Tal vez sólo un juego; un niño está de pie frente a un espejo mientras que otros cubren con papel de diario porciones del cristal hasta lograr que quede del tamaño necesario para reproducir sólo la pequeña silueta. Luego el modelo da un paso atrás y sus improvisados ayudantes redistribuyen el espacio visible del vidrio para ajustarlo al nuevo tamaño de la imagen. El paso siguiente es repetir la experiencia, pero con un compañero de diferente estatura.
Este experimento, aparentemente sólo una diversión infantil, sirve para buscar la solución a problemas científicos tales como cuál es la dimensión mínima que debe tener un espejo para que una persona se refleje en él de pies a cabeza. A partir de la respuesta, se pueden inferir conceptos de álgebra y geometría, que a la vez pueden relacionarse con elementos de proporcionalidad directa.
Así lo explicó el Prof. Sergio Hojman, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, durante el taller “Ciencias y pensamiento científico en educación infantil”, que se realizó el 24 de junio en la Casa Central, en el marco del proyecto “La formación de educadores de infancia y la innovación pedagógica”, que realiza la Facultad de Ciencias Sociales de la Casa de Bello. Desde hace 7 años, el docente trabaja en el desarrollo de estrategias metodológicas destinadas a que los niños aprendan ciencia de manera activa, experimental y de descubrimiento.
“La idea fundamental es que, en vez de enseñarles ciencia, hay que presentarles problemas de origen científico y darles herramientas para que con éstas, sus conocimientos previos y la ayuda de adultos puedan redescubrir conceptos, ideas fundamentales en la ciencia y en matemáticas”, afirmó el docente.
El espejo es sólo uno de muchos modelos que usa el Prof. Hojman para acercar el mundo del conocimiento a los niños, dentro de un plan que tiene pautas definidas: relacionar la ciencia con el resto del quehacer humano, aprender haciendo, aprender descubriendo y la práctica. En el caso de las matemáticas, se trabaja en derribar el mito de que esta asignatura es una tortura, y luego se la enfoca como disciplina que nació de la necesidad real de resolver problemas cotidianos. De esta forma, por ejemplo, se explica a los niños por qué para que un edificio no se caiga la construcción debe ajustarse a dos tipos de líneas, vertical y horizontal, mostrándoles para ello una plomada y un vaso de agua, respectivamente.
El académico aseguró que no es necesario que los alumnos acierten de imediato con la solución, y enfatizó la importancia de dejarles “hacer” y “descubrir” por sí mismos. Agregó que esto se logra a través de diferentes formas: intelectualmente, con el uso de lápiz y papel, con las manos, actuando, dibujando, pintando, o simplemente dejando que ellos mismos realicen un experimento.