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Cyber Humanitatis Nº 32 (Primavera 2004)

 

Poemas inéditos de Christian Formoso

 
 

 

CHRISTIAN FORMOSO nació en Punta Arenas en 1971. Es Licenciado en Educación por la Universidad de Magallanes. Ha publicado, entre otros poemarios: El Odio o la Ciudad Invertida (1997); Memorial del Padre Miedo (2000) y Estaciones cercanas al sueño/Los coros desterrados (Punta Arenas: Ediciones Universidad de Magallanes, 2003). Ha obtenido, entre otros reconocimientos, la Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura en 1999, y el Premio Binacional Literario de la Patagonia, versiones 1998 y 2000. Ha participado en encuentros nacionales e internacionales de poetas jóvenes, siendo además gestor de numerosas iniciativas de difusión de la literatura en la Región de Magallanes. Poemas suyos aparecen en: Al Tiro, Panorama de la Nueva Poesía Chilena (Buenos Aires: Ediciones Vox, 2001) George Trakl. Homenaje desde Chile (Santiago: Editorial Universitaria, 2002), Antología de la Nueva Poesía Chilena (Santiago: Editorial Universitaria, 2003) y Cantares: Nuevas Voces de la Poesía Chilena (Santiago: Lom, 2004). Los poemas que presentamos a continuación pertenecen al libro inédito Puerto de Hambre.

 

II

EN PUERTO DE HAMBRE AÚN ESPERAN
LA LLEGADA DE “NUESTRA SEÑORA ESPERANZA”

 

JUAN MANRIQUE, SOLDADO, NATURAL DE MEDINA DE RIOSECO

Aúllo para huir del horizonte, del tiempo del hijo melancólico como una piedra marchita, del tiempo herido por su premeditada derrota, arrojado a esta orilla por una vieja ola, y permanezco ciego y atento a la marea, a escuchar el lamento de gaviotas y el vuelo plácido del viento, perdidamente ensimismado y envejeciendo, perdido entre las hojas mortales de la esperanza, sin ánima ni aura, sin destino, muriendo entre las fauces de un minuto sin tregua.   De tal modo me levanto, me retracto de mis días y mis noches, rodeado de animales y fantasmas. Y paso entre unas pocas mujeres intocables, y entre niños llorosos y municiones herrumbrosas. Y caen a mis pies las estaciones diariamente, en la tregua del sol descolorido, y caen señales tan llenas de despojos, entre grandes rocas y sobre acantilados, como alas empapadas, a morir entre las piedras. Y así por cada piedra, eternidad partida ahogada en una gota; resplandeciente hijo de la brecha y la conciencia. Voy con la sangre hundida en mis escombros, y una hembra ardiendo en cada dedo de la noche, con resistencia y furia respiro mi esperanza, y me devora el corazón este desastre.

Así, de cuando en cuando, voy donde llaman mi alma compartida, y me dibujo una palabra en la mejilla, en mi cadáver donde brota el manantial de la verdad. Porque quiero ser herido por mi forma desmembrada, por mi seca victoria sobre el tiempo de los dioses. Yo quiero recordar la medida de mi estrella tendido sobre el duro despertar de mi ceniza. De pie, llorando sobre el aire endurecido, en la ausente, en la cansada presencia de lo eterno, callando la sentencia que se lleva la raíz al imperio de la noche.   Yo desciendo a los rastros más oscuros, a mi huella ante el pie del adversario, ante el tiempo soñoliento y enfundado en la rueda de los cielos ateridos.

Yo bebo de mi copa polvareda y maldigo cada tarde de esta tierra, y me recreo en las olas transitorias y el tranquilo destronar de funerales. En mi vestido hay un recuerdo transformado: un hijo de la nieve, callado por venganza, blandiendo un arcabuz como una estrella.


JUAN MARTÍN, SOLDADO, NATURAL DE ESTEPA

Estos navíos me han devorado la lengua, con su disparo rojo en la cabeza de los mares, en las banderas que sisaron mis nombres y les ahogaron sin piedad entre sus barcos, con una vela quebrada en un oasis marino, con oraciones mortuorias y legiones mortuorias, con la ciencia de la estrella perdida que yo amaba.

Yo era una rama entre los ríos de mi patria, y me vestía con el agua de sus rastros, con el follaje de la brisa perfumada, con la humedad de un cielo de raíces. Y pasaba entre otros con orgullo, con pabellones de hermosas rendidas en la noche y una mirada de fuego entre los labios. Porque se hacía más grande en mí la sangre, más fuerte en cada copa de la aurora, más dura en la montaña de mis ojos, con tranco de guerrero y residencia.   Más no pedía oír y no escuchaba.

Entonces vine a dar con los navíos, por dar un pie enredado en la marea, por dar con otras bocas en los mares y en islas donde el sol se hace mujer.

Yo sería capitán en la derrota, pero un señuelo seco me llamaba, haciendo a mi medida la fosa de la tierra, haciendo un reguero de cenizas y de lágrimas.  

Yo caminé entre jarcias -mucho antes de ver el fondo de los mares- y levanté el pendón de la batalla y de los besos, y una substancia de roca corrió en mis venas al entrar en otra sangre: Yo imité los ríos perdiéndose en la mar.

Tan cierta y natural fue mi cobija, que nada mortal me parecía, hasta que vine a dar con los navíos.

Así, me despojaron de mi lengua, la llevaron peces río arriba, en la geografía blanca de su especie,   hasta dar con la boca de la muerte, por donde ahora hablo.


DOS MUJERES CERCADAS POR EL ATARDECER

I

-Oh dios, levanta mi cabeza sumergida en este ancho caminar de los abismos. Demonios me han vencido, me han traído su correa de lamento, de fuego alimentado con sangre, hecho pálido desvelo en la llama de una promesa impura, escondida como ando y temblando, entre los árboles,   escondiendo mi pecho sediento. Y le doy agua con su boca de mañana, y le doy de comer con su mano escondida en lo hondo de las hojas, en la suya madera húmeda del bosque que recibe mi mancha como una hora de crepúsculo en su guante enrojecido, en mi boca enrojecida, con las paredes echando aire por hablar sin   boca ni denuncia. Es todo lo que doy de mí estas noches, tendida a su lado como un río de calores y de sombras transformadas. No tengo otra esperanza más que ver, este día llegando hasta la noche.

II

Hijo, mío amado hijo de piedra, esta cárcel de tierra me aleja de tu mano echada en la marea, de tu voz que viene a cerrar mi sangramiento, estoy lavando tu nombre y disputándolo a los muertos. Y ahí va - dicen los otros-   mostrando mi mortaja, mi resto coagulado de alegría. Pero dolor, promesa de mi gozo, aire de mi lecho abandonado y taciturno ¿qué cortó tu respiro, hundido en la espesura de la muerte y de este bosque, ahogado en la rompiente de mi llanto? Yo habría andado por ti hasta las horas más frías, y habría hecho por ti una nave feliz yendo a otras estaturas. Mas ya no puedo estarme quieta, tranquila entre el desvelo y la luz muerta, sabiendo que te llamo y por respuesta hay un coro de palabras no dichas y enterradas, que no tengo otra esperanza más que ver, este día llegando hasta la noche.


UN NIÑO PIDE ENCONTRAR LA ESPERANZA

Detrás de la pared de la iglesia
yo pinté el ese barco que yo pido
para Navidad, yo pido cien barcos
entrando en el Puerto antes
que yo sea grande quiero
y también cien barcos de juguete
y un árbol lleno
de cosquillas, de terror.
Pero mejor los barcos y no
más lágrima para mi hermano, ni palabra
de mi madre, sino barcos
ese barco, uno, por favor
te prometo, portarme
bien yo quiero
que los barcos
me lleven hasta el sol.
Muchos más barcos quiero
cien más barcos, mejor
que sean mil.


Puerto de Hambre II

 

CARTA DE MAREAR PARA SARMIENTO EN MAGALLANES

 

 

CARTA DE MAREAR

Cada fragmento, cada resto de este paso cercenado
como vestido funerario entibiado por el sol
e invencible, como un fuego liberado entre grandes animales mudos
extinguido, en una piedra de aire, por un sueño escondido
va en el guante del origen hasta el río del carbón y del acecho
y de sus fastos amanecen las palabras de la ruta
y las palabras de la ira y de la angustia que dan forma al corazón
entre constelaciones y basurales, constituyéndose  
haciendo el súbito sonar de la materia, condenado.

Hay un despojo de valor entristecido
sabiendo hundida la armadura de quimeras  
a mis pies se amontonan, congeladas, grandes lágrimas
y otras aguas tentativas que de la mía nacieron
con un hambre tenaz en la planicie despoblada
como raíces en un paso encarcelado o el oprobio
de una derrota en las venas del Estrecho
anclada, carcomida
de peces y de óxido.  


I
No fue este bosque el herido sino su sien

II

CRÓNICAS
años de derrumbe con largas túnicas

FUERTE BULNES 1

Fuerte Bulnes
60 kilómetros
al sur de Punta Arenas
está ubicado en el área
que recibió el colonizador español
-Bahía Mansa- y, siglos después
la ocupación de nuestro país
a través de la toma de posesión
en la punta Santa Ana.

La queja más frecuente
de los turistas nacionales
y extranjeros que lo visitan
es la falta de información.

No hay material escrito
disponible. La señalética
  que alguna vez existió
en pedestales ubicados
al interior del fuerte
fue arrancada de raíz .

En el acceso principal
a la puntilla
no se ha repuesto
la pasarela del pórtico
que marcaba el ingreso
a la punta geográfica.
Falta un museo
que muestre a los visitantes
el significado del lugar.

Las construcciones de madera siguen vacías.
La gente abre las puertas
encuentra nada.

De ahí que surgen ideas
como -por ejemplo
la que entregó una persona-
de poner maniquíes
vestidos a la usanza de la época
de los colonos que llegaron a este lugar.

Lo que vale la pena resaltar
es la limpieza.

Actualmente la administración
la tiene el municipio de Punta Arenas
y se nota el esfuerzo
por mantener aseado el lugar.

Por estos días, incluso
llegó una cuadrilla municipal
a cortar el pasto.

la espada ROTA 2

Condénase al reo Cambiaso
a ser degradado, fusilado i descuartizado
a hachazos en sitio público
como autor de sedición a mano
armada, homicidios reiterados
robo y piratería
incendio y asalto.

En la justicia del acto
mandará al tambor el Mayor
que toque un redoble largo.

El fiscal con voz comprensible
dirá esta espada que ceñisteis
por el honor que la nación
os hizo ante al enemigo
i por las leyes será rota
por la fealdad de vuestro delito
por escarmiento a quien no obedece
la consigna del deber.

La mandaré arrojar (rompiendo
la espada) vean de ejemplo
i testimonio que habéis mancillado
vuestra investidura militar.

A continuación se despojará
al reo de su uniforme
desprendiendo violentamente
presillas y botones.

Con el ajusticiado vestido
con una túnica blanca
se cumplirá la sentencia.

III

No fue este bosque el herido sino su sien


El PARQUE MARÍA BEHETY RECONOCE HERMOSOS SUS SUICIDAS

I

Desde el hondo estanque, brotada, a veces seca
va en el beso de la víspera la copa del anuncio.
El viento de las hojas y el argento de los hielos
afilan en el agua la herradura de sus reinos.
La noche desbocada ensombrece mis caminos
y el ruido de la sangre y el brío del granizo.  

Es la aurora de un día no resuelto
una voz peregrina: no amanece.

II

Entra ahí, enemigo perpetuo
en parte muerto, sonámbulo en parte
siguiendo la mano del crepúsculo
la estela funeraria del canto del sol
solo con ramas y cuentas, en tu frente, quebradas
combado por la llama y el río de mi sangre
que los días van bajando tristemente su escalera
a ver las olas muertas en el fondo de la mar.

III

Acógeme en tu savia, árbol suicida
más bello que la nada aquí en mi mismo  
más curvada por el viento tras la rama
veo mi alma enemiga ensordecida
escapando, al encuentro de las aguas
creciendo lentamente en tus raíces.

CARTAS PARA REINAS DE UNA TIERRA QUE NO TIENE PRIMAVERA

I

Confesiones que viven donde se injuria la primavera. El murmullo del río se despide y permanece por que el viento escriba las bocas de las que han sido amadas como se ama las más bellas, y han crecido los bosques por esa letra en los techos, y ha cantado la tierra su amor de movimiento. Mas, si a causa de agravio temblara, o al   pedir un beso el mundo detuvieran, o el vuelo confundieran las aves con sus manos, y no cambiaran las bayas sus monedas, las almas que murmuran en el bosque que aún la vida ha sido breve pero ha sido, y más aún, las estrellas, luminosos fantasmas del tiempo que la noche regala, que confiesan, palidecen aún al recordarlas, al verlas, que amanecen las noches y que ante tal belleza la muerte se estremece, o es que a causa del fuego hemos visto la sombra – dicen - o es que un día iluminado en la planicie guarda un misterio más alto que este amor?

Confesiones que viven donde cala ofendida la primavera, y se duermen con un canto hallado en la sangre, con ellas, que a la puerta invisible de los días llaman, y entonces cantan los pájaros y los ríos prolongan sus valles, y cantan las tempestades y los pastos, y aparecen y desaparecen los astros, en delirio con el mundo.  

II

Ahora que recorro tu alma, un ángel muerto pasa tendido en el viento amargamente. Como te has ido abre sus ojos, llora la muerta mañana en un silbo claro, deja tu nombre en los cerros, en los sotos; con alas diminutas inventan los zorzales, por vez primera, una vez más la alborada. Alma de mi alma toda la noche te he recorrido. Sobre los techos el viento repasa sus viejas tareas y advierte que mi nombre es un incendio que temprano ha de extinguirse.   Si escucharas el fuego de mi memoria, la ardiente canción de los astros que incendiaban la noche que más te amé. Mi sombra ha caído despacio desde entonces. No quiere despedirse del agua que festejaban tus manos, con la boca de todos los santos al unísono, con el viento quieto de mi corazón en tu corazón. Y me querías regalar tu mañana más hermosa, conmigo querías despertar una mañana y contemplar el cielo limpio sobre el cielo. Mas, tantas veces dormí contigo, tantas veces desperté con tu alma prendida a mi pecho, corriendo tantos ciervos en la noche desterrada, porque sabía las mareas subirían lo imposible y habrían de llevarte a desposar con mis desvelos. El agua traía las mañanas que tú amabas, y te besaba la frente, y esa agua contenía tu alma tan parecida a las nubes. Toda esa agua, es verdad, amada mía, era todas esas mañanas que despertaba contigo. Por las noches me despedía llorando con el canto de quien se queda y descansa en los valles más bellos: ahí entré tantas veces con el fuego de los dioses, para encontrar una pureza, un fuego más poderoso que el fuego de mis cansinas palabras.   Pero te has ido, tan ahora, tan lejos, y estás tan cerca como la estrella más sola, porque sigo encontrando en tus ojos las inquietudes perpetuas de mi viejo fantasma, que en el viento ronda tu casa y toca tus manos, y que en el viento te besa la boca, con el latido de estrellas, en el fulgor de tu espléndido corazón. Es que hallé la mañana prendida a la leche invisible de tus pechos, al suave amparo de tus piernas. Di en tu cuello con las palabras más delicadas, en tus manos con el color invisible del viento. Por eso sé que alguna vez, aunque diré ya no te amo, algo de mí te seguirá amando. Mi voz, una cadena de miedos, se queda en los estanques del bosque adonde quise llevarte a escuchar el triste arrullo: aquellos que se han ido y con quienes siempre hablo de ti. Perdona la sombra que encontrarás temblando entre tus sábanas, pues algo quedará latiendo infinitamente entre nosotros. En mi recuerdo habitará un color que sólo ha de pintarse de nuevo con tu boca, el ritmo de palabras que nacían heridas de muerte cuando yo entraba en tu alma. Perdona la sombra que en tu casa crece y crece, pues sólo he sido un árbol cansado de medrar en la piedra, un árbol cuya sombra amainaba en tu patio, y cuyas ciegas raíces ahora crecen bajo tu sueño. Así te llama mi corazón, mi sombra a menudo parte y se va a otros rincones, hacia otras calles más amargas. En la visión de la noche, así te llama mi corazón.      Para   mirar te miraba largamente, y de mis ojos salías tú misma a ver las estrellas, como arrepentida de encumbrar tanta belleza ante los astros. Ahora nada tengo sino el consuelo de saber que todos los colores que ya me huyen y se hacen espesos y entran en las mañanas, que todas las palabras que cayeron a tus pies, las que llevaban la sombra de una canción triste y el repicar cansado de estrellas y el movimiento de los planetas y los astros y el reino de los ángeles y los dioses, todo será nada aquel día que volvamos a encontrarnos: Será en la secreta casa de la noche y la muerte se estremecerá de vernos.   Como todos los días, nos tenderemos juntos a esperar la mañana.


PUERTO DE HAMBRE III

 

REVELACIONES DEL PANTEONERO

Después de haber repasado estos textos , sólo me queda escuchar el quejido interminable del panteonero. Así denominaban los antiguos magallánicos -según cuentan- al viento del suroeste, por venir siempre del lado donde estuvo el primer panteón o cementerio de Punta Arenas.

Carlos Vega Delgado
El fin de una cultura .

II

EL CEMENTERIO MÁS HERMOSO DE CHILE

CANCIÓN PARA LOS NIÑOS MUERTOS

Muchos mitos se tejen sobre el Cementerio Municipal de Punta Arenas, conocido míticamente también como el más hermoso de Chile. Se dice que desde 1894 a la fecha, albergaría a un total de difuntos equivalente a la población actual de la ciudad.

LA PRENSA AUSTRAL

Reina aquí, junto al mar que iguala al mármol
entre esta doble fila de obsequiosos cipreses
la paz, pero una paz que lucha por trizarse,
romper en mil pedazos los pergaminos fúnebres
para asomar la cara de una antigua soberbia

ENRIQUE LIHN
Cementerio de Punta Arenas

 

“¿Qué es esto? ¿De veras que es la muerte?”
Una voz interior contestaba: “Sí, es cierto.”
“¿Para qué este sufrimiento?”
Y la voz contestaba: “Para Nada”

Leon Tolstoi
La Muerte de Ivan Ilich


VÍCTOR GUTIÉRREZ
Y 11 – 08 – 1983
  † 20 – 12 – 1991

María ahora escucho
me levanto más temprano
no me puedes dejar
está oscuro escucho
María huérfano dice
mi juguete más roto
que la llama de mi hermano
a media mañana erguido
tomado de la mano
entre las piedras subiendo
hasta la casa de Abel
hasta la casa de Pía
donde le digo caí
donde Cristian no me deja
y le digo que no sea
malo, que me lleve
de la mano que la mano
de la leche no se llama
como yo le decía
como Cristian decía
que se llama turbio
frío, oscuro que se
llama feo por qué
me dejaste ir
por qué me dejaste aquí
hermanito, todo mojado
todo hecho agua y con la tierra
en los ojos y en la boca, todo frío
si tú sabías
que no me gusta ir solo
si tú sabías
que me da miedo
cuando está todo oscuro.


NORA TRIVIÑO RUÍZ
† 24 – 6 – 1934

No voy a prestar
le voy a decir que no voy a prestar
mi soga chica esa mi puñado
chica mi muñeca mi piel
que mi ella me dijo que
no la otra vez y ahora dice y
llora y le digo no porque
no porque quiero
llevarla al patio
cuando salga mañana
hermana que no   
te presto mi no
importa que llores, no
importa que acuses
total
qué van a hacer
ella, él
cuando quieran
gritar.  


CARLOS NAHUELPAN
  † 18 – 11 – 1987

Trae para acá me dicen
trae para acá que me calle
me dicen todo me dicen
todo malo hecho rojo
verde quieren que saque
siete, verde, azul
que no pegue me dicen
cuando pegan, que no llore
me dicen cuando lloro
que no sé, se ríen
que no pase
que no hizo, qué no trajo
que está bien que llore
que mire a otro niño
que no tiene qué comer.

me llama, me da a la fuerza
me deja sin ver
cartones monos perdidos

mejor no hubiera sido tu hijo.


GERARDA ROSAS
† 26 – 07 – 1995

Veo que el sol
baja sangrando a la cabeza de mi madre
y su cabeza es un patio
y la cabeza ensangrentada del sur.

La mañana saluda con su mano recién desenterrada
mi madre, con el sombrero mojado del alba.

En la cocina, la ventana despedaza el horizonte.
Yo hija amada mordisqueo un mendrugo
yo hija abandono la cabeza de mi madre.
Me desconcierta el vuelo veloz de una mosca

La mañana saluda con la mano de mi madre
recién enterrada
renaciendo.


cantos funerarios de muertos transeúntes

LEONARDO GARCÍA
† 28 – III - 1953

La raza, la especie, la miseria
el poder que bajó de los árboles
de ramas hice mi aburrimiento
lo feroz a una hora aún ahora.

Todos saben
todos llevan hace tanto
el corazón por los suelos.

Oh, lengua destructora
ni poesía, mi dios
no creo nada.

Moriría, para ensuciar el mundo.


MIGUEL BAVIC
† 9 – V - 1955

Día a día el oído afino
y el ojo se aja
y estremece la carne.
Día a día
el tiempo entra y sale
de mi carne y del río
y del mar amarillo
y del mundo  
y del monte
reventando de tanto muerto
porque algo se levanta
cuando todo debiera
usted sabe
hundirse.

Recuerdo, hay un barco
que tomamos, decías
que lo que importa
qué importa
es el viaje
dime ahora cómo
se dice yo, decías.

¿Y el pájaro muerto
suspendido en los ojos
cuando llamaba la noche
en un silbo negro?
Te preguntaba porque quería
ser el doble del mundo
y el corazón, también.

Botón gris, luz amarga, miel
alimento sin fulgor, tú
oh, Padre mudo
sangre de mi tarde
te busco en la cima
en lo oscuro
en la vegetación terrestre
la floración encendida
en el aire y el agua
y el pie de la ceniza.

A esto entrego los días, el oído
y el ojo afino  
mientras una avalancha de sangre
en el cielo
recoge la llama de todos
que se humillan y hablan
sin saber.

Porque caro
es el precio de la conciencia  
bufo

el de la muerte.

ANGEL GÓMEZ
† 20 – X - 1986

Del hueso huye la carne
y el agua huye del hueso.

Mi madre servía la sopa de días friolentos
lavaba mi sombra las tardes de escuela
caía yo en fiebre y temblaba.

De mis ropas huía mi alma.

Cómo odiaba las quijadas en el patio.
Así, pensaba, será un día mi madre
y caía la quijada sola
sobre el frío de mis pies terrestres.

Ahora entiendo los pobres huesos
la tibia, alfileres duros
como piedras que rugen.

Porque los huesos duran algo más en tierra  
alejados del hombre
que cosa que toca
se pudre, mi dios.


III

EPÍLOGO

LA VIRGEN MARÍA -EN MEDIO DE CHILE- REDIME ESTE VIAJE

Tú, traductor del destino de los ríos
coronado de espinos en el viaje
hundido en tierra firme y arrastrado
condenado y transformado por el viento
si no quieres zozobrar  
no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si llamaras al cielo con tu oído en la sombra
o llamara tu boca con un aire detenido
o se abrieran por ti las flores más amargas   
si no quieres zozobrar  
no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si echaren por la borda tu sangre estrellada
y amenacen tu día tu río de madera
o mostraren sus cadenas los secos habitantes
si no quieres zozobrar  
no quites los ojos de la luz de esta estrella.

En horas afiebradas por el miedo
en horas boca abajo en la ventisca
o en la loca enredadera de la frente torturada
o en la sed o en la ira o en la desesperanza
si no quieres zozobrar  
no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si ella es curso en tu miedo no desesperarás
si ella es faro en la luz no desfallecerás
no te extraviarás, si es tu guía
llegarás felizmente al Puerto.

Estrechos son los bajeles
- MAS SUS DERROTAS, NO-

Estrechos son los bajeles y nuestro lecho
pero no su inmensa herida ni su cámara mortuoria
ni la vieja costura de las playas prendidas a las olas
como el ojo del navegante confinado a los mapas
         más allá de la muerte.

Pero ni lecho recorrido ni corredor encallado
son estrechos
ni es errante el destino del errante
en viaje hacia la tierra dormida.
Estrechos son los bajeles
mas sus derrotas, no.

¿Qué queda entonces de este   trazo?
¿el rezo que decimos con las piedras?
¿la espada de nieve en nuestra sangre?

Sea un sueño lo que quede
o un testamento quebrado
quede mi signo de amor
mi pertenencia
mi letra blanca sobre la página blanca.

 

notas

1  *La Prensa Austral,   extracto de nota.   9 de enero de 2004.

2* Sentencia dictada contra José Miguel Cambiaso, quien liderara el sangriento motín que lleva su nombre, ocurrido en la Colonia de Magallanes en 1851.

Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile ISSN 0717-2869