Anales de la Universidad de Chile Sexta Serie, N° 17, diciembre de 2005

 

Testimonios

[La utopía iba a ser nuestra]

 Rojas, Alejandro

1] Presidente de la FECH en el periodo 1970

2] 1973. Profesor Universidad British Columbia, Canadá

 

Cita / Referencia
Rojas, Alejandro. La utopía iba a ser nuestra. Anales de la Universidad de Chile, VI serie: Nº17, diciembre 2005

El movimiento estudiantil, la Fech y la reforma en el periodo 1967-1969

Creo que puede ser útil para comprender la Reforma de fines de los sesenta y el papel de la FECH y del movimiento estudiantil, separar el periodo 1968-70 del que se inicia luego de la victoria de Salvador Allende y la Unidad Popular.  Mi testimonio sobre la época es directo: fui Vocal del Comité Ejecutivo de la FECH en 1968 y Presidente desde 1969 hasta 1973.

Cuando pienso de manera retrospectiva sobre el periodo, se me vienen a la memoria dos dimensiones del proceso, que se dieron entrelazadamente: primero, el difuso sentimiento compartido por todos los partidarios de la Reforma, el ánimo, la subjetividad colectiva que definía el clima universitario de la época.  Luego estaban las racionalizaciones o expresiones más discursivas, los escritos y las plataformas programáticas que se manejaban alternativamente y en torno a las cuales se conformaron las distintas tendencias y corrientes de opinión dentro del movimiento de reforma.

Respecto de la primera, la subjetividad o el “estado de animo” que reinaba, diría que la Reforma era una profundo deseo de intervenir desde la universidad, desde la ciencia, las humanidades, la creación artística, en fin, desde la producción de conocimiento, en la configuración de un país distinto, en el que los valores de la dignidad humana, la solidaridad, la igualdad de oportunidades, pesaran mas que la competencia, el egoísmo y el individualismo posesivo.  Deseábamos “una universidad cuyo único norte fuera Chile y los intereses de su pueblo”, tal como lo escribimos en un inmenso cartel en el frontis de la Casa Central de la Universidad de Chile, parafraseando a Andrés Bello, su primer rector.  Queríamos que el mar, el cobre, los bosques, el desierto, las montanas y nuestra gente fueran la preocupación principal de la actividad académica.  La frase cliché era el rechazo a “la universidad torre de marfil”.  Era un movimiento de dignidad nacional y de reflexión sobre la identidad propia

Me atrevería a decir que esa fue la reforma profunda.  Aquellos eran los rasgos de la reforma que todos, o casi todos, compartíamos de una manera honda, muy debajo de la piel.  Y creo que este fue el aspecto más interesante, más grande y más entusiasmador de la reforma universitaria.  Es ahí donde radica la enorme energía social  que despertó, en su capacidad de ofrecer sentido, utopía diría, en convertirse en esperanza compartida, en ese esfuerzo por pensar la realidad como debiera ser, sin rendirse a la realidad tal como era.

No es de extrañarse entonces, que mano a mano con la Reforma se desarrollara todo un inmenso movimiento de creatividad, de originalidad. Es el ánimo en que florece la “Nueva Canción Chilena”. La Pena de los Parra, la Pena de la Universidad Técnica, la Pena Chile Ríe y Canta, el Circo de Violeta Parra, penetraron la universidad y fueron penetradas por ella. El teatro universitario exploto en creatividad, y la investigacion científica, la extensión universitaria y el cuestionamiento de los contenidos de la enseñanza encendieron las escuelas.

La universidad se lleno de ponchos, bufandas y chalecos hechos a mano, barbas y pelo largo, de una manera de vestir colorida, expresiva, sensual.  Cuando las universidades, casa central por casa central, facultad por facultad, escuela por escuela, fueron ocupadas por los estudiantes, lo que se desato con pasión fue un ardiente deseo de compartir, de solidarizar, de estrechar lazos de amistad, de pertenecer a una comunidad compartida.  Todo fuimos dibujantes, poetas, cantores, propagandistas y dirigentes políticos.  Algunos –no pocos- hubiesen querido que la universidad se quedara así para siempre.

Había en todo esto una profunda espiritualidad, aun en aquellos que se inspiraban en las concepciones más materialistas.  Había un desprecio por la abundancia material, por la riqueza de los ricos. Los hijos de las familias adineradas se rebelaron contra sus familias explotadoras.  Los hijos de los obreros, se rebelaron contra la injusticia de que eran objeto, contra las inmensas dificultades de ser estudiante pobre; los de clase media, se rebelaron contra las aspiraciones y forma de vida de su clase; los académicos jóvenes contra los profesores mas viejos que no fueron sensibles as sus aspiraciones académicas; los trabajadores no académicos, se rebelaron contra su condición subordinada, contra su trabajo a menudo aburrido y sin sentido.  Asi, la universidad entera se rebelo contra si misma y contra el estado, contra las limitaciones estructurales de la sociedad nacional y contra las fuerzas imperiales que imponían su dominio político, cultural, económico y militar.

No puedo entrar aquí en el relato y análisis de cada una de las tendencias y  corrientes de ideas que se alinearon en torno a las racionalizaciones, propuestas programáticas que se disputaron en esa época la dirección del movimiento estudiantil y de la redoma universitaria.  Es un periodo turbulento en el que la Democracia Cristiana, que había dirigido la FECH durante 14 anos, se divide a nivel nacional con la formación del MAPU, es sobrepasada por la fuerza  del movimiento estudiantil que de hecho acepta el liderazgo de la izquierda universitaria. Finalmente en Septiembre de 1969 la DC pierde las elecciones frente a la recién formada alianza de la Unidad Popular que me toco encabezar (ver el referido articulo Rojas, 1988). A partir de fines de 1969,  la totalidad de las federaciones estudiantil entran en un periodo de consenso en torno a las demandas de democratización universitaria, incluyendo el co-gobierno universitario con participación de toda la comunidad universitaria en  las elecciones de autoridades a todo nivel y con representaciones de académicos, estudiantes y técnicos y administrativos en los órganos de gobierno de las universidades.  En cada universidad del país se establecen formas institucionalizadas de consulta para la elaboración de las nuevas leyes universitarias, y se obtiene el compromiso de los parlamentarios de la DC y la UP que forman mayoría absoluta en ambas ramas del Congreso Nacional, de aprobar las propuestas elaboradas por cada comunidad universitaria.

La Reforma entraba ahora en una nueva etapa: se trataba de encontrar los caminos concretos y definir con rigor los cambios que la crítica reformadora había planteado.  Se inicia la etapa más compleja, esto es, la construcción de la universidad reformada.  Pasan a primer plano entonces todas las racionalizaciones de la reforma, las plataformas programáticas acerca de que universidad había que construir.  Las corrientes ideológico-políticas nacionales juegan de nuevo un papel central, a través de sus partidarios universitarios.  Las universidades se politizan al extremo, pero esto no es –como tanto se ha dicho—el resultado de la “infiltración” de las universidades por parte de los partidos. Mi argumento es que tal politización era inevitable puesto que lo que se estaba reflejando en las luchas por la reforma universitaria, era una crisis mas profunda que comenzaba a afectar a la democracia chilena.  La politización universitaria no era más “excesiva” que lo que ocurría en el campo, con el desarrollo de la organización campesina y la Reforma Agraria o más “excesiva que la explosión de demandas de los pobladores sin casa y la demanda de reforma urbana, o más “excesiva” que la agitación  laboral.

Eran momentos en que prácticamente el país entero se planteaba la recuperación de las riquezas básicas de Chile, y en que se hacia cada vez mas masiva la demanda de profundización democrática.  En ese contexto, no podía aparecer como sorpresa el que las universidades fueran atravesadas por los dilemas que la sociedad nacional entera se estaba planteando.  Por cierto, en el caso del movimiento estudiantil, esta además la fuerza incontenible del fenómeno mundial de rebelión juvenil de fines de los sesenta.  Pero lo que no pudo ser resuelto por ninguna de las tendencias que se articulaban en la lucha por la Reforma fue encontrar un camino de transformación de las instituciones de la educación superior que diera cuenta de lo específico de la contribución del conocimiento científico y de la creación cultural a los procesos de democratización de la sociedad.

De la victoria de la Unidad Popular en la FECH en 1969 al triunfo de Allende en Septiembre 1970.

Durante todo el periodo de reforma de 1969, la directiva DC de la FECH, encabezada por Jaime Ravinet, se mantuvo en una posición muy defensiva. La correlación de fuerzas en el movimiento estudiantil había cambiado a favor de la izquierda durante todo el turbulento ano 1968; pero la DC retuvo la dirección de la FECH aun por otro ano porque la izquierda no pudo llegar a acuerdo para presentar una candidatura única en las elecciones de la Federación.

La división de la izquierda era fruto de las distintas apreciaciones de la realidad internacional y de América Latina, de apreciaciones tácticas diferentes respecto de cómo conducir la oposición al gobierno de Eduardo Frei Montalva y respecto de la reforma universitaria.  En todos estos problemas, lo que emergía eran las dos concepciones que dividían a la izquierda: la “vía no violenta”, sostenida en ese entonces por los comunistas, como camino para conquistar el gobierno y el poder, y la “vía armada” o “insurreccionad” impulsada por el MIR y un sector socialista.

A pesar de que en lo retórico, las diferencias en la izquierda chilena a nivel nacional se mantenían durante la mayor parte de  1969, el marco de enorme movilizaciones populares, catalizadas por las amplias expectativas de cambio que abrió el gobierno la Democracia Cristiana con Frei Montalva, llevo a los dirigentes de la izquierda a entrar en negociaciones con vistas a las elecciones presidenciales de 1970.  En estas negociaciones se impone  finalmente la idea de formar la alianza representada por la Unidad Popular, que además de socialista y comunistas, incluya ahora al Partido Radical (la corriente social-demócrata de la época que se depuraba en ese momento de su corriente de centro-derecha) y los sectores de izquierda de la DC que se escinden de su partido y formal el MAPU. 

En este contexto se formo la Unidad Popular en la Universidad de Chile, lográndose la importante victoria en Septiembre de 1969 en las elecciones de la FECH.  El triunfo en la FECH era la primera victoria electoral de la UP y su significación para el proceso político nacional fue enorme.  Era un lugar común de la época considera a las elecciones de la FECH como un “barómetro de la política nacional”.

La noche del triunfo en la FECH fue, por supuesto, para mi y para todos los estudiantes de izquierda, una noche de inmensa alegría.  En la tensa atmósfera que caldeaba la vieja casona de la FECH en la Alameda al frente del Cerro Santa Lucia, se agolpaban cientos de estudiantes de los distintos grupos políticos que asistían desde tempranas a la guerra de tallas durante las largas horas que precedían al lento recuento de votos que terminaba siempre a altas horas de la noche.  Cuando finalmente se conocieron los resultados que indicaban nuestro triunfo, el grupo Quillapayun, uno de los grandes de la época de la Nueva Canción Chilena, improviso un concierto fantástico para la gente que se agolpaba en el patio de la FECH, llevando a los estudiantes de izquierda hasta el éxtasis.  Entretanto, yo anunciaba por televisión el triunfo de la izquierda y con casi incontenible emoción, me acuerdo que dije “los universitarios de izquierda dedicamos nuestro triunfo a la clase obrera, al pueblo de Chile, a sus anhelos y esperanzas de justicia e igualdad.  Nuestro triunfo anuncia que soplan los vientos de una revolución social en democracia en nuestro país, que también  somos parte de esa gran humanidad que ha dicho basta y echado a andar”.  Era por supuesto, el discurso de la época, lleno de ecos de la Revolución Cubana.  Jamás me habría podido imaginar entonces, que seria en verdad, lo que los vientos de revolución social en democracia iban a desatar cuatro anos después…

El Movimiento estudiantil, la reforma universitaria y el gobierno de Salvador Allende.

El triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de Septiembre de 1973 fue por supuesto una explosión de júbilo para los estudiantes de izquierda, asi como para tos los partidarios de la UP.  Habíamos seguido los escrutinios en la casa  de La FECH. Había mucha gente y una excitación y un nerviosismo difícil de describir. A eso de las 10 de la noche sonó el teléfono.  A gritos me llamaron: “Alejandro, el compañero Allende quiere hablar contigo”.  Efectivamente, Salvador Allende –a quien tuve la suerte de conocer mucho—estaba en el teléfono y me dijo con voz emocionada y muy formal: “compañero Alejandro, te llamo para comunicarte que hemos ganado…Quiero hablar al pueblo de Chile desde los balcones de la FECH y quiero saber si ustedes tendrían algún inconveniente.  Acuérdate que de joven fui Vise-Presidente de la FECH”. Le respondí tiritando de emoción que por supuesto que, que era un honor para nosotros….Salí corriendo y reuní a la Directiva de la FECH y transmití el pedido del presidente electo…

El periodo que se abría, y al que entrábamos con entusiasmo delirante, estaba preñado de posibilidades extraordinarias, pero era una etapa pletorica de riesgos y problemas. Pero esa noche era de celebración. Un mar humano, lleno de banderas y consignas escritas a mano en carteles de cartón, y camiones, autos, bicicletas y carretelas tiradas por caballos cargadas con racimos de gente eufórica empezaron a llegar frente a la casa de la FECH para oír a Allende y bailar y celebrar hasta el DIA siguiente.  ! Sentimos que el corazón se nos salía por la boca….empezábamos la contrucción del paraíso…la utopía se haría realidad y nosotros la íbamos a construir…dentro de nuestra generación!

Allende llego poco mas tarde, cuando había más de un millón de personas esperándolo en La Alameda. La vieja casa de la FECH casi se derrumbo cuando los cientos de gentes que se apiñaban adentro comenzaron a saltar con el mar humano de afuera y gritar “El que no salta es momio”; “El pueblo unido jamás será vencido…” y todo lo demás.

El presidente electo hablo a hizo referencia especial al movimiento estudiantil: “He querido hablar al pueblo desde los balcones de la FECH porque los estudiantes han sido vanguardia en esta lucha”...Nosotros ya reventábamos de alegría y con los cientos de miles de chilenos acogimos la invitación de Allende: “esta noche tomaremos la patria por la cintura para bailar una cueca larga hasta el amanecer”.

El orden, la civilidad y la calma con que la gente celebro radiante la victoria esa noche no anunciaban el drama que se nos vendría encima solo tres anos después.

La situación en la universidad continuaba siendo muy compleja y la ictoria de  Allende no cambiaba la realidad que contraponía a las distintas concepciones  que se disputaban  el gobierno universitario.  El ano terminaría con la reelección de Edgardo Boeninger como Rector, candidato del Frente Universitario (la alianza en la “U” de la Derecha y la DC) y la derrota del candidato de la UP.  Yo había sido reelegido Presidente de la FECH poco antes y a pesar de que mis relaciones personales con el Rector Boeninger nunca fueron malas, estuvieron siempre sobredeterminadas por la confrontación de los sectores políticos a los que el y yo estábamos adscritos.  La DC a nivel nacional buscaba el dialogo con la UP, pero en la Universidad de Chile, la alianza DC-Derecha que mas tarde se impusiera en el país desestabilizando al gobierno de Allende, se fraguaba tempranamente.

El clima político de la universidad por desgracia, no era apropiado para el despliegue de un dialogo constructivo entre las fuerzas  de la izquierda y centro acerca como continuar el proceso transformación universitaria.  Visto el problema con la perspectiva de los anos,  lo cierto es que las concepciones de universidad  que contraponían a las principales tendencias en la Universidad de Chile, admitían una articulación y una síntesis creativa: los problemas de modernización de estructura organizativa y los problemas escala, descentralización y comunidad universitaria que inquietaban a la DC, no eran necesariamente contradictorias con las ideas de  universidad comprometida que interesaban a la izquierda y que enfatizaban la democratización de la composición social  de la universidad y una reorientación de la vida académica de acuerdo a los problemas que enfrentaba la sociedad nacional.  Estas visiones, y las propuestas mas estrictamente académicas que provenían de sectores científicos agrupados en lo que se llamara Acción Reformista Universitaria, mas interesados en la “fuerza configuradota de la ciencia y el conocimiento”, podrían haberse complementado en una enriquecida visión de la Universidad que nos trascendiera a todos.

En lo institucional-formal, la Reforma siguió adelante pero los acuerdos que se lograban se referían solo a procedimientos (por ejemplo, el proceso institucional que conduciría a la dictacion de la nueva ley universitaria, etc.).  Sin embargo, a pesar de todas las dificultades y el creciente clima de confrontación, la comunidad universitaria contaba ahora con autoridades elegidas  democráticamente, con co-gobierno de académicos, estudiantes y personal no-académico,  a todo nivel. Los académicos más antiguos no eran mas “propietarios de cátedra”, se establecían criterios claros de excelencia académica para avanzar en la carrera académica y de eficiencia en la carrera administrativa.  Se comenzaba a elaborar un Sistema de Seguridad Integral del Estudiante, y se establecía un sistema de currículo flexible que permitía una movilidad horizontal transdisciplinaria  entre diferentes facultades y carreras.  En todo esto había un amplio consenso y concentrarse en la  profundización y expansión de estos aspectos habría conducido a una mayor creatividad y elaboración compartida.

Entretanto, las comunidades de las universidades del país, se abocaban a la aprobación de sus respectivas leyes orgánicas, los llamados estatutos universitarios.  En la mayoría de las universidades, el respectivo estatuto universitario fue aprobado  por medio  referendums y otros procedimientos de consulta democrática. Este proceso fue muy conflictivo pero la Reforma había ya establecido mecanismos de consulta democrática que facilitaron el desenlace.

El Congreso Nacional despacho estas leyes una tras otra, respetando la voluntad de las comunidades universitarias, y el Presidente Allende las promulgo sin vacilación  una vez que el Parlamento completo su discusión y tramite.  Pero este proceso de institucionalización de la Reforma ocurría cuando ya la lucha política en el país desbordaba los marcos del régimen institucional.

La FECH llego al golpe de estado de Septiembre de 1973 profundamente debilitada, habiendo perdido en buena medida,  su condición de organización representativa única de los Estudiantes de la Universidad de Chile. La polarizacion generalizada que había quebrado otras organizaciones sociales se expreso a fondo en el movimiento estudiantil de la “U”. He analizado en extenso este proceso de quiebre del movimiento estudiantil en el articulo referido mas arriba (Rojas, 1988). 

Son muchas las lecciones que se desprenden de lo vivido, subrayadas todas por la experiencia de inaudita represión que se hizo cotidiana desde el 11 de Septiembre de 1973 hasta los finales de la dictadura a fines de los anos ochenta.  La práctica de los valores democráticos en las universidades se había venido haciendo muy precaria. Paradojalmente, a pesar de avances democratizadores de la Reforma Universitaria, y de los mecanismos concretos que se crearon para la participación de los universitarios, los espacios fueron copados por la confrontación de las fuerzas políticas partidarias.  Esto no debe sorprender a nadie ni debe ser entendido –como la dijeran los partidarios del régimen militar- como que la universidad había sido “infiltrada” por las fuerzas políticas: la hiperpolitizacion partidaria de la vida nacional (que obedecía a razones históricas profundas) se expresaba por igual y con mayor razón en la universidad, puesto que no hay ningún aspecto de la vida universitaria que no tenga profundas connotaciones o implicaciones políticas.  Esto era una expresión mas de la insuficiencias de la democracia chilena, que tenia mecanismos muy débiles de mediación entre la sociedad civil y un estado fuertemente centralizador, lo que permitía (y en los hechos, obligaba) a los partidos políticos (el único canal eficaz de relacionamiento estado-sociedad civil) a articular todas lasa demandas e intentar dar dirección a los movimientos sociales que carecían de autonomía real.  Por supuesto, la solución de este problema era la creación de nuevos y más variados mecanismos de participación, representación y construcción de consenso, y, por ningún motivo, el establecimiento de una tiranía que cerrara todo el espacio de nuestra democracia representativa. Se necesitaba una democracia mas profunda, no la eliminación de la democracia.

El resto es historia conocida pero no, por eso menos dolorosa….

La Fech y el Golpe de Estado

El movimiento estudiantil y la Fech, como lo señalaba anteriormente, estaban profundamente escindidos y debilitados y poco o nada podía hacer en defensa de la democracia, cuando los militares, apoyados por la derecha y por el gobierno de EEUU decidieron tomarse por asalto el poder del estado y ocupar el país y las universidades.

Cuando el 11 de Septiembre de 1973, a las siete de la mañana, fui informado de lo que estaba ocurriendo, partí al Campus de la Sede Oriente (el Instituto Pedagógico de la Facultad de Filosofía y Educación) y desde allí hable por radio llamando a los estudiantes a resistir el golpe ocupando los recintos universitarios. Tal era la respuesta que habíamos planeado y eso fue lo que habíamos hecho en Junio de ese mismo ano, durante el “Tanquetazo”, aquel intento golpista previo que la mayoría del país había atajado.

Habíamos preparado una distribución de los dirigentes estudiantiles por sedes universitarias para una eventualidad como esa y los estudiantes mas cercanos a la Fech estaban organizados en brigadas por escuela.  La verdad es que aunque sabíamos que las posibilidades de golpe de estado eran reales e inminentes, creíamos que  si el Presidente Allende llamaba al plebiscito como planeaba hacerlo la mañana del 11 de Septiembre, se crearían condiciones para una salida democrática a la crisis.  Las Fuerzas Armadas lo sabían…Lo mas probable es que el gobierno (frente a la oposición unida de Derecha y DC) perdería  el plebiscito y el Presidente tendría que renunciar y llamar a elecciones, pero al menos se salvaría el régimen democrático.  Lo que nunca podríamos haber imaginado es que si había golpe, este alcanzaría los niveles de salvajismo y brutalidad que caracterizaron la acción militar.

Hacia las nueve de la mañana, unos mil estudiantes se habían congregado en la sede de Macul y lo mismo ocurría en otros campus universitarios.  Habíamos instalado altoparlantes en la Centro de Alumnos del Instituto Pedagógico  y desde ahí  se transmitía básicamente lo que las radios que apoyaban al gobierno iban diciendo.  Las radios se fueron silenciando una tras otra, al tiempo que oíamos las descargas de metralla, los bombazos y los desplazamientos de tanques, aviones, helicópteros y camiones militares.  Cuando Allende dirigió al país sus últimas palabras, que revelaban una increíble lucidez de visión histórica, oímos en silencio sabiendo que la derrota era inevitable.  Llegaron noticias de bombardeo en la Universidad Técnica, de ametrallamiento de obreros en los cordones industriales y finalmente vimos  y oímos los aviones que bombardeaban La Moneda.  Por supuesto, no teníamos armas y aunque las hubiésemos tenido, nada podríamos haber hecho.  Lo único que había eran piedras y neumáticos para barricadas…

Ya consumado el bombardeo a La Moneda, tanques y tropas de infantería comenzaron a rodear la Sede de Macul.  Entre los estudiantes concentrados había una espantosa confusión y el terror comenzaba a dibujarse en las caras.  No menos confundido que el resto y no menos asustado, intente algo, que visto en perspectiva, no era sino que la mas pura locura y que de paso demuestra hasta donde no podíamos concebir la situación que se abría en Chile: Acompañado de Elena, mi esposa,  corrí hacia la entrada de Macul en el Instituto Pedagógico, con la intención de dialogar con los militares y arreglar la evacuación pacifica del recinto, con la esperanza de impedir la ocupación y una masacre.  Al llegar a la salida, Fernando Ortiz, profesor y uno de los mas destacados dirigentes de la Reforma Universitaria (desaparecido después del golpe), se me puso delante y tomando me por ambos brazos me dijo: “Adonde va compañero Rojas?”  Cuando le explique mi intención me volvió a gritar: “Estas loco?  Ahora lo único que podemos hacer es asegurar que los estudiantes abandonen rápido este lugar por las puertas  traseras.  Y usted…muy Presidente de la Fech y Diputado de la UP será, pero yo le ordeno en nombre de la Dirección del Partido, que se vaya inmediatamente, una vez que termine la evacuación, a su lugar de seguridad”.  Vacile unos segundos y luego, empezamos a “organizar” el tropel en que salimos todos apretujados por las puertas posteriores del Pedagógico, que se desalojo antes de que los militares entraran. Iba con Elena y un grupo de estudiantes.  Finalmente, llegamos al “lugar de seguridad”, es decir las casas que cada uno de nosotros tendría que haber arreglado por anticipado para una situación de este tipo.

Comenzó ahí, un periodo de varios meses de vida clandestina, con traslados precipitados.  En la casa donde pasamos los primeros días, vivimos el terror, la pena y la rabia del golpe de estado.  Pronto leerían la primera lista negra, “Bando No 10: Ultimátum a los Dirigentes”, que incluía mi nombre (hoy en verdad, una lista de honor….).  La casa de la Fech, en la calle Villavicencio, justo atrás del  Edificio Gabriela Mistral (rebautizado  como Diego Portales por la dictadura), fue inmediatamente allanada y todos los archivos quemados.  Días después Pinochet instalaba a su “Secretaria de la Juventud” en ese lugar usurpado a los estudiantes. Se acabaron los conciertos al aire libre en la explanada, el casino, los bailoteos de sábado en la noche, los trabajos voluntarios, los sueños con la utopía que iba a ser nuestra.

Después, la mera sobre vivencia, 8 identidades diferentes, 27 casas, en las que rostros amigos, muchas veces desconocidos pero que nunca olvidare, me recibieron para compartir el miedo, el pan y el calor humano: la vida entera en cada minuto cuando no se sabe si habrá mañana.  Después un ano en una embajada, 17 anos de exilio y una historia larga que otros han documentado con elocuencia: el exilio….esa experiencia desintegración y recreación del ser, de la identidad, del sentido de la vida.  Esa perdida profunda que requiere la movilización de todos los recursos del alma para ser internalizada y trascendida, para crecer en ella.

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