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Cyber Humanitatis Nº28, Primavera 2003

 

El partido comunista de chile y el levantamiento de ranquil

Leiva, Sebastián.
 

 

Los sucesos ocurridos en el Alto Bío-Bío en la década del 30 del recientemente finalizado siglo XX, corresponden a esos hechos que todos nombran pero muy pocos estudian. Así, sólo un puñado de libros y artículos se han escrito sobre el levantamiento de Ránquil, y otros tantos se han referido tangencialmente al tema. Ahora bien, lo llamativo respecto a estos son las contradictorias miradas que proponen respecto a la participación del PC en los hechos. Así, como veremos, algunos le asignan un protagonismo absoluto, mientras que otros minimizan o relativizan su efectivo involucramiento. A partir de dicha constatación es que el presente artículo pretende realizar una relectura de estas posiciones, utilizando para ello los propios textos señalados, pero especialmente incorporando, para tener una mirada mas de conjunto, los planteamientos del historiador Ramírez Necochea respecto a la política campesina del PC previa a los hechos, y además los documentos de la Internacional Comunista (Komintern) del período 1922 - 1937 que la profesora Olga Ulianova ha dado a conocer en los últimos años, pudiéndose afirmar a partir de las anteriores referencias el posible protagonismo del PC en los hechos, pero, a la vez, permitiéndose plantear que difícilmente la intención del PC eran llevar a cabo un alzamiento en el lugar, explicándose este mas bien por las propias condiciones y contradicciones que se vivían en el Alto Bío - Bío, que por una iniciativa planificada del PC.    

Durante el transcurso de la historia de Chile se han sucedido una serie de hechos de sangre donde se han visto involucrados diversos sectores sociales y el poder estatal. Sin ir mas lejos, de las primeras décadas del siglo XX podemos identificar, entre los más significativos, la “semana roja” de 1905, la mítica “matanza de la escuela Santa María de Iquique” en 1907, la “matanza de La Coruña” en 1924 y la “Pascua Trágica” de 1931. Todos estos hechos, además del carácter violento que representan, tienen en común su escaso tratamiento histórico, salvo quizás la excepción de Santa María de Iquique, hecho que alcanzará conocimiento masivo, originalmente, a partir del rescate que realiza el grupo Quilapayún en su célebre “Cantata". El resto de los hechos identificados, sin embargo, no ha tenido mayor difusión, y el conocimiento que se tiene de ellos es más bien marginal, casi al estilo de un “pie de página”. Lo mismo ocurrirá con los sucesos de Ránquil de 1934, pese a que ese hecho podría significar el primer y más importante levantamiento campesino de nuestro país previo a la Reforma Agraria.

Ránquil. Una discusión bibliográfica

Sobre los hechos de Ránquil no se han escrito más que un puñado de textos, y dentro de ellos los de carácter propiamente histórico casi brillan por su ausencia. De hecho, los únicos que conocemos que tienen ese carácter son “Ránquil. La violencia en la expansión de la propiedad agrícola” (1992), de Germán Palacios, “Los sucesos del Alto Bío - Bío y el diputado Huenchullán” (1934), del diputado Arturo Huenchullán, “La verdad sobre la revuelta de Ranquil” (1985) de Harry Fahrenkrog Reinhold, y “Bío - Bío sangriento” (1974) de Germán Troncoso (1). De estos textos, de los cuales sólo pudimos acceder a los tres primeros (al texto de Troncoso sólo accedimos por referencia de otros autores), destaca especialmente el de Germán Palacios, no sólo por ser el único de los autores que no era contemporáneo a los hechos, sino que además por la profundidad analítica de su estudio, superando la mera descripción y relato de los sucesos, insertando los hechos de Ránquil en el contexto de la formación de la gran propiedad agrícola de nuestro país. Por su parte, los textos de Arturo Huenchullán y Harry Fahrenkrog, si bien también aventuran hipótesis explicativas del levantamiento, tienden a mantenerse en el ámbito del testimonio, fundamentalmente porque participan directa o indirectamente de los hechos, Huenchullán en su calidad de diputado del distrito donde se lleva a cabo el levantamiento y Fahrenkrog como empleado de una de las pulperías asaltadas por los “alzados”. A su vez, Troncoso, el autor del otro testimonio, era uno de los carabineros que actúa en el sofocamiento del alzamiento.

Otro tipo de textos que han hecho referencia directa a Ránquil son los literarios. En este ámbito encontramos a Patricio Manss, quien realiza una versión novelada de los hechos en “Memorial de la Noche” (1998), caracterizándose esta por, además de su belleza, asignarle a los mapuches un protagonismo, representando en el lonko Angol Mamalcahuello, que en los hechos reales no tuvieron. Una segunda novela sobre los hechos del Alto Bío - Bío es “Ranquil”, de Reinaldo Lomboy (1942). En teatro también encontraremos una obra que hará referencia al alzamiento, titulada “Los que van quedando en el camino” (1970), de Isidora Aguirre.

Volviendo nuevamente a lo netamente histórico, encontramos una serie de textos donde es tratado el tema de Ránquil, pero esta vez inserto en un tema mayor. Así por ejemplo, el señalado Patricio Manss trata los sucesos del Alto Bío - Bío en su libro “Las Grandes Masacres” (1973), donde además se hace referencia a las matanzas de Selknam en Tierra del Fuego y los hechos de Santa María de Iquique, entre otros hechos violentos de la historia de Chile, reflejando una línea de continuidad en la represión estatal hacia diversos sectores de la población que luchan por sus reivindicaciones. Por su parte, Ricardo Donoso en “Alessandri. Agitador y Demoledor” (1954), coloca a Ránquil como uno de los ejemplos de las situaciones de violencia que debió enfrentar el gobierno del citado presidente, y recientemente Gonzalo Vial en su “Historia de Chile”, volumen V (2001), señala a Ránquil como “... el episodio más trágico y sangriento de la post crisis”. Finalmente, en textos que tienen como finalidad el tema campesino también se hace referencia tangencial a Ránquil, por ejemplo en “Chile: su tierra y su gente” (1973) de Jorge Mc Bride y en “Movimiento campesino chileno”, volumen I (1970), de Alfino Affonso, y en ambos casos los hechos del Alto Bío - Bío se explican fundamentalmente como producto de una continuidad en la lucha por la tierra.

Los anteriores textos, tanto aquellos que se refieren directa o indirectamente a Ránquil, tienden a identificar, en mayor o menor grado, cuatro tópicos centrales: las razones que explicarían el levantamiento, la participación del Partido Comunista y de su militante Juan Segundo Leiva en los hechos, el levantamiento en sí, y la represión llevada a cabo por el gobierno. De estos cuatro tópicos nos concentraremos fundamentalmente en los tres primeros, ya que ellos nos acercan a nuestro objetivo, el vislumbrar cual es la participación del PC en los sucesos del Alto Bío - Bío.

Respecto a las causas del levantamiento, si bien la mayoría de los estudios se pronuncia por más de una causa, el grueso de estos tiende a fijar como principal motivo el problema de la posesión de la tierra. Esta situación no sólo se daba en la zona de “la frontera”, sino que era una realidad en toda la zona sur y austral del país, por lo cual en su momento (1928) se debió dictar la ley de propiedad austral para sanear los títulos de dominio. Esta tuvo como resultado, en la zona que nos preocupa, la constitución de dos grandes propiedades, una en manos de los Puelma (fundos Rahue, Chilpaco, Lolco, Vilucura y Ránquil), y otra en manos de los Bunster (fundo Guayalí). Ambas familias debieron entregar parte de las tierras que habían recibido para relocalizar a colonos que también reclamaban posesión sobre ellas, pero claramente obtuvieron mucho menos de lo que esperaban (el caso de Ránquil) o bien no les fueron asignadas aquellas que deseaban (el caso de Guayalí). En ambos casos a su vez recibieron tierras de mala calidad, lo que dificultó la posibilidad de obtener buenos rendimientos, por lo cual rápidamente se vieron empobrecidos.

Como decíamos, la tesis de que este original problema de la posesión de la tierra sería la causa principal del levantamiento es sustentada en mayor o menor medida por la gran mayoría de los autores expuestos, con la sola excepción de Harry Fahrenkrog. Por ejemplo, Jorge Mc Bride planteará: “La prensa extranjera presentó estos disturbios como una revuelta de carácter político avanzado contra el gobierno, pero la verdad es que constituyó una protesta armada de los campesinos que veían amenazados sus hogares y parcelas por quienes consideraban reclamantes fraudulentos” (2). Por su parte, el diputado Huenchullán, en la sesión de la cámara del día 2 de julio de 1934, expondrá los problemas que se habían suscitado tanto con los colonos de Ránquil (originalmente ubicados en un lugar denominado Nitrito, para posteriormente ser relocalizados en el citado Ránquil) como los de Guayalí, estos últimos lanzados de ese lugar por fuerzas de carabineros, previo al levantamiento en sí. En ambos casos el problema es el mismo, los derechos de propiedad sobre la tierra y el perjuicio que sufrirán en este sentido los colonos, de donde se alimentará posteriormente el descontento que llevará al levantamiento.

Germán Palacios abarcará aproximadamente la misma interpretación que hemos dado hasta ahora, si bien profundiza en mayor forma el tema. En este sentido propone cuatro “causales remotas” de los sucesos de Ránquil, y las cuatro dicen relación con el tema de la posesión de la tierra: “La legislación indígena que priorizó la colonización de extranjeros y militares en las tierras indígenas; la definición de la cuestión de límites entre Chile y Argentina, que obligaba a Chile a recibir y entregar tierras a la población que quisiera estar en territorio nacional; la permanente acción de los colonizadores y terratenientes a desalojar a indígenas y colonos pobres; la vaguedad de las leyes de colonización y la falta de entrega de títulos de asentamiento” (3).

Por su parte, Ricardo Donoso planteará: “El gobierno trató de restar importancia al levantamiento, atribuyéndolo a la obra de los agitadores, pero el malestar que provocó la rebelión armada se venía incubando desde mucho tiempo atrás y obedecía a motivos sociales y económicos” (4), siguiendo posteriormente las afirmaciones del diputado Carlos Alberto Martínez, quien plantearía los problemas suscitados por la constitución de la gran propiedad en la región del Alto Bío - Bío y los esfuerzos hechos por el gobierno de Ibañez para solucionar el problema de los ocupantes, esfuerzos que sin embargo no tuvieron resultados positivos.

Finalmente, los planteamientos de Gonzalo Vial, Patricio Manss en “Las Grandes Masacres” y Alfino Affonso tenderán, en mayor o menor medida, a reafirmar la importancia que tuvo el tema de la posesión de la tierra en el levantamiento de Ránquil. Así por ejemplo, Vial y Affonso comenzarán sus referencias respecto a Ránquil describiendo la situación de disputa que existía respecto a los terrenos del Alto Bío - Bío, y como fueron afectados los colonos por la distribución de estos, alimentando el sentimiento de rebelión. A su vez, Manss plantea como los “paulatinos despojos a que se sometió primero a los elementos indígenas y luego a los colonos, con las armas y con las leyes” llevó a que estos se organizaran declarando la zona un “territorio libre”, “trabajando la tierra para sí”.

Como veíamos anteriormente, la única posición disonante respecto a las causas del levantamiento era la de Harry Fahrenkrog. Este, si bien expone en su texto la realidad del problema de la tierra, lo minimiza absolutamente como causal del conflicto y en su lugar realiza una explícita relación entre el alzamiento y el Partido Comunista, planteando que los sucesos de Ránquil se circunscribían a un levantamiento comunista internacional. En este sentido plantea: “En las reuniones del Partido Comunista en Montevideo, a las que asistía Leiva Tapia, se fijó el 24 de junio de 1934 como el día de un levantamiento comunista internacional, válido para toda Sudamérica. Disposiciones de última hora suspendieron el estallido a nivel internacional, pero Leiva Tapia, quien había venido personalmente a dirigir el levantamiento en Lonquimay (5), no recibió oportunamente el mensaje de suspenderlo hasta nuevo aviso, por lo cual, fiel al programa internacional, lanzó a sus hombres a apoderarse del Valle de Lonquimay...” (6).

Aparte de estas dos causas, se dan otras que responderían a cuestiones coyunturales, pero que se desprenden del hecho original del problema de la tierra. Así por ejemplo, Palacios plantea como “causa directa” del alzamiento el desalojo que realiza carabineros de los colonos de Guayalí, causa que también sustenta Jorge Mc Bride, Gonzalo Vial y el diputado Huenchullán, ya que aquello habría acentuado el ya creciente descontento de los colonos. Por su parte, Alfino Affonso llama la atención sobre lo “insoportable” que se había hecho la situación en Ránquil: “Los lavaderos de oro se habían agotado; las cosechas habían sido malas, y los campesinos tenían casas miserables que les impedían protegerse del crudo invierno de la región cordillerana” (7), para plantear posteriormente: “... seguramente agobiados por el hambre, el 29 de junio de 1934 invadieron la pulpería y ante la resistencia de los propietarios, mataron a cuatro personas...” (8). Este factor, el hambre y las pésimas condiciones de vida, también aparece en Gonzalo Vial, quien plantea respecto a los colonos: “Se hallaban así, aquel 1934, en condiciones próximas a la miseria y al hambre, pues habían perdido o malbaratado sus animales, y los víveres del invierno. Los comerciantes ya nada les fiaban... ni siquiera la harina, como hasta entonces tradicionalmente hicieran esperando pagarse con las cosechas. Las mismas circunstancias, en verdad, afectaban al valle entero” (9).

Así como Fahrenkrog había planteado una disonancia respecto a las causas primeras de los hechos de Ránquil, Patricio Manss hará lo propio con las causas secundarias y/o desencadenantes. Así, si bien en “Las Grandes Masacres” sigue el argumento de Ricardo Donoso para explicar los hechos, agrega una nueva razón: “Los paulatinos despojos a que se sometió primero a los elementos indígenas y luego a los colonos, con las armas y con las leyes, hicieron que estos se organizaran declarando la zona un “territorio libre”... Ante semejante situación, el gobierno de Alessandri habría ordenado el bloqueo total de la zona, impidiendo el acceso a la región de alimentos y semillas. Los campesinos respondieron organizando grupos de comandos... Premunidos de armas, bajaron a las pulperías de las grandes estancias... Algunos estancieros... replicaron a balazos, lo que produjo choques armados y conatos de violencia en toda la región. Ahí comenzó el cerco policial a desplegar sus alas verdes” (10).

Respecto al segundo tema que se repetía en los diversos textos analizados, la participación del PC en los hechos y específicamente de su militante Juan Segundo Leiva Tapia, las posiciones tienden a variar entre uno y otro de los autores. Como veíamos, para Fahrenkrog la participación del PC en los acontecimientos era fundamental y decisiva, ya que el citado partido había fomentado, como parte de un supuesto plan internacional, los sucesos de Ránquil, por más que a última hora hubiese echado pie atrás. A su vez, según el citado autor, Juan Segundo Leiva no sólo había liderado la fundación del Sindicato Agrícola de Lonquimay (cosa que es efectiva), sino que era lejos el principal instigador del odio que se había incubado en el valle respectivo, ya que con su llegada a Ránquil “... destruyó todos los valores morales del pasado, sembrando el odio de clases y las ideas políticas en las mentes de los pobladores...” (11). Además, Leiva habría fomentado el quiebre del sindicato, quedando una de las secciones bajo control del PC, la cual “... sólo repartía proclamas políticas, culpando al gobierno de los ricos de la pobreza reinante. Asimismo a toda persona que no compartía sus ideas políticas, la culpaban del malestar y amenazaban de muerte a todos los opositores para el día que ellos (los comunistas) llegaran al poder” (12). Los comentarios sobre el PC y Leiva suman y siguen, pero con esto queda suficientemente claro cual era la visión que tenía Fahrenkrog sobre la participación de éstos en los hechos de Ranquil y los efectos que aquello produjo.

Esta identificación entre el levantamiento y el PC será retratada también por el diputado Huenchullán, aunque no en forma tan evidente como el autor anterior. Según Huenchullán, si bien el problema fundamental de Ránquil era la disputa por la tierra y la respectiva expulsión de los colonos, esta situación había sido azuzada por elementos extraños a los colonos, y estos elementos extraños eran los comunistas, planteando: “Fueron dos o tres los comunistas, entre ellos el comunista Alarcón y el comunista Leiva Tapia, que hacían de cabecillas; fueron ellos quienes levantaron a estos colonos para lanzarlos a matar y a que ellos fueran muertos después. Esa es la obra del glorioso Partido Comunista” (13). 

Donoso por su parte no hace referencia alguna al PC o a Leiva, y sólo se refiere a la versión del gobierno de la época que acusaba de los sucesos de Ránquil a la “labor disolvente de la oposición”, sin especificar a nadie en particular. Una imagen similar proyectará Alfino Affonso, quien se refiere a Leiva como dirigente del sindicato y una de las víctimas de los carabineros que sofocaron el alzamiento, pero sin identificarle militancia, lo que sí hace con otra de las víctimas, José Bascuñan Zurita, dirigente del PC que se encontraba en la región del Laja pidiendo solidaridad para los campesinos de Ránquil, pero en ningún momento le asigna alguna otra participación a los comunistas en los hechos.

Jorge Mc Bride identifica la participación de algunos “agitadores comunistas” en la organización del sindicato, pero no aventura ninguna otra ligazón entre el PC y los hechos. Por su parte, Patricio Manss identifica a Juan Segundo Leiva como inspirador de los grupos de comandos creados en la zona para asaltar las pulperías, pero aparte de referirse a su militancia comunista no realiza, al igual que Mc Bride, ninguna otra relación entre el PC y los sucesos. Finalmente, Gonzalo Vial identifica a Leiva como líder y organizador del sindicato de Lonquimay, a la vez que lo reconoce como comunista. A su vez, plantea que en la asamblea del sindicato realizada el 26 de junio arengó a los presentes, “... manifestando que aquella no era una reunión corriente, sino una “asamblea revolucionaria”. Formaba parte de un movimiento nacional que estallaría ese mismo 26 en todo el país. Su objeto: establecer un régimen proletario, antiburgués, de dominio colectivo sobre los bienes de producción, empezando por la tierra. Quienes no adhirieran serían muertos y arrojados al río” (14). La participación que Vial le asigna a Leiva en el desencadenamiento del alzamiento es más que evidente, aunque no realiza lo mismo respecto al PC. De hecho, plantea que si bien el alzamiento no se encontraba fuera de la estrategia del comunismo internacional de la época, y en el caso chileno ya se había ensayado algo similar (la “Pascua trágica” de Vallenar y Copiapó en 1931), no realiza una relación tajante entre el PC y los hechos, y es más, aventura que quizás Leiva cayó en los vicios políticos que los comunistas identificaban como “voluntarismo” y “ultraizquierdismo”.

Respecto al tercer tópico que identificábamos, el levantamiento propiamente tal, las visiones varían, en general, entre el espontaneísmo de este y su supuesta planificación, aún cuando se dan casos donde no se toma posición frente a ninguna de estas opciones (Donoso), se plantea la existencia de algún nivel de organización pero que no buscaba directamente el alzamiento (Manss), o bien se plantea la disposición a alzarse sin que existiera una aparente planificación previa (Vial).

En la primera posición se encontrará Alfino Affonso, quien, al realizar una cronología, se refiere a la expulsión de los campesinos de Nitrito y Guayalí, quienes se dirigieron a Ránquil, “Pero en Ránquil en ese momento, por las condiciones climatéricas, no había en que trabajar. Y seguramente agobiados por el hambre, el 29 de junio de 1934 invadieron la pulpería y ante la resistencia de los propietarios, mataron a cuatro personas...”(15), reaccionando el gobierno y enviando carabineros, frente a lo cual “... los campesinos se aprestaron a defenderse”.

Germán Palacios adoptará una posición similar. Así, se referirá al lanzamiento de colonos en el Alto Bío - Bío, afirmando: “La resistencia, como una forma de no aceptar dejar sus tierras y pertenencias; a ser lanzados a los caminos o encajonados en la cordillera; a dejar quemar sus casas, motivó esta defensa de la tierra en el valle de Lonquimay” (16), planteando posteriormente: “Sin sus casas, el frío y el hambre, impulsó a la actitud casi irracional de asaltar las pulperías” (17). Incluso Palacios recoge un comentario de Elías Lafertte sobre Ránquil, quien plantea a dichos sucesos como una acción “... espontánea, no preparada, un estallido de cólera de campesinos esquilmados durante siglos y a quienes se les estaba terminando de quitar sus pobres y escasas tierras” (18), y el mismo Palacios cuestiona la imagen que creó el gobierno de Alessandri respecto a que los hechos de Ránquil correspondían a un plan revolucionario.

En la posición opuesta, es decir, afirmando la previa organización del alzamiento, se plantearán fundamentalmente Harry Fahrenkrog y el diputado Arturo Huenchullán. Respecto al primero, anteriormente pudimos observar como realizaba una conexción total entre el PC y los hechos de Ránquil, no sólo planteando que el PC chileno había organizado el alzamiento, sino que éste correspondía a un plan internacional del comunismo fraguado desde Montevideo, en el seno del buró sudamericano. Así, se habría fijado el 24 de junio “...como el día de un levantamiento comunista internacional, válido para toda Sudamérica... Leiva Tapia... lanzó a sus hombres a apoderarse del valle de Lonquimay, desde donde proseguirían a Lautaro y Victoria, para finalmente reunirse con otros grupos sublevados y conquistar a Chile para la causa del comunismo” (19).

Por su parte, Huenchullán, en un primer momento (sesión de la cámara del lunes 2 de julio de 1934) dudaba de la organización del alzamiento, planteando más bien lo espontáneo de éste, pero luego de visitar la zona (mediados de julio) y recoger testimonios de los lugareños, cambia su posición original, afirmando: “El presidente de este sindicato (se refiere al Sindicato Agrícola de Lonquimay) don Manuel Astraza... presidió algunas sesiones, según los datos que yo recogí, sesiones en los que los colonos del Alto Bío - Bío habrían resuelto asaltar la pulpería del señor Zolezzi, atacar el fundo Lolco y atacar el fundo Guayalí” (20).

Respecto a los casos de Donoso, Manss y Vial, como anticipábamos, los tres no asumen posiciones tan tajantes como las que veíamos previamente. En el caso de Donoso, éste autor recogerá las dos posiciones que se manifestaron en el momento en que se producen los hechos, sin tomar posición explícita por alguna de ellas. Así, plantea que para la oposición al gobierno, la desesperación de la población del Alto Bío - Bío habría llevado, espontáneamente, al asalto de las pulperías y establecimientos agrícolas, mientras que el gobierno veía en los hechos “la labor disolvente de la oposición”, con lo cual implícitamente se planteaba la organización del alzamiento.

Por su parte, Patricio Manss recoge textualmente los postulados de Donoso, por lo tanto la posibilidad del espontaneísmo u organización del alzamiento, sin manifestarse especialmente por ninguna de las dos. Ahora bien, Manss, como veíamos anteriormente (causas del alzamiento), se refiere a la creación de un “territorio libre” en la zona de Lonquimay, frente a lo cual el gobierno habría reaccionado con un “cerco alimenticio”, respondiendo a su vez los colonos organizando “grupos de comandos” que bajarían a las pulperías “para proveerse”, reaccionando los estancieros y posteriormente la fuerza pública. Es decir, se puede desprender de los dichos de Manss que sí existió algún nivel de organización, tanto en la creación de un “territorio libre” como en lo referente al asalto de las pulperías, situación que de hecho inicia el alzamiento, pero no se podría plantear que el alzamiento propiamente tal estuviera organizado.

Finalmente, Vial, siguiendo en algún sentido la argumentación de Fahrenkrog, se refiere a una asamblea del sindicato de Lonquimay el día 26 de junio donde se habría decidido el alzamiento para establecer un “régimen proletario”, pero más que existir una organización previa al alzamiento, éste habría respondido a una posible tendencia “ultraizquierdista” o “voluntarista” del principal líder del sindicato, Juan Segundo Leiva.

La revisión y discusión bibliográfica anterior nos ha permitido observar las diversas interpretaciones que se han tejido respecto a los hechos de Ránquil. Así, hemos visto referirse a causas diferentes que lo habrían originado, aún cuando tiende a predominar la mirada respecto al problema de la tierra; ha aparecido la posibilidad del espontaneísmo o bien de la organización del alzamiento; y aparecen las figuras del PC y su militante Juan Segundo Leiva, o bien jugando un rol absolutamente protagónico, o participando exclusivamente en la organización de los campesinos.

Este tercer punto es el que concentrará nuestra atención a partir de ahora.

Al Partido Comunista de Chile, a lo largo de su historia, se le han atribuido responsabilidades, triunfos y errores que no siempre han sido tales, y frente a los hechos de Ránquil no se ha hecho una excepción. Así, hemos podido observar como la mayoría de los estudios que se refieren directa o indirectamente al alzamiento de Ránquil le asignan al PC algún nivel de participación en los hechos. Ahora bien, lo que queremos observar es como vio el propio PC de los años 30 su relación con los hechos de Ránquil, y si estos efectivamente se enlazaban con su política, especialmente en lo que se refiere a una relación con el mundo campesino que justificara o permitiera entender el grado de participación que pudiese tener en el alzamiento. Para lo anterior, en primer lugar observaremos, principalmente a partir de los documentos de Komintern (21) que tratan sobre Chile, cuál era la referencia que se hacía en ellos respecto al tema campesino, y segundo, y a partir de las mismas fuentes, cómo el PC chileno visualizó su participación en los hechos de Ránquil.

El Partido Comunista y la política campesina previo a los hechos de Ránquil:

Una primera paradoja al estudiar la política campesina del PC en el período 1921 - 1934 es la evidente diferencia que se muestra entre la posición que presenta Hernán Ramírez     Necochea (22) frente a este tema y lo que se puede observar en los documentos de Komintern.

La posición central de Ramírez Necochea se refleja en este primer planteamiento: “El partido, ya desde su fundación, asignó especial importancia al papel que correspondía al campesinado en el éxito de las luchas revolucionarias que desarrollaba la clase obrera” (23). Luego, va fundamentando esta proposición con una serie de ejemplos, que partirían con el mismísimo Recabarren, quien a decir de Ramírez Necochea “realizó frecuente trabajo político y sindical en las regiones rurales”, destacando una reunión con el “Consejo Federal Campesino de Arauco” donde habrían participado 800 trabajadores del agro.

Esta preocupación por el trabajo campesino no se quedaría en el ámbito particular, sino que se habría sancionado ya en el II congreso del partido (1922), en el cual se habría elaborado un “programa de acción inmediata para los trabajadores campesinos”, que contenía reivindicaciones para los diversos trabajadores del campo. A su vez, el programa indicaría que “El Partido Comunista trabajará por organizar a los campesinos... para que con toda la fuerza de su propia organización y con el compañerismo de todo el Partido y la Federación se defiendan los obreros contra los abusos de sus patrones” (24).

Estos postulados serían posteriormente reafirmados en el congreso de 1923, además de establecerse que el “Comité Ejecutivo Nacional” debería tener un encargado de cuestiones campesinas, a la vez que se encargaba a todas las secciones o grupos del partido cercanos a zonas campesinas el establecer contactos continuos con sus trabajadores y avanzar en la propaganda educacional hacia ellos.

A partir de estos originales postulados, según Ramírez Necochea, “...el partido pudo desplegar en el frente campesino una actividad valiosísima, no tanto por su magnitud, sino por la significación de sus resultados y, sobre todo, por las experiencias que entregó” (25). Según el citado autor, este trabajo habría sido particularmente fructífero entre los años 1922 - 1924, cuando el PC habría formado varios núcleos en las áreas rurales y varios sindicatos de trabajadores agrícolas, 20 a decir de Recabarren.

Al parecer, estos resultados habrían influido en el ánimo del partido, el cual en el IV congreso (1924) reafirmó sus postulados frente al tema campesino, planteando: “1º. Ordenar al Comité Ejecutivo Nacional que dedique particular atención a la tarea de organizar a los campesinos por todos los medios a su alcance, creando desde luego en cada ciudad células agrarias encargadas de esta tarea y con responsabilidad ante las secciones correspondientes. 2º. Intensificar la propaganda en los campos, disponiendo la redacción de folletos adecuados, la publicación constantes en los diarios y periódicos del partido de un buen material de lectura para los campesinos, etc... 3º. Promover un movimiento de agitación entre el proletariado agrario para la conquista de reivindicaciones inmediatas tales como las concernientes a los salarios (monto, forma de pago, etc), habitación, etc...” (26).

Luego de 1924 la actividad proselitista en el campo se acentuó nuevamente. Así, en ese mismo año, en la IV región, se habrían formado Consejos Federales en Quilitapia, El Huacho, Rampla, El Sauce, Ligua, San Lorenzo, Cogotí, Valle Hermoso, Combarbalá y Ramadilla. A su vez, en 1926, el partido habría enviado a los parlamentarios Carlos Contreras Labarca y Salvador Barra Woll, junto al dirigente agrario Bascuñan Zurita, para que realizaran trabajo partidario y de promoción sindical en el sur. Así, habrían participado en la Convención Regional Austral Campesina organizada por la Junta Provincial de la FOCH de Valdivia, asistiendo 17 delegados en representación de 11 Consejos Campesinos de la IX y X regiones, entre ellos los de Temuco, Panguipulli y Loncoche. A estos trabajos habría que sumar los Consejos Federados creados en Lontué, y la organización de campesinos en diversos lugares de la VI región (Tinguiririca, Rengo, Chimbarongo, entre otros), además de la creación de un Consejo Federal Campesino en la provincia de Malleco constituido por mapuches (1926).

Finalmente, Ramírez Necochea reconoce que todos estos esfuerzos fueron de alguna forma “esterilizados” por la violencia ejercida contra estas nacientes organizaciones campesinas, así como con la violencia que se practicaría contra el propio PC durante el gobierno de Ibañez. Aún así, durante la dictadura ibañista “...fueron programadas y aún realizadas importantes iniciativas; así por ejemplo en diciembre de 1928 una reunión ampliada del Comité Central... puso a la orden del día la organización del campesinado a fin de llegar a la pronta constitución del “bloque de unidad obrera y campesina”; en esa misma oportunidad se acordó tomar medidas que condujeran a la formación de la Liga Nacional de Campesinos” (27).

Los anteriores planteamientos son claros en mostrar no sólo una preocupación por parte del PC respecto al mundo campesino, sino que además la capacidad de insertarse en él. Sin embargo, y como decíamos al comenzar esta sección, esta imagen no tiene mayor relación con aquella que se puede observar a partir de los documentos de Komintern que se refieren a Chile.

Al analizar los documentos de Komintern del período 1922 - 1931, la política campesina del PC casi brilla por su ausencia. De hecho, la mayoría de las escasas referencias que se realizan respecto al tema campesino se plantean a manera de simple enunciado, o bien como una consigna. Por ejemplo, en un documento de 1924 (28) se plantea que un manifiesto elaborado en Moscú, en la sede de Komintern, debía ser divulgado “entre los obreros y campesinos”, y, en otra expresión de referencia al campesinado, a partir de 1928 se hará recurrente la apelación a un “gobierno de obreros y campesinos”.

Otra situación que es posible visualizar es el reconocimiento de la escasa influencia y trabajo que se tenía hacia la población rural. Por ejemplo, en un documento de 1926 (29) se plantea textualmente: “Puede observarse, también, la ausencia de un trabajo sistemático de organización entre los campesinos”. A su vez, en un informe del Comité Central del PC fechado en 1927 (30) se reconoce la casi nula influencia que se tiene en las provincias de Cautín y Malleco, principalmente debido a “los pocos grupos” que se tienen en la zona. Posteriormente, en 1928, Rufino Rosas, delegado del PC chileno que se encontraba en Moscú, plantea la inexistencia de una organización campesina en Chile (31), situación que se vuelve a afirmar a fines de 1929, cuando se reconoce el casi nulo trabajo en el campo (32). Esta situación se reflejará en el ámbito electoral, donde es claramente observable la escasa representación que logra el PC en las zonas rurales. Así, en las elecciones parlamentarias de 1925 logra elegir 7 diputados - Tarapacá, Antofagasta (2), Valparaíso, Santiago, Lautaro y Valdivia -y 2 senadores- Tarapacá y Antofagasta -, lo cual muestra claramente que la capacidad de representación se concentraba básicamente en las zonas urbanas, y dentro de éstas las mineras.

En este primer conjunto de documentos (1922 - 1931), solo en una oportunidad se hace alusión específica a un número de campesinos con los cuales se tendría contacto, y esta referencia la hace Recabarren en 1922, cuando plantea que en la FOCH se encontraban participando 1000 campesinos. A su vez, solo en una oportunidad se hace referencia a lo que podríamos considerar una política campesina, la cual además viene propuesta por el Secretariado Sudamericano de Komintern (33), planteándose la necesidad de crear una organización propia de los obreros agrícolas y campesinos pobres y la preparación de un congreso de las organizaciones campesinas con el fin de crear una organización nacional campesina que adhiriera al Consejo Campesino Internacional de Moscú.

Estas vagas y generalmente negativas referencias a la relación con el mundo campesino cambian levemente en el período 1931 - 1934. Así por ejemplo, en un documento de septiembre de 1931 (34) se realizan amplios comentarios sobre el campesinado, presentando a su vez un programa que planteaba, entre otros: la formación de comités de campesinos trabajadores e indios, la repartición de tierras, el no pago de los arriendos, la expulsión de los terratenientes, el fin de subvenciones a estos y su entrega a los campesinos, y el envío de delegaciones de obreros para estrechar lazos con el campesinado. Ahora bien, en este documento se vuelve a insistir en que en nuestro país no hay un movimiento campesino vigoroso. Junto con lo anterior, vuelve a plantearse la imagen de la falta de relación del PC con el campesinado. Así, en diciembre de 1931 se plantea que “El partido no tiene más que algunos y débiles y escasas organizaciones en el campo, lo que constituye una de sus debilidades” (35). Este último planteamiento, que tiene una relación de continuidad con las ideas desarrolladas hasta ahora, contrasta absolutamente con la información de Muravski (36) (presumiblemente correspondía al seudónimo de algún integrante de Komintern en Chile), que dice que “El partido tiene enormes vínculos con la masa obrera, grandes vínculos con los campesinos”, convirtiéndose en el único personaje que realiza este tipo de comentarios en el período hasta ahora analizado.

Aunque puede parecer extraño, considerando los planteamientos que realizaba Ramírez Necochea respecto a la relación del PC con el campesinado, no hay mayores referencias en los documentos de Komintern sobre el tema, salvo la repetición de fórmulas como “gobierno de obreros y campesinos”, “alianza de los obreros con las grandes masas de campesinos” o una versión más radical como “revolución obrera y campesina”, y referencias generales respecto al campo, identificando la situación de concentración de la tierra y los diversos grupos de trabajadores que se encontraban insertos en el agro. Incluso resulta más extraño cuando existe una tendencia en los documentos, en especial cuando son escritos por dirigentes del PC chileno, a exponer en detalle las relaciones que se tienen con el mundo popular, como por ejemplo ocurre con el sector obrero, o bien respecto a las coyunturas políticas que se suceden. Así entonces tenemos, a partir del texto de Ramírez Necochea y los documentos de Komintern, dos imágenes sobre la relación entre el PC y los trabajadores rurales, imágenes que son relativamente contradictorias, una mostrando que había un interés manifiesto del PC por el mundo campesino, que se reflejó en la creación de una política para el sector y una inserción en él, y otra reflejando un muy escaso tratamiento del tema y a su vez una casi inexistente inserción en el sector. Ahora bien, es posible, en algunos sentidos, complementar a ambas.

Primero, según Ramírez Necochea, en los congresos desarrollados entre 1922 y 1924 se establecieron unos lineamientos básicos respecto al tema campesino, y si éstos no se reflejan en los documentos de Komintern del período es, en buena medida, porque aquellos documentos no existen. De hecho, entre 1921 y 1927 las relaciones entre el PC y Komintern son relativamente escasas (37), existiendo períodos largos en que no hay intercambio de información, lo que explicaría el hecho de que en los documentos no se haga referencia a dichos congresos y a la actividad político práctica que se había desarrollado en el campo. Segundo, pese al supuesto interés que existiría en el tema campesino, claramente la política del PC se concentra en el sector obrero, de ahí que en los documentos de Komintern las referencias más importantes son hacia ese sector. Tercero, si bien se logra articular, según Ramírez Necochea, algún trabajo en el campo, este está claramente focalizado en algunas regiones (IV, VI), y es bastante probable que sean más bien expresiones efímeras de organización, ya que el mismo autor plantea como esta actividad campesina fue “esterilizada” por la violencia de los latifundistas y el gobierno de Ibañez. A su vez, a partir de 1928 existe mayor comunicación con la Komintern, y en lugar de referirse a éstas expresiones organizativas en las zonas rurales (lo que aumentaría los “bonos” del partido), se tiende a insistir en la escasa inserción entre el campesinado, lo que confirmaría la “esterilización” que se produjo en las organizaciones campesinas. Cuarto, y aquí nos alejamos de los postulados de Ramírez Necochea, el interés del PC respecto al campesinado no era, en la práctica, mayor que el que se tenía por los estudiantes, las FFAA o los sectores de la administración estatal, por lo cual no hubo una “particular” preocupación por el sector campesino. De hecho, pudimos observar como en los documentos de Komintern que le dedican algunas partes al tema campesino existe una tendencia a repetir sobre el tema de la organización, sin que se avance, en la práctica, en ella.

En síntesis, podemos decir que sí existe una política campesina del PC previo a los hechos de Ránquil, pero ésta es absolutamente básica - cuatro o cinco postulados reivindicativos y otros tantos sobre el tema organizativo -, y, en el tiempo, no se va cualificando, tendiendo a repetirse los mismo elementos. A su vez, no existe un interés especial hacia el campesinado, y si bien en el discurso se hace referencia constante a dicho sector (al igual que a los estudiantes y otros grupos, dependiendo de la coyuntura política), en general no se pasa más allá de la pura consigna, lo que se reflejaría en la auto reconocida debilidad para insertarse efectivamente en el sector.

Los postulados anteriores nos permiten acercarnos un poco más hacia el intento de clarificación de la participación del PC en los sucesos de Ránquil, ya que creemos que si efectivamente tuvo alguna influencia importante en dichos sucesos, esa situación no nació de la nada, sino que a propósito de una política orientada hacia el sector y sobretodo de la capacidad de insertarse en él. Ahora bien, para completar el cuadro y dilucidar nuestra inquietud original se hace necesario un elemento central, la voz del propio PC respecto a su participación en los hechos del Alto Bío - Bío.

El Partido Comunista y los hechos de Ránquil

Una de las principales limitantes para observar la participación del PC en Ránquil es la falta de documentos de Komintern en el período que va desde los hechos mismos (junio de 1934) hasta fines de ese año. De hecho, de todo el año 34 sólo hay 11 documentos, 10 de ellos previos a junio (5 de enero el primero, 3 de mayo el último) y sólo uno posterior, identificado como de “fines de 1934”. De todos ellos, sólo en uno se realiza una referencia directa a la zona (38), planteándose que entre los obreros que trabajaban en la construcción del túnel Las Raíces se estaría produciendo en ese momento (comienzos de mayo del 34) una huelga donde participaban 1200 personas, los cuales estarían “dirigidos por compañeros nuestros”. Aparte de ésta referencia no hay, como decíamos, ninguna otra comunicación sobre Ránquil, ni durante todo el año 33 ni a lo largo del 34, y sólo se comenzarán a hacer referencias directas a partir de enero de 1935.

La motivación de la referencia a Ránquil a comienzos del 35 es la situación de descontento que se vivía en la zona sur, especialmente desde Talca a Temuco entre los obreros agrícolas, inquilinos, colonos y mapuches (39). Frente a ésta, el emisario de Komintern (no aparece determinado de quien se trata) se queja de la pasividad que se daba entre ciertas organizaciones del partido y la FOCH frente a este descontento, así como de la “posición combativa” de otros, esto último porque se olvidaban de un elemento central, “... la lucha por las reivindicaciones económicas y políticas parciales...”, y sólo se planteaban la insurrección armada. A partir del comentario anterior es que se realiza la primera relación a Ránquil, planteando: “La falta de una lucha bastante amplia por las reivindicaciones fue la falla más importante en Lonquimay (de haber existido esa lucha con la intensidad que era posible, la insurrección una vez comenzada se hubiera extendido rápidamente a toda la región circundante)” (40).

Posteriormente, el emisario de Komintern se refiere específicamente a la zona donde se estarían manifestando las tendencias “insurreccionales”, la región indígena de Cunco donde, a su parecer, se debía fundamentalmente promover la lucha huelguística, sin eliminar de plano la posibilidad del levantamiento armado, sobretodo a partir de la lucha por la tierra, afirmando: “En Lonquimay mismo, por ejemplo, los colonos descuentan que en el invierno volverán a levantarse y esta vez no serán derrotados fácilmente. Es la idea del grupo de refugiados en la frontera Argentina, que se mantiene en comunicación con los colonos de la región. El partido y la FOCH encabezarán nuevamente esa y cada lucha...” (41).

42). A partir de aquí comienza una descripción detallada de los hechos, y dicha descripción es de radical importancia porque quien da el informe es Carlos Contreras Labarca, Secretario General del PC, y sus planteamientos son claros en relacionar a su partido con los hechos de Ránquil, afirmando: “En Lonquimay tuvimos un levantamiento revolucionario de los obreros, campesinos e indígenas. Ocuparon por vía revolucionaria una serie de grandes latifundios, haciendas en el sur. Este movimiento lo dirigía Komintern y los sindicatos revolucionarios, la FOCH. Desde el comienzo del año 1934 la dirección del partido concentró su atención principalmente en la región de Lonquimay para impedir el desalojo de los campesinos de sus tierras, llamar a la lucha común y la solidaridad de todos los campesinos e indígenas de esta región” (43).

Posteriormente, Contreras Labarca liga las movilizaciones de Lonquimay con la convocatoria al congreso de unidad de la FOCH (junio - julio de 1934), en el cual se adoptaría un “amplio programa de las reivindicaciones de las masas trabajadoras de Chile”, conducente a promover el movimiento de masas en el país, iniciándose dichas luchas con manifestaciones parciales entre los obreros del túnel Las Raíces, los obreros de los lavaderos de oro, los obreros agrícolas de Lonquimay y Nitrito y los indígenas de la zona. A continuación, Contreras Labarca especifica como el PC se introdujo en la zona, conquistando más de 100 militantes, a la vez que la FOCH creaba en Lonquimay el sindicato de obreros agrícolas y se conquistaba un “fuerte grupo de indígenas”.

Respecto a los detalles anteriores, se establecerían varios elementos: primero, se confirmaría el planteamiento del enviado de Komintern sobre la participación del PC y la FOCH en la dirección del alzamiento; segundo, se observa el obvio esfuerzo de demostrar la influencia que se tenía sobre el sector, pudiendo involucrar en el alzamiento a campesinos, obreros e indígenas, recalcando especialmente la participación de estos últimos; tercero, la alusión al interés que se tenía sobre la zona, la cual había comenzado a ser intervenida políticamente por lo menos desde comienzos del año 34, llamando la atención sí el hecho de que en los documentos de Komintern de comienzos de ese año (10 documentos) no se ve ni un solo indicio o información sobre aquello, resultando extraño considerando el interés de la dirigencia del PC chileno por aumentar los bonos del partido frente a la internacional, a la vez que teóricamente el alzamiento estaba dirigido por la propia Komintern; cuarto, la ligazón que se establece entre las movilizaciones de Lonquimay y la política de la FOCH, actuando las primeras como punta de lanza para el desarrollo de movilizaciones más amplias y preparando el terreno para la organización del congreso de la FOCH, situación extraña si se considera la reconocida debilidad que planteaba el PC respecto a las conexciones de la organización sindical (y el partido) con los sectores campesinos.

Respecto al alzamiento mismo, Contreras Labarca entrega una serie de detalles que reafirman lo planificado de éste, pese a que ciertas situaciones lo habrían adelantado respecto a la fecha original. Así, según el Secretario General del PC, desde Lonquimay viajaron a Santiago delegados del sindicato agrícola al congreso de la FOCH, planteando en esta instancia la organización de manifestaciones armadas, específicamente un levantamiento en el mes de julio, pero aquellos que se encontraban organizando el alzamiento en el terreno - principalmente enviados del partido -, habrían sido sorprendidos por la policía, produciéndose el primer enfrentamiento y decidiéndose así comenzar de inmediato el alzamiento. De esta manera “...esta reunión de los obreros, campesinos, indígenas que en este momento sesionaba en Lonquimay, adoptó una serie de importantísimas decisiones: la ocupación inmediata de los latifundios de la región, expropiación y distribución de todos los alimentos que estaban en las bodegas de la región, en las tierra de los latifundistas y en los fundos, entrega de armas a los trabajadores de la región para defenderse de las fuerzas armadas del gobierno. Fueron adoptadas una serie de decisiones de carácter técnico militar. Se decidió organizar en la región un tribunal revolucionario para llevar a cabo de inmediato una justicia de clase. Fue elegido un grupo de dirigentes que debían encabezar el levantamiento. En esta reunión también fueron adoptadas decisiones referentes a las reivindicaciones de los indígenas mapuche acerca de la defensa de sus tierras. Fue adoptada la decisión de crear una república Mapuche Araucana” (44). A su vez, se organizó la defensa de los pasos cordilleranos que llegaban a Lonquimay, participando en ello los obreros de los lavaderos y los campesinos, así como sus mujeres, llevando a cabo solo una parte del plan ya que no pudieron contar con unos “almacenamientos de armamento” que estaban en el lugar. En forma paralela se producía la reacción del gobierno, el cual habría enviado a la zona “...a todas las tropas, todas las unidades de carabineros, movilizó la aviación y a las Milicias Republicanas” (45), teniendo como resultado la fuerte represión sobre el movimiento y su consiguiente fracaso. Aún así, algunos alzados lograron escapar hacia la Argentina, entre ellos “viejos militantes y activistas del partido chileno”, los cuales habrían podido comunicarse con el PC, diciendo que vengarían a sus compañeros muertos, así como “Dicen también que quieren lavar su culpa, sus debilidades y errores durante el levantamiento...” (46). Finalmente, Contreras Labarca plantea: “El levantamiento de Lonquimay demuestra que nuestras consignas empiezan a penetrar al interior de las masas obreras y campesinas, de las masas indígenas en Chile, que la creación de la autodefensa armada en la lucha contra los terratenientes ya no es una utopía, sino que corresponde a la situación actual de Chile” (47).

De la descripción anterior, es interesante especificar lo siguiente: la clarificación definitiva de lo organizado del alzamiento, estableciéndose por ejemplo fecha y previo almacenamiento de armamento; los fuertes vínculos que habrían existido entre la FOCH y los sectores sindicalizados de Lonquimay, manifestado aquello en la participación de una delegación del sindicato en el congreso FOCH; la movilización no solo de los campesinos, los directos afectados por la cuestión de la posesión de la tierra, sino que además de los obreros que trabajaban en la zona y los mapuches del lugar, lo que ampliaría considerablemente el radio de influencia del partido; y la afirmación del alzamiento armado como una opción política, pero ligado en primer lugar a la lucha reivindicativa, de ahí el “reconocimiento” de los militantes que se refugiaron en Argentina respecto a sus errores en la conducción de los sucesos.

Como se ha podido observar, el relato de Contreras Labarca en la reunión del Secretariado Sudamericano de Komintern es rica en detalles, pero especialmente es relevante en cuanto a proyectar la participación del PC en Ránquil, tanto en los meses anteriores al alzamiento como al momento en que éste se desencadena. Ahora bien, es necesario analizar, en conjunto, los postulados del Secretario General del PC y los planteamientos que hemos desarrollado hasta ahora a base de los diversos textos estudiados, así como de la información aportada por los documentos de Komintern, especialmente aquellos previos al alzamiento, ejercicio fundamental para definir o acercarnos a una definición de cuál es la participación efectiva del PC en los sucesos del Alto Bío - Bío y la posibilidad real de aquello.

Uno de los primeros elementos a considerar es la relación entre una política campesina del PC previa a los hechos de Ránquil y la influencia que a decir de Contreras Labarca se logra sobre ellos en el momento de los hechos. Respecto a esto, hemos observado en la segunda parte de este trabajo los intentos del PC por elaborar una política campesina, llegando a plantearse el tema por lo menos en dos congresos, a la vez que la propia Komintern propone en su momento algunos elementos de política campesina. También observamos los esfuerzos del PC por introducirse en el sector campesino, especialmente hasta 1927, y los buenos resultados que a decir de Ramírez Necochea se logran en esa tarea, aún cuando esos mismos resultados fueran efímeros, de ahí las constantes referencias a lo escasa de la relación con el mundo campesino, comentario que se realiza por lo menos hasta el año 31. Lo anterior debería contrastar con lo planteado por Contreras Labarca sobre el nivel de inserción que lograron en Lonquimay -formación del sindicato, reclutamiento de militantes, conquista de indígenas, conducción de las movilizaciones- pero, si hacemos una visión desde el ámbito local, ese contraste no necesariamente existe.

Según Ramírez Necochea, el PC había logrado focalizar, en su momento, el trabajo campesino en la IV y VI regiones, además de algunas pequeñas expresiones en la V, VIII, IX y X, por lo cual a priori no se puede afirmar la incapacidad de insertarse en un sector donde ya habían antecedentes de trabajo (tanto en el ámbito sectorial - campesinos -, como territorial - VIII y IX regiones), además de que se contaba con un indeterminado número de obreros que provenían del Norte Grande y que por lo tanto tenían algún nivel de cercanía con el trabajo sindical y el Partido Comunista, lo que facilitaría la inserción y trabajo en el sector. Además, y en una imagen que proyectan la mayoría de los textos analizados, las precarias condiciones de vida y el latente conflicto de la tierra que se daba en la zona creaban condiciones objetivas para que cuajara una política rupturista o por lo menos reivindicativa como la que planteaba el PC.

Otro elemento importante, y que en parte dice relación con la idea anterior, es la influencia que se había logrado por parte de la FOCH en la zona, considerando que esta central sindical era fundamentalmente obrera. Nuevamente volvemos a Ramírez Necochea, quien se refería a algunos contactos existentes entre la organización sindical y los sectores campesinos, logrando incluso la realización de una conferencia zonal en Valdivia en 1926. Ahora bien, la dictadura de Ibañez logra debilitar considerablemente a la FOCH y el PC, y es obvio pensar que aquellas relaciones originales entre los obreros y campesinos también se debilitaron. Sin embargo, hacia el año 34 las organizaciones políticas y sindicales se estaban reorganizando, y es probable que parte de aquella reorganización haya dado como resultado la inserción en Lonquimay, con mayor razón cuando existía una masa importante de obreros en el lugar, algunos de ellos, probablemente, con tradición “fochista”. Ahora bien, creemos que Contreras Labarca exagera al afirmar que es el PC y la FOCH los que crean el sindicato agrícola, entre otras cosas por que el sindicato, según Germán Palacios, existía ya de hecho en 1929 (48), momento en que tanto el PC como la FOCH estaban prácticamente desarticulados.

Un tercer elemento es el alzamiento mismo. Contreras Labarca es explícito en afirmar que este se encontraba organizado, aunque no deja de llamar la atención el hecho de que en los documentos de Komintern previos al alzamiento no se haga ninguna referencia a él. Además, otra cosa que llama la atención es que se organizara en una zona campesina donde a lo más se tenían pocas referencias de trabajos previos, a diferencia de lo que podía ocurrir con la IV y VI regiones, donde según Ramírez Necochea se había logrado, en un momento, asentar un trabajo más extenso. Además, un alzamiento en esas regiones era considerablemente más efectivo en términos políticos, porque podría involucrar no sólo a los campesinos, sino que en caso de tener efecto se podía reproducir rápidamente hacia la población minera y trabajadores urbanos. A estas dos inquietudes hay que agregar otra, el hecho de que se planteara un alzamiento en una zona campesina absolutamente aislada y con históricamente poco trabajo político y no en el Norte Grande, donde si bien no existían condiciones geográficas para sustentarlo en el tiempo, por lo menos existía una población fuertemente identificada con la política comunista. Finalmente, una quinta inquietud es el hecho de que mientras se organizaba un alzamiento predominantemente campesino, la FOCH preparaba un congreso unitario “... donde debería ser adoptado un amplio programa de las reivindicaciones de las masas trabajadoras de Chile”, y no una política de ruptura como necesariamente era el alzamiento.

Un cuarto elemento es la constante referencia que realiza Contreras Labarca a la participación de los mapuches. En este sentido, si bien algunos de los autores que se refieren a Ránquil plantean la participación de obreros en el alzamiento, ninguno, salvo Patricio Manss en la novela “El memorial de la noche”, afirma el involucramiento de los mapuches en él. En este sentido, coincidimos con la profesora Olga Ulianova en que esta referencia buscaba principalmente responder a la política que planteaba Komintern sobre la relación con la población aborigen, aunque en ese esfuerzo se tuviera que magnificar o directamente falsear parte de la información (49). Ahora bien, no deja de ser probable que se diera la participación de algunos mapuches, pero por lo menos en los sujetos que dirigen o participan, y de los cuales se tiene constancia, no aparece ninguno que en términos de apellido pertenezca a ese pueblo (50).

Finalmente, y a modo de síntesis, podemos plantear que existe claramente la posibilidad de que el PC participara protagónicamente en los hechos de Ránquil. Si bien este no había elaborado una sustanciosa política campesina, y más bien ésta se encontraba en el plano reivindicativo y organizativo, existía la intención y las condiciones para desarrollar un trabajo campesino en la zona del Alto Bío - Bío. A su vez, la FOCH puede haber perfectamente logrado, en la práctica, desarrollar la unión “obrero - campesina”, y la comprobada participación de delegados de Lonquimay en el congreso del año 34 hace patente esa posición. Ahora bien, así como planteamos la posibilidad de los dos elementos anteriores, dudamos de que la manifiesta intención del PC en Lonquimay haya sido el desarrollo del alzamiento, no porque no estuviera potencialmente en su política (51), sino porque iba a trasmano de lo que en el año 34 se planteaba a nivel de movimiento de masas, que era el reagrupamiento del movimiento obrero y la lucha reivindicativa. En ese sentido, creemos que el alzamiento fue más bien una reacción de los colonos (con cierto apoyo obrero) frente a las pésimas condiciones de vida que se sufrían, así como del mal resuelto problema de la tierra, y el PC se ve involucrado porque se encontraba en el lugar desarrollando su trabajo político y acompaña, no en forma desinteresada claro está, a los colonos en su accionar. A lo más, creemos que el PC pudo, como decía el diputado Huenchullán, azuzar a los colonos para que defendieran sus derechos, pero un alzamiento con la magnitud y organización que muestran tanto Contreras Labarca como Harry Fahrenkog lo consideramos poco probable. A su vez, dudamos de una masiva participación de mapuches en el alzamiento, no porque no tuvieran razones para alzarse, sino porque la gran mayoría de aquellos que se han referido a Ránquil ignoran dicha participación, y los datos que se han recogido sobre los participantes no permiten plantear aquella participación. Además, si la política del PC ya era débil en los que respecta al mundo campesino, en lo referente a política indígena era casi inexistente, y, como veíamos, recién a partir de 1935 se produce un interés real del PC hacia aquel sector.

Conclusiones

Este trabajo fundamentalmente nos ha mostrado la posibilidad de realizar una relectura de los hechos de Ránquil, especialmente en lo que se refiere a la participación del PC en él. Lo anterior porque la mayoría de los estudios propiamente históricos que se han elaborado o que se han referido tangencialmente hasta ahora al alzamiento de Lonquimay (Donoso, Palacios, Mc Bride, Affonso, Manss) le habían asignado al PC una participación más bien marginal, y es posible, a partir de nuevas fuentes (los documentos de Komintern) desarrollar una nueva perspectiva sobre la participación del PC en ellos. Ahora bien, esta opción no es antojadiza. De hecho, el propio autor de este texto en más de una ocasión se vio abrumado y escéptico por los resultados a lograr, por la constante contradicción que presentaban las fuentes, mostrando estas, por una parte, un gran interés del PC por el trabajo campesino, a la vez que resultados relativamente importantes en el sector (posición de Ramírez Necochea), mientras que los documentos de Komintern del mismo período del que hablaba el historiador comunista nos mostraban una tendencia que iba más bien en el sentido contrario. A su vez, y en una idea que afirmábamos anteriormente, aquellos que se habían referido a los hechos de Ránquil, si bien se referían al PC, minimizaban en general su participación en el alzamiento (salvo Fahrenkrog, y, en forma parcial, Gonzalo Vial), mientras que en los documentos de Komintern, y en especial en aquel que interviene directamente el Secretario General del PC chileno, sólo faltaba decir que habían combatido tropas soviéticas en el Alto Bío - Bío.

Estas contradicciones existentes, de esta forma, nos señalan que la posibilidad de realizar nuevas lecturas de los hechos del Alto Bío - Bío está latente, en buena medida porque donde se ve originalmente contradicción puede existir complementariedad, como es en parte la lógica que hemos desarrollado.

 Ahora bien, si se nos abrió esta posibilidad de una primera relectura es fundamentalmente porque tuvimos material que lo permitiera, y en ese sentido los documentos de Komintern permitirán avanzar en el mismo sentido en otros acontecimientos de las décadas del 20 y 30, además de que se abre la oportunidad de mirar nuevos temas, como por ejemplo la relación del PC chileno con sus pares latinoamericanos, o las transformaciones políticas y orgánicas que sufre el PC a partir de sus relaciones con la Internacional, temática donde ya se ha insertado la profesora Olga Ulianova, recopiladora de los documentos de Komintern que han permitido desarrollar la perspectiva impresa en este texto.

NOTAS

* Sebastian Leiva. Licenciado en Educación en Historia y Geografía por la Universidad de Santiago de Chile. Actualmente alumno del Magister de Historia de la misma casa de estudios.

(1) Un nuevo estudio es el desarrollado por la profesora Olga Ulianova, titulado "El levantamiento campesino de Lonquimay y la Internacional Comunista", aparecido en la revista Estudios Públicos número 89 (verano 2003).

(2) Mc Bride, (1973), p. 205.

(3) Palacios, (1992), p. 96. La cursiva es nuestra.

(4) Donoso, (1954), p. 147.

(5) Como parte del anecdotario, es importante conocer la capacidad de desplazamiento que poseía Juan Segundo Leiva. Así por ejemplo, Germán Palacios plantea que éste participa, en junio del 34, en el congreso de la FOCH. A su vez, Gonzalo Vial lo muestra dirigiendo una “asamblea revolucionaria” el 26 de junio en Ránquil, luego de la cual se inicia el alzamiento. Finalmente, Fahrenkrog lo sitúa en el mismo mes en Montevideo y en Lonquimay, donde se habría apersonado para dar inicio al “levantamiento comunista internacional” el 24 de junio.

(6) Fahrenkrog, (1985), pp. 50 - 51. 

(7) Affonso, Gómez, Klein y Ramírez, (1970),  pp. 27 - 28.

(8) Idem, p. 29.

(9) Vial, (2001), p. 370.

(10) Manss, (1973), pp. 54 a 56.

(11) Fahrenkrog, op. Cit., p. 26.

(12) Idem, p. 40.

(13) Huenchullán, (1934), p. 24.

(14) Vial, op. Cit., p. 372.

(15) Affonso, op. Cit., pp. 28 - 29.

(16) Palacios, op. Cit., p. 76.

(17) Idem.

(18) Citado de Palacios, op. Cit., 76.

(19) Fahrenkrog, op. Cit., p. 51.

(20) Huenchullán, op. Cit., pp 18 - 19.

(21) Los documentos de Komintern utilizados en este trabajo fueron facilitados por la profesora Olga Ulianova en el contexto del curso “La Internacional Comunista en América Latina”, del Magíster de Historia de la Universidad de Santiago, y corresponden al período 1922 - 1937, consistiendo principalmente en informes realizados por enviados de la Internacional a Chile y a correspondencia entre el PC criollo y la citada organización comunista.

(22) Hernán Ramírez Necochea, Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Editorial Progreso, Moscú, 1984.

(23) Ramírez Necochea, op.cit., p. 324.

(24) Idem, p. 326.

(25) Idem, p. 326 - 327.

(26) Idem, p. 327.

(27) Idem, p. 330.

(28) "Nota adicional al manifiesto del Komintern para los partidos comunistas de  los países latinoamericanos", Moscú, septiembre de 1924.

(29) "Carta abierta del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista a los miembros del Partido Comunista de Chile con motivo del congreso del partido", 27 de diciembre de 1926.

(30) "Informe del CC del PC chileno al SSA", Santiago, 5 de febrero de 1927.

(31) "Informe sobre la situación del PC chileno elaborado en Moscú  por Rufino Rosas, delegado del PCCH", Moscú, 10 de enero de 1928.

(32) "Informe del CC provisorio del PC chileno al Secretariado Sudamericano de Komintern", 15 de noviembre de 1929.

(33) "Carta abierta del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista a los miembros del Partido Comunista de Chile con motivo del congreso del partido", 27 de diciembre de 1926.

(34) "Carta del Buró Sudamericano de Komintern al Comité Central del PC chileno", 7 de septiembre de 1931.

(35) "Tesis del BSA de la IC sobre las grandes luchas revolucionarias del proletariado chileno", 4 de diciembre de 1931.

(36) "Reunión de Lendersecretariado Lationamericano de 10 de marzo de 1934. Informe del compañero Muravski", 10 de marzo de 1934.

(37) En el período que va entre 1922 y 1927 existen apenas 25 documentos de Komintern que se refieren a Chile, y de ellos solo 7 corresponden a los años donde el PC chileno delinea, según Ramírez Necochea, sus primeros postulados sobre el tema campesino.

(38) Ver en "Carta de “Horacio” desde Chile a “Alfredo”, 2 de mayo de 1934.

(39) Las alusiones constantes a los mapuches comienzan a aparecer recién a partir de 1935. Antes de eso, y si nuestra revisión de los documentos no pecó de objeciones involuntarias, sólo en dos oportunidades se realizaron referencias sobre ellos; en 1931, cuando se plantea la importancia que tenían, si bien se reconoce que no se había realizado ningún trabajo hacia ellos, salvo algunos contactos en los años anteriores a través del “traidor Quevedo”, y en 1933, cuando la Escuela Internacional Lenín organiza unos cursos de formación y a Chile se le asignan seis cupos, de los cuales dos debían ser ocupados por indígenas.

(40) "Carta de un emisario de Komintern desde Chile al Lender – Secretariado Latinoamericano", 14 de enero de 1935.

(41) Idem.

(42) "Reunión del Secretariado Sudamericano", 25 de marzo de 1935.

(43) Idem.

(44) Idem.

(45) Idem.

(46) Idem.

(47) Idem.

(48) Quizás la equivocación de Contreras Labarca se deba al hecho de que el primer presidente del sindicato fue Juan Segundo Leiva, sindicado, como hemos visto, como militante del PC. Respecto a lo anterior, no está del todo claro en que momento Leiva se hace militante del Partido Comunista, ya que cuando se forma el sindicato y él asume la presidencia, debiendo incluso representar a la organización en Santiago frente al presidente Ibañez, la persecución contra la organización de izquierda estaba en pleno auge. Incluso Palacios plantea que frente a la ilegalización del PC Juan Leiva debe dejar la presidencia, dejándola en manos de Manuel Astroza, quien de esa forma aparece como presidente del sindicato en el momento en que se produce el alzamiento.

(49)  Ver en notas a los documentos de Kominter.

(50) Al ver los diversos textos, algunos de los alzados que aparecen identificados son Juan Leiva, Manuel Astroza, los hermanos Sagredo (Simón, Benito, Emelina, Clementina, José Rosario), José Uribe, Francisco y Pablo Cisternas, Alarcón, Margarita Ramírez, Sofía Cisternas, José Figueroa, Ismael Cartes, Rocart Hermosilla, Camilo Rodríguez, Adolfo Sánchez y Herminio Orrego. 

(51) Sin ir más lejos, Komintern organizó y financió el alzamiento del coronel Luis Carlos Prestes en Brasil en 1935.

Referencias Bibliográficas

1. Affonso Alfino, Gómez Sergio, Klein Emilio y Ramírez Pablo, Movimiento campesino chileno. Volumen I. Instituto de Capacitación e Investigación en Reforma Agraria (ICIRA), Santiago, 1970.

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14. Revista Ramona, año I, número 23, 4 de mayo de 1972.

15. Documentos Komintern 1922 - 1937.

Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile ISSN 0717-2869