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Por la ruta de la diseñadora teatral, Edith del Campo
Sobre mimos, danzas griegas y la importancia del montaje

Más de 35 años de trayectoria avalan a esta docente del Departamento de Teatro como una de las principales exponentes del medio artístico local. Hoy, se encuentra abocada a dos disímiles proyectos: recolectar el aporte visual de la Compañía de mimos de Enrique Noisvander y la creación del vestuario tradicional griego para un espectáculo de danza.


Prof. Edith del Campo.
Los mimos necesitan especial atención. Han ido creciendo hasta alcanzar un alto nivel técnico, al tiempo que han encontrado una forma de ampliar su registro temático”, escribía el crítico Hans Ehrmann a principios de los 70. Era la época dorada del teatro de mimos en Chile, un movimiento de relevancia que tenía como máximo exponente a la Compañía del antofagastino Enrique Noisvander, un grupo que había nacido bajo el alero del teatro independiente y que convocaba a un numeroso público en la calle Villavicencio, a pasos de Lastarria, en el “Petropol”. Era en este teatro donde el silencio se daba cita en cada función y reinaba con jerarquía, para dar paso a la gestualidad, a la expresión corporal como soporte central.

La versatilidad de este grupo teatral quedó de manifiesto en montajes de fuerte crítica social y política como “Se remata Chile” y “Adiós papá”, así como también en “Cataplúm”, “Cuentos para mirar y reír”, estas dos últimas de carácter infantil. Fue su lenguaje universal el que permitió que la labor de Noisvander fuera reconocida en todo el mundo.

“Se trata de una trayectoria, un movimiento, una estética, que se dio en Chile y que generó todo un movimiento teatral”, opina la Prof. Edith del Campo, quien participa en un proyecto de la ex integrante de esta Compañía, Francisca Infante, para recuperar todo el trabajo que el grupo realizó.

El objetivo central de esta iniciativa es, a partir de este caso puntual, mostrar toda una etapa del teatro chileno. Para este efecto, se rescatará tanto la gestualidad propia que caracterizó al teatro de mimos, como la estética, el vestuario, la escenografía que utilizaban. Es precisamente esta última tarea la que realizará la Prof. Del Campo, quien considera que la estética del lenguaje es importante de analizar, porque se caracterizaba por ser entre infantil e ingenua y se valía de recursos muy sencillos (“como el teatro oriental, que usa por ejemplo papel crepé para hacer figuras”), que en su totalidad daban a esta expresión características propias de mucha relevancia.

Afortunadamente para el éxito del proyecto, muchos de los ex integrantes de la Compañía están vivos, lo que favorecerá el trabajo de recuperación. Además, se consultará registro fotográfico, afiches y material de prensa.

A juicio de la académica el ocaso de este estilo teatral en Chile se produjo más que nada porque los discípulos del maestro Noisvander no alcanzaron a tener su genialidad, para crear nuevas obras y darle continuidad a lo realizado. Junto con esto, señala que “no hay que recuperar la trayectoria, sino generar otro espectáculo, que conservando la técnica de los mimos, sea una especie de continuación de que se hacía antes, pero con ojos actuales”.

El segundo proyecto que tiene por estos días ocupada a la académica es la elaboración de trajes folclóricos griegos para el espectáculo que un grupo de estudiantes de la escuela de Danza de la Universidad de Chile, con la dirección de la Prof. Gloria Legisos, presentará en agosto.

Este trabajo que sólo contempla el vestuario, se enmarca en un programa de difusión de la cultura griega que realiza el Centro de Cultura Helénica. Sólo dos meses le ha tomado a la Prof. Del Campo investigar y finalmente solucionar la estética de la coreografía que se presentará. En este caso, su desafío es, reproducir la usanza folclórica de esa cultura, pero a la vez darle el toque personal a la muestra. También la profesora está trabajando la parte visual -escenografía y vestuario- para el próximo montaje del coreógrafo de la Facultad de Artes, Prof. Jorge Olea , en la línea de la danza contemporánea.


La mayoría de edad

“Estoy tratando de despertar un poco la conciencia en el público, de que detrás de los actores, dramaturgos y directores, estamos los artistas visuales escénicos que tenemos mucha responsabilidad, porque todo lo que se ve en una producción: colores, materiales, trajes, el espacio, la luz, es trabajo nuestro. Esa es nuestra presentación”. Sin embargo, esta disciplina que por muchos años ha sido relegada a segundo plano y considerada sólo como un arte aplicado (a la ópera, al ballet, circo u otros), según opina la Prof. Edith del Campo, por fin en 1999 fue reivindicada en el marco de la IX Cuadrienal de Praga, en donde la UNESCO estableció que se trata de una rama más del arte. Este gran anuncio significa que “en cierto modo pasamos a tener mayoría de edad”.

En este evento la académica participó como parte del jurado y también en la muestra con la exposición “Homenaje a Bernardo Trumper, “Caminos Escenográficos I” y para la próxima versión a realizarse el próximo año ya fue invitada oficialmente. Esta vez, su aporte pretende ser la difusión del trabajo que en Chile se realiza, asunto que la tiene muy motivada. Para eso se ha dedicado a promover la participación de la Escuela de Diseño Teatral de la Universidad de Chile, a través de un grupo de estudiantes que expondrán sus creaciones. La cuadrienal de Praga es la máxima muestra sobre arte escénico que se hace en el mundo, razón suficiente y casi imperativa para que nuestro país esté representado.

Versátil ha sido la carrera de esta artista que ha trabajado en múltiples áreas: en televisión, durante cinco años en plena década del 80 como diseñadora de vestuario de las teleseries de Canal 13 (como La Madrastra y Los Títeres), en cine (Julio comienza en Julio), en ballet donde destaca su montaje del año ’92 para “Carmen” y en teatro con obras como “La vida es sueño”( 1974). Son precisamente sus 35 años de trayectoria los que le dan el respaldo para opinar sobre el estado de esa disciplina en nuestro país.

-A su juicio, ¿cuáles son los principales problemas que aquejan al arte visual escénico?
En Chile la forma en que se trabaja es bajo presión. No se pueden hacer muchas cosas porque no hay financiamiento. Muchas veces yo misma no he podido satisfacer muchos aspectos en un montaje debido a eso. Junto con la escasa difusión de la especialidad, creo que lo que nos hace falta es tener identidad, un teatro que apenas uno lo vea distinga el sello chileno. La tendencia es reproducir el trabajo que se hace en Broadway, o en las producciones de Londres y París. Eso a mí no me interesa, porque mejor que ellos no lo vamos a hacer. Tenemos que buscar un lenguaje, una propuesta escénica propia. Esa inquietud no la veo en las nuevas generaciones.
- ¿Qué montaje de los últimos años usted destaca?
El de “Gemelos” de la Compañía La Troppa. Un trabajo fino de creación donde se nota la imaginación, la inteligencia para resolver problemas. Este grupo es absolutamente chileno y se nota en la forma en que lo plantean en sus obras. Esa es la razón también por la que se han convertido en representantes del teatro de nuestro país en el mundo.
- ¿Cuál es la receta para mantenerse vigente durante tantos años?
El no darse por vencido, tener resistencia emocional frente al medio que por ser colectivo es competitivo, ser curioso, sentir amor por el trabajo a fondo. Eso permite tener una larga trayectoria, verdadera y transparente. La mejor receta que tengo es que hay que hacerlo con amor: cuando te enamoras de tu trabajo es imposible que lo hagas mal. Es muy simple la receta, lo que cuesta es aplicarla. Sobre sus trabajos la Prof. Edith del Campo sostiene que “ha pasado tanto tiempo, que creo que con el que estoy realizando ahora siento mayor satisfacción, porque lo otro ya pasó. Lo importante es hacer una labor con lenguaje propio y sobretodo con calidad, ese ha sido mi sello”.










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