Las investigaciones internacionales revelan que para neoplasias avanzadas como melanoma, carcinoma renal, linfomas, cáncer gástrico y de próstata, los índices de respuesta clínica entre los pacientes han alcanzado hasta el 30%. Algunos casos, incluso, han sanado totalmente.
 Prof. Dr. Flavio Salazar.
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En Chile han aumentado los índices de muertes por tumores malignos, esto se correlaciona con el nivel de desarrollo y expectativas de vida que tiene el país. Por ello se hace imperativo establecer tratamientos de punta que utilicen técnicas avanzadas para combatir las enfermedades oncológicas.
Una de ellas es la inmunoterapia, que se aplica cuando el cáncer no responde a ningún tratamiento. Esta técnica molecular ha dado mucho que hablar, especialmente en los últimos años, gracias a sus resultados positivos y esperanzadores. Las investigaciones internacionales revelan que para neoplasias avanzadas como melanoma, carcinoma renal, linfomas, cáncer gástrico y de próstata, los índices de respuesta clínica entre los pacientes han alcanzado hasta el 30%. De este grupo algunos enfermos incluso se han sanado totalmente. Además, la inmunoterapia moderna no tiene, hasta ahora, contraindicaciones, por lo tanto, puede aplicarse tantas veces como sea necesario, ya que es inocua.
En Chile hay un único laboratorio que está trabajando con estas vacunas de última generación. Lo lidera el Prof. Dr. Flavio Salazar, académico del Programa de Inmunología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina, quien junto al cirujano oncólogo, Prof. Dr. Carlos Ferrada, ambos de la Universidad de Chile, recientemente han iniciado estudios con pacientes. De hecho en Sudamérica sólo los argentinos están desarrollando técnicas tan avanzadas.
Según explica el Prof. Dr. Flavio Salazar, el tratamiento en Chile es aún experimental, ya que se encuentra en la Fase I de investigación. Hasta ahora se ha vacunado a siete pacientes aquejados de melanoma tipo 4 (cáncer de piel en su último estadio de gravedad) y se están evaluando los resultados preliminares.
“Hace un año comenzamos con nuestras investigaciones. Hemos recibido pacientes , que no tenían una proyección de vida superior a los doce meses. De ellos, falleció uno por lo avanzado de su enfermedad. El resto recibió la dosis indicada e incluso algunos volverán a ser vacunados. Por ahora no hay conclusiones definitivas, sobre todo si consideramos que necesitamos al menos quince enfermos para validar nuestros estudios, sin embargo los resultados obtenidos hasta ahora indican que vamos por un buen camino”, señala.
La gran mayoría de los pacientes son jóvenes que tienen edades entre los 24 y 35 años. Se trata de personas desahuciadas y dispuestas a participar en estos protocolos de investigación. “El hecho de que estemos en la Fase I implica que las expectativas científicas están determinadas más bien por la demostración de que no hay efectos colaterales. Una vez que hayamos evaluado a estas personas podremos entrar a una segunda etapa de trabajo. En ella atenderemos un mayor número de enfermos y ampliaremos nuestros estudios al linfoma y carcinoma renal”, comenta el científico.
“Eventualmente podríamos transformarnos en un centro de inmunoterapia de relevancia internacional, ya que contamos con personal preparado que se ha especializado en el extranjero. Además, esta es una alternativa real para darle esperanza a los enfermos de nuestro país. En Estados Unidos, por ejemplo, hay muchas universidades e institutos que están experimentando con esta técnica, por lo tanto, la gente tiene más opciones. Nosotros también debemos crear oportunidades similares para nuestros pacientes”, plantea el Prof. Dr. Flavio Salazar.
Los avances obtenidos en el área de la inmunoterapia están determinados por el trabajo multidisciplinario de profesionales dedicados a la investigación básica y clínica. Médicos cirujanos, oncólogos, inmunólogos y biólogos moleculares, que en Chile y el extranjero están experimentando para lograr un tratamiento estándar que pueda masificarse en todo el mundo. “Cada laboratorio hoy está abocado a distintas técnicas específicas. Algunos utilizan ciertas dosis, otros varían el uso de citoquinas, en fin, lo que importa es que obtengamos los mejores resultados posibles para darle una opción más a los pacientes”, añade el académico.
Para lograr estos objetivos el Prof. Dr. Salazar, junto a su equipo de trabajo, está postulando a un proyecto Fondef. En caso de ganarlo tiene proyectado formar una red de laboratorios involucrados en la inmunoterapia, que incluiría a diversos académicos de la Facultad de Medicina y personal del Banco de Sangre. También se trabajaría con dos clínicas, Oncomed y Oncobiomed, especializadas en pacientes oncológicos, y con el Hospital Clínico. “Nuestra idea es generar interés social, queremos sensibilizar a los organismos públicos y privados del país porque sabemos que en Chile, con los recursos necesarios, podemos estar a la vanguardia científico-tecnológica en temas como éste”.
Misterios moleculares
Por ahora la batalla contra el cáncer se sustenta en la cirugía, quimioterapia y radioterapia pero también se está incursionando en nuevos frentes, como los procedimientos moleculares. “Lo que hacemos nosotros es extraer sangre del paciente que tiene melanoma, después aislamos poblaciones de glóbulos blancos o monocitos que son cultivados en el laboratorio y estimulados con pequeñas proteínas llamadas citoquinas. Esto las convierte en células dendríticas o estrelladas que son sensibilizadas con extractos de células tumorales propias o ajenas y luego reinyectadas en los pacientes a intervalos de diez días, para provocar una respuesta inmunológica contra las células malignas”, explica el investigador.
Como sabemos, las personas cuentan, en su torrente sanguíneo, con glóbulos blancos. Un subtipo de ellos son los Linfocitos T, que reconocen y destruyen células infectadas por virus u otros organismos. Estos linfocitos tienen receptores altamente específicos que les permiten detectar y destruir células que en sus membranas poseen moléculas extrañas o patológicas, conocidas como antígenos. Es el caso de las cancerosas. Cuando un linfocito encuentra a su antígeno por primera vez se produce una expansión de la célula, entonces miles de copias con igual receptor salen, como si fueran un ejército, a buscar y eliminar las células malignas. En tanto, hay, además, citoquinas o pequeñas proteínas que son potentes estimuladores de crecimiento de los linfocitos T. El uso de estas citoquinas son alternativas terapéuticas para el tratamiento de ciertos tumores, como los vinculados al melanoma y cáncer ovárico, técnicas que se emplean en los países del primer mundo.
Sin embargo, en los últimos cinco años se ha podido dilucidar el papel fundamental que cumplen otras células del organismo, las dendríticas, que tienen una forma estrellada. Estas infiltran la piel y la mayoría de los tejidos y son las vigilantes del sistema inmune. “Al producirse alteraciones en alguna célula, debido a una infección o cambios neoplásicos, se activan ciertos factores de inmunidad primaria que atraen a estas células dendríticas al lugar donde está ocurriendo el cambio. Las dendríticas literalmente se comen trozos de células patógenas e incluso células completas, que después transportan a los órganos linfoides, como el ganglio linfático, para producir ahí el encuentro con los linfocitos T. Entonces, los linfocitos se activan y transforman en células asesinas que se multiplican y llegan hasta los tejidos periféricos donde acaban con cualquier célula que tenga moléculas antigénicas”, comenta el Prof. Dr. Flavio Salazar.
Cecilia Coddou