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REVISTA DE URBANISMO Nº 8, Especial Sewell - junio 2003
ISSN 0717-5051

Sewell, historia y cultura en un asentamiento humano organizacional

1. Reseña histórica de Sewell

Antecedentes (antes de 1905)

La historia de Sewell está señalada e íntimamente relacionada con la del mineral El Teniente, sin la cual no puede explicarse su razón de ser, como tampoco sería posible entender la fuerte asociación de los fenómenos de permanencia y cambio que han experimentado el uno y el otro.

Se sabe que la existencia del mineral era ya conocida en tiempos pre-hispánicos, del cual los indios obtenían cobre para fabricarse joyas, utensilios domésticos y artefactos de caza. Durante los siglos XV, XVI y XVII los españoles extrajeron cobre nativo, que exportaron como materia prima de armamentos. El siglo XVIII sólo registra actividades extractivas muy menores y esporádicas, debido a las inclemencias invernales. En 1760 era conocido como mina “La Fortuna”, pasando a ser denominado “El Teniente”, a raíz del descubrimiento fortuito hecho por un militar español, que huyendo de la justicia y tratando de alcanzar la Argentina, se refugió en una cavidad con tan valiosas vetas.

En 1897 Enrique Concha y Toro junto a Carlos Irarrázaval, dueño a la sazón de las pertenencias, encargan un completo levantamiento de ellas, llegando al convencimiento de que su explotación reclamaba grandes capitales que ellos no poseían. Apelan a los conocimientos técnicos del ingeniero italiano de larga residencia en el país, Marco Chiapponi, encargándole a su turno interesar a inversionistas extranjeros que pudieren adquirir el yacimiento.

 Chiapponi logra que su amigo norteamericano, el ingeniero de minas William Braden, venga a Chile, arribando a Valparaíso a comienzos de 1904.

Braden actúa con máxima presteza, encargando a Chiapponi construir una huella para carretas desde Graneros a la mina, en tanto el organiza en Nueva York la futura sociedad explotadora. Se asocia con E.W. Nasch, presidente de la American Smelting  and Refining Company, y con Barton Sewell, fundador de esa empresa y su Vicepresidente a la sazón. Crean el 8 de octubre de 1904  la “Braden Copper Company”, que fue precedida por dos sociedades de muy corta vida , “ The Rancagua Mines “ y “The Braden Copper Company”,(Baros,1995:23-50).

Desde esa temprana época empieza a desarrollarse la  historia del campamento Sewell, siendo posible establecer algunos períodos en ella, basándose en dos factores decisivos para los acontecimientos que la comprenden: la forma de propiedad de la empresa, y la visión en que su administración funda las relaciones con su personal,(Gómez,2002:2).

Nacimiento, crecimiento y desarrollo (1905-1966)

(Durante este período la empresa es de capitales norteamericanos)

Fundación y consolidación (1905-1945)

El emplazamiento del campamento en el lugar donde hasta hoy se sitúa obedeció a la decisión previa tomada por W. Braden de ubicar allí el molino, en un terreno que presentaba condiciones propicias en medio de montañas por su cercanía a la mina, permitía valerse de la fuerza de gravedad en el proceso productivo y posibilitaba captar las aguas requeridas para su operación. En 1906 el lugar es conocido como El Establecimiento, por el mismo edificio de molienda allí erguido. Posteriormente y por varios años, se le conoció  simplemente como El Molino, hasta que en 1915, mediante un comunicado oficial de la empresa se le denomina Sewell, en homenaje a Barton Sewell, ex Presidente y socio fundador de Braden Copper Company, quien recientemente había fallecido en Nueva York.

Durante el período inicial irá consolidándose un complejo minero-residencial en medio de abruptos e inhóspitos cerros de la Cordillera de los Andes, aislado de la sociedad chilena y sólo conectado a la ciudad de Rancagua, a partir de la década de los años veinte, por el ferrocarril construido por la Compañía. Es un período de grandes realizaciones y superación de innumerables dificultades, que inaugura el poblamiento en altura del macizo andino, proceso inédito en la historia del país.

Sewell fue siendo paulatinamente equipado para estar al servicio del objetivo principal: la producción de cobre. La Compañía proveyó de todo lo necesario para alcanzarlo, con una decidida opción por la autarquía o autosuficiencia. La administración norteamericana opera con el modelo de “ Company Town”, cuya implementación se ve favorecida por el aislamiento,(Fuenzalida,1919:79-94).

 Este período se caracteriza por un rico encuentro entre la cultura del jefe y administrador norteamericano con la de los primeros trabajadores y habitantes de Sewell, en su inmensa mayoría de origen campesino, analfabetos y sin los hábitos ni disciplina requeridos por las faenas mineras. De la mutua adaptación se generará una cultura original, propia de quienes por generaciones la fueron urdiendo y que, hasta hoy, sus depositarios en otros lugares de la región o del país mantienen y añoran.

La existencia de Sewell y sus características fueron moldeadas por contingencias geográficas y climáticas.

Hacia 1945 se había consolidado una próspera empresa, pionera en múltiples dimensiones de la gestión en el país y latinoamérica, que orgullosa de sus logros exhibía una forma de trabajo y de vida de vanguardia, en sus plantas y campamentos. No obstante su preocupación preferente por la seguridad  industrial, ocurre un incendio al interior de la mina, iniciado a raíz del descuido de unos operarios, desencadenando una catástrofe casi sin precedentes en la minería mundial, al morir asfixiados 355 trabajadores.

La nueva cultura de la seguridad (1945-1955)

El impacto que causó la tragedia de “El Humo”, incendio acontecido el 19 de junio de 1945, tanto en la empresa, en el campamento así como en la comunidad nacional e internacional, hace que Braden tome decisiones de fondo que van a cambiar no sólo su gestión, sino también la mentalidad y los hábitos de sus trabajadores y de los residentes en el campamento. Asistimos en este período a un genuino e interesante cambio cultural.

Se incorpora al equipo ejecutivo el ingeniero norteamericano Stanley Jarret, experto en seguridad e higiene industrial, quien con total respaldo de la alta administración inculca técnicas, introduce tecnología y educa a los trabajadores y a sus familias en el lema “Seguridad ante todo”. Valiéndose de novedosos mecanismos motiva, persuade, genera hábitos de conducta, los que señalan, hasta hoy, a los que habitaron Sewell, a los que han incorporado en sí la “Cultura Teniente”, (Baros,2000:329-374).

Esta decisión de Braden, de carácter interno, queda testimoniada en el patrimonio fisico-arquitectónico con la construcción de un nuevo, bien equipado y moderno edificio en un lugar prominente del campamento, destinado al Departamento de Seguridad .

Hacia fines de este período Sewell ocupaba una extensión de 418.000 metros cuadrados, y ofrecía en muchos aspectos condiciones de vida excepcionales para la realidad del país, y en algunos, comparables internacionalmente.

La visión del valle como alternativa ( 1955-1965)

En esta década no se evidencian grandes cambios en el devenir del campamento, sus rutinas y formas de convivencia, ni acontecimientos de magnitud y repercusiones, como  fue “El Humo”, capaces de quebrar la continuidad de mentalidades y visiones compartidas. No obstante ello, la empresa norteamericana Kennecott, propietaria de su subsidiaria en Chile, la Braden Copper Company, preocupada por el futuro de la explotación del mineral, encarga un ante-proyecto de ampliación de las operaciones a la firma Kaiser Engineers International. El estudio es entregado en 1957 y se le conoce como el “Plan Codegua”. En grandes lineamientos, proponía radicar en el valle central y en la comuna homónima, las nuevas instalaciones requeridas, contemplando detener  las operaciones en Sewell y Caletones, y por los elevados gastos que representaba la mantención de campamentos en la montaña, proceder al cierre de Sewell y de los otros poblados de propiedad de la empresa. Consideraba este plan, el traslado de los trabajadores y sus familias a la ciudad, mediante la construcción de habitaciones en convenio con la Corporación de la Vivienda (CORVI), ente público dependiente del Gobierno.

Este Plan fue impulsado con entusiasmo por Kennecott y el Gobierno del Presidente Alessandri Rodríguez, debido a las ventajas que tales inversiones representarían para el país; sin embargo, no contó con la aprobación del Congreso Nacional, y en definitiva no llegó a realizarse,(Baros,2000:533-535).

Es entonces en este decenio (1955-1965) cuando se incuba la idea primera de trasladar al valle las operaciones y habitaciones por parte de la administración norteamericana.

No obstante la completa exploración de alternativas que el Plan Codegua realizó para Sewell, buscando su erradicación y término, en el mismo período (1957-1958) existió un estudio de ingeniería (GER-374) que, basándose en su mantención, consideraba una radical tranformación de sus áreas no industriales. A partir de algunos principios de los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna), planteó transformar el campamento mediante construcciones de hormigón armado, en reemplazo de la madera; ordenar de acuerdo a un trazado geométrico, en vez de seguir la topografía; sustituir la organización compacta por una abierta, con mayor separación entre los edificios y mejorando el standard de las viviendas; ordenaba las actividades y creaba un nuevo lenguaje estético de inspiración funcionalista y resolvía el transporte peatonal mediante cuatro funiculares. Su costo era de US$ 60 millones de la época.

La decisión de no llevar a cabo esta transformación tan integral y profunda, permitió preservar el Sewell histórico, tal como hoy lo apreciamos, fiel testimonio del esfuerzo y perseverancia que lo fueron conformando desde los comienzos del siglo XX.

Despoblamiento y reducción (1966-1998)

(Durante este período la propiedad de la empresa es chilenizada, 1967, y posteriormente nacionalizada,1971).

La “Operación Valle “ y el desalojo (1966-1979)

Se da inicio a las negociaciones entre el Gobierno de Chile y la Kennecott para constituir una sociedad mixta que tome la propiedad del yacimiento y sus instalaciones. Culminan con la constitución de la Sociedad Minera El Teniente S.A., en abril de 1967, en la cual el Estado de Chile es dueño del 51% de sus acciones. Junto con ello se aprueba el llamado “Plan de Expansión 280”, para alcanzar una producción de 280.000 toneladas de cobre anuales.

La administración de la sociedad mixta debe emplearse a fondo para persuadir a los trabajadores y a sus familias , quienes ya superaban las 12.000 personas, acerca de las ventajas de trasladarse a la cuidad y ser propietarios de sus viviendas. La administración asesorada por sociólogos indaga las motivaciones profundas de las resistencias, y establece que las únicas dispuestas al cambio son las esposas de los trabajadores, que arriesgando su condición presente, perciben que la cuidad les brindará mejores oportunidades educacionales y laborales a sus hijos. Ellas aceptan, y por ahí empiezan a superarse las reticencias de trabajadores y dirigentes sindicales, quienes acuerdan con la empresa no sólo soluciones habitacionales, sino una completa gama de inversiones en Rancagua en educación, salud, deportes y recreación, y otras que les garanticen acceso exclusivo para ellos, en la forma como se había acostumbrado en el campamento, (Egaña,2002).

En 1971 la totalidad de la propiedad de la empresa pasa a manos del Estado de Chile, al  aprobar el Congreso Pleno la iniciativa del Gobierno de la Unidad Popular de nacionalizar las grandes compañías de cobre. En este período Sewell ya ha sido parcialmente evacuado con el traslado de las familias a Rancagua. Sus sectores y sus edificaciones experimentan cambios, tanto en sus designaciones como en sus destinos de uso.

El 1º de septiembre de 1972 entró en funciones el Pique C y el túnel Teniente 8, obras de gran importancia y magnitud contempladas en el Plan de Expansión, las que permitieron el traslado del personal mediante un tren subterráneo en la mina y un ascensor que lo llevaba a Sewell. Representó gran ahorro de tiempo en los traslados y evitarle a los trabajadores atravesar todo Sewell para abordar el antiguo tren que tanto demoraba en llegar a destino, (Drago,1988:196). Este adelanto fue notable, sin embargo significó restarle vida y actividad humana al campamento.

En 1979 cierran las cajas pagadoras en Sewell (Baros,2000:576-587), centro de una de las actividades más características de sus rutinas y que congregaba largos contingentes de trabajadores en cada una de las fechas indicadas en el calendario de pagos.

Reducción y demolición (1979-1998)

El Teniente pasa a ser una División de la nueva Corporación del Cobre de Chile (Codelco – Chile ) creada en 1976 durante el Gobierno Militar, (Baros, 2000:588).

El proceso de reducción, demolición y enajenación de materiales se acentúa, ya que se ha decidido poner término a la existencia del campamento como tal, basándose en consideraciones de carácter económico y que señalan los elevados costos involucrados en su mantención.

El 15 de marzo de 1980 se había efectuado el último viaje del ferrocarril, recorriendo por vez postrera el trayecto desde La Junta hasta el Patio de Rancagua. A partir de entoces Sewell se convierte en una ciudad-dormitorio para el personal de contratistas, llegando a albergar 5.000 personas en las edificaciones aún no demolidas. En 1994 el Ministerio Secretaría de la Presidencia (D.S.Nº179-16.11.94) declaró “Zona Saturada” a un área de 120.000 Hás. en torno a Caletones, dentro de la cual queda Sewell.

En diciembre de 1998 debe evacuarse a estos trabajadores de contratistas, al establecer la Corporación Nacional del Medio Ambiente (CONAMA)(D.Nº81-12.05.98) un plan de descontaminación para el área de Caletones, en la que queda inserto Sewell, y que prohibe pernoctar en él.

En este período, el panorama en lo que había sido una pujante, acogedora y vivaz ciudad de montaña, adquiere características de pueblo con evidentes muestras de abandono y destrucción.

Monumento Nacional (1998  a la fecha)

(La propiedad de la empresa permanece en manos del Estado).

Ante la rápida e inminente desaparición de Sewell se levantaron voces que clamaban por lo que estimaban la pérdida de un bien patrimonial de primer rango para la Nación.

Ya en 1976 se había iniciado el Informe Técnico IG-4836 al interior de El Teniente, a cargo del arquitecto Luis Gómez Lerou, el cual terminado en 1978 proponía salvaguardar Sewell. Paralelamente, el arquitecto Alberto Collados Baines propiciaba públicamente en la prensa  la idea de que esa localidad fuera declarada  Monumento. Ambas iniciativas se inspiraban en una visión patrimonialista, y enriquecían desde el ámbito de la cultura un tratamiento que sólo había recibido consideraciones de carácter económico.

El 27 de agosto de 1998 el Ministerio de Educación, con la anuencia de Codelco declaró Zona Típica al Campamento Sewell, incorporando a este Monumento Nacional las instalaciones que habían subsistido, (Gómez,2002:5-9).

Hoy, otros distintos fines a los que dieron origen al campamento de Sewell, los han sustituido, y harán posible su conservación para mostrar y enseñar a sus visitantes qué bizarros valores humanos se compartieron en esas laderas, muros, escaleras y techos.

Valores de índole inmaterial, que encierran anhelos y realizaciones humanas, no exentas de episodios épicos y que escribieron capítulos de renglones ún

Portada | Resumen | 1. Reseña histórica de Sewell | 2. Estructura organizacional, estructura social y emplazamiento de las edificaciones | 3. El medio ambiente, el aislamiento y la autarquía | 4. El origen de la fuerza de trabajo y el cambio cultural | 5. La cultura y sus valores | 6. El intercambio cultural | 7. El espacio físico, lo privado y lo público. | 8. La educación, las entretenciones y las expresiones culturales | 9. El campamento y los conflictos sociales | 10. Sewell como asentamiento humano | Bibliografía | Citas | Imagen | Versión completa/Complete version



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