PRINCIPIOS
GENERALES DE ETICA
Toda investigación en que participen seres
humanos debe realizarse de acuerdo con cuatro principios éticos
básicos, a saber, el respeto por las personas, la beneficencia,
la no maleficencia y la justicia. Se da por sentado habitualmente
que estos principios guían la preparación concienzuda de propuestas
para los estudio científicos. En circunstancias diversas,
pueden expresarse en forma diferente y se les puede otorgar
una importancia diferente, y su aplicación, de absoluta buena
fe, puede tener efectos diferentes y provocar decisiones o
cursos de acción diferentes. Estos principios se han debatido
y elucidado intensamente en las últimas décadas, y el objetivo
de estas Pautas es que se apliquen a la epidemiología.
El
respeto por las personas incorpora
al menos otros dos principios éticos fundamentales, a saber:
a) la autonomía, que exige que a las personas que
estén en condiciones de deliberar acerca de sus metas personales
se les respete su capacidad de autodeterminación, y
b) la protección de las personas cuya autonomía está menoscabada
o disminuida, lo que requiere que a quienes sean dependientes
o vulnerables se los proteja contra daños o abuso.
La
búsqueda del bien es la obligación
ética de lograr los máximos beneficios posibles y de reducir
al mínimo la posibilidad de daños e injusticias. Este principio
da origen a normas que exigen que los riesgos de la investigación
sean razonables frente a los beneficios previstos, que la
investigación esté bien concebida, y que los investigadores
sean competentes para llevar cabo la investigación y para
garantizar el bienestar de los que participan en ella.
La
no maleficencia ("No hagas daño")
ocupa un lugar preponderante en la tradición de la ética médica,
y protege contra daños evitables a los participantes en la
investigación.
La
justicia exige que los casos
considerados similares se traten de manera similar, y que
los casos considerados diferentes se traten de tal forma que
se reconozca la diferencia. Cuando se aplica el principio
de la justicia a personas dependientes o vulnerables, su aspecto
más importante son las reglas de la justicia distributiva.
Los estudios deben planificarse de modo de obtener conocimientos
que beneficien al grupo de personas del cual sean representativos
los participantes: quienes sobrelleven el peso de la participación
deben recibir un beneficio adecuado, y el grupo que se va
a beneficiar debe asumir una proporción equitativa de los
riesgos y del peso del estudio.
Pueden aplicarse principios éticos generales tanto individualmente
como a nivel comunitario. En el plano individual (microética),
la ética rige la forma en que una persona debe relacionarse
con otra y las reivindicaciones morales de cada miembro de
una comunidad. A nivel comunitario, la ética se aplica a cómo
una comunidad se relaciona con otra, y a cómo una comunidad
trata a cada uno de sus miembros (incluidos los miembros eventuales)
y a los miembros de otros grupos con valores culturales diferentes
(macroética). Los procedimientos que no son éticos
a un nivel no pueden justificarse simplemente porque se los
considere éticamente aceptables al otro nivel.