"Anales de la Universidad de Chile" es la publicación periódica más antigua de América en lengua castellana. En su tiempo fue una de las revistas científicas más importantes del continente, tanto así que el célebre Alejandro von Humboldt, en su obra "Cosmos", recomendaba su lectura.

Fue fundada por el artículo 29 del Reglamento del Consejo Universitario, de 23 de abril de 1844, que establecía la publicación de las disposiciones legales sobre la Universidad o la instrucción pública; las memorias cuya publicación in extenso se aceptara; un resumen de aquellas no aceptadas; la Cuenta que el Consejo debía dar al Gobierno; una nota breve acerca de los funcionarios fallecidos, y los programas de la Universidad.

De esto se desprende que la revista tenía varios objetivos. En primer lugar - y en lo que se pone particular énfasis - concentraba el movimiento relativo a la instrucción pública del país en todos sus niveles, convirtiéndose en difusora de la gestión gubernativa y universitaria, en esta materia. Por otra parte, daba cuenta del trabajo científico desarrollado mediante la publicación de las memorias más calificadas presentadas a la Universidad en el año y, finalmente, era el órgano oficial para los asuntos universitarios.

El primer tomo se publicó en 1846. Su contenido corresponde a los años 1843 y 1844. Contiene los materiales dispuestos por el decreto ya citado. En sus secciones de discursos y memorias aparece la célebre pieza oratoria que el rector Andrés Bello pronunció en la ceremonia de instalación de la Universidad, el 17 de septiembre de 1843; y las memorias de Domingo Faustino Sarmiento sobre ortografía, de José Victorino Lastarria acerca de la influencia social de la Conquista y del sistema colonial, y de Juan Bautista Alberdi sobre la conveniencia y objeto de un Congreso General Americano.

En 1852 comenzó el canje de la revista gracias a la gestión personal de James Gillis, científico norteamericano, bajo cuya dirección se hizo la expedición astronómica al hemisferio sur entre 1849 y 1852. Junto con hacer importantes donaciones a la biblioteca universitaria, ofreció llevar a Estados Unidos las principales publicaciones del país, entre ellas los "Anales de la Universidad de Chile", para darlos a conocer en distintos centros científicos. Por intermedio suyo, además, la Universidad tomó contacto con la Smithsonian Institution de Washington, que tenía entre sus objetivos facilitar las comunicaciones científicas y literarias de las "naciones civilizadas".

Así, en corto tiempo la Universidad quedó vinculada, a través de la distribución de la revista, a diversos organismos culturales y académicos. Entre ellos se contaban la Universidad de Lovaina, la Sociedad Real Geográfica de Londres, la Sociedad de Anticuarios del Norte (Copenhague), el Instituto de Bolonia, la Universidad de Christiana, la Academia de Ciencias de Madrid, la Academia Imperial de Ciencias, Artes y Bellas Letras de Dijon, la Sociedad de Historia Natural y de Medicina de Guiseen y la Academia de Ciencias de San Petersburgo.

Inicialmente su edición presupuestaba un tiraje de 500 ejemplares, número importante para la época. No obstante, en 1858 el Consejo pidió autorización para subir la cantidad a 800 y la reedición de algunos volúmenes, debido al realce que la publicación había adquirido a escala internacional.

En cuanto a la dirección del periódico, el Decreto de su fundación estableció que ella correspondía al Secretario General de la Universidad. El 21 de junio de 1843 se había designado en este cargo a Salvador Sanfuentes, quien desde mayo de 1845 fue reemplazado interinamente por Manuel Talavera. Junto con la responsabilidad de preparar y leer las memorias anuales sobre la marcha de la Universidad, debió también, y por consiguiente, encargarse de la dirección de los "Anales de la Universidad de Chile". Cumplió esta tarea por cuatro años, durante los cuales aparecieron los tomos primero y segundo. Después de él fue, aparentemente, Andrés Bello quien, hasta 1858, se preocupó de su publicación, pues no hay pruebas que indiquen que el siguiente secretario, Francisco Vargas Fontecilla, participara efectivamente en esta labor.

En 1858 se designó a Ramón Briseño como director, cargo que ejerció hasta 1886 de manera brillante, creando el primer índice de la revista. En la sesión solemne celebrada el 6 de octubre de 1861, Diego Barros Arana, que en esa ocasión actuó como secretario general de la Universidad, elogió su labor diciendo que los "Anales de la Universidad de Chile" adquirían cada día más interés a causa de los trabajos allí incluidos.

En 1892, la Universidad publicó un trabajo titulado "Reparto de Los Anales de la Universidad de Chile" (Santiago, Imprenta Cervantes, 40 páginas), en donde se da una visión de su distribución y de las cantidades remitidas. El texto indica que se repartían 529 ejemplares, de los cuales 297 iban para casas de estudio y entidad gubernamentales chilenas, y 232 para universidades de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

Con la aparición, desde principios de este siglo, de otras revistas científicas y culturales, como la "Revista de Historia Natural", "Revista
Chilena de Historia y Geografía", "Revista Forense Chilena", y el "Anuario Hidrográfico de la Marina", una de las funciones básicas de los "Anales de la Universidad de Chile", publicar trabajos científicos originales, fue desplazada a otras publicaciones que tenían la ventaja de la especialización.

Desde 1869 se habían empezado a editar en tomos separados el "Boletín del Consejo Universitario" y las "Memorias Científicas y Literarias". En 1952 deja de aparecer el "Boletín...", y los "Anales de la Universidad de Chile" se convierten en una revista cultural miscelánea, fisonomía que se mantiene hasta 1971, con excepción de cuatro tomos de los años 1968 y 1969 que reproducen artículos de prensa, y documentos sobre la reforma universitaria de esos años.

Autores y materias

Dado el "éxito" logrado por los "Anales de la Universidad de Chile" cabe preguntarse acerca de la identidad y del número de autores que en ellos publicaban, así como de cuál era su vinculación con la Universidad.

Sabemos que no se trataba de un espacio destinado exclusivamente a los miembros de las Facultades sino que era una tribuna disponible para el conocimiento y difusión de los trabajos de calidad, sin importar quién los escribiera. A modo de ilustración podemos mencionar a Andrés Bello, Claudio Gay, Rodulfo Armando Philippi, Ignacio Domeyko, Gustavo Courcelle-Seneuil, Lorenzo Sazie, Alejandro Ciccarelli y Diego Barros Arana, entre muchos.

Temas privilegiados son aquellos relacionados con el reconocimiento topográfico e hidrográfico del país, principalmente de la zona sur, así como sobre mineralogía y observaciones meteorológicas. No menos abundantes son los informes rendidos al Gobierno sobre excursiones oficiales y exploraciones marítimas y lacustres. Probablemente, estos últimos incluidos por decisión de los editores. Integran este bloque, también, cartas de interés científico y traducciones, como la de un trabajo del destacado biólogo francés Claude Bernard, y reproducciones de artículos de revistas de reconocido nivel.

Creemos que tuvo incidencia en esto la presencia de figuras como Ignacio Domeyko y Andrés Antonio Gorbea, quienes desde la cátedra, el trabajo académico, las publicaciones y otras instancias fomentaron dichos estudios.

No menos importantes fueron las sesiones públicas - propuestas por Ignacio Domeyko - que la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas realizó en conjunto con la de Medicina, motivando a participar en ellas a los alumnos de cursos superiores y a cualquier interesado en esta área. De ello resultó una pléyade de colaboradores, a lo largo del país, que se encargaron - entre otras cosas - de registrar metódicamente los datos meteorológicos de sus localidades, haciéndolos llegar luego a Santiago para su publicación.

Ediciones

A lo largo de su historia, los "Anales de la Universidad de Chile" han tenido cinco series. La primera comprende desde la fundación hasta 1922, con 177 volúmenes. La segunda, de 18 tomos sin numeración, aparece entre 1923 y 1930. La tercera va desde 1931 hasta 1941, y la cuarta concluye en 1971, con el N° 160 de una numeración que comprende esa serie y la anterior. En este punto, la publicación se interrumpe por 12 años, hasta 1982, cuando se funda la quinta serie. Para ésta se dispuso un programa editorial que consultaba tres números al año, el primero de anuario, con los datos relativos a las actividades de los organismos de la Universidad; el segundo de homenaje a algún miembro académico de la Corporación, y el último de cuenta anual. Esta serie tiene 22 números y llega hasta 1990.

La historia de los "Anales de la Universidad de Chile" y sus avatares reflejan la historia del país y de su Universidad nacional.

En 1995 se inicia la sexta serie, con la cual la publicación recobra su condición de revista destinada a difundir los grandes contenidos de la cultura tal como ellos se reflejan, expresan y modifican en la institución universitaria. A ésta corresponde, además, anticipar los rumbos de la vida nacional, tarea que la Universidad de Chile ha cumplido a cabalidad desde su misma fundación. Aún la polisemia del término "Universidad" que hoy nos impide valorar la tradición de la más antigua y más compleja de las que existen en nuestro suelo, o el intencionado desconocimiento de que todas las otras le deben, directa o indirectamente, su existencia, o la incomprensión de la función social que ha desempeñado y desempeña, no consiguen reducir su importancia. Es en este sentido, de importancia, que reanudar la publicación de los "Anales de la Universidad de Chile" adquiere carácter imperativo. Como se aprecia en las Contribuciones que recuerdan parte de su historia, esta publicación tuvo carácter emblemático y fue espejo de los desarrollos en ciencias y artes desde su misma fundación. Está aún por escribirse la historia cultural de la nación chilena a partir de una lectura atenta y razonada de esa insustituible documentación que representa la colección completa de la revista. Ejercicio que tal vez diera orientaciones para dilemas actuales.

Por ahora, "Anales de la Universidad de Chile", adaptados al momento presente, retoman el diálogo sobre la Universidad y su entorno y quisieran convertirse en el foro crítico que precisan todas las instituciones de la cultura. En sus páginas tendrán cabida los docentes, investigadores, estudiantes y creadores, pertenezcan o no a la Universidad de Chile, que sigue estando caracterizada por el pluralismo, la tolerancia y el servicio a la nación.

En esta última serie, la revista se publica en dos números anuales, con la posibilidad de números extraordinarios y suplementos cuando el tema o las circunstancias lo justifiquen. Los volúmenes se numeran consecutivamente a partir del primero (1995), con la indicación de la serie (VI). La edición está a cargo de un Comité Editorial vinculado a la Comisión Central de Publicaciones dependiente de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos.

Basado en los artículos "Anales de la Universidad de Chile en la historia" y "Consideraciones en torno a los Anales de la Universidad de Chile. 1842-1879" de Antonia Rebolledo.

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