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Dr.
James F. Drane
Profesor Emeritus
University of Edinboro Pennsyvania
La
clonación torna a cada ser pensante en algo parecido a un filósofo
moral.
Cada individuo tiene una opinión acerca de si es o no correcto
clonar a otro ser humano. La idea de producir asexualmente copias
múltiples de organismos idénticos desde un punto de vista genético,
todos descendientes de un antecesor común, crea, en la mayoría
de las personas, una reacción moral negativa. Porqué alguien desearía
hacer algo así es la respuesta más recurrente que encontramos
en las encuestas. Sin embargo, la mayoría también reconoce que
una vez que la clonación humana llegue a transformarse en un hecho
científicamente posible, sólo será cuestión de tiempo ¿Deberíamos
permanecer sentados y aceptar lo inevitable sin importar cuán
desagradable parezca o qué tipo de consecuencias puede acarrear?
¿Deberíamos comenzar a formular estándares para tomar decisiones
moralmente defendibles acerca de esta nueva posibilidad científica?
La reacción negativa inicial de la mayoría de las personas en
cuanto a la clonación humana tiene una gran importancia. La disciplina
filosófica de 2.500 años de antigüedad llamada Ética, y la aún
más nueva denominada Bioética, toman en cuenta las respuestas
emocionales de los seres humanos desarrollados normalmente cuando
tratan de formular respuestas a preguntas éticas difíciles. Instintivamente,
la mayoría se forma la impresión que la procreación que resulta
de una expresión de amor y dentro del contexto de una familia
constituye algo favorable que debería protegerse. Los individuos,
en gran parte, creen que la procreación sexual no debería ser
reemplazada por alguna tecnología de laboratorio. Todas las culturas
cuentan con un estándar ético como el Cuarto mandamiento (Honrar
Padre y Madre) o el Sexto (No Cometer Adulterio) que le dan expresión
a este sentido ético básico y que entorpecen la emulación de lo
que hoy llamamos valores familiares.
No obstante, las reacciones instintivas y las antiguas normas
éticas no son todo lo ético que uno esperaría. No se pueden utilizar
antiguos textos fuera de contexto como soluciones rápidas a los
problemas técnicos contemporáneos sin traicionar su contenido
y a la vez confundirnos. Aunque nuestra reacción inicial a una
nueva posibilidad científica puede ser desagradable, abundan los
ejemplos de cambios que inicialmente causaron una reacción negativa
y luego se aceptaron, puesto que producían consecuencias buenas
e importantes. Uno de los roles del eticista o del filósofo moral
consiste en considerar todos los aspectos de una situación; consecuencias
y circunstancias, propósitos y posibilidades. Ética significa
pensar detallada y ampliamente acerca de situaciones y no quedarse
estancado sólo en versos relevantes de la Sagrada Escritura o
respuestas instintivas iniciales importantes.
Expertos
en Ética en la Actualidad
Hoy en día, mucha gente califica como practicante de una reflexión
ética seria. La mayoría de los sacerdotes, pastores y rabinos
se consideran a sí mismos eticistas. Los periodistas, por su parte,
también se consideran de la misma forma, en especial los encargados
de la página editorial. Inclusive los periodistas electrónicos
se vuelven eticistas después de que jubilan (por ejemplo, Walter
Chronite y David Brinkley). Los doctores hacen las veces de importantes
eticistas en nuestra cultura, diciéndonos cada día por la televisión
o a través de los diarios como vivir, como morir, como criar a
nuestros hijos, que comer y así sucesivamente. Los lectores de
las páginas editoriales no se sorprenderán por los comentarios
éticos "expertos" acerca de la gran problemática ética en cuanto
a la clonación.
Eticistas
Religiosos
Gran parte de los expertos en ética proviene de la religión. Los
eticistas del Vaticano ya han tomado una fuerte postura en contra
de la clonación, por ende, continúa la triste historia de sobrereacción
negativa hacia el descubrimiento científico. El Obispo Sgreccia
declaró que resulta incorrecto alterar una especie animal, considérese,
por tanto, el caso de un simple ser humano. Otro vocero se refirió
a la clonación como una violación a la integridad del matrimonio.
Los expertos del Vaticano reflejan los puntos de vista del Papa
y él ya ha rechazado cualquier uso de tecnologías que interfieran
con la procreación sexual dentro del matrimonio o que hagan factible
la destrucción de embriones humanos.
Los Teólogos católicos pueden hacer uso de diferentes suposiciones
de fondo desde la perspectiva del Papa y sus opiniones tienden
a la falta de credibilidad. Algunos ven las tecnologías genéticas
como una expresión de la creatividad humana y ésta como una ventaja,
ya que refleja la creatividad de Dios. Crear nuevas plantas y
animales mediante intervenciones genéticas es un hecho ampliamente
respaldado tecnológicamente, pero aún la mayoría de los moralistas
católicos demarcan sus líneas en cuanto a la clonación humana.
Los eticistas protestantes tienden a buscar contribuciones provenientes
de la Sagrada Escritura. Sin embargo, la Sagrada Escritura no
proporciona respuestas específicas a problemas modernos. Puede
proporcionar una dirección ética general la que posteriormente
debe enfrentarse a una dirección contradictoria proveniente de
textos diferentes. El libro del Génesis, por ejemplo, nos proporciona
dos historias relativas a la creación diferentes. En el primero
(Génesis, Capítulo Primero), el hombre es representado como un
ser que tiene dominio sobre toda la creación. Al ejercer dominio,
el hombre estaría actuando a la imagen de Dios. Esta historia
puede respaldar tecnologías genéticas e incluso la clonación.
En la segunda historia de la creación (Génesis, Capítulo Segundo),
el rol del hombre supera al de un asistente. Debe cuidar la creación
y, a su vez, protegerla. En la actualidad, la dirección ética
sería justo la contraria y la clonación podría ser considerada
como una violación a la administración. La Sagrada Escritura es
una fuente importante de dirección ética para toda la gente que
representa la religión judeo - cristiana, pero dado que la Sagrada
Escritura no proporciona respuestas específicas a problemas científicos
contemporáneos, los eticistas bíblicos tienen que pensar detalladamente
en la problemática de la clonación mucho más que cualquier otro.
Los eticistas judíos tienden a buscar dirección ética tanto de
la Sagrada Escritura como del Talmud (ley y tradición judía).
El rabino Moses Tendler, profesor de ética médica, analizó la
clonación haciendo uso de la metáfora talmúdica de la abeja que
ofrece miel y su aguijón. Preguntó, ¿estamos en el punto del árbol
del conocimiento dónde renunciaríamos a la miel para evitar el
aguijón? Otros rabinos no ven ninguna razón para criticar o incluso
regular la clonación.
Eticistas
Científicos
La mayoría de los eticistas religiosos consideran la clonación
humana como un hecho incorrecto. Los más permisivos entre ellos
instan a una gran precaución en la utilización de este tipo de
manipulación genética. No obstante, la ciencia tiene sus propios
eticistas y, por lo general, toman el punto de vista opuesto.
Los científicos tienden a centrarse en los beneficios positivos
de la clonación, descartando los peligros. Tienden a no hacer
predicciones de consecuencias catastróficas seriamente. A la crítica
ética proveniente de la ciencia exterior la consideran poco ilustrada
y/o perjudicial. Señalan que se puede confiar en ellos como creadores
de su propia ética. Incluso cuentan con sus propios héroes éticos,
santos científicos de todo tipo (Galileo, Bacon).
Los eticistas científicos enfatizan las posibilidades correspondientes
a conquistar la enfermedad y la infertilidad. Se centran en nueva
información acerca del funcionamiento celular que ayudará en la
lucha contra el cáncer. Además, la clonación podría actuar como
medio de protección en contra de ciertas enfermedades genéticas
que resultan de la combinación de genes de ambos padres. No obstante,
la ciencia cuenta con su propia historia de escándalos éticos
y la idea de que la gente debería dejar hacer a los científicos
lo que ellos consideren correcto ya no convence a nadie. El Dr.
James Watson, quien ganó el Premio Nobel por descubrir la estructura
del ADN, concuerda con que esta problemática no puede ser dejada
en las manos de la ciencia.
Eticistas
Económicos
Ni a la ciencia ni a la economía les gustan las restricciones
éticas. Los portavoces de los intereses económicos (en la economía)
apoyan a los científicos en contra de cualquier situación que
restrinja la clonación. Los intereses económicos se encuentran
concentrados mucho más en la clonación animal que en la humana.
No quieren ver arruinadas las posibilidades económicas de la clonación
animal a causa de las preocupaciones que acarrea la clonación
humana.
Eticistas
Literarios
La literatura, como la religión, constituye una importante fuente
de ética. Los novelistas y los poetas proporcionan puntos de vista
éticos y muchos ya han tomado posiciones muy críticas en cuanto
a la clonación. El libro de Mary Shelly "Frankenstein" (1818)
fue la primera evaluación negativa. Frankenstein era inteligente
y articulado, pero se encontraba profundamente angustiado por
su origen antinatural. En esta historia, el personaje se vuelve
loco y asesina al doctor que lo creó. "Los Chicos de Brasil" fue
tan aterradora como la clonación misma.
Eticistas
Gubernamentales
A través de la influencia creada por su consolidación, el gobierno
por años ha exigido controles éticos estrictos sobre la investigación
genética y la terapia que involucra a los seres humanos. Inmediatamente
después de las recientes noticias acerca de la clonación, el presidente
Clinton prohibió temporalmente el uso de capital federal para
experimentos de clonación humana. No mucho después del decreto
del presidente, un diputado republicano (Vernon Elders de Michigan)
propuso una prohibición en cuanto a la clonación humana, ya que
ésta podría crear una reacción negativa hacia la clonación animal
y, por esta razón, perjudicaría a los negocios. Sin decir lo que
hará el congreso, pero incluso si el gobierno prohibe la clonación,
esto aún deja al mercado como una base alternativa para actividades
relativas a la clonación.
Bioeticistas
Los bioeticistas son actores recién iniciados en el amplio escenario
de la reflexión ética. La bioética tiene sus propias teorías de
fondo, principios abstractos e historias paradigmáticas, pero
se desplaza desde amplias perspectivas éticas hacia normas, reglas
y políticas concretas. Lo que esperamos de los bioeticistas es
menos inspiración y más pautas prácticas para lo que se puede
o no hacer en la ciencia y en la medicina.
Los bioeticistas han estado trabajando en el área de la genética
desde poco después del descubrimiento del ADN. Hacen una distinción
entre célula somática e intervenciones genéticas celulares de
línea germinal. La primera se refiere a tratamientos relativos
a enfermedades genéticas mediante la introducción de un gen que
funciona adecuadamente en una persona en la que éste es anormal.
Se centra en enfermedades como Tay Sachs, Lesch Nyham y anemia
de glóbulos falcoformes. La terapia de la célula somática afecta
sólo a la persona aquejada de una enfermedad genética reconocida.
Se distingue de la terapia de línea germinal que involucra cambios
en un óvulo o un espermio y, por ende, incluye alteraciones genéticas
que se traspasarán a otras generaciones.
Aquí hay un ejemplo de estándares o pautas bioéticas para intervenciones
genéticas celulares somáticas en los seres humanos. (1) La intervención
genética se puede utilizar sólo para el tratamiento de enfermedades
genéticas serias. (2) No se encuentran disponibles terapias genéticas
o alternativas. (3) El defecto genético debe identificarse claramente.
(4) Estudios animales extensivos deben preceder cualquier intervención
humana con el fin de sustentar quejas acerca de la seguridad y
de la eficacia. (5) Todas las intervenciones terapéuticas deben
ser precedidas de elaborados procedimientos del consentimiento
informado. (6) Las formas y estrategias del consentimiento deben
ser aprobadas por un comité ético institucional.
La clonación sería un ejemplo de la intervención genética de línea
germinal. Resulta más difícil obtener la aprobación para intervenciones
de línea germinal por muchas razones, incluyendo el hecho de que
las alteraciones celulares de línea germinal son difíciles de
transmitir y, por ende, tienen una eficacia limitada (Se realizaron
cientos de intentos para clonar a Dolly). Los estándares éticos
de línea germinal, además de los mencionados anteriormente, son
más rigurosos. (1) La ciencia genética debe ser probada y la intervención
propuesta debe contar con una tasa de éxito razonable. (2) La
intervención de línea germinal debe mantener la promesa de una
utilidad sustancial. (3) Éticamente, no se permite ninguna intervención
que altere las características humanas fundamentales; por ejemplo:
libertad, inteligencia y capacidad racional. (4) Éticamente, no
se permite ninguna intervención que pueda crear un riesgo al "pool"
genético o bien a la diversidad genética.
Todas las pautas bioéticas puestas a disposición en la actualidad
militarían contra la aprobación de la clonación en nuestros días.
La reciente clonación de ovejas y monos hace una clonación humana
exitosa casi con certeza absoluta y supera la objeción basada
en falta de éxito. Sin embargo, ¿ofrecería la clonación humana
una utilidad sustancial? El Dr. Ian Wilmut, quien clonó a la oveja,
expresó su oposición ante la clonación humana. Dijo que la gente
no estaba pensando cuidadosamente y que no podía ver ninguna aplicación
útil de sus técnicas de clonación en los humanos.
Las reservas éticas del Dr. Wilmut acerca de la clonación humana
se pueden basar también en el criterio número 3. Por cierto, la
clonación humana altera la relación básica entre la persona clonada
y el "padre" (antecesor genético). Cualquier tipo de utilización
extensiva de la clonación violaría la pauta número 4 al crear
un riesgo en el "pool" genético y en la diversidad genética.
Las presentes aplicaciones terapéuticas limitadas de la clonación
hacen posible que ésta sea realizada con el fin de diseñar cambios
en las especies humanas (eugenesia). No obstante, ¿cómo decidimos
que cambios son apropiados en las especies humanas? ¿Deberíamos
transformarnos en nuestros propios creadores? Estas importantes
preguntas explican el porqué el Dr. James Watson (el descubridor
del ADN) no podría justificar el simple hecho de dejar las preguntas
éticas acerca de la clonación a los científicos.
La ciencia médica y la tecnología genética, en la actualidad,
nos obligan a enfrentar las preguntas básicas: ¿qué es la vida
humana? ¿Qué es un niño? ¿Quién es un padre? ¿Qué es una familia?
¿Cuál es el propósito de tener hijos? ¿Existe un Dios? ¿Somos
nuestros propios creadores o asistentes de la creación de Dios?
Nadie tiene una respuesta definitiva para cualquiera de estas
preguntas. Nosotros los seres humanos debemos continuar cuestionándonos.
La lucha por el significado nunca va a terminar. Sólo los fundamentalistas
religiosos y seculares tienen certeza de tener las respuestas.
Sin embargo, podemos estar de acuerdo con ciertas cosas. Los seres
humanos son creativos. Inevitablemente, intervenimos en la naturaleza
con nuestras herramientas y tecnologías. No obstante, deberíamos
respetar la estructura de la naturaleza e ingresar lentamente
en un área tan delicada como la clonación humana.
Algunos
Pensamientos Personales
Los bioeticistas como todos los otros moralistas profesionales
tienen que comenzar a pensar de manera mucho más seria acerca
de la clonación. La clonación humana no ha sido considerada a
fondo, ya que no se consideraba un hecho posible y muchos otros
problemas necesitaban soluciones. Todo esto ha experimentado variaciones.
Los bioeticistas pueden comenzar por aclarar el conjunto de errores
obvios y problemas falsos. La clonación produce una copia genética,
pero no una fotocopia de una persona. Un clon genético es una
persona diferente que tendrá un ambiente, oportunidades, suerte
elecciones, un espíritu o un alma distintos. Un clon de Einstein
podría utilizar su inteligencia superior para crear un círculo
de drogas a nivel mundial. No se puede clonar la voluntad de libertad.
El entorno, en especial el familiar, aún sigue teniendo una gran
influencia en lo que algún día llegaremos a ser. Un niño clonado
puede ser muy diferente del hermano que se utilizó para el experimento
sólo debido a la influencia del lugar en la familia. Los clones
se verán parecidos, pero no tendrán la misma experiencia y, por
consiguiente, serán distintos. Sabemos que esto resulta cierto
de acuerdo a lo que conocemos acerca de los gemelos monocigotos
que constituyen clones naturales.
Por otra parte, cualquier consideración ética seria de la clonación
debe tomar en consideración el hecho de que los seres humanos
tienen la capacidad tanto para distinguir el bien como el mal.
No se descuenta ninguna posibilidad. A medida que avanza la ciencia
genética, pueden emerger muchos beneficios de la clonación. Sin
embargo, incluso los beneficios objetivos pueden ser socavados
por actitudes y disposiciones humanas de naturaleza negativa.
Las personalidades narcisistas pueden hacer uso de la clonación
para satisfacer sus almas enfermas de egocentrismo o para tramar
sus propias versiones acerca de la inmoralidad. La gente envidiosa
y ambiciosa usaría la clonación para obtener dinero. Los individuos
enfermos por conseguir poder usarían la clonación para aumentar
su dominio sobre los otros. El potencial humano por la maldad
es un hecho real y no se puede dejar de lado de las consideraciones
acerca de la ética de la clonación.
¿Sería
demasiado ingenuo sugerir que los científicos, los teólogos y
bioeticistas comiencen a trabajar en conjunto para desarrollar
pautas éticas para la clonación en vez de sólo dedicarse a prohibir
la totalidad de la idea? Después de todo, el fundador de la genética
era un sacerdote católico. El padre Gregor Mendel descubrió los
genes y su investigación en el campo de la genética aún continúa
siendo válida desde ya hace 150 años. No se presentó ningún conflicto
inherente en ese entonces entre la ética, la religión y la ciencia
genética. La lección de Gregor Mendel consiste en que la religión
y la genética no son incompatibles. En vez de reacciones sospechosas,
prejuiciosas o instintivas desde una perspectiva negativa, ¿no
podrían los científicos genéticos y los bioeticistas comenzar
a desarrollar estándares éticos con los que la gente común se
sintiera cómoda?
Para que esto suene sentimental en extremo, una comisión ética
presidencial ya se formó y promete proporcionar algunas recomendaciones
en un plazo de noventa días. Esperemos que esta comisión esté
consciente de la historia. Se han cometido errores en el pasado.
Han ocurrido hechos realmente horribles que se caracterizan por
la maldad humana. Millones de inocentes perdieron sus vidas debido
a teorías superficiales y poco tenaces acerca de cómo se deberían
mejorar genéticamente las especies humanas. Somos demasiado ignorantes
acerca de cómo los elementos fuertementente interrelacionados
en el ecosistema operan para abordar propuestas de tipo eugenésico.
Sería un insulto para los millones de víctimas inocentes de los
programas eugenésicos realizados por los nazis si aquellos que
determinan los estandares éticos para la investigación genética
e intervenciones no pudieran decir no en algún punto.
Traducción: Haydée Vivanco Astete.
 
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