Según prof. José Vergara
La labor cumplida por el académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, quien prestó asesoría técnica al Ministerio de Obras Públicas en los pasados temporales, deja de manifiesto la creciente importancia que ha ido ganando la meteorología aplicada para anticiparse a fenómenos climáticos y actuar a tiempo para prevenir considerables daños.
 Prof. José Vergara. |
Atrás quedaron los días en que temporales como los que azotaron a la zona central del país a principios de junio, eran considerados con resignación en el ítem de “fuerzas de la naturaleza”, ante las cuales no se podía actuar. Hoy, los avances tecnológicos permiten anticiparlos para prevenir y aminorar los posibles daños de fenómenos tan intensos como el recientemente sufrido. En este sentido la meteorología aplicada juega un rol fundamental, producto del grado de acierto de pronósticos que puede brindar. Así lo demostró el académico de la sección de Meteorología del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, Prof. José Vergara, quien proporcionó para esta instancia, al Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones, los pronósticos de todo el país y caudales del Río Mapocho, colaboración que fue reconocida por el subsecretario de dicha cartera, Juan Carlos Latorre.
“Cuando hay una situación crítica, el problema metereológico básicamente exige avisar a las autoridades, ya que si bien el temporal es imposible de detener, ellos manejan equipos, puentes mecano, maquinaria y pueden decretar situación de emergencia para mitigar los daños en la infraestructura del país, las principales vías y pasos cordilleranos. Mi trabajo es un apoyo para que ellos tomen medidas macro”, explica el docente.
Este tipo de pronósticos puede determinar con siete a quince días de anticipación aquellos fenómenos de mal tiempo que traen precipitaciones mayores a 100 milímetros - cantidad que puede generar daños- para que tanto el Gobierno como la empresa privada puedan planificar las acciones a seguir. En este contexto, la meteorología aplicada requiere tanto de un alto grado de acierto, como de un análisis mayor al que se hace en el pronóstico de 24 horas, que se rige básicamente por las fotos satelitales y que para este objetivo es de poca utilidad.
Para determinar eventos con una anticipación superior a una semana, el sistema con el que se trabaja es básicamente numérico: se determinan las condiciones iniciales que tiene la atmósfera lo que entrega un conjunto de información y luego se desarrolla un modelo de ecuaciones diferenciales que resuelve todas las leyes físicas, ecuaciones de movimiento y sobre conservación de la energía. Según el Prof. Vergara, estos modelos pueden tardar de 15 a 24 horas y permiten obtener una secuencia de mapas en el futuro. Basado en esta información y en su riguroso análisis se elabora el pronóstico, que permite estipular desde las condiciones metereológicas hasta las de contaminación. Lo que importa, más allá del grado de acierto, es la credibilidad de quien está a cargo de elaborarlo.
En marzo pasado el Ministerio de Obras Públicas le pidió al académico realizar un informe para definir el posible escenario que tendríamos este invierno, en el cual se determinó que el 2002 sería un año de normal a lluvioso, con su mayor impacto en el mes de junio en la zona centro-sur y que eventualmente podría llegar a la IV Región. Luego, el docente siguió trabajando en pronósticos a siete días para advertir la presencia de temporales y cuantificar los fenómenos puntuales. Así ocurrió a fines de mayo, cuando cobraron especial relevancia para el plan de contingencia tres pronósticos: “el climatológico que indicó la situación que venía, la llamada alerta metereológica que se determina con siete días de anticipación y que va de la gran escala hasta llegar a la más fina, el informe hidrológico. Si no se es capaz de determinar lluvias, menos se puede determinar caudales”, señala el Prof. José Vergara.
Dentro de los aciertos que son atribuibles a su labor se cuentan el Cierre del Paso Los Libertadores, que evitó que gente quedara atrapada durante días. También se determinó que pese a que se iban a generar crecidas puntuales, no iba a registrarse una situación de peligro en el Río Mapocho, además, se desestimó la presencia de aluviones. Desafortunadamente, opina el académico, en Chile, durante los temporales de principios de junio, “se dijeron muchas cosas que no eran correctas, se habló de grandes tormentas eléctricas, de aluviones, de un tercer temporal, cuando lo que venía era más débil. Falta capacidad de análisis en mucha gente que emite pronósticos, ya que en momentos en que la población está toda inundada, no se puede generar alarma pública, uno debe ser capaz de cuantificar con seriedad que tan intenso es el fenómeno”.
Decisiones millonarias
Los temporales de junio pasado quedaron establecidos en la opinión pública como los más intensos y prolongados desde el siglo pasado en Santiago y la V Región. Al respecto y sobre los intensos eventos de contaminación posteriores, el Prof. José Vegara Ahumada manifiesta su opinión.
-A su juicio, ¿Es correcto asegurar que estos temporales son los peores del centenario?
Pese a que fueron excepcionales, en ningún caso se trató de los peores del último siglo, lo que pasa es que la gente habla demasiado y se olvida de otras épocas. Este tipo de eventos tiene un período de retorno del orden de los 30 años. Por ejemplo, como mes de nieve o precipitación fue más débil que situaciones que vivimos durante el 2000 y en el Río Mapocho apenas llegamos a crecidas del orden de 450 metros cúbicos. Lo que hace la diferencia de este año con respecto a otros es que los temporales se produjeron tempranamente, a fines de mayo e inicios de junio, lo que lo hace un evento relativamente caliente y que genera mayores inundaciones y daños.
- ¿Este tipo de eventos siempre se relacionan con el Fenómeno del Niño?
No es totalmente determinante, pero sí controla dentro del 60 al 70% la variabilidad natural. Para estos temporales sí fue determinante, pero no es el único factor involucrado. El año pasado, por ejemplo, estábamos en la situación opuesta -Fenómeno de la Niña- y tuvimos también grandes cantidades de lluvia en toda la zona centro-sur.
- ¿Las lluvias representan un sedante pasajero o el remedio perfecto para el Santiago contaminado?
La lluvia, por lo general, es una solución momentánea para este problema. Es normal que en este tipo de años en los que hay temporales, se produzcan grandes episodios de contaminación, porque la condición metereológica que se produce después es inestable y fría y hace que la contaminación sea peor que la que se tenía antes.
- ¿Cuál es su opinión sobre las múltiples críticas que ha recibido el modelo predictivo?
Es lamentable, porque se ha culpado a la meteorología como responsable de las fallas del modelo predictivo y en esta área las fallan se notan más que los aciertos. Yo diría que hay un serio problema de análisis, porque en general hoy las condiciones que llevan a un evento de contaminación son muy pronosticables y es lamentable que no se puedan determinar con anticipación. Se puede fallar con cuatro, siete, quince, días, pero en los pronósticos a 24 horas, los grados de acierto que uno debiera lograr van más allá del 90%.