LATINOAMERICA 2015: ¿UNA VISION COMPARTIDA?
Discurso de Lord Triesman
Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile
Martes 19 de diciembre de 2006
“Profesor Sánchez. Damas y caballeros. Gracias por su amable introducción y por haberme invitado a participar en la Conferencia de esta mañana.
Quisiera aprovechar esta oportunidad para felicitar al Instituto por el Cuadragésimo Aniversario que celebró en octubre pasado.
Es muy grato para mí poder continuar la estrecha relación que existe entre el Instituto y el Reino Unido. En sus inicios, esta relación fue propiciada por el prestigioso historiador británico, Arnold Toynbee, uno de los precursores de la Tercera Vía del Nuevo Laborismo, quien asistió a la ceremonia de inauguración hace 40 años. Posteriormente, dicha relación fue continuada por el profesor Victor Bulmer-Thomas, Director del Real Instituto de Relaciones Internacionales de Londres, quien es uno de los principales expertos en América Latina del Reino Unido, y quien fue el invitado de honor en las celebraciones del 40º Aniversario.
Ayer sostuve las primeras Conversaciones Políticas de Alto Nivel entre el Reino Unido y Chile con el Ministro de Relaciones Exteriores, Sr. Alejandro Foxley, y el Subsecretario Sr. van Klaveren. Durante estas conversaciones, abordamos algunos de los desafíos internacionales que actualmente tenemos en común - desafíos que no conocen fronteras. Esto, su carácter global, es lo identifica a dichos problemas. Los conflictos, la pobreza, la delincuencia y el cambio climático, ya sea en Latinoamérica, Europa, Africa o el Medio Oriente, nos afectan a todos. Creo que debemos trabajar juntos, incluso de forma más estrecha, o no lograremos combatirlos de manera adecuada. Esperamos continuar con estas conversaciones periódicas durante los próximos años.
Esta mañana quisiera compartir con ustedes mi visión sobre porqué América Latina es tan importante, no sólo para el Reino Unido y nuestros socios europeos, sino que para el resto del mundo, y sobre cómo el Reino Unido y América Latina pueden trabajar juntos para concretar dicha visión compartida.
Dichas preguntas son de gran importancia para mí, no sólo en mi calidad de Ministro para Latinoamérica, sino también por mi pasado de banquero y sindicalista. He dispuesto que mi oficina elabore un Documento de Estrategias Públicas sobre Latinoamérica en que se analizará el tema. Dicho informe será publicado a principios del próximo año, y abordará algunos de los aspectos que señalo más adelante.
El comercio entre América Latina y Europa es muy importante. En el 2005, la cifra total del comercio bilateral entre América Latina y la Unión Europea -en conjunto con los Estados Unidos y Canadá- fue de $340 mil millones, sobrepasando con creces el comercio de $47 mil millones registrado entre China y América Latina.
Entre los años 1990 y 2000, el comercio entre la UE y América Latina se duplicó. Los estados miembros de la UE representan colectivamente alrededor de un 40% del comercio exterior de Latinoamérica, y un 40% de las inversiones externas de la región. Por ello, el comercio entre América Latina y Europa es muy importante, y el potencial para una mayor expansión es considerable.
Brasil y México son dos de las 15 economías más grandes del mundo, y la tercera y quinta economía en desarrollo más grande después de China, respectivamente.
América Latina es un proveedor de energía clave a nivel global. Provee un 14% del petróleo existente en el mundo y un 5,5% de los depósitos de gas natural del globo. Se estima que posee por lo menos un 10% de las reservas de crudo y un 6% de las reservas de gas natural. Venezuela y México poseen algunos de los depósitos de petróleo más grandes fuera del Medio Oriente. El liderazgo tecnológico de Brasil en la producción de etanol, un producto limpio y que no daña el medio ambiente, bien podría liderar la próxima revolución energética. Gracias a que la zona del Amazonas posee las mejores propiedades del mundo para absorber el carbono, Brasil es un país clave en las acciones relativas al cambio climático - uno de los mayores desafíos que debe enfrentar el mundo de hoy.
América Latina ha avanzado notablemente en el tema de la seguridad. No posee armas nucleares, químicas, ni biológicas. Está comprometida activamente con la no proliferación. Es una región más fuerte gracias a las relaciones de confianza y seguridad que ha forjado entre veinte estados. De allí que no sea necesario aumentar los gastos en el ámbito militar.
Asimismo, existe un apoyo generalizado y permanente hacia la democracia, los derechos individuales y la protección del estado de derecho. Catorce jefes de gobierno han cambiado en los últimos dos años. Si bien algunos de ellos dejaron su cargo como resultado de protestas populares, todos sus sucesores han asumido sus cargos en conformidad con los procedimientos constitucionales.
En otro ámbito, la economía ha mostrado un desarrollo mucho más sano que en años anteriores. El panorama que vemos hoy es de un crecimiento estable en todo el continente y un índice de inflación controlado. En los últimos 10 años, la relación entre la deuda externa general y el PIB ha disminuido de un 35% a un 10%. Además han emergido algunos negocios muy exitosos a nivel internacional, tales como LAN acá en Chile, EMBRAER en Brasil y CEMEX en México.
No obstante, aún quedan áreas en que coexisten la extrema pobreza y la desigualdad de ingresos. La distribución de los ingresos en América Latina es peor que en cualquier otro lugar del mundo. 130 millones de personas - de una población total de 550 millones - viven con menos de dos dólares al día.
Combatir la pobreza - que es el primer paso para lograr un crecimiento y desarrollo sustentables - sigue siendo la prioridad más urgente de muchos gobiernos latinoamericanos. Algunos ya han logrado grandes avances. Chile, tal como lo he mencionado, es un ejemplo notable. México también ha reducido a la mitad sus índices de extrema pobreza. La distribución del ingreso en Brasil es menos desigual que en cualquier período de los últimos 30 años.
Pero muchos países aún están siendo afectados por la falta de gobernabilidad, los crecientes índices de delincuencia e inseguridad, y una corrupción endémica. La región presenta una tasa de homicidios más alta que en cualquier otra parte del mundo - 25 de cada 100 mil persona cada año. Afortunadamente, tanto Chile como Uruguay presentan índices muy bajos que no superan el 4,6%. Según cifras obtenidad del Banco Mundial, el FMI e instituciones regionales, el asesinato de jóvenes y niños, que son víctimas de distintos tipos de violencia en la región, representa el equivalente a un 14% del PIB anual. A menudo, la pobreza está en la base de dichos actos de violencia. Pero dichas acciones también son resultado de la existencia de gobiernos incompetentes e inestables, que no logran instaurar plenamente el estado de derecho.
Si no se logran avances en estas áreas, existen pocas posibilidades de que el reciente desarrollo político y económico de América Latina se sostenga fácilmente en el tiempo.
Entonces, ¿cuál es el futuro de América Latina? Creo que el continente podría seguir, a grandes rasgos, uno o dos caminos de desarrollo.
El primero sería continuar con las actuales tendencias positivas. Mantener el proceso de elecciones libres y justas, y realizar traspasos de mando que sigan las normas constitucionales. También se lograría un avance progresivo en el índice de corrupción elaborado por Transparencia Internacional. El crecimiento del PIB sería igual o superior al desarrollo de otras economías emergentes. Igualmente, se lograría un aumento similar en la Inversión Extranjera Directa.
La existencia de acciones de cooperación más estrecha a nivel regional reduciría los efectos potencialmente negativos de la globalización, al entregar a los gobiernos herramientas políticas sólidas que les permitan regular la actividad comercial, sin llegar a rigidizarla. Ello se realizaría a la par con los esfuerzos desplegados por las empresas en el ámbito de la responsabilidad social empresarial.
Lo anterior, combinado con el Logro de los Objetivos del Milenio relativos a la reducción de la pobreza y la desigualdad social, alentaría claramente el avance de estos países hacia la formación de una región formada por países desarrollados. Además, gracias a estos avances, la región podría tener una voz más potente en la comunidad internacional.
Las evidencias de estos cambios se reflejarían en el debate político. Las discusiones ya no se centrarían en el hecho de que los votantes tengan acceso a un doctor o un colegio, sino más bien en la calidad del servicio que éstos prestan. No en el hecho de que haya trabajos suficientes, sino en la clase de empleos disponibles en el mercado y la capacitación que exista. No en el hecho de que un ciudadano esté pagando impuestos o no, sino más bien en que el nivel de tributación sea adecuado y el gobierno esté haciendo buen uso de tales recursos.
El segundo camino - menos positivo - sería que Latinoamérica no sólo no logre llegar a este nivel de desarrollo, sino que incluso retroceda en algunas áreas de vital importancia.
Al respecto, creo que es importante hacer hincapié en tres riesgos específicos:
En primer lugar, existe el riesgo de que la democracia constitucional sea reemplazada por la autocracia. En otras palabras, que haya políticos populistas que se aprovechen del descontento de los ciudadanos y de las instituciones mediocres, para presentarse ante ellos como una alternativa ideológica radical.
La redistribución de los ingresos del petróleo para combatir la pobreza y la exclusión social podría funcionar en el corto plazo. Pero depender de un solo producto básico -por muy valioso que éste sea- para resolver los problemas de ingreso y crecimiento, es un camino bastante arriesgado. La pregunta básica que debemos hacernos es si se puede lograr un crecimiento a largo plazo - que es esencial para reducir la pobreza, construir colegios y hospitales, y crear trabajos - si no existe una economía diversificada, inversiones extranjeras y conocimientos especializados. Francamente, no estoy seguro si se puede avanzar siguiendo este camino. Además, existe el riesgo fehaciente de que se produzcan mayores tensiones a nivel regional si se siguen dichas tendencias.
En segundo lugar, existiría el riesgo de que surjan dos Américas Latinas. Una, con enfoques económicos y políticos cada vez más similares a los de sus principales socios comerciales fuera de la región. La otra, estaría conformada por países que no han podido sustentar los logros alcanzados hasta ahora. Una divergencia de esta magnitud en el continente podría ser fuente importante de desequilibrio económico, social y político.
El tercer riesgo sería que, aunque América Latina lograra avances razonablemente positivos, tales avances fueran superados por los de otras regiones. En la actualidad, Asia recibe aproximadamente el doble la inversión extranjera directa en comparación con Latinoamérica. Las empresas e inversionistas conocen las oportunidades que ofrece América Latina, pero, muy a menudo, prefieren Asia puesto que es más fácil invertir, los retornos son más altos y el riesgo es más bajo. Si no se enfocan correctamente los equilibrios, existe el riesgo de que disminuya la inversión extranjera, aumente el desempleo, recaiga su influencia a nivel internacional y aumente la dependencia económica de un mercado de productos básicos que, en alguna medida, es inestable.
Si bien el futuro de América Latina podría contener elementos que apunten a ambas direcciones, el desafío es cómo nosotros, es decir el Reino Unido, podemos ser mejores socios con América Latina para lograr un crecimiento sustentable en el largo plazo y un desarrollo próspero que vaya en beneficio mutuo.
El Reino Unido posee la quinta economía más importante del mundo, la cual sólo fue superada hace poco por China. Somos la segunda economía más desarrollada de la Unión Europea después de Alemania. En el seno de la Unión Europea, hemos tomado la delantera al defender con firmeza la expansión de la misma, al igual que el fortalecimiento de los vínculos de la Unión Europea con sus socios internacionales, incluida América Latina.
Lo anterior apunta a la idea central de lo que quiero expresar. Se relaciona con el Reino Unido y con las elecciones que debemos realizar entre tipos de desarrollo contrastantes. Somos un país comercial que posee un gran centro financiero en Londres. Históricamente, hemos sido inversionistas, banqueros, agentes del mercado, aseguradores y reaseguradores. A menudo, hemos desarrollado formas de negocio, sobre la base de nuestras experiencias - buenas y no tan buenas - con América Latina. Además de este espíritu empresarial, creamos un estado benefactor, la idea de redistribución de los ingresos para beneficio de los más pobres, un sistema de salud nacional y la posibilidad de tener una educación superior. Paralelamente a nuestro trabajo en la City de Londres, trabajamos bajo un lema que Toynbee reconocería inmediatamente - 'Nuestra sociedad debería ser para muchos, y no para unos pocos'.
Por ello, al momento de revisar los nuevos modelos, basándonos en nuestra propia historia y experiencia, la adopción del primer modelo latinoamericano de inversión que he descrito es el más serio y adecuado. Los modelos sobreregulados, los países en que la práctica democrática es más bien débil y donde las ideologías parecen ser más importantes que las políticas en beneficio de los más pobres, son mucho menos atractivos. Menos atractivos para nuestros inversionistas y menos interesantes para nuestros instintos. Con esto, de ningún modo quiero decir que no nos comprometeremos con dichos países. Pero sí quiero decir que poseemos un sólido conocimiento de quienes representan nuestras relaciones más óptimas.
En un mundo cada vez más globalizado y competitivo, será muy provechoso - y quizás vital para el desarrollo a largo plazo de América Latina - que los países que la conforman coordinen sus fortalezas, capacidades y recursos para defender sus propios intereses. Este es un punto que enfatizamos especialmente en la Cumbre UE-AL de este año.
El Reino Unido continúa desempeñando un rol de liderazgo en el ámbito internacional. Trabajamos arduamente en las Naciones Unidas para establecer la Comisión de Fortalecimiento de la Paz y el Consejo de Derechos Humanos, los cuales - según estoy informado - son áreas de particular interés para Chile. Y continuamos presionando para que haya avances - de todas las partes - relativos a las conversaciones comerciales sostenidas en el marco de la OMC.
El Reino Unido es líder mundial en áreas de importancia clave para la región, tales como la reforma de las políticas públicas, la justicia penal y la regulación de los mercados. Ya he mencionado nuestros intereses como centro financiero.
En muchas de estas áreas, nosotros ya estamos colaborando estrechamente con América Latina. Nuestros sólidos lazos históricos y culturales nos permiten tener excelentes socios en la región. Asimismo, contamos con una eficaz red de diplomáticos para comunicarnos con los gobiernos y el sector comercial.
Seguiremos insistiendo a nivel bilateral, multilateral, y en el seno de la Unión Europea, sobre la necesidad de que exista gobernabilidad, liberalismo económico y cooperación en la región. Y seguiremos apoyando - a través de financiamiento y asesoría técnica - las acciones conjuntas que permitan abordar el problema del cambio climático y lograr una mayor transparencia en la industria energética.
Seguiremos haciendo especial hincapié en la importancia de que exista un clima seguro para las inversiones, lo cual redundará en la prosperidad futura de la región. El Reino Unido considera que los inversionistas extranjeros son socios gravitantes en los esfuerzos de América Latina por reducir los niveles de pobreza, crear empleos y lograr un crecimiento económico sustentable. No obstante, las compañías extranjeras sólo continuarán invirtiendo en la medida en que los gobiernos introduzcan un clima transparente y equitativo para las inversiones. Es necesario que los gobiernos y el sector privado adhieran a las obligaciones contractuales e internacionales existentes, y que trabajen juntos como socios para en la búsqueda del crecimiento económico.
Aumentaremos la cooperación en la lucha contra el narcotráfico mediante la entrega mutua de información, el apoyo a los organismos encargados del cumplimiento de las leyes y la entrega de equipos a las policías y oficinas de aduanas. Asimismo, continuaremos con los esfuerzos tendientes a combatir el tráfico de armas y personas, y ofreceremos apoyo para lograr mejoras en temas como la gobernabilidad y el respecto de los derechos humanos. La mejor forma que tiene el Reino Unido de aprovechar la cooperación ya existente con Latinoamérica es trabajando con los amigos de la región que comparten nuestros valores e intereses. Tenemos lazos muy estrechos con muchos países de América Latina, pero quisiera enfatizar aquí la cercanía de nuestros lazos con Chile.
Me han señalado que, en general, a los chilenos no les gusta que reconozcan públicamente sus éxitos. No obstante ello, quisiera decir algunas palabras sobre lo que se ha logrado en este país. Creo que vale la pena correr el riesgo de ofenderlos, ya sea porque lo que ustedes han hecho es tan notable, o porque el Chile de hoy posee muchas de las características que nosotros esperamos que el continente tenga para el año 2015.
En los últimos dieciséis años, Chile ha logrado importantes avances gracias a que es una democracia estable y posee una exitosa economía de libre mercado.
En el año 2006, Chile ha aparecido en varios índices e informes mundiales liderando América Latina en las áreas de libertad económica, competitividad, calidad de vida, tecnología de la información y gobierno electrónico.
Al elaborar el índice de corrupción de este año, Transparencia Internacional ubicó a Chile en el número 20 de 163 países, junto con los Estados Unidos y Bélgica. La deuda pública se ha reducido hasta llegar a un 30%. Los índices de inflación permanecen bajos. El nivel de pobreza en Chile ha disminuido de un 38,5% en 1990 a un 18,8% en el año 2004. De los 26 postulantes a convertirse en miembros plenos de OCDE, Chile es el país que más cerca está de cumplir con los criterios de ingreso. Y, permítanme agregar, tal como lo señalé a los ministros de gobierno con quienes me reuní ayer, que estoy comprometido personalmente y defenderé con firmeza el temprano ingreso de Chile a la OCDE. Se han ganado el lugar; es un derecho.
Asimismo, Chile participa cada vez más activamente en el ámbito internacional. A través de su participación en el G20 y el Grupo Cairns, Chile está desempeñando un rol clave en las negociaciones de comercio internacional. En los años 2004 y 2005, los chilenos participaron en operaciones de paz en Haití y Liberia.
El ejército chileno ha realizado un importante aporte a la misión liderada por el Reino Unido en Bosnia. Los soldados chilenos son muy valorados por su gran compromiso y profesionalismo.
Chile también está participando activamente en las iniciativas de seguridad y desarrollo internacionales en distintas organizaciones, incluidas las Naciones Unidas. En especial, valoramos el apoyo que Chile nos dio en la resolución adoptada hace dos semanas, que apunta a iniciar las conversaciones tendientes a la firma de un Tratado sobre Comercio de Armas - un tema por el cual el Reino Unido ha trabajado arduamente durante mucho tiempo.
Tanto para Chile como para el Reino Unido, el comercio es esencial para nuestro desarrollo. Chile cuenta con una extensa red de acuerdos de comercio bilaterales y multilaterales con varios países en Asia, América y la Unión Europea. Las relaciones comerciales entre nuestros dos países continúan creciendo, y somos el cuarto inversionista extranjero más importantes en Chile después de los Estados Unidos, España y Canadá.
Tenemos mucho en común, y - más aún - creo que compartimos una misma visión sobre el futuro de América Latina que se basa en el desarrollo de democracias estables y equitativas, en economías de mercado prósperas y en un pleno compromiso con el resto del mundo.
Actualmente América Latina se encuentra viviendo un momento crucial en su historia. El continente tiene la oportunidad de aprovechar los logros alcanzados estos últimos años, pero, al mismo tiempo, también se arriesga a perder esta oportunidad ni no realiza mayores reformas. Aunque ello es importante a modo de inspiración y ejemplo, no es suficiente esperar que el éxito de un país aliente la imitación de otros.
Debemos continuar presentando los argumentos que incentiven las reformas y la elaboración de buenas políticas capaces de atraer inversiones responsables y a largo plazo. Por otro lado, no podemos permitir que ideologías radicales, y a veces muy vistosas, generen mala publicidad que luego sea ampliamente difundida por los medios de comunicación en todo el mundo.
El futuro de este continente será decidido por los propios latinoamericanos. Y los países con un sólido desarrollo, como es el caso de Chile - que han demostrado lo que se puede lograr gracias a la gobernabilidad y adopción de buenas políticas - pueden, y deben, liderar el camino.
Tanto nosotros como nuestros socios europeos trabajaremos con ustedes para reforzar los históricos lazos que nos unen y el compromiso mutuo de desenvolvernos en una democracia pluralista y con apertura de mercados. Compartimos la misma visión y los mismos objetivos. Y, nuestra tarea ahora es compartir dicho enfoque para lograr esos objetivos.
Muchas gracias”.
.: volver :.
|