Prof. Fernando Valenzuela
En Busca de un Rostro para la Universidad de Chile estuvo el Prof. Fernando Valenzuela de la Facultad de Filosofía y Humanidades, constituyéndose así en un verdadero cronista de esta Casa de Estudios Superiores, conocimientos que dejó para todos en un libro que narra la historia universitaria y con ello la de la República de Chile.


Para quienes llevan a la Universidad de Chile en el corazón, pero también para los que entienden que conocer el pasado de esta Casa de Estudios es sinónimo de apreciar parte importante de la historia de Chile, sin duda el nuevo libro del prof. de la Facultad de Filosofía y Humanidades de este plantel Fernando Valenzuela Erazo, no pasará inadvertido.
Y es que este académico, a través de un relato sincero, ofrece en la “Universidad de Chile: en busca de un rostro”, una mirada reflexiva hacia al interior de la corporación que -a su juicio- sigue con alegría, y a ratos con dolor, las vivencias de lo que somos como nación.
En su libro, el autor nos sitúa en el pasado reciente de la Universidad, tomando como eje del relato el proyecto de 1996 y que durante dos años abrió a la Casa de Bello a un profundo debate, donde tanto académicos como alumnos y funcionarios se preguntaron ¿qué Universidad queremos ser?
El autor da cuenta de la encrucijada de esta Casa de Estudio entre el llamado de la tradición respecto a su quehacer; la demanda de autofinanciamiento del modelo económico; y un estilo de modernización que la comunidad universitaria no compartió, y que se expresó en una larga paralización de actividades por parte del alumnado. Ellos y la comunidad en general tenían la convicción de que lo económico no puede prevalecer por sobre lo académico.
El análisis de todo este proceso realizado por el prof. Fernando Valenzuela, es rico en detalles sobre la actividad universitaria y las distintas interpretaciones y miradas que sobre este quehacer expresaron los actores que intervinieron en el período. Así, en el libro se reflejan fielmente los puntos de vista que alumnos, académicos, funcionarios y miembros de partidos políticos y de gobierno tenían sobre las disyuntivas que entonces enfrentaba la Universidad.
En el prólogo del libro, el rector de la Casa de Bello, prof. Luis Riveros, resalta que con el tiempo y con sus dos obras sobre el plantel, el prof. Valenzuela se ha transformado “en un verdadero y primordial cronista de la historia de la Universidad de Chile”. La definición halaga a este maestro, que con más de 40 años de trabajo en la Universidad, ha conocido de cerca la enorme sabiduría con que la institución académica busca superar sus problemas.
En sus propias palabras este académico nos cuenta sobre su pasión por retratar a la Universidad de Chile, al tiempo que nos adentra en pasajes de su libro y en cómo observa hoy a su casa académica.
-¿Por qué cree que el proyecto de modernización impulsado por el ex rector Lavados no fue bien recibido por la comunidad universitaria?
-Creo que cometía errores más o menos significativos. Planteaba una segmentación entre la investigación y la docencia, en circunstancias de que ello constituía un elemento valiosísimo del desarrollo universitario. No puede haber docencia útil si no existe una investigación que acredite esa docencia y le sirva de respaldo. Esa fue una crítica que englobó a toda la universidad. Por su parte, los alumnos veían en todo esto un mecanismo de reducción de la Universidad debido a las exigencias de autofinanciamiento que correspondían a una visión neoliberal del esquema universitario.
-Desde la perspectiva que hoy le da el tiempo transcurrido, ¿valió la pena plantearse el proyecto?
-Eso es indudable. Probablemente, gracias a la autoconciencia que teníamos del proyecto fuimos capaces de descubrir los errores que tenía y avanzar más todavía, lo que refleja que existía un medio universitario atento e inteligente.Creo que la Universidad salió fortalecida.
-¿La clave estuvo en reconocer los errores que había que superar?
-Seré bien sincero. Hubo un momento en que creía que nos hundíamos. Teníamos tantos problemas económicos, de paralización de actividades, venía una elección de rector, etcétera. Pero la Universidad tenía una capacidad increíble. La Universidad era capaz de escribir en su corazón cada uno de los pasos que tenía que dar y los fue dando tranquila y ordenadamente. Es un período donde la Universidad hace un esfuerzo para entender el sentido último de las disciplinas y de su propio rol.
-Haciendo una comparación con el período que trata en el libro, ¿cómo ve a la Universidad hoy?
-La veo más realista, más sabia. Los programas de desarrollo institucional nos han colocado en una posición bien clara respecto a que junto con ser los mejores, tenemos que demostrarlo. Ahora en las distintas facultades se manejan perspectivas de desarrollo futuro de la Universidad que le dan una vivencia de lo que debe darse en el futuro. Eso no lo teníamos...
-La situación económica y el tema del autofinanciamiento no ha variado. ¿Qué hace que hoy el futuro se vea más optimista que entonces?
-La gestión del rector Riveros ha sido de mayor sensibilidad, sobre todo en el manejo de los problemas de los alumnos. Su gestión ha sido más comprensiva, su liderazgo se nota y hay una formulación de política universitaria que parece más consistente. Creo el rector Riveros fue el hombre emergente de ese proceso.
-El rector planteó hace unos días que la Universidad es un vehículo en movimiento. ¿Por qué usted se interesa en describir sus posible curvaturas?
-El estudio de la Universidad representa con todo rigor un estudio de la cultura... La Universidad de Chile es la que tiene la mayor tradición universitaria en nuestro país y probablemente en América Latina. Por eso siempre he dicho que la Universidad es como la Atenas de América Latina, porque están los contenidos más permanentes y más nobles de lo que constituye el desarrollo universitario. “Como dice el rector, creo que la Universidad está en movimiento y sigue los vaivenes íntegros del proceso histórico. Es un movimiento que en cierta medida recoge integralmente lo que somos. Creo que en los momentos más duros la Universidad se define en función de sus rasgos históricos. Para mí, retratar la Universidad en su trayectoria es dar conciencia clara de lo que puede llegar a ser”.