A un año de tu luz
A un año de tu luz, e iluminado
hasta el final de su latir, por ella,
desanda el viaje el corazón cansado.De tu voz, de tu mano y de tu huella
retorna a la niñez, donde palpita
sangres de luz tu corazón de estrella.Vamos los dos a la esperada cita
y parece saltar de mi costado,
santa y clara, tu voz de agua bendita.
Y así al solar de la niñez llegado,
mi corazón, devuelto de tu muerte,
a un año de tu luz, e iluminado.Luna de Cumaná, para encenderte
la lámpara de arrullo que me duerma
y el postigo de voz que me despierte.Luna en el pan de la colina yerma,
en el río, en la sabana,
pavón lunar de mariposa enferma;y luna en el cocal, junto a Chiclana,
donde el recuerdo azul de tus amores
se echa a dormir, como una caravana;luna para los mapas de colores
que teje la nocturna confidencia
rumbo a la calle de Flor de las Floresy luna que en tus uvas aquerencia
para miel de aquellas de tu parra
y el limón de las doce de tu ausencia.Ancha la casa que el poema narra:
blancas mujeres, de azabache el pelo,
hechas al par de hormiga y de cigarra;buenas para el bautizo y para el duelo,
parejas en el hambre o en la medra,
del sueño canto y del dolor pañuelo.Galaica flor en castellana piedra:
vaciada al acueducto segoviano
la ría de cantor de PontevedraAsí te halló el Esposo y Hortelano,
Doctor para saber cómo se tienta
el pulso al corazón desde la mano.Así el hogar, Señora y Cenicienta,
nodriza y enfermera en el manejo
y en el combate al sol, lugartenienta.Así la lucha y la prisión, espejo
de aquella tierra de recluta y canto,
panal del niño y retamal del viejo.Y tu niño en la flor del camposanto
y el Esposo en el sol de los caminos
el exilio y el mar: cosas del llanto.La isla de los lobos peregrinos,
de níspero el sabor, de perla el flanco,
de sal, de sol, de piedra los marinos.Copia de espuma y ola en el barranco,
de noche y playa, Médico y Cochero,
el coche negro y el caballo blanco.Y la Virgen del Valle y el Vallero,
perla para los buzos hacia arriba,
madre del mar y de su marinero.La Isla, como tú, del mar cautiva,
con eso de la sed y de la vela,
siempre llegando y siempre fugitiva.Dormir allí, bajo tu cantinela
soñar domingos de color de playa
en la semana de color de escuela.Dormir allí, pescado en la atarraya
de tu labor de estambre y mecedora,
mi sueño, entre las dunas de tu saya.¡Ay, las hermanas de durazno y mora!
¡Ay, mi hermano de amor y de centella!
¡Ay, mi Padre de luz y tú de aurora!¡Ay, el claro querer sin la querella!
Tu pan, tu sol, tus ojos, para el día;
para la noche, kerosén y estrella.Para la noche de ponerte fría,
cuando oíste subir de tus hinojos
el llanto de mi verso que nacía.Yo en tus rodillas, en la calle abrojos,
en la acera los dos, y una saeta
mi primer verso fue para tus ojos.Me alzaste en brazos; trémula y coqueta,
fuiste y volviste de la risa al lloro
y empezaste a gritar: - Tengo un Poeta !tú quisiste decir: - Tengo un tesoro,
tengo un ovillo de torzal de plata
y una cocina de fogón de oro...Así la Isla: calles de piñata,
amor de la muñeca y la gaviota,
cartas de sol con lunas de postdata.Hasta el día en que el mar, gota por gota,
cayó desde las nubes de tu llanto
hasta los pies de tu muñeca rota;y otro pedazo tuyo al camposanto:
niña del mar, que te prestó la tierra;
tanto te daba y te quitaba tanto.Y al mar de nuevo, la balandra en guerra.
Y el cabo al tajamar y el salto al valle
del pequeño calvario y la alta sierra.La ciudad linda, de guirnalda al talle,
el bronce amado y verdugo triste
y el silencio del hombre de la calle.Y tus manos de bruja artesanía
en el punto cabal de la chaqueta
y en escarpines de juguetería.(Por eso, tejedora en el Poeta,
en la dantesca red de los tercetos
engarzo a ti lazada y cadeneta).Y el regreso a los hijos y los nietos,
feliz de tus estancias favoritas
y enredada la lengua de alfabetos;y la puntualidad de tus visitas
a misa de San Juan, por la mañana,
a la capilla de las hermanitas.Morir, morir... La insustituible hermana
al reino de la nube y de la flecha,
luna descalza, huyó por la ventana.No fue más que otra deuda satisfecha
en el trueque de savias y de flores
que había entre la tumba y tu cosecha.Tu casa de San Luis de los Dolores
alzó al lacrimatorio de los pinos
la conciencia de ángel de las flores.Y tú a sus pies; el odio en los caminos
y tú ofreciendo en el cruzar del fuego
aire de amor a todos los molinos.Era molerte el alma; el mundo ciego
luchando, y tú, en el centro de la guerra,
sin queja, sin rencor y sin sociego.Y al ultimo dolor, tu vida cierra
balance de los hombres de tu entraña:
bajo la tierra, dos, y uno sin tierra.Al mar de nuevo, a darme en tierra extraña
la valiente mirada que quería
luchar contra la gota en la pestaña.Después, aquellos hombres de alma fría;
el inhóspito lecho hospitalario,
sobre la tela del cercano cielo,
el encaje final de tu rosario.Y el regreso al hogar, el negro vuelo:
con las dos alas el avión cortaba
varas de noche para nuestro duelo.Aldebarán, que nos acompañaba,
las Pléyades y el mar que las refleja
miraron una urna que volaba.Al final del estambre en tu madeja
se cuajó en tu mirada nebulosa
la última uva de la noche vieja.Así fue. Y al morir la dolorosa,
un ave negra le llevó al lucero
en el pico ladrón la mariposa.Fue en un día tres veces agorero;
ese día de un mes, nos ha quedado
como el mejor para decir "Me muero".Así fue, madre, el fin de tu bordado
como el mejor para decir "Me muero"Así fue, madre, el fin de tu bordado.
De tus hijas y nietas el gemido
puso a temblar el pino abandonado.En hombros te llevaba el pueblo herido,
la múltiple cabeza descubierta,
y al pasar por San Luis, tu viejo nido,el mundo de tu amor salió a la puerta
y el silencio de un hijo que lloraba
metió el pinar en tu cajón de muerta.Aquí conmigo estás; yo, que soñaba
viajar contigo, tengo en tu retrato
esa sonrisa que te iluminaba.Y allá estarás, en el taller beato,
para vestir de blancos faldellines
a mi angelito negro y mulato,para llenar de azules escarpines,
tejidos con celajes de destellos,
la canastilla de los serafines.Estamos con los hijos y hasta ellos
vemos caer la luz de tu mirada,
peinando con tu nombre sus cabellos.Tenemos tu sonrisa iluminada;
la voz de tu trisagio y de tu misa
le grita a mi dolor: - ¡ No ha muerto nada !Con bosque y mar, con huracán y brisa,
con esa misma muerte que te encierra,
de la gracia inmortal de tu sonrisa
llenos están los cielos y las tierras.
Palabreo de la Loca Luz Caraballo
De Chachopo a Apartaderos
caminas, Luz Caraballo,
con violeticas de mayo,
con carneritos de enero;
inviernos del ventisquero,
farallón de los veranos,
con fríos cordilleranos,
con riscos y ajetreos,
se te van poniendo feos
los deditos de tus manos.La cumbre te circunscribe
al sólo aliento del nombre,
lo que te queda del hombre
que quien sabe donde vive;
cinco años que no te escribe,
diez años que no lo ves,
y entre golpes y traspiés,
persiguiendo tus ovejos,
se te van poniendo viejos
los deditos de tus piés.El hombre lleva en sus cachos
algodón de tus corderos,
tu ilusión cuenta sombreros
mientras tú cuentas muchachos;
una hembra y cuatro machos,
subida, bajada y brinco,
y cuando pide tu ahínco
frailejón para olvidarte
la angustia se te reparte:
uno, dos, tres, cuatro, cinco.Tu hija está en un serrallo,
dos hijos se te murieron,
los otros dos se te fueron
detrás de un hombre a caballo.
"La Loca Luz Caraballo"
dice el decreto del Juez,
porque te encontró una vez,
sin hijos y sin carneros,
contaditos los luceros:
... seis, siete, ocho, nueve, diez...
Píntame angelitos negros
¡ Ah mundo ! La Negra Juana,
¡ la mano que le pasó !
se le murió su negrito,
sí señor.Ay, compadrito del alma,
¡ tan sano que estaba el negro !
yo no le acataba el pliegue,
yo no le miraba el hueso,
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendría dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo.Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.
Pintor de Santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tanto pintores viejos
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Angel de buena familia
no basta para mi cielo.Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mangos
por las barriadas del cielo.Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,
porque para eso lo tienes
calientitos y de los buenos.
AunqueNo hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo,
donde hayan dejado entrar
al cuadro angelitos negros
y entonces ¿ Adónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento ?Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintes angelitos
acuérdate de tu pueblo
y al lado del ángel rubio
y junto al ángel trigueño,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.
Canto a la espiga y el arado
Poema Premiado (Primer fragmento)
¡NOCHE, Sueño de Dios! En tus entrañas
me angustio de silencio y de montañas.
Yo voy hacia las puras
diafanidades de un azul clemente,
con mi sed de llanuras
y ansias de pleno sol sobre la frente.¡Claridad, claridad de cielos míos !
¡ Emoción del paisaje !
Con el cordial impuso de inusitados bríos
quiero entonar mi cántico salvaje.¡Primavera de Amor y Poesía:
tú eres la luz en sendero;
tú me trajiste a la pasión del día,
cuando yo no tenía
ni la turbia caricia de un lucero !Y es infantil esta alegría
con que te sigue mi bravía
juventud de flor y acero.¡ Mi juventud: jaguar que en la sombría
selva sacude su vigor primero,
cuando su virgen asada
no se ha clavado todavía
ni en la carne del niño, ni la piel del cordero !La emoción del Campo
Ya estoy aquí, campiña, ya me fundió tu cielo,
- Calor de meridiana sensualidad que llora: -
la inquietud de mi anhelo
patentizó la fiebre de la hora.Todo se duerme en la quietud. El llano
tiene un temblor humano
de pulso acelerado, de rezos musicales,
el fuego meridiano
ruboriza la paz de los maizales.
En la paz del momento consagrado,
llega hasta mis oídos un batir de campanas
y despierta en mi vida, presa ayer del pecado,
la visión de inefables providencias lejanas.Esta es la misma sensación callada
que orientaba mis nervios infantiles
hacia la placidez de la vacada,
bajo la suavidad de los abriles.¡ Era tibia como ésta, era vibrante
la sensación aquella;
me cegaba su lumbre alucinante,
como si yo estuviera fundido en un diamante,
preso en una estrella !Preside Libra, nauta
moderador del firmamento,
y prendida en el fiel de la balanza, pauta
la brújula del sol, el movimiento.En una calma examine concentra
su añil el horizonte,
Se alarga y ciñe la llanura y entra
bajo la dura contracción del monte.
A mis pies se dilata
la tierra en un resuello maternal y convulso,
como al lejano impulso
de un trote de corceles,
y beso interno y sabio que da el río de plata,
germina, goza y late la entraña de Cibeles.Me envuelve una frescura viviente que mitiga
mi ardor encadenado
y hundo mi ser en la emoción amiga,
mientras cantan los oros del sembrado
como se hinchó la tierra en una espiga
tras el mordisco del arado.Yo he visto floreciente de piedades,
en la embriaguez de un sueño,
la mano que al través de las edades
va sembrando en los surcos el amor y el ensueño;
y suspensa en mis ojos
luz de la llama que a los siglos dora,
me voy por los caminos sonámbulos y rojos
que hasta el ayer florido el dolor de ahora.La Espiga y el Arado.
Me ensordeció el latido de la vendimia santa;
en campiñas inéditas abrí mi derrotero,
y al doblarse el trigal bajo mi planta,
por cada crencha descendió un lucero.Suspendida,
firme, ingrávida en la altura,
factor lírico en la vida
de la eterna arquitectura,
mi visión exploradora relumbró sobre la hondura
y en alada trayectoria
se agitaron en la Historia
los penachos florecidos de la Espiga que madura.Y apuntaron las primeras albas del Edén riente,
con la rubia castidad sus praderas,
donde tienen las espigas un temblor convalecienteLevanta sobre los campos el Moisés de barba fuerte
su mano de vara mágica que dio licor cristalino,
y olor de mandamiento, agua de buena muerte,
fluyen las manos arca del Decreto divino;
y eleva en la llanura,
cálido testimonio de divinos afectos,
la ofrenda de la sangre y el surco de la blancura
de pan de amor y seda de corderos perfectos.
Primicia de primicias
de la tierra al Oráculo:Nunca fueron más santas y nunca más propicias
que cuando las espigas vertieron sus delicias
entre las excelencias de luz del Tabernáculo.Saúl: óleo divino fue de verdades,
sabor de eternidades,
lazo de toda guerra;
cuando sobre los hombros de los reyes, tu mano
temblaba con la gloria de tu poder arcano,
todas las manos iban al surco de la tierra.
¡Qué unción de paz gravita
sobre la urgente sed de la faena,
si se curvan los barzón de Ruth la Moabita,
con el manojo blondo que da la gracia plena !
La Vaca Blanca
De un amor que pasó, como un paisaje
visto del tren, cuando se va de viaje;
de un romance de un mes, en un cobijo
del llano, una mujer me dejó un hijo.
Ella murió, y abrieron una fosa,
y allí metieron el residuo humano,
y una cúpula azul sobre una losa
fué el mausoleo: el cielo sobre el llano.
Y me dejó un pequeño
así de grande y como flor de harina,
con unos ojos como para un sueño
y el laberinto de su lengua china.
Yo vine de muy lejos para verle. Tenía
las pestañas muy largas; me miró fijamente
y me mostró la lengua bajo la calva encía,
con una picardía
de granuja que dice: "Qué me verá esta gente?"
Tuvo hambre. Yo anduve de covacha en covacha
comprándole su leche al niño ajeno;
cada vez que encontraba una muchacha,
con cierta gula le miraba el seno.
Había seis mujeres:
eran cinco doncellas y una vieja arrugada;
eran diez pechos para los placeres
y dos que no servían para nada.
Pasé por el corral y hallé en la puerta
la vaca blanca y su ternera muerta.
Y se vino hacia mí la vaca blanca,
una estrella en la frente y una cruz en el anca...
Mi niño era de nieve; su ternera, de armiño;
por su ternera, yo le di mi niño.
Y era aquel despertar por la mañana,
cuando rompía el sueño
el mugir de la vaca en la ventana,
y el breve ordeñador iba al ordeño.
y aquella boca en el pezón colgante,
y aquel mirar de vaca, mansamente,
y despues, él delante
del testuz, y la vaca le lamía la frente.
Hoy le enterramos. Vino
la fiebre, y en dos días se me fué. En el camino
he encontrado la vaca; por la tierra albariza
se acercaba a lo lejos su dolor de nodriza...
Los dos nos arrimamos, y se puso a mirarme;
en la frente dolida se le avivó el lucero,
y sus remotos ojos parecían hablarme
del dolor que le daba de perder mi ternero.
Y la nodriza y todo
cuanto del llano tuve, se me quedó en el llano...
La vaca me miraba..., me miraba de un modo,
que yo sentí la angustia de enderle la mano...
Los Hijos Infinitos
Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.
Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.
Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.
Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
el modo de alumbrar de las estrellas.
A Florinda en invierno
Al hombre mozo que te habló de amores
dijiste ayer, Florinda, que volviera,
porque en las manos te sobraban flores
para reírte de la Primavera.Llegó el Otoño; cama y cobertores
te dio en su deshojar la enredadera
y vino el hombre que te habló de amores
y nuevamente le dijiste: —Espera.Y ahora esperas tú, visión remota,
campiña gris, empalizada rota,
ya sin calor el póstumo retoñoque te dejó la enredadera trunca,
porque cuando el amor viene en Otoño,
si le dejamos ir no vuelve nunca.
Canto a Rubén Darío
He aquí que Cyrano de Bergerac traspasa de un
salto el Pirineo: Cyrano está en su casa.
Rubén DaríoLa selva colombina lo presintió. (¿Sería
la selva el cisne negro y anunciador del día?)
La selva colombina lo presintió; la vida
rugiente de la selva presintió su venida.
El temblor armonioso de una fiebre divina
turbó la piel del tigre y el nervio de la encina;
los cielos orquestales se animaron; debía
venir algo muy grande para la Poesía.
Bajó el augur eterno de la cumbre lejana
y hundió las manos trémulas en el agua antillana,
y en sus manos ungidas de luz, Artemidoro
mostró a los pueblos ávidos el gran sueño de oro.
Ya lo había anunciado la voz del firmamento
y se abrieron las almas para el advenimiento.
Llegó: Nieves intáctiles le sirvieron de corte;
en el Sur saltó un potro gruñó un oso en el Norte.
Cuando extendió sus alas bajo el latino cielo,
fue más que nunca viva la sensación del vuelo.
Un caos de gritos ágiles y de voces extrañas
llenó la selva, el río y el mar y las montañas;
un diamante de hielo fulgía en cada monte,
y eran como mil soles llenando el horizonte
Y fue el grito de América: fue una diana guerrera
que azotó las espaldas de la gran cordillera;
y habló el volcán sagrado, y un fuego de incensario
divinizó su sangre de viejo dromedario.
¡Voló el cóndor: sus alas embriagadas de aurora
proyectaron la gloria de una sombra sonora
Volaba, y en sus plumas iba un sueño gigante:
Belvedere con alas, lomo alado de Atlante!
Cruzó los amplios mares y los países muertos
y abrevó en el misterio de los lagos desiertos.
Leyenda de Pirámides y sangre de leyendas,
y esfinge de misterios y sangre de contiendas,
y los vuelos heroicos de los cuervos romanos
enlutando la curva de los arcos Trajanos,
y las tardes caníbales en los circos de Roma,
Nerón, la lira orgiástica de Nerón, la paloma
del Espíritu Santo, París todas las cosas
sintieron en el ánima sus alas poderosas.
¡Llevó, como Enviado del Azul, los saludos
sobre la Grecia, yunque de razas y escudos;
clavó su garra joven sobre eternos escombros;
Tanagra sintió el hierro de su garra en los hombros.
Bajo los viejos pórticos, Erecteón dormido
sintió las Cariátides aletear; el nido
de esforzados Temístocles, de Leonidas estoicos,
creyó volver al fuego de los ciclos heroicos;
se alzaron de sus tumbas las Victorias aladas;
Arcadia abrió la fuente de sus dulces baladas
Plegó el cóndor la seda de sus alas indianas
entre vasos corintios y columnas paganas,
y en el hueco marmóreo de un vaso, sobre el muro,
durmió para el Pasado su sueño de Futuro!
¡Y fue: De su garganta de pájaro guerrero
brotó un ritmo dulcísimo, música, luz y acero.
El Verbo de su sueño se hizo carne; su alada
visión ya fue un Quijote de coraza y espada,
y fue por los caminos, y en su viaje fecundo
por Él la Poesía ya tuvo un trono: El Mundo.
Por Él, bajo la arcada feraz de la campiña,
profanó Pan la sangre doncella de la viña;
por Él, en albas santas, los reyes portadores
de las ofrendas bíblicas fueron tres ruiseñores:
por Él, sobre las ancas de los toros sagrados
cabalgó el ritmo en vértigo de los siete Pecados;
las lenguas betlemitas y las lenguas paganas,
por Él Cantaron juntas, por Él fueron hermanas;
por Él, ante el incendio de lejanos crepúsculos,
los cóndores aprestan las garras y los músculos,
y por Él la armonía de un aire de bonanza
hincha un ala de cisne bajo un sol de Esperanza!
En su actitud gascona y en su vieja arrogancia
hubo más de Cyrano que de Quijote; Francia
era toda Gascuña para Él y espada
esgrimida le cuadra más que adarga embrazada.
Fue hermano, en el espíritu y el brazo, de Cyrano,
en el empuje, fiero, y en el abrazo, hermano;
aquella preferencia por el cisne y el guante,
más se aviene al poeta que al caballero andante;
las alas que llevaron los sueños de Darío
a la luna, bien pueden ser alas de rocío;
en el palenque homérico y en el combate rudo,
contra su espada hidalga no hubo hierro de escudo,
y en las encrucijadas de la vil acechanza,
contra su escudo helénico no hubo punta de lanza.
Bergerac, a la sombra de la cita galana,
descifrable el misterio del amor a Roxana,
y en sus labios posesos del amor imposible,
desfloraba el secreto de un beso indefinible.
También en las velas de Rubén, Margarita
(Margarita-Roxana) gustó el beso en la cita.
Y cuando de Darío los labios se entreabrieron
para dar sus latidos a la Nada, sintieron
las selvas que un gran beso estalló en la agonía
y era que a los dos flancos de su tierra, ese día,
poseídos de un claro simbolismo romántico,
se alzaban en dos olas Pacífico y Atlántico;
subieron y subieron sobre el eterno grito
de las olas bañadas de luz y de infinito,
formó dos labios trémulos la pureza del agua,
y entre ellos, era un beso, de piedra. Nicaragua
Y el cóndor de los sueños resucitó: En la altura
los dos mares se unieron; con salvaje hermosura
se alucinó la aurora tropical, y delante
de los ojos del cóndor, un monte de diamante
se alzó, y en sus contornos y en su movible flanco
tomó las proporciones de un Pirineo blanco.
El milagro fue entonces: Como en la vieja historia,
el viejo augur le dijo:&laqno;¡Detrás está la gloria!»
Y he aquí que Darío de Bergerac traspasa
de un salto el Pirineo: Darío está en su casa.
Del siglo libre
El Mariscal subía la dorada escalera,
radiante la mirada, seguro el caminar;
en su brazo una dama se engarzaba ligera:
sus cabellos, el oro, sus pupilas, el mar
De súbito, en un giro, la rubia cabellera
rompió sus ligaduras con dulce resbalar,
y el oro de la trenza y el de la charretera
juntaron sus fulgores en un fulgor solar.
Los bucles se agitaron con emoción extraña
Más noble que en la arenga febril de la campaña,
sintió toda su gloria la faz del Mariscal.
Ella insinuó un murmullo de tímidos asombros,
y el Héroe dijo raudo: jamás sobre mis hombros
cayó, Señora, el peso de un homenaje igual.
¿Cuántas estrellas tiene el cielo?
La última noche que pasamos juntos,
lo preguntó:
—¿Cuántas estrellas tiene el cielo?
—Trescientas cincuenta mil.
—¿A que no?
—¿A que sí?—Cállate. Esta noche
no quiero que preguntes esas cosas.
Esta noche, si quieres preguntar
cuántas estrellas tiene el cielo,
o cualquier otra cosa,
pregunta algo así como ¿me quieres?
¿tienes frío? ¿quién dice que tiene hambre?Esta noche, pregunta algo que sea
contestado en el mundo sin palabras.
Interroga con toda tu sangre
algo en que toda la vida del mundo
esté preguntando,
algo así como ¿quién llora?
¿hace falta algo?Y verás cómo todo hace falta
y sabrás cuántas estrellas tiene el cielo
cuando sepas que el cielo tiene una sola estrella
para cada momento,
porque con una que se pierda
dará un paso de sombra la luz del Universo.Castillo de Puerto Cabello.
El gato verde
Todavía me asusto al recordarlo.
Anoche vi en el techo de la cárcel
un gato verde.
Me miraba con ojos de vidrio,
arqueaba su cuerpo enlunado
y en su rabo bailaba una víbora
verde.
Puede que sea un gato negro,
que, de viejo, ya estuviera verde,
o un gato de piedra forrado en musgo,
pero lo he visto y era
un gato verde.
Me miraban los ojos
de mujer del gato
y transparentaba como diluidos
venenos aquel gato verde.
Debe ser amarillo en otoño
y blanco en invierno.
¿Será el alma, quizá, de un astrólogo
ese gato verde?
Solución de cobres,
magnética esencia.
¡Cómo estaba toda la noche metida
en el gato verde!
Relámpagos pálidos,
circuitos, azul llamarada,
resumen de toda la carga celeste;
el gato saltó.
La atmósfera toda, con sus tempestades,
en el gato verde,
saltó.
De súbito el gato corrió por el techo,
pasó varias veces, fantasma espantado,
pasó varias veces,
huía, volaba, saltaba, sentía
miedo de ser verde.
La obsesión
¡Le agarré por el cuello al gato verde!
él se enrollaba y tendía las manos
para cogerme;
le hice girar diez, cien, mil veces,
como una honda, y lo lancé al espacio;
allá arriba giró como un pelele,
subió, dio tres piruetas y se agarró al tejado
se echó, se puso a verme,
con una risa entre los labios,
guiñándome los ojos, con el rabo pendiente,
como un retoño de árbol;
meditó un poco, masculló dos erres...
después, dio un salto
y entre mis brazos cayó el gato verde
y aquella noche se durmió en mis brazos.
Pedadilla con tambor
Juanchito...
Anito...
Silverito...
Guillermito...Camero.
Ranero.
Cepo Ballestero.
Rodríguez Rivero.Itriago.
Sayago.Arcaya.
Carvallo.
Bello. Guerra Bello.
Carecaballo.
Puerto Cabello.Aristimuño.
Cuartel del Cuño.El Comisario.
José Rosario.Maracay.
Ay. Ay. Ay.Rafael María.
José María.
Pedro García.
Jorge García.
José Rosario.
Pedro María.
Frías. Frías. Frías.Los desterrados.
Los torturados.
Los degollados.
Los Consulados.Hermanos Gómez. Hermanos Gámez.
Los Bienvenida. Cochino Inglés.
López Rodríguez. Rodríguez López.
Pietropaoli.
Josué. Josué. Josué.Adolfo Bueno. Díaz González.
Cien días. Mil días.
Cuántos días preso?
Bueno. Díaz González.
Preso: cuándo sales?
Los Díaz. Los Buenos.
Buenos Días, González.Grillos. Grillos. Grillos.
La Rotunda en el Castillo.Porras. Volcán. Sandoval.
Patanemo en las Colonias.
Palenque con Naricual.
Castillo y Rotunda.
Ministro de Holanda.
Pedro Alcántara Leal.Vienen degollando.
Vienen velazqueando.
Vienen sayagueando.Nereo. Fusiles.
Mil Jefes Civiles.Grillos. Grillos. Grillos.
Plan en Los Hatillos.
Plan en Candelaria.
Plan en Camoruco.
Trompillos. Trompillos.
Grillos. Grillos. Grillos.
Tinoco. Fonseca. Bejuco.Arveja. Quinchoncho.
Evencio. Florencio.
Don Juancho. Don Concho.
Eustoquio. Aparicio.
Suplicio. Suplicio. Suplicio. Suplicio...Vidrio molido.
Bola y cadena.
Viene Velazco.
Viene Requena.
Vienen Pimenteles.
Vienen Tarazonas.
Vienen Colmenares.
Veinte. Treinta. Cien.
Hidalgo.
Don Santos.
Rubén.Marión.
Valentine.
Fulleborn.
Román.
Rincón.
Tocorón. Tocorón. Tocorón.
Chacón. Chacón.
Parra Picón.
Parra Picón.
Parra Picón.Castillo de Puerto Cabello, 1931
Coplas del amor viajero
Ya pasaste por mi casa,
a flor de ti la sonrisa...
Fuiste un ensueño de gasa;
fuiste una gasa en la brisa...Te vi flotar en la bruma
que tu blancura aureola,
como un boceto de espuma
sobre un pedestal de ola.Yo, que he buscado el lucero
que a Belén lleva el camino,
preso por lazos de acero
al potro de mi destino,Pensé: —En sus brazos, con Ella,
¡romperé, acero, tus lazos!
¿Para qué quiere una estrella
quien tiene al cielo en los brazos?Y tan cerca llegué a verte
que te rozaba mi dedo...
Tuve miedo de quererte...
y ya es querer, tener miedo.Ansiosos se han emboscado
en mis ojos, mis antojos,
y tú también me has besado
veinte veces con los ojos.Y tu mano pasionaria,
aquella noche huyó en vano,
porque mi mano corsaria
fue gavilán de tu mano.Y he sentido que temblaban
tus labios en el café,
cuando mis pies se angustiaban
acorralando tu pie...Pero te vas, sin dejar
ni una huella en el camino...
Sombra azul que cruza el mar
la borra el azul marino...No sé si me olvidarás
ni si es amor este miedo;
yo solo sé que te vas,
yo solo sé que me quedo.Tal vez mañana, un mañana
remoto, traiga a tu lado,
con el sol, por tu ventana,
un rayo azul del pasado.Releyendo viejas cosas
y evocando cosas idas,
entre amarillentas rosas
y epístolas desvaídas,Encontrarás al acaso
entre coplas del camino,
como en el fondo de un vaso
roto una mancha de vino.Al oído de la nieta
tu voz de abuela hablará:
–Son los versos de un poeta
que no sé si existe ya...Ella dirá: –¿Cómo era?
¿Cruzará ignotos países
y cual tú, sombra viajera,
tendrá los cabellos grises?Yo, entre tanto, junto al mar,
esperaré tu venida
y en un eterno esperar
se me pasará la vida.Vida traidora, por quien
todo este Sueño se muere,
si no te hice ningún bien,
¿por qué tu mano me hiere?Mi voz querrá ensordecer
al propio mar con su llanto:
¿Por qué no la vuelvo a ver,
mi Dios, si la quiero tanto?Y mi canción irá sola
hacia donde tú te pierdes...
donde ella pase, la ola
tendrá un dolor de aguas verdes...No sé si me olvidarás
ni si es amor este miedo;
yo solo sé que te vas,
yo solo sé que me quedo.Y que si te quise ayer,
hoy te siento más tirana
y si así crece el querer
¡cómo te querré mañana!
El dulce mal
Vuelvo los ojos a mi propia historia.
Sueños, más sueños y más sueños... gloria,
más gloria... odio... un ruiseñor huyendo...
y asómbrame no ven en toda ella
ni un rasgo ni un esbozo, ni una huella
del dulce mal con que me estoy muriendo...Torno a mirar hacia el camino andado...
Mi marcha fue una marcha de soldado,
con paso vencedor, a todo estruendo;
mi alegría una bárbara alegría...
y en nada está la sombra todavía,
del dulce mal con que me estoy muriendo.Surgió una cumbre frente a mí; quisieron
otros mil coronarla y no pudieron;
solo yo quedé arriba, sonriendo,
y allí, suelta la voz, tendido el brazo,
nunca sentí ni el leve picotazo
del dulce mal con que me estoy muriendo.Mas, yo fui vencedor del mal tremendo;
fui gloria empurpurada y vespertina,
sin presentir la marcha clandestina
del dulce mal con que me estoy muriendo.Fuerzas y potestades me sitiaron
y, prueba sobre prueba, acorralaron
mi fe, que ni la cambio ni la vendo,
y yo les vi marchar con su despecho,
feliz, sin presentir nada en mi pecho
del dulce mal con que me estoy muriendo.Mujeres... por mi gloria y por mis luchas
en muchas partes se me dieron muchas
y en todas partes me dormí queriendo
y en la mañana hacia otro amor seguía,
pero en ninguno el dardo presentía
del dulce mal con que me estoy muriendo.Y un día fue la torpe circunstancia
de quedarnos a solas en la estancia,
leyendo juntos, sin estar leyendo,
mirarnos en los ojos, sin malicia,
y quedarnos después con la delicia
del dulce mal con que me estoy muriendo.
La Hilandera
Dijo el hombre a la Hilandera:
a la puerta de su casa:
—Hilandera, estoy cansado,
dejé la piel en las zarzas,
tengo sangradas las manos,
tengo sangradas las plantas,
en cada piedra caliente
dejé un retazo del alma,
tengo hambre, tengo fiebre,
tengo sed..., la vida es mala...
y contestó la Hilandera:
—Pasa.Dijo el hombre a la Hilandera
en el patio de su casa:
—Hilandera estoy cansado,
tengo sed, la vida es mala;
ya no me queda una senda
donde no encuentre una zarza.
Hila una venda, Hilandera,
hila una venda tan larga
que no te quede más lino;
ponme la venda en la cara,
cúbreme tanto los ojos
que ya no pueda ver nada,
que no se vea en la noche
ni un rayo de vida mala.
Y contestó la Hilandera:
—Aguarda.Hiló tanto la Hilandera
que las manos le sangraban.
Y se pintaba de sangre
la larga venda que hilaba.
Ya no le quedó más lino
y la venda roja y blanca
puso en los ojos del hombre,
que ya no pudo ver nada...
Pero, después de unos días,
el hombre le preguntaba:
—¿Dónde te fuiste, Hilandera,
que ni siquiera me hablas?
¿Qué hacías en estos días,
qué hacías y dónde estabas?
Y contestó la Hilandera:
—Hilaba.Y un día vio la Hilandera
que el hombre ciego lloraba;
ya estaba la espesa venda
atravesada de lágrimas,
una gota cristalina
de cada ojo manaba.
Y el hombre dijo:
—Hilandera,
¡te estoy mirando a la cara!
¡Qué bien se ve todo el mundo
por el cristal de las lágrimas!Los caminos están frescos,
los campos verdes de agua;
hay un iris en las cosas,
que me las llena de gracia.
La vida es buena, Hilandera,
la vida no tiene zarzas;
¡quítame la larga venda
que me pusiste en la cara!Y ella le quitó la venda
y la Hilandera lloraba
y se estuvieron mirando
por el cristal de las lágrimas
y el amor, entre sus ojos,
hilaba...
Palabreo de la alegría perdida
Compadre Venancio Laya,
dígale a Juan Pablo Pae
que me mande mi guitarra
y usted mismo me la trae.
Anónimo venezolanoMás que me carguen de jierro,
más que me roben la hija,
más que solo y sin cobija,
me echen aquí como un perro,
más que me den por encierro
un castillo en una playa,
mi corazón no desmaya
si le dejan su alegría,
que no hay mejor compañía,
compadre Venancio Laya.Me quitaron mi derecho,
compadre, lo que más quiero,
mi alazán refistolero,
mi palma de llano y techo;
mi palma con guitarra y pecho,
el recuerdo se distrae,
cuando la pena decae
y la guitarra la enlaza;
eso, si usté tiene raza,
dígale a Juan Pablo Páe.Asina que usté lo vea
dígale usté, compañero,
que eso no lo hace un llanero
sin pretina y con correa;
que aprete más la manea
que mis tobillos amarra,
que robe voz de chicharra,
que robe luz de cocuyo,
pero, si tiene lo suyo,
que me mande mi guitarra.Y si no hay en el Castillo
guitarra p’al prisionero,
échele un fiao al ranchero
de una vela de a cuartillo;
que el copetico amarillo
le prenda Juan Pablo Páe
y si en el patio le cae
la caldereta marina,
póngale la mano asina
y usté mismo me la trae.
Palabreo de la Loca Luz Caraballo
Los deditos de tus manos,
los deditos de tus pies:
uno, dos, tres, cuatro, cinco,
seis, siete, ocho, nueve, diez.
Anónimo venezolanoDe Chachopo a Apartadero
caminas, Luz Caraballo,
con violeticas de mayo,
con carneritos de enero;
inviernos del ventisquero,
farallón de los veranos,
con fríos cordilleranos,
con riscos y ajetreos,
se te van poniendo feos
los deditos de tus manos.La cumbre te circunscribe
al solo aliento del nombre,
lo que te queda del hombre
que quién sabe dónde vive;
cinco años que no te escribe,
diez años que no lo ves,
y entre golpes y traspiés,
persiguiendo tus ovejos,
se te van poniendo viejos
los deditos de tus pies.El hambre lleva en sus cachos
algodón de tus corderos,
tu ilusión cuenta sombreros
mientras tú cuentas muchachos;
una hembra y cuatro machos,
subida, bajada y brinco,
y cuando pide tu ahínco
frailejón para olvidarte,
la angustia se te reparte:
uno, dos, tres, cuatro, cinco.Tu hija está en un serrallo,
dos hijos se te murieron,
los otros dos se te fueron
detrás de un hombre a caballo.
«La Loca Luz Caraballo»
dice el decreto del Juez,
sin hijos y sin carneros,
contandito los luceros:
...seis, siete, ocho, nueve, diez...
Palabreo de la recluta
¿Quién le va a secar el llanto,
si pasó la Comisión
y le dejó el corazón
como capilla sin santo?
AEBSi vino el reclutamiento,
se fue Juan y quedó Juana.
Si queda llanto en sabana
por todo acompañamiento;
si una comisión de viento
prendió el olor de mastranto,
si reclutaron el canto,
si no hay ni nube en el cielo
que le preste su pañuelo
¿quién le va a secar el llanto?¿Qué va a haber potro en potrero
ni pareja en el velorio,
ni garza en el dormitorio
ni vaca en el lamedero?
¿Cómo va a haber becerrero
trenzando leche y canción,
si van casa y galerón
camino de San Fernando,
cómo no va a estar llorando,
si pasó la Comisión?Mire, se llevó la vaca,
mire, se llevó el te quiero,
se llevó el ay que me muero
de media noche en la hamaca,
se llevó la guacharaca,
la manta de guarnición,
la promesa de varón
en el hijo prometido.
Mire, se llevó el latido
y me dejó el corazón.Y allí está, sin más testigos
que esperar mañana y tarde
su menos de –Dios lo guarde,
su más de –¡Hasta cuánto, amigo!
Becerrera del castigo,
trenzando cana y quebranto,
y ha sufrido tanto y tanto
y enterró tanto recuerdo
que tiene el costado izquierdo
como capilla sin santo.