
Prof. Karla Alvarez.
Psicóloga Unidad Infanto Juvenil
Departamento de Psiquiatría
Hospital Clínico Universidad de Chile. |
Todo el mundo habla de Spencer Tunick.
Algunos para aplaudir y otros para criticar
su trabajo fotográfico basado en el retrato
de cuerpos humanos desnudos en plena vía
pública. La convocatoria del norteamericano
reunió el domingo 30 de junio a cientos de
chilenos y chilenas que por diversos motivos
desafiaron al frío y los prejuicios de una
sociedad que “aún tiene dificultad para
expresar su sexualidad y afectividad”.
Según la psicóloga del Hospital Clínico de
la Universidad de Chile, Karla Alvarez, la
sociedad también tiene que aceptar y dar
espacio a la vivencias de corporalidad.Vivir
la propia corporalidad, agrega, implica una
tarea básica de pertenencia e identidad.
Quien no logra vivir la corporalidad llega
a alienarse, no sentir ni dolor, ni placer, ni
nada. La sexualidad debe ser ritualizada,
no todo es genital, puntualiza.
“Pareciera ser que en la era post-moderna
la falta de sentido, de experiencias de
mismidad, de ser sujeto y no objetoconsumidor,
está haciendo crisis”, señala
la especialista.
“En una discusión de equipo compartimos
la opinión que la propuesta del fotógrafo
Spencer Tunick, fue una oportunidad para
jugar, experienciarse a sí mismo. Pero no
significa que nuestra sociedad realmente
se desnude. Porque fue un acto aislado y
agrupa múltiples motivaciones que hay
detrás de quienes participaron en el
desnudo masivo ese domingo en la capital”.
Sobre lo anterior, la psicóloga Karla
Alvarez menciona:
No necesariamente se trata de personas
con dificultades en su sexualidad. No son
voyeristas ni exhibicionistas. Estas últimas
desviaciones sexuales se constituyen como
única manera de sentir placer sexual. Se
consideran psicopatológicas si son fijas y
rígidas como única forma de satisfacción
de la sexualidad.
Participar en el acto del artista, no implicó
reemplazar la sexualidad adulta. Es sólo un
modo de ritualizar la experiencia.
Estar entusiasmado por participar en este
acto, develó la necesidad actual de las
personas de jugar, participar en una
manifestación artística.
Sin duda que también la posibilidad de
hacer algo un poco prohibido fue atractivo
para estas personas. Salir de lo cotidiano.
El peligro es creer que nada de lo
cotidiano puede producir placer. Hay que
redescubrir y reencontrarse todos en la
cotidianeidad.
“Este acto es una apertura, pero no es un
destape externo. Seguimos siendo un país
que tiene dificultad de aceptar su
sexualidad, su cuerpo, el afecto explícito”,
sostiene finalmente.