

[3]

  Fernando Martínez y Julio Valladares, La Joven Democracia. El Movimiento Estudiantil en Chile (1973-1985), Cuadernos Documentas, Instituto Para el Nuevo Chile, 1988, pag. 33. Sobre la política del Partido Comunista entre 1977 y 1980, ver Tomás Moulián, op. cit., pags. 264 a 269.   volver

[4]

  Patricio Lanfranco fue detenido por la CNI el 1º de Mayo de 1981, y luego de permanecer varios días en esa condición, fue liberado con su barba y pelo afeitados. Gregory Cohen, ganador ese mismo año del Festival de Teatro de la ACU en las menciones de mejor obra, mejor dirección y mención honrosa al mejor actor, fue detenido el 4 de septiembre por repartir en la vía pública panfletos contra el gobierno, y se le inició proceso por infracción a la Ley de Seguridad Interior del Estado, siendo encargado reo, para terminar sobreseido luego de varios meses de procesamiento. Entrevista a Patricio Lanfranco, 4 de diciembre de 1996; Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 5, mayo de 1981 y nº 9, septiembre de 1981.   volver

[5]

  Aunque respecto de la Vicaría de Pastoral Universitaria, dependiente de la Iglesia Católica, no existen mayores informaciones disponibles en esta investigación, cabe mencionar dos testimonios acerca de su importancia y orientación. En uno de ellos, Yerko Ljubetic, que formó parte de la Pastoral Universitaria durante sus primeros dos años como alumno de Derecho, sostiene: "En mi época, la Pastoral fue muy importante en el proceso de rearticulación del movimiento estudiantil. Más aún considerando la importancia de los grupos de interés del más diverso tipo que realizaban actividades más allá del puro estudiar e irse a la casa. En esos años, para la gente de la oposición, al tener o preparar actividades conforme a sus intereses, la opinión de la Pastoral de la escuela era muy importante. La Pastoral reunía bastante gente, más que cualquier partido. Tenía una opinión, y estaba asociada a la actitud progresista de la Iglesia de esos años. Sin lugar a dudas, se trataba de un actor. Lo que ocurre es que posteriormente, al haber una mayor apertura política, con partidos más constituidos, ocurre lo obvio, y es que la Pastoral se reubica en sus actividades más privativas, con lo que pierde su calidad de protagonista relevante en el tema político"; Entrevista a Yerko Ljubetic, enero de 1997. Por su parte, Ricardo Bravo, presidente de FECECH en el período 1980-1981, resume la relación del gremialismo con la Iglesia en general y esta Vicaría en particular, con una pintoresca declaración. Luego de confesarse gremialista y devoto de San Francisco, sostiene estar desilusionado de una Iglesia que pretende que se puede llegar a Dios a través de los hombres, cuando a su juicio, se llega a los hombres a través del contacto con Dios. Aludiendo a la Pastoral Universitaria, declara que "si uno les pide algo espiritual, algo que no sea juntar ropa para los trabajadores de Panal, ahí se acaba la Pastoral". Ver Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 5, mayo de 1981, pag. 15. Lo dicho acerca de la Pastoral Universitaria tiene valor también respecto de la Parroquia Universitaria, en su calidad de amparo de iniciativas de importancia universitaria, política, artística y en el ámbito de la defensa de los derechos humanos. Ver Ana María Hoyl Cruz, Canto a lo Humano, Edición de la Comunidad Monseñor Enrique Alvear, Santiago, sin fecha.   volver

[6]

  Fernando Martínez y Julio Valladares, op. cit., pag. 37. En rigor, es discutible el que alguna vez los partidos políticos de oposición no hayan tenido una presencia preponderante en las iniciativas de contestación al régimen durante el período anterior a la dictación de la Ley General de Universidades. La mayor presencia pública formal de los referente políticos en el período posterior coincide con fenómenos tales como el auge de las protestas nacionales; con el triunfo de sectores disidentes del régimen en organismos sociales tales como colegios profesionales, sindicatos (un caso significativo es el de la Confederación de Trabajadores del Cobre, que hacia finales de 1981 había elegido presidente nacional al demócrata cristiano Emilio Torres y al año siguiente, a Rodolfo Seguel), y, progresivamente, estudiantiles; con el lento inicio del retorno de los exiliados; con iniciativas de concertación política de centro izquierda inéditas como el PRODEN y el Manifiesto Democrático en 1982 y 1983; y como consecuencia de lo anterior, con una relativa mayor apertura política que permitía a los militantes políticos de oposición que formaban parte de los frentes sociales actuar de manera más abierta y con menos eufemismo que el que era necesario en el período anterior a 1981. Rodolfo Fortunatti señala, en tal sentido, que el movimiento estudiantil desde 1973 y especialmente entre 1978 y 1980 fue alimentado por los partidos políticos, y en tal sentido, las convergencias en un principio eran fundamentalmente políticas. Ante el reproche de los basistas que objetaban al CORREME  ser un acuerdo entre súper estructuras partidistas, Fortunatti replica señalando que entonces no había más entre quienes colocarse de acuerdo. Cosa opuesta ocurría en el período de la reforma, en que el movimiento estudiantil había sido capaz de dotar de élites dirigentes a los partidos políticos, y aún, de dar lugar a la formación de nuevos grupos políticos, como era el caso del gremialismo y del MAPU a partir de la FEUC, de la Izquierda Cristiana a partir del grupo tercerista demócrata cristiano de la FECH, y del MIR a partir de la FEC de la Universidad de Concepción. Carlos Huneeus, Movimientos Universitarios y generación de elites dirigentes, CPU, 1973. Ver entrevista a Fortunatti en Pedagógico, ¿Qué cien años no es nada?, Revista Claridad, Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, nº 3, junio de 1989, pag. 13. Además, Entrevista de Genaro Balladares a Rodolfo Fortunatti, 1 de febrero de 1995.   volver

[7]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín realidad Universitaria, nº 11, noviembre de 1981, pag. 37.Coincidentemente, el individualismo es consignado por Pablo Longueira como uno de los mayores problemas por los que atravesaba el estudiantado y con los que tendría que enfrentarse en su gestión al frente de la FECECH. Refiriéndose a Longueira, dice la periodista Gloria Stanley: "Le preocupa que el actual sistema universitario esté produciendo un alumnado que define como 'egoísta', sin proyección social, enfocado sólo a su perfeccionamiento individual". Revista Qué Pasa, 16 al 22 de septiembre de 1982.   volver

[8]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 5, Mayo de 1981, pag. 13. La indefinición estratégica de los opositores producía efectos tales como que en Ingeniería, con un 76% de abstención, el oficialismo eligió a la totalidad de los 14 delegados.   volver

[9]

  El Mercurio, 20 de octubre de 1981.   volver

[10]

  La Segunda, 20 de octubre de 1981. Curiosamente, y en contra de todas las opiniones de sectores blandos, aperturistas y gremialista en favor de un término del sistema de rectores delegados y de diversos grados de participación de los estamentos universitarios en el gobierno y gestión de las universidades, cabe consignar la siguiente opinión del máximo líder de esa corriente, Jaime Guzmán, en una dirección opuesta: "No corresponde a ningún estamento universitario elegir democráticamente a las autoridades. La autoridad viene de arriba y de los dueños de la universidad". Revista Ercilla, 27 de enero al 2 de febrero de 1982.   volver

[11]

  La Segunda, 7 de enero de 1982. Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 15, abril de 1982, y nº 16, mayo de 1982.   volver

[12]

  El Mercurio, 5 de febrero de 1982.   volver

[13]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 11, noviembre de 1981, pag. 30.   volver

[14]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 14, marzo de 1982.   volver

[15]

  El Mercurio, La Tercera y Las Ultimas Noticias, 11 de junio de 1982.   volver

[16]

  Revista Hoy, 16 al 22 de junio de 1981.   volver

[17]

  Incluso para las juventudes políticas universitarias era difícil una coordinación a nivel de toda la universidad. Gonzalo Rovira señala que todavía en 1983, en pleno movimiento democratizador y en el contexto de las protestas nacionales, se daba el caso que él conoció a dirigentes de centros de alumnos comunistas en los consejos de FECECH y no a través de instancias propiamente partidarias. Recorrer la totalidad de los campus era entonces una tarea difícil no sólo por la dispersión geográfica que caracteriza a la Universidad de Chile, sino por el tipo de control disciplinario subsistente en los recintos, que dificultaba a los estudiantes la posibilidad de permanecer en facultades distintas de las suyas propias. Entrevista a Gonzalo Rovira, 27 de abril y 24 de junio de 1997.   volver

[18]

  Paradojalmente, Jaime Hales había sido un destacado dirigente estudiantil universitario de la Democracia Cristiana durante la Unidad Popular, y uno de los líderes más emblemáticos de la toma de la Facultad en 1971 realizada por el Frente Universitario para respaldar al rector Boeninger en su conflicto con el Consejo Normativo Superior de la Universidad, en ese momento controlado por una mayoría de izquierda.   volver

[19]

  Ver Revista Hoy, ediciones del 8, 15, 22 y 29 de septiembre de 1982.   volver

[20]

  Revista Hoy, 22 a 28 de septiembre, 1982.   volver

[21]

  La Segunda, 9 de octubre de 1982.   volver

[22]

  Ver entrevista a Manuel Sepúlveda, Revista Cosas, 21 de abril de 1983.   volver

[23]

  Título de un artículo de la Revista El Pasquín, publicada por estudiantes de economía vinculados a sectores de la renovación socialista, año IV, nº 13, mayo de 1983.   volver

[24]

  Ver, por ejemplo, La Tercera, semana del 11 al 18 de abril de 1983. Entrevista a Yerko Ljubetic, enero de 1997.   volver

[25]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 24, enero-febrero de 1983, y nº 25, marzo de 1983.   volver

[26]

  Revista Realidad, nº 44-45, Enero y Febrero de 1983.   volver

[27]

  Revista Qué Pasa, 7 al 13 de abril de 1983.   volver

[28]

  Andrés Sanfuentes, Política de Financiamiento Universitario, Revista Realidad Universitaria, Academia de Humanismo Cristiano, nº 2, 1987, pags. 38 y 39.   volver

[29]

  Revista Cosas, 21 de abril de 1983. Sobre la crisis económica de la Universidad de Chile, ver Revista Hoy, 6 al 12 de abril de 1983 y 25 al 31 de mayo de 1983.   volver

[30]

  El Mercurio, 24 de mayo de 1983.   volver

[31]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 27, mayo de 1983. La interpretación de los resultados favorables a la oposición la realizaba la CONECH, Consejo Nacional de Estudiantes de Chile, hegemonizado por los comunistas. Las orgánicas políticas opositoras contaban a partir de 1983 de mejores instancias de coordinación de sus estructuras a nivel universitario. Además de la CONECH, existía la Unión Nacional de Estudiantes Democráticos, UNED, vinculada al MIR; el Movimiento José Domingo Gómez Rojas, mayoritariamente vinculado a los grupos de la renovación socialista, y el Movimiento Pro FECH, de la Democracia Cristiana.   volver

[32]

  El Mercurio, 28 de mayo.   volver

[33]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 28, junio de 1983.   volver

[34]

  Maurice Saintard, estudiante de Ingeniería, Berna Castro y Claudia Amarales, estudiantes de Medicina Occidente, fueron detenidos en el mes de julio, en la vía pública, lejos de recintos universitarios, luego de ser objeto de seguimientos por parte de Carabineros. Ese mes, 194 estudiantes de Derecho presentaron un recurso de amparo en favor de los estudiantes Carlos Gallardo y Héctor Alvarez, buscados por la CNI. Ver Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 29, julio de 1983.   volver

[35]

  En rigor, se trataba del grupo derechista G-51 de Economía, que organizaba el matonaje en contra de los grupos de oposición en todo evento y forma en que éstos quisieran manifestarse públicamente. Declaraciones del Rector Roberto Soto Mackeney, del presidente electo de Ingeniería Civil Carlos Moreno y de la FECECH en Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 30, agosto de 1983.   volver

[36]

  Academia de Humanismo Cristiano, op. cit.   volver

[37]

  El Mercurio, 22 de junio de 1983.   volver

[38]

  Manuel Antonio Garretón y Hernán Pozo, Las Universidades chilenas y los derechos humanos, Santiago, FLACSO, Documento de trabajo 213, 1984, pag. 68.   volver

[39]

  El Mercurio, 2 y 3 de septiembre de 1983.   volver

[40]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 32, octubre de 1983.   volver

[41]

  Los centros de alumnos disponían de un voto ponderado según el número de estudiantes que representaban. De esta manera, pese a que ocho centros de alumnos rechazaron el proceso que eligió a Angelini, la mayoría de los votos ponderados del consejo de presidentes -que incluía además el voto de los tres integrantes de la directiva saliente- siguió sesionando y procedió a la designación de la nueva directiva. Estatuto FECECH, Art. 21º inc. 6.   volver

[42]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 33, noviembre de 1983.   volver

[43]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 35, enero-febrero de 1984, nº 36, marzo de 1984, y nº 37, mayo de 1984. Este tipo de gestiones ante el gobierno era lo que el ex rector Medina Lois calificaba de cogobierno, lo que no deja de tener sentido. Los gremialistas co-gobernaban, eso sí, bajo su propia modalidad elitista, sin sanción democrática de los estudiantes a quienes decía representar.   volver

[44]

  Tradicionalmente, el de Ingeniería se denominaba Centro de "Estudiantes" (CEI) y no de "Alumnos", y la reivindicación de ese nombre constituía un elemento identitario importante entre los sectores democráticos de la Facultad. Entrevista a Germán Quintana, 19 de octubre de 1996.   volver

[45]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 33, noviembre de 1983.   volver

[46]

  Entrevista a Germán Quintana, 19 de octubre de 1996.   volver

[47]

  El Frente Universitario tomaba el nombre de la coalición que respaldó la rectoría de Edgardo Boeninger entre 1968 y 1973 (Democracia Cristiana, Partido Nacional y académicos independientes del más diverso tipo, como René Orozco, Danilo Salcedo o Luis Izquierdo), pero en este caso representaba a sectores de derecha vinculados al Partido Nacional, y al recientemente creado Movimiento de Unión Nacional presidido por Andrés Allamand.   volver

[48]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 38, mayo de 1983, y nº 39, Junio de 1983.   volver

[49]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 38, mayo de 1984.   volver

[50]

  De hecho, el estatuto de FECECH era de una sorprendente vaguedad en estas materias: no señalaba cuáles eran las atribuciones ni de la directiva ni del consejo de presidentes de centros de alumnos, salvo señalar que el Presidente de la Federación determinaría las materias de competencia de cada órgano en un reglamento, cuya modificación a iniciativa del propio Presidente requeriría la mayoría de los miembros en ejercicio del mismo. En el estatuto original, el Consejo de Presidentes tenía sólo un carácter consultivo, y las reformas promovidas por Pablo Longueira le otorgaron mayores atribuciones resolutivas. Estatuto de FECECH, artículo 21º.   volver

[51]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 39, junio de 1984. Ver también entrevista de antología en Revista Caras, 28 de junio de 1984, donde incurre en inconsistencias lógicas notorias. Declara: "Si la FECH se instaura, lucharemos para que desaparezca de la Universidad". Aunque de acuerdo con la existencia de una federación única, en otras partes de la entrevista le negaba legitimidad al proceso validado por mayorías estudiantiles acreditadas electoralmente porque desembocaría en la reedición de la "funesta" FECH, por lo que llamaba a abstenerse de participar en un proceso semejante. Más audaz, afirmaba que el gremialismo tenía mayoría, porque había perdido escasamente, a veces en segunda vuelta, las elecciones en Agronomía, Odontología y Arquitectura: "Creo que [el gremialismo] no ha perdido terreno. (...) Yo creo que perder una votación por diez votos no es perder. Hay una abstención del diez o del quince por ciento en las escuelas que siempre es nuestra". Lo insólito de la disolución de FECECH es que no pudo haber sido acordada por más de siete personas asistentes al eutanásico consejo de presidentes: tres miembros de la directiva y, como máximo, cuatro presidentes de centros de alumnos. Un capítulo especialmente oscuro y que no ha sido posible aclarar en esta investigación es el del destino de los bienes que la Universidad facilitaba a la Federación y de las actividades que, a nombre de los estudiantes, ésta realizaba, especialmente el preuniversitario. A fines de diciembre de 1983, la DCU había solicitado la disolución de FECECH y además pedía a la Contraloría General de la República una investigación contable y tributaria de su Preuniversitario. Raul Campusano, dirigente de la DCU, llamaba la atención acerca del hecho que la FECECH había inscrito la marca "FECH" junto a la de "Preuniversitario FECECH" y advertía acerca del traspaso de activos, como el local del preuniversitario -que era propiedad de la Universidad-, a una persona natural. Tan pronto como se disolvió la FECECH, el preuniversitario que operaba en calle Carmen continuó funcionando como empresa privada, sin que hasta ahora exista una explicación satisfactoria de esta "privatización". Ver Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 34, Diciembre de 1983, pags. 27 y 31. La inscripción de la marca FECH –la “funesta” FECH- fue realizada por Pablo Longueira -¿el perro del hortelano?-, lo que ha impedido hasta el día hoy a los estudiantes de la Universidad de Chile disponer y proteger la sigla con la que tradicionalmente ha sido conocida su organización estudiantil ya centenaria. Ver El Otro de The Clinic, nº 2, 28 de julio de 2005.   volver

[52]

  Decreto Universitario nº 2.199 de 19 de junio de 1984.   volver

[53]

  Por ejemplo, ver los considerandos del Decreto Universitario nº 7.144, de 30 de diciembre de 1974.   volver

[54]

  El Mercurio, 13 de junio de 1984.   volver

[55]

  En esto Burotto tuvo razón, pues la FECH finalmente se eligió en octubre y el gobierno desató una violenta represión en contra de la directiva durante las vacaciones de verano, como se verá. Entrevista a Humberto Burotto, 24 de noviembre de 1996.   volver

[56]

  Entrevista a Yerko Ljubetic, enero de 1997.   volver

[57]

  Declaración del Frente Universitario y de estudiantes independientes llamando a la abstención, El Mercurio, 21 de junio de 1984. Luego del plebiscito, los independientes de la Escuela de Derecho Carlos Schaerer, Francisco Luna y Felipe Cubillos, llamaron a un consenso estudiantil para la creación de una federación única, y el Movimiento de Unión Nacional, que presidía Andrés Allamand, hizo un llamado en sentido semejante días después. Luego del plebiscito, el Frente Universitario, tras calificar fracasada la aventura de los promotores de la FECH, llamaba a un consenso que incorporara a todas las corrientes en una Federación. Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 39, junio de 1984, pags. 50 y 52. Sin embargo, el propio Alejandro Rojas se encontraba manteniendo un punto de vista autocrítico respecto del tipo de gestión que le cupo a él y a la izquierda encabezando la FECH durante la reforma universitaria. De ello quedó constancia después en el artículo El movimiento estudiantil, la reforma y la Universidad de Chile 1968-1973: De la explosión de la esperanza a la pesadilla. Revista Realidad Universitaria, CERC, nº 3, 1988, pp. 56 a 77.   volver

[58]

Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 39, julio de 1984, pag. 50.   volver

[59]

  Se refiere al apoyo que le brindó la DEC ante la dirección adulta del Partido Comunista que cuestionaba la persona de Gonzalo Rovira por problemas internos del propio PC. Entrevista a Gonzalo Rovira, 27 de abril de 1997.   volver

[60]

  Entrevista a Gonzalo Rovira, 24 de junio de 1997.   volver

[61]

  Se refiere a Ricardo Brodsky.   volver

[62]

  Entrevista a Yerko Ljubetic, enero de 1997. La Coordinadora estuvo a menos de 200 votos de lograr el resultado que se había impuesto como mínimo, y de las tradiciones de la FECH de antaño, una de las más conocidas, folclóricas y populares era la de los fraudes electorales realizados por los "magos del chanchullo", expertos en la adulteración de cédulas en las mesas de recuento. Testimonio de ello puede encontrarse en el texto autocrítico de Alejandro Rojas transcrito en el libro de Ricardo Brodsky, Conversaciones con la FECH, Ediciones Chile-América CESOC, 1988, pag. 132. Entrevista a Santiago Rojas, Vice Presidente de la FECH 1968-69, 30 de mayo de 1996. Entrevista a José Manuel Alcoholado, miembro del Ejecutivo de la FECH entre 1969 y 1972, 8 de octubre de 1996.   volver

[63]

  Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 40, julio de 1984, pag. 28.   volver

[64]

  El MDP aglutinaba al Partido Comunista, al Partido Socialista fracción almeydista y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria.   volver

[65]

  El Bloque Socialista aglutinaba a distintos sectores afines a lo que se llamó la “Renovación Socialista”: MAPU, Izquierda Cristiana, algunas fracciones del Partido Socialista, etc.  volver

[66]

  Fernando Martínez y Julio Valladares, op. cit., pag. 51.   volver

[67]

  Entrevista a Gonzalo Rovira, 24 de junio de 1997.   volver

[68]

  La Asamblea Constituyente sesionó durante el mes de septiembre. El día 4 de ese mes, se realizó una protesta nacional de gran envergadura, en la que resultó muerto el sacerdote André Jarlan, en la Población La Victoria. Luego de esta protesta, el gobierno ordenó restricciones informativas a radios y prensa de oposición. Por su parte, la rectoría de la Universidad de Chile había ordenado la suspensión por un mes de las actividades académicas a partir del día 7 de septiembre, orden desobedecida por académicos y estudiantes desde el 12 de septiembre. Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 42, septiembre de 1984, pags. 21 y 34.   volver

[69]

  Carismático líder nacionalista de la Escuela de Derecho.   volver

[70]

  Entrevista a Yerko Ljubetic, enero de 1997.   volver

[71]

  Estatuto FECH, art. 1º transitorio. Hasta 1973, la FECH era la Federación de los Estudiantes de la Universidad de Chile de las sedes de Santiago, existiendo federaciones independientes en cada región en que la Universidad de Chile tenía sedes. Asimismo, hasta la dictación de la Ley General de Universidades y de los decretos que crearon instituciones de educación superior en provincias a partir de las sedes regionales de la Universidad de Chile, existían tantas FECECH independientes entre sí como sedes regionales de la Universidad.   volver

[72]

  Estatuto FECH, Declaración de Principios, letra G. Por el contrario, el Estatuto de la FECECH señalaba en el último de sus considerandos que la FECECH no era continuadora de la FECH.   volver

[73]

  José Domingo Gómez Rojas, estudiante de Pedagogía en Castellano, poeta y anarquista, se desempeñó como redactor de la Revista Claridad de la FECH. Tras el asalto de sectores conservadores a la sede de la FECH y las persecuciones a que ello dio lugar -en represalia a la postura antigubernamental de la Federación ante la llamada "Guerra de don Ladislao" en 1920-, Gómez Rojas fue encarcelado. En la cárcel enloqueció y murió, un 30 de septiembre de 1920. A su funeral concurrieron 40 mil personas, especialmente obreros y estudiantes, y desde entonces se convirtió en uno de los mayores símbolos de rebeldía estudiantil por varias generaciones. Manuel Antonio Garretón y Javier Martínez (Editores), Biblioteca del Movimiento Estudiantil, Ediciones Sur, 1985, Vol. V, pag. 46.   volver

[74]

Entrevista a Yerko Ljubetic, enero de 1997.   volver

[75]

  La Segunda, 16 de octubre de 1984. Las opiniones del FU llamando a votar negativamente se encuentra en Academia de Humanismo Cristiano, Boletín Realidad Universitaria, nº 43, octubre de 1984, pag. 1.   volver

[76]

  La Segunda, 17 y 19 de octubre de 1984.   volver

[77]

  La dilucidación del campo semántico de "cogobierno" ha dado origen a confusiones conceptuales fascinantes. Una editorial de Revista Mensaje en 1968 observaba que el Consejo Superior, organismo colegiado de gobierno más importante de la Universidad de Chile antes de la reforma, rechazaba que los estudiantes tuvieran una participación ponderada de 25% en la elección de las autoridades superiores de la Universidad. Sin embargo, en ese mismo momento, el Consejo Superior acogía de buena gana entre sus miembros a cinco representantes estudiantiles con derecho a voto, lo que implicaba un poder estudiantil en la toma de las decisiones más importantes de la Universidad superior al 25% en ese momento. La editorial procuraba demostrar que la participación con derecho a voto en la instancia colegiada podía dar más poder que el voto ponderado en la elección de autoridades -pero no en la aplicación de un programa de gobierno del plantel-. Concluye el editorialista: "Sinceramente, creemos que estamos en presencia de una confusión y que es necesario dilucidarla". Revista Mensaje, Editorial Universidad y Cogobierno, Volumen XVII, 1968, pag. 204.   volver

[78]

  Revista Mensaje, editorial Universitarios en ebullición, volumen XXXIII, 1984, pag. 349.   volver

[79]

  Revista Apsi, 15 al 28 de octubre de 1984.   volver

[80]

  Ver entrevistas a Yerko Ljubetic en La Segunda, 26 de octubre de 1984, y en Boletín Solidaridad del Arzobispado de Santiago, 3 al 16 de noviembre de 1984. Por su parte, Ricardo Brodsky descarta alianzas con el FU en los siguientes términos: "Nosotros pretendemos expresar un compromiso efectivo en la defensa de los derechos humanos, los que han sido violados sistemáticamente durante este régimen. Quienes hoy están en el Frente Universitario han mantenido silencio, la mayoría de las veces, frente a estos atropellos. Además, nosotros queremos que la FECH sea un instrumento de lucha, y no tan sólo la representación ingenua de los intereses estudiantiles. (...) Todas ellas son diferencias más que importantes con los planteamientos del Frente Universitario". revista Apsi, 15 al 28 de octubre de 1984.   volver

[81]

  En palabras de Gonzalo Rovira: "Esta Federación no sólo debe quedarse en lo universitario, debe ir más allá. Un ejemplo al respecto es el Paro Nacional. No se trata tan sólo que adhiera sino que lo trabaje y convierta al estudiantado en actor y partícipe de él, junto a los trabajadores, porque ésta es una federación que se incorpora a la lucha junto con el resto del pueblo, a la lucha por una universidad democrática". Revista Análisis, 26 de octubre al 6 de noviembre de 1984.   volver

[82]

  Revista Apsi, 15 al 28 de octubre de 1984.   volver

[83]

  Entrevista a Humberto Burotto, 24 de Noviembre de 1996. Algunos de los dirigentes aludidos no formaban parte en ese momento de la mesa nacional del PDC, pero sí se incorporaron a ella en el período siguiente, como ocurrió con Jaime Castillo Velasco y Gutemberg Martínez, lo que tal vez explique su mención en esta oportunidad, dado que Humberto Burotto desempeñó roles preponderantes en las elecciones tanto de 1984 como de 1985.   volver

[84]

  Sobre el Pacto Constitucional propuesto por la Alianza Democrática, ver La Tercera de la Hora, 17 de octubre de 1984, y Revista APSI, 15 al 28 de octubre de 1983. La tesis política de Aylwin promoviendo un acuerdo democrático sobre reforma constitucional, había sido expuesta en el seminario "Un sistema jurídico político constitucional para Chile" en julio de 1984, y fue publicada en Una salida político constitucional para Chile, Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, 1985, pags. 145 a 154.   volver

[85]

  Entrevista a Yerko Ljubetic, enero de 1997. Sobre el apagón, que en los días siguientes fue atribuido a atentados del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, ver La Tercera de la Hora, 17 al 24 de octubre de 1984. La resolución de la mesa del PDC, pese a todas las circunstancias que rodearon la reunión de su mesa nacional con los universitarios, siguió siendo muy equiparada y ni siquiera consiguió reunir una mayoría absoluta, lo que valoriza aún más la actitud de los estudiantes DC que impusieron su parecer ante la vacilante directiva nacional adulta. En favor de apoyar lo obrado por la DCU, estuvieron Gabriel Valdés, Tomás Reyes, Carmen Frei, Sergio Molina, Edgardo Boeninger y Raúl Troncoso. En contra estuvieron Patricio Aylwin, Juan Hamilton, Ernesto Vogel y Gonzalo Duarte. Se abstuvieron Narciso Irureta y José de Gregorio. Producida la elección en la FECH, se anunció la candidatura interna al PDC de Juan Hamilton -competidora de la de Gabriel Valdés-, aduciendo como su detonante el acuerdo con los comunistas en la Universidad de Chile. Contrariando lo argumentado por Aylwin en el ampliado de la DCU del 16 de octubre, Hamilton señalaba que la alianza con la izquierda en la FECH era inaceptable y además innecesaria atendida la alta votación obtenida por Ljubetic (¡...!) y la existencia de segunda vuelta electoral en caso que no existiera mayoría absoluta. Ver La Segunda, 26 de octubre de 1983.   volver

[86]

  Entrevista a Gonzalo Rovira, 24 de junio de 1997.   volver

[87]

  En esta ocasión, el universo de estudiantes incluye al Pedagógico y el Instituto Profesional de Santiago.   volver

[88]

  Revista Análisis, 6 al 13 de noviembre de 1984. En el Consejo de Vocales, Unidad Democrática eligió 21 representantes; el Frente Universitario, 5 vocales; los independientes de derecha, 2 vocales; los nacionalistas, 1 vocal, y el Partido Humanista, 1 vocal. Boletín Solidaridad, Arzobispado de Santiago, 3 de noviembre de 1984. Por su parte, pese a lamentar que la derecha se presentara en tres listas, la prensa de gobierno celebró el "aumento significativo" de este sector respecto de las últimas elecciones de la FECH en 1972, desde un 19,4% hasta un 31,0%, comparada con la igualmente ostensible baja de la izquierda desde un 50,5% hasta un 30,4% en igual período. La perspicacia de la analista de El Mercurio, Pilar Molina, no era la suficiente para reparar en el fondo de su hallazgo: si la derecha había experimentado un alza entre ambas elecciones, estaba implícito el reconocimiento que, en el tiempo intermedio, dicho sector controló las organizaciones estudiantiles sin contar jamás con la mayoría de los estudiantes a su favor. La Segunda, 26 de octubre de 1984, y El Mercurio, 28 de octubre de 1984.   volver

[89]

  Miguel Angel Solar, "Para tí, Neruda, nuestra palabra descarnada", 21 de agosto de 1969, en Guadalupe Irarrazábal y Magdalena Piñera M. (Compiladoras), Chile: Discursos con Historia, Editorial Los Andes, 1996, pags. 126 a 133.   volver

[90]

  Publicado en Irene Agurto, Manuel Canales, Gonzalo de la Maza (Editores), Juventud Chilena, Razones y Subversiones, ECO-FOLICO-SEPADE, 1985, pags. 159 y 160.   volver

Resumen | [Introducción] | Bienvenido sea el caos: el orden ha fracasado [23] | Como pera madura... | Echando a perder se aprende | Necesarias definiciones electorales | ... y renació la FECH | Notas | Versión Completa (Imprimir)

Sitio desarrollado por SISIB - Universidad de Chile