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Impasse por suministro de gas desde Argentina
Chile muestra inquietante vulnerabilidad energética

A juicio del Prof. Pedro Maldonado, las soluciones para enfrentar este problema existen, pero deben concebirse en el marco de una política energética de largo plazo en el país.


Prof. Pedro Maldonado
A fines de febrero pasado las portadas de los diarios de circulación nacional alertaron sobre el inminente riesgo de cortes de suministro eléctrico en nuestro país.
La razón. Un conflicto social en Argentina entre trabajadores y las empresas petroleras derivó en la disminución del flujo de gas natural hacia Chile, situación que junto con provocar la alerta coyuntural antes mencionada dejó en evidencia dos problemas más de fondo: la alta vulnerabilidad energética de Chile y la necesidad de diseñar políticas de largo plazo en esta materia.
Así es como aprecia la situación el Prof. Pedro Maldonado del Programa de Política Energética y Gestión del Uso de la Energía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas , quien explica que esta lección que preocupó al país por unos días, debiera seguir inquietándolo por muchos más. Ello, porque -a juicio del profesional- la alta vulnerabilidad del país no se reducirá de un día para otro, sino que deberá ser la resultante de una política de largo plazo que apunte a diversificar la matriz energética actual.
Cabe recordar que en su momento el impasse que se generó con el gas argentino provocó la salida del sistema eléctrico de dos centrales de ciclo combinado que funcionan con gas natural y obligó la entrada de centrales a carbón para evitar los cortes de luz. ¿Por qué se llegó a esta emergencia? ¿Cómo se puede reducir la vulnerabilidad de Chile? ¿Qué efectos podría provocar la situación actual ante un conflicto de mayor envergadura?, son las preguntas que saltan a la vista.


Realidad

Según explica el Prof. Maldonado el gas natural constituye un componente fundamental para el suministro energético nacional, no sólo por su aporte a una diversificación del abastecimiento de energía sino que además por su contribución a la reducción de las emisiones contaminantes. En la actualidad, este combustible representa un 13% del consumo total de energía, lo que lo sitúa en el tercer lugar de importancia después del petróleo y la leña. Sin embargo, todas las previsiones indican que durante esta década, constituirá el segundo energético en importancia porcentual.

“Desde un punto de vista energético, el país depende prácticamente de la Argentina en 100% para su abastecimiento de gas natural, situación que no se prevé cambie sustancialmente a futuro, salvo que se materialice en Chile el proyecto de licuefacción del gas natural boliviano”, sostiene el investigador. Agrega que de materializarse dicha iniciativa se reducirá la dependencia respecto al país trasandino, por lo menos para abastecer el norte de Chile.

A juicio del Prof. Maldonado, Chile requiere de una política energética que permita anticiparse a los hechos y es en ese contexto que plantea que “en el tema de la energía la empresa privada no puede ser el único actor”.

-En la situación actual de Chile ¿qué efectos provocaría la interrupción del suministro de gas natural por unos días?
La dependencia respecto del gas natural dejó al descubierto la vulnerabilidad energética de Chile. En caso que se produzca una interrupción relativamente prolongada, de por lo menos algunos días, sus efectos se harán notar, muy probablemente, en la generación eléctrica, principal consumo energético del gas natural (54% del total en el año 2000) y el sector industrial que consume un 22% del utilizado energéticamente. El sector residencial, comercial y público, que representa sobre un 10% del consumo, probablemente no se verá afectado, debido a que por exigencias regulatorias el servicio no puede ser interrumpido. Conviene eso sí señalar que siempre se podrá recurrir a soluciones de emergencia, las que serán de un alto costo económico y ambiental.
-¿Cómo se puede enfrentar esta situación?
La solución del problema no se produce de un día para otro, sino que será la resultante de una política energética que apunte a diversificar eficazmente el abastecimiento energético. Ello se logra en el largo plazo. Las alternativas destinadas a reducir los impactos de la excesiva dependencia energética existen, como lo han demostrado prácticamente todos los países desarrollados. Ellas deben empezar a construirse desde ya para que sus impactos se aprecien en el mediano plazo.
-¿Cuáles son a su juicio las sugerencias que podrían impulsarse?
Algunas alternativas pueden concretarse en el corto plazo, otros en el mediano plazo y por último existen opciones que alcanzarán su madurez en un horizonte de 15 a 20 años. Entre las más inmediatas cabe considerar la interconexión entre el Sistema Interconectado del Norte Grande (SING) y el Sistema Interconectado Central (SIC), lo que permitiría aportar unos 350 MW a la zona central, promover la cogeneración, explotar las potenciales de interconexión con otros países y aumentar el uso de los recursos hidroeléctricos convencionales, en la medida que ello se haga sustentablemente.
-¿Qué hay con respecto a las energías renovables?
A diferencia de Estados Unidos, Europa y Japón, en Chile las energías renovables, tienen una incidencia insignificante, claramente inferior al 1% del consumo nacional. Según se estima, en un horizonte de 15 a 20 años, ellas podrán abastecer del orden de un 15% del consumo total de energía. En este sentido, las principales opciones a considerar son la energía eólica, la energía geotérmica y las mini centrales hidroeléctricas.
-Usted plantea que la eficiencia energética puede considerarse como el yacimiento más importante del que dispone el país ¿A qué se refiere?
El uso eficiente de la energía se refiere a utilizar menos energía para obtener el mismo o mejor servicio energético. Ello se logra mediante la incorporación de tecnologías de alto rendimiento... En los países donde se han logrado resultados impresionantes en este ámbito, ello ha sido posible gracias a una clara política de intervención del Estado en el mercado para asegurar la penetración de tecnologías que normalmente el mercado no asume en forma espontánea.
-¿Existen otras opciones?
Efectivamente. Desde una perspectiva más innovadora se debe considerar el uso de las celdas de combustibles y las microturbinas a gas natural, destinadas a producir electricidad en pequeña escala, recurriendo a la generación distribuida, alternativa que tendrá un elevado impacto a futuro. Los beneficios de la generación distribuida la convierten en una vía que exploran con mucho interés los países desarrollados. Otro uso importante de las celdas de combustibles es su capacidad de sustituir los carburantes tradicionales en el sector transporte. Tampoco debe ignorarse la posibilidad de realizar cambios en los grandes sistemas usuarios. Es el caso, por ejemplo, de los impactos energéticos de una política de transporte y de desarrollo urbano que modifique completamente el funcionamiento de las principales ciudades del país y asigne una elevada prioridad a un transporte público racional, eficiente y económico.

En resumen, existen soluciones a la vulnerabilidad energética y ellas deben concebirse en el marco de una política energética de largo plazo, consistente con el desarrollo sustentable. La solución no es única, sino que la suma de distintas alternativas cuyo desarrollo tecnológico y comercial se presenta en distintos grados de madurez, pero que deben empezarse a trabajar desde ya.









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