Anales de la Facultad de Derecho Vol. IX - Enero - Diciembre de 1943 - Nº 33 al 36
 O Historia y Profecia de la Democracia

II.- La Edad Media

Hay dos mitos propagados por la mala fe y aceptados por la ignorancia de la historia de nuestra cultura. Se cree que la democracia fué inventada por la Revolución Francesa. Y que es precisamente el triunfo de la Revolución individualista y pagana contra el obscuro despotismo de la Edad Media Cristiana.

Ahora se está descubriendo, al fin, por multitud de investigadores honrados, el valor real de la Edad Media Cristiana, y los políticos guías de las democracias futuras, esta buscando precisamente para no retroceder, sino conquistar una verdadera democracia. Los olvidados, desfigurados y desprestigiados valores de la cultura medioeval, la más integralmente cristiana, que dentro de la imperfección propia de todo lo humano, haya existido en la historia.

En la Edad Media, la nación de Europa más fuertemente cristiana es España. Hay autores que con válidas razones sostienen que no hubo en España un sistema feudal, al igual que en los demás pueblos de Europa. Y es que la independiente libertad inherente a la dignidad de la persona del hombre, a los ojos cristianos, dió a la organización española, esencialmente democrática (y los que la quieran hoy de otra forma, traicionan su historia y su alma) la arrogancia personalista de sus fueros, la violencia de sus comuneros y la fuerza moderadora de los Concilios para atajar los atropellos del poder real, mientras todos los imperialismos y las unificaciones absolutistas fueron importadas y no nacidas de la propia tierra generosa de España.

Santo Tomás de Aquino, la lumbrera de la Escolástica, de la Filosofía de Aristóteles, bautizada por el Dr. Angélico, bebe su inspiración jurídica y su filosofía en San Isidoro el gran Obispo de Sevilla, encarnación de la grande tradición española democrática que lanzaba a los reyes el desafío del "rey serás si ficieres derecho; si non ficieres derecho, non serás rey".

LA FILOSOFÍA ESCOLÁSTICA DE LA EDAD MEDIA DEFIENDE LA DEMOCRACIA COMO EL MEJOR RÉGIMEN DE LA SOCIEDAD CIVIL

Esto es ignorado hasta a veces por los filósofos católicos posteriores, que por medio al laicismo con que presentó la revolución los Derechos del Hombre (que en el fondo eran un llamado a los verdaderos principios humanos del Derecho Natural), escondieron el fundamento de la Democracia en la filosofía de la Iglesia de la Edad Media, así como los historiadores han callado el origen real del absolutismo. ¿ Quién no ha oído hablar como dogma infalible, como una adquisición definitiva de la ciencia histórica, que el absolutismo monárquico se fundara en la doctrina "del derecho divino de los reyes" que defiende la Iglesia Católica ? Es fácil con mera investigación debelar la mentira.

Ya San Juan Crisóstomo, padre de la Iglesia de Oriente (Siglo V), escribía bien claramente: "Se me objeta que según mi pensamiento todo rey es nombrado y constituído directamente por Dios", (tal fué después la teoría de Jacobo I de Inglaterra, herético, importada por Luis XIV). No, ese no es mi pensamiento. Lo que he dicho en este punto no debe aplicarse a cada rey en particular, sino a la, soberanía en general. Porque en toda sociedad debe existir un poder a hombres que manden y otros que estén subordinados a ellos; y tal es la ley que yo considero como obra que la sabiduría de Dios ha establecido, para que la cosa pública, no camine a la ventura y en medio del desorden. Es decir que la necesidad natural de una autoridad que dirija en la sociedad viene de Dios que creó así la naturaleza social del hombre. Pero no viene directamente a cada príncipe el poder de parte de Dios, con lo que no tendría que responder ante nadie del uso de su potestad. Absolutismo.

San Isidro de Sevilla dice: "La ley no es otra cosa que la constitución hecha por el pueblo".

Y el gran teólogo y jurista Suárez, émulo de Santo Tomás, siguiendo la tradición escolástica antigua, declara (Siglo XVI): "Que el poder civil, que se encuentra legítimamente en un hombre o en muchos, por derecho ordinario, HA EMANADO DEL PUEBLO, ni podría ser de otro modo para que sea justo". (De legibus, I, III, Capítulo IV, N.° 2):

Bajo la doctrina de la Iglesia Católica se organizaron en la Edad Media los gremios, de defensa de los artesanos, que destruyó precisamente la Revolución Francesa, gremios en que se protegía la dignidad del trabajo y la igualdad de la persona humana, ante los poderosos y ante el poder del Estado, como amortiguadores, entre el individuo y el poder público. Y las Universidades fundadas todas en la Edad Media con los auspicios de la Iglesia Católica tenían una autonomía desconocida hoy día, por la que hasta tenían propios tribunales exentos de la jurisdicción ordinaria para administrar justicia a los alumnos y maestros universitarios.

La tradición escolástica que vindica la Democracia es: opulenta. El padre Francisco de Victoria (el internacionalista) (1480-1546) ; Martín el Azpilcueta (1493-1586) ; San Roberto Bellarmino (Siglo XV); Duns Scott (1274-1308), siguiendo a Santo Tomas de Aquino (Siglo XIII), afirman que mientras es verdad que la existencia de alguna soberanía es de divina institución natural, el primer depositario del poder político ES EL PUEBLO. Y en esto esta la esencia de la democracia.

Como en nuestros días el celebre etnólogo, fundador de la escuela Histórico-Cultural, P. W. Schimdt, demuestra el origen histórico -asícomo los escolásticos tratan de origen jurídico- del poder civil, es en verdad la democracia, puesto que se originó por la libre unión de familias y tribus, gentes, clanes, sieppes, en una unidad mayor.

León XIII en la Encíclica Diuturnum III acepta como conforme a la doctrina católica tradicional el reglamento democrático. Y teólogos católicos modernos, y filósofos, como Billot, Billuart, Balmes, Concina, Costa-Rosetti, Castelein, el P. Pablo Hernández S. J., Com. de Suárez; etc., defienden también que la soberanía reside primariamente en la multitud, quien la encomienda a un mandatario suyo. Es claro que difiere, esta doctrina católica del poder civil, del origen que da Rouseau (fundamento teórico de la Revolución Francesa), al poder y a la misma sociedad, confundiendo la causa próxima con la causa primaria, sostiene que no tienen la sociedad ni la autoridad más razón de existir que la voluntad declarada de la mayoría del pueblo. Mientras la doctrina católica enseña, que por la misma ley natural que viene de Dios, es necesario que haya sociedad y que haya autoridad. Pero que en concreto la depositaria de ese poder es la comunidad, quien la ejerce por si misma o por un representante suyo, para dar mayor unidad a la colaboración de todos al bien común.

El "derecho divino de los reyes", de otorgamiento del poder directamente por Dios a la persona de cada rey, así como el Papa recibe de Dios la potestad espiritual, fué sostenido primero por la doctrina del rey protestante Jacobo I de Inglaterra y trasplantada después por Luis XIV.

Pero los gérmenes del absolutismo y de la negación tiránica de la democracia se encuentran ya en Felipe el Hermoso. en su querella rebelde contra el poder indirecto del Sumo Pontífice, en la persona del sabio canonista Bonifacio VIII, en la Edad Media. La Iglesia, por el Papa o por los Concilios (España), era el baluarte de la libertad de los pueblos y la moderadora de la ambición tiránica de los reyes.

EDAD MODERNA. En el Siglo XIV ya se iguala, al menos en Italia, las condiciones políticas del campo y de las ciudades.

Se inicia en Europa el movimiento de las nacionalidades. En vez de una como federación de pueblos cristianos, se agrupan las organizaciones políticas en Estados más fuertes. Desaparece algo del concepto cristiano de unidad de la cristiandad, y los poderes absolutistas robustecen la centralización del poder público.

Maquiavello, autor de II Príncipe, es desde entonces el maestro de la politiquería y del cinismo de la "razón de Estado" como suprema fuente del derecho positivo, sin respeto alguno al derecho natural.

Florencia, la única ciudad de Italia constituída como república, y consagrada en la puerta de entrada a la ciudad de Cristo, como único señor, es la Atenas de la libertad y del arte y la ciencia, único refugio donde pueden resonar la sincera palabra del loco SAVON AROLA.

El Renacimiento.- Los Descubrimientos.- La Reforma

El Renacimiento, que no es tal. Puesto que ninguna época de la historia puede ostentar mayor numero de genios como la Edad Media del Siglo XIII, ni un más claro fundamento y práctica de la democracia, es decir de un humanismo realista, es una vuelta a la antigüedad pagana, y es de un esplendor puramente superficial y barocco. Los Descubrimientos, especialmente el de América, traen la "democratización de la vida" con el nuevo tipo social del aventurero y la novela característica de España con el estudio de los "pícaros". La Reforma protestante, fué preparada ya desde 1360 con las rebeldías de John Ball, que pretendía en Inglaterra una especie de comunismo; de Huss en Bohemia y Wicliff en Alemania, y el estado de desorganización alemana y de relajación de los príncipes eclesiásticos prepararon el terreno, para la gran escisión de la Iglesia Católica. Partición que destruyó la democracia nacional y la Cristiandad internacional. Lutero comenzó por poner su Iglesia bajo la protección de los príncipes y comienza la era de las iglesias nacionales, esclavas del poder civil, como la Griega llamada Ortodoxa bajo los Zares, hasta la revolución soviética que la barrió brutalmente, purificándolo sin querer. Calvino, el teórico del protestantismo, es el gran precursor del capitalismo, que por eso triunfó primero en las naciones protestantes, ya que en su doctrina los éxitos temporales en los negocios son signo de la aprobación divina de la conducta moral de cada individuo y de los pueblos. Debilitada en gran parte de Occidente la influencia del Papa, los reyes no tienen ningún contrapeso para ejercer su despotismo.

Las Revoluciones

La Revolución Americana.- La Revolución Francesa. La Revolución Rusa.- Fascismo y Nazismo.- La Nueva Democracia.

La Era del Romanticismo reemplazó los claros y graves principios intelectuales del pensamiento cristiano medioeval, por la expansión del sentimentalismo de inspiración cristiana y el culto vago y sentimental de la libertad, con nostalgia, en medio de un ambiente opresor.

Rousseau enseñó la bondad ilimitada del hombre a quien la sociedad que no es exigencia de la naturaleza, sino resultado de los hombres, corrompe y maltrata. El naturalismo pretendía dar libre expansión a toda tendencia humana, ya que el hombre tiene la santidad de un salvaje en la libertad limpia de sus bosques.

Juan Jacobo Rousseau era un católico sentimental durante largos años, y opone al pesimismo protestante un optimismo inefable. Es ante todo un sensible romántico, capaz de una inconsciente duplicidad que alguien llamó "mimetismo de la santidad" . .. (Ver "Les trois Reformateurs". J. Maritain). se llama a sí mismo el más virtuoso y el más humilde de los hombres y es seguro que lo creía. Da lástima de su extravío soñador; pero parece incomprensible que mientras poco después de su muerte se hicieran peregrinaciones para contemplar sus zuecos, hoy se trate de ver en su Filosofía fofa el fundamento de una democracia que se basaría precisamente en que el hombre hade vivir apartado de sus semejantes, libre como un animal salvaje, y que la soberanía del pueblo consista no en que resida en él la autoridad que el Creador entrega a la sociedad, sino un antojo de la mayoría que decidió que el hombre viviera en sociedad, a pesar de ser la sociedad la que corrompe al hombre y ser la soledad el estado ideal.

Los santos laicos amaestrados por Rousseau, afilaron las uñas de su romanticismo y creyeron que degollar a un rey era hacer la democracia, dejándola hasta hoy, en que la purifica la sangre, sucia de sangre.

La Revolución Francesa no creó la democracia que había oscurecido el absolutismo de los Borbones. Preparó el camino tras una breve orgía de cruel romanticismo del animal salvaje de Rousseau, a la dictadura de Napoleón.

La Revolución Rusa de 1918, no creó tampoco una democracia en reemplazo del inhumano autocratismo de los Romanof; preparó después de un delirio sangriento entre las nubes ingenuas de la noble utopía, el camino a la dictadura de Stalin, que hoy, lo esperamos, convertido por voluntad inescrutable de la Providencia en uno de los salvadores de la democracia, puede occidentalizar a Rusia que se ha quedado siempre a la zaga de Occidente a inyectar en los anhelos informes de justicia que el ideal soviético soñaba una democracia realista y fuerte.

Sin embargo, no se pueden condenar sin beneficio de inventario, como lo haría el monarquista o el capitalista, los ideales de ambas revoluciones, aún condenando todos los excesos antihumanos, que siempre lleva consigo la bestia humana cuando se enardece tras de larga contención.

La Revolución Francesa, aunque mal fundados en la filosofía de Rousseau, y más desprestigiados después por la pacotilla de la Enciclopedia, afirmó los mismos principios cristianos de libertad, igualdad y fraternidad de todos los ciudadanos, contra la negación de los derechos humanos esenciales quo habían erigido en sistema los absolutismos reales de Borbones y Romanoff.

La Revolución Soviética, fundada en la crítica genial de Marx al capitalismo inhumano, a despecho de la falsedad del materialismo histórico, de la mentira parcial de su teoría de la plusvalía y del falso remedio de abolición de la propiedad que creó un amo mucho más humano, cual es el Estado, llegando así lógicamente al totalitarismo estatal, contiene y realizó progresos democráticos evidentes.

Igualdad de educación a todos sin distinción de clases, igualdad de derechos a la mujer que al hombre (lo que disminuyó la prostitución en Rusia Soviética), preparación técnica moderna de los trabajadores, nivelación de las clases sociales. Y a pesar de haber pensado abolir la religión, la familia y la propiedad, se mantiene la familia monógama (se abolieron las leyes de aborto legal), se mantienen las industrias y propiedades particulares, pero en función de bien común y la religiosidad inestingible de su pueblo, aunque mezclada a la supertición y al sentimentalismo ancestral, han dado fuerza espiritual a sus héroes de la libertad en la guerra actual.

La Revolución Francesa soñó románticamente en la creación del "citoyen". La Revolución Rusa realizó prácticamente la democratización del Estado; pero todas las revoluciones han sido obra de una aristocracia, principalmente de tipo intelectual contra la decadente de la sangre. La historia de este último siglo nos presenta al mundo en una enfermedad de delirio maníaco-depresivo: épocas de desesperante desilusión y revolución breve y anarquía, para levantarse el monstruo del Estado mas inhumano en cada dictadura.

El optimismo de Rousseau ha llegado a la utopía comunista.

El pesimismo de Nietzche y de Maquiavelo, al totalitarismo.

Lejos de crear la democracia, la Revolución Francesa, a la que imitó la rusa, indican el paroxismo de la supertición antidemocrática. El pueblo no se sentía soberano, hasta cortar la cabeza del fantasma real. Para reemplazarla por otro amo.

Las revoluciones producen miedo a la anarquía y el miedo tiene fuerzas enormes que concentra en el dictador. Sólo la supresión de la anarquía puede acabar con las dictaduras de G. P. U. y Gestapos. Para eliminar las anarquías se necesita justicia y pan.

Las Democracias de América

La primera realización moderna de una verdadera democracia es la de la Revolución de los Estados Unidos de América, a la que imitaron copiando a la vez las doctrinas francesas, las Repúblicas Latinoamericanas.

La Constitución Política de los Estados Unidos en este magnífico preámbulo: "We the people of the United States, in order lo form a more perfec union, establish justice, insure domestic tranquility, provide for the conmon defense, promove the general welfare and secure the blessings of liberty lo ourselves and our posterity, de ordain andestablish this Constitución for the.U. S. of A.". (1787).

Es la majestad de un pueblo que siente la grandeza democrática, y que obra. con cordura y no arrastrado por un fugitivo instante de locura.

Y es que el origen histórico de los Estados Unidos tiene un sentido de emancipación espiritual. Tanto los peregrinos de Plymouth, los Puritanos de lateocracia de Massachussets, Roger Williams de Rhode Island, los perseguidos Quáqueros de William Penn, los de Wesley, los de Oglethorpe de Georgia y los católicos de Lord Baltimore de Maryland (la tierra de María) vinieron a América, huyendo de la tiranía religiosa, especial mente bajo Cromwell a buscar una tierra donde pudiera haber "libertad y justicia para todos".

Como decía el primer jefe de la Democracia Americana: "Our fathers brought forth on this continent a new nation, conceived in liberty and dedicated lo the proposition that all men are created equal". (Washington). Y lo ha cumplido mejor que ninguna otra democracia.

Y esa democracia, que corrompió después el materialismo capitalista de Calvino, ha conservado siempre en el fondo los sentimientos religiosos cristianos de todos sus grandes leaders.

Jefferson: "The doctrines of Jesus are simple and tend all to happiness of man..".

Adams: "Without religion this world would be something not fit lo be mentioned in polite society, Ymean Hell".

Lincoln, que definía su vida como "los cortos anales de los pobres" y que tenía por lema,: "The will of God prevails", que hoy todavía sostiene a su pueblo en la lucha por la libertad de todo el mundo, tiene esta hermosa profesión de fé: "Yo creo en Dios, el Altísimo Legislador de las Naciones, nuestro Grande y Bueno y Misericordioso Hacedor, nuestro Padre del cielo, que sabe cuando cae en la tierra un gorrión y tiene contados todos los cabellos de nuestra cabeza.

"Creo en su eterna verdad y justicia".

"Reconozco la sublime verdad anunciada en las Sagradas Escrituras y demostrada por toda la historia, que sólo son bendecidas aquellas naciones cuyo señor es Dios!".

Mientras W. Churchill, en la monarquía democrática de Inglaterra lucha desde largos años por la justicia social en el trabajo, Roosevelt con el combatido New Deal hacía, acompañado de Mr. Wallace, una revolución social de inmensa eficacia realista.

Y hoy día, en esperanza de una futura democracia real y universal, en concordia con los principios de la Carta del Atlántico, de los Puntos de Paz del Papa Pío XII y de las Declaraciones de los Obispos Católicos y Protestantes de Gran Bretaña, que coinciden en la perfecta concepción de una junta democracia cristiana social a internacional, resaltan como promesa de una construcción justa del mundo posterior a la guerra, que es una revolución de la libertad contra la tiranía, de los derechos de la persona humana contra las elucubraciones antihumanas de la geopolítica nazi, las cuatro libertades, base de una democracia, que señala el Presidente Roosevelt, a quien acompañan todas las democracias de la América nuestra:

1. Freedom of speech and expression...

2. Freedom of every person lo worship God...

3. Freedom from want...

4. Freedom from fear...

Libertad de expresión, libertad religiosa; libertad del hambre, libertad del miedo.

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