El efecto protector de las isoflavonas presentes en numerosos vegetales como la soya, es el objeto de estudio de un grupo de académicos del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos (INTA) que busca determinar de qué forma actúan.
 Prof. Luis Valladares.
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Durante años se pensó que la razón por la que los orientales, a diferencia de los occidentales, contraían en menor número ciertas patologías crónicas como el cáncer -mamario o a la próstata- y enfermedades cardiovasculares, se debía a un factor genético. Sin embargo, esa tesis se desestimó una vez que quedó en evidencia como los asiáticos que emigraban a distintas partes del mundo, ya en su segunda generación comenzaban a manifestarlas, lo que propició que ya a mediados de los ochenta se empezara a considerar como determinante el factor ambiental. Dentro de esta línea comenzaron a realizarse estudios que revelaron que la dieta de los orientales contiene en abundancia alimentos ricos en unas sustancias de origen vegetal que químicamente reciben el nombre de isoflavonas o bien, por comportarse como símiles a estrógenos, se les llama fitoestrógenos y que funcionarían como protectores de la salud humana.
En la última década se ha desarrollado una fuerte corriente de investigación para determinar como las isoflavonas operan en el organismo. “Lo fundamental que se plantea en estos instantes es que actuarían como agonistas estrogénicos en el cerebro, los huesos y el sistema cardiovascular y como antiestrógeno en aquellos órganos en que el estrógeno es peligroso, como en la glándula mamaria y el endometrio en la mujer. Además de esta capacidad, los fitoestrógenos pueden actuar como antioxidantes y como potentes inhibidores de algunas enzimas que están asociados a algunos tipos de cánceres”, explica el Prof. Luis Valladares, subdirector del INTA, que realiza el primer estudio en Chile sobre la materia. También participan las profesoras, Sandra Hirsch, María Pía de la Maza y Argelia Garrido.
El consumo de isoflavonas se produce cada vez que alguien come frutillas, frambuesas (cualquier alimento de la categoría “berris”), arándanos, brócoli, dientes de dragón o soya. Y en el caso de las mujeres en la etapa de posmenopausia, su incorporación al organismo puede convertirse en una interesante alternativa a las terapias de sustitución de estrógenos, que son utilizadas para palear la disminución de ellos que manifiestan cuando sus ovarios dejan de funcionar, situación que les provoca múltiples trastornos. La ventaja del fitoestrógeno es que a diferencia de este mecanismo artificial para reponer la baja de hormonas esteroidales, actúa inhibiendo acciones estrogénicas dañinas que inciden directamente en la aparición de cáncer mamario y de endometrio, además, de cumplir la función de proteger al cuerpo de enfermedades cardiovasculares, cuyo aumento registran las mujeres en esta etapa de sus vidas. En este aspecto los fitoestrógenos podrían ser “moduladores selectivos naturales del receptor de estrógenos”, aclara el docente.
De igual manera los efectos de los fitoestrógenos podrían ser también beneficiosos para el hombre permitiendo disminuir el riesgo de desarrollar cáncer a la próstata y mejorar algunos factores relacionados con riesgo cardiovascular. Estas acciones serían especialmente relevantes en la etapa de la andropausia en que la disminución de los andrógenos bioactivos esta asociado a cambios en el sistema endocrino con impacto en el sistema cardiovascular.
Los últimos estudios a nivel mundial reportan que la responsable de los efectos antitumorales -evitando fuertemente la proliferación celular- y la función antioxidante de los fitoestrógenos, sería uno de sus componentes: la genisteina, razón por la cual se ha convertido en el objeto de análisis más importante en la actualidad sobre esta materia.
Etapa experimental
En nuestro país, según cifras del Ministerio de Salud, las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte (27,1% del total de las defunciones en 1998) y en segundo lugar se ubica el cáncer, constituyéndose el mamario como uno de los que afecta en mayor medida a las chilenas junto al vesicular y al cervicouterino. Ahí radica la importancia de este estudio del INTA que busca determinar los mecanismos celulares y moleculares que llevan a los fitoestrógenos a proteger a los seres humanos especialmente de patologías cardiacas y cánceres. “En estos momentos lo que dice la literatura referente al tema es que frente a la hipótesis de que los fitoestrógenos son beneficiosos se requiere mayores evidencias clínicas que permitan demostrar las evidencias epidemiológicas. Es interesante señalar que no hay estudios que demuestren efectos perjudiciales por consumo de alimento ricos en soya”, explica el Prof. Valladares.
En este marco encaja la investigación del académico, que va en su tercer año y está en plena etapa de determinar los efectos de isoflavonas sobre algunos factores de riesgo cardiovascular en mujeres postmenopausicas y en hombres de entre 45 y 60 años. Actualmente están participando 22 mujeres, mayores de cincuenta años, a las que se les está administrando un suplemento de isoflavonas de la soya. El reclutamiento de hombres para participar de esta iniciativa ha sido más difícil, propio de la reticencia masculina a consumir algún producto que se asocie a los estrógenos, si bien gran parte de las acciones endocrinas-androgénicas es mediada por la transformación de testosterona a estradiol.
Las isoflavonas manifiestan una vida media de siete a ocho horas en el plasma, luego de cual son metabolizadas y excretadas, por esto el estudio contempla la administración de dos dosis al día.
El Prof. Luis Valladares considera necesario resaltar que la dieta de los orientales contiene componentes que demuestran beneficios para la salud humana. Es dentro de su estilo de vida que se inserta el consumo de ciertos productos naturales que se asocian a la disminución de riesgo de enfermedades crónicas, entre estos las isoflavonas de la soya. Los occidentales, en cambio, pretendemos obtener similares beneficios consumiendo cápsulas y olvidando todo el concepto nutricional que esta detrás de ese contexto cultural propio de las poblaciones de menos riesgo a enfermedades crónicas. En este aspecto es importante señalar que las respuestas frente a estos suplementos tiene una gran variabilidad individual.
Para el profesional la clave está en que los chilenos asumamos una cultura alimentaria integral y equilibrada, asunto al que durante los últimos años ha puesto énfasis el INTA a partir de múltiples campañas. Pese a que es difícil que cada adulto cambie sus hábitos dietarios hacia una conducta nutricional más sana, el primer paso estaría en comprender que los alimentos naturales en su conjunto protegen y hacen la vida más saludable.