Monografías de Medicina Veterinaria, Vol.14, N°2, diciembre, 1992
Diagnóstico por imágenes en nefrología de pequeños animales

[ Examen radiográfico simple ]

En el canino los riñones se observan en el 50% de las radiografías simples del abdomen. La claridad de su visualización depende de la cantidad de grasa perirrenal y de una adecuada preparación del paciente. Se recomienda un ayuno de 18 a 24 horas y la aplicación de un enema previo al examen para evitar la presencia de contenido alimenticio y/o fecal en tracto gastroentérico que, contrastando con áreas de interés, reducen el valor diagnóstico del examen.

Las radiografías abdominales simples entregan alguna información sobre el tamaño, forma, posición, número, contorno y radiodensidad renal, pero escasa información concerniente a la composición o cambios del parénquima. Para determinar la longitud renal se utiliza el largo de la 2a vértebra lumbar en una vista ventrodorsal, estimándose el tamaño renal promedio entre 2,5 a 3,5 veces el largo vertebral, siendo importante resaltar que cambios en el tamaño de los riñones, pueden preceder a cambios clínicopatológicos, por lo que su estimación puede proveer de valiosa información.

Los riñones son observables más claramente en radiografía laterales, pero su apariencia radiográfica varía con los cambios posturales del animal. Así, con el paciente en decúbito lateral izquierdo la superposición de los riñones rota a lo largo de su eje central demarcando el hilio renal, mientras que con el paciente en decúbito lateral derecho, el riñón ipsilateral puede ser desplazado más cranealmente y la superposición de ambos ser menor. Es recomendable tomar ambas vistas laterales para una adecuada visualización, tal cual se observa en la figura 1.

FIG. 1. Radiografía lateral de abdomen de un paciente felino, macho de 8 años de edad. Se observan en ella hígado (1), riñones (k), intestino delgado (bo) y la vejiga urinaria (b).

La forma renal clásica, semielíptica y cóncava en la cara medial, puede alterarse en diferentes patologías tales como la enfermedad quística del Ovejero Alemán, neoplasias, hematomas, abscesos e hidronefrosis que producen un aumento de tamaño, pudiendo existir en fallas congénitas la displasia renal, una evidente asimetría entre ambos riñones. La densidad radiográfica de un riñón normal es similar a los tejidos blandos con alto contenido líquido, pudiendo ser más radiolucente dependiendo de la cantidad de grasa en la pelvis renal. Areas de disminución de densidad se asocian a la presencia de gas dentro del parénquima o pelvis renal y secundaria a una infección bacteriana o reflujo vesico–ureteral, secuela de cistitis enfisematosa o posterior a una neumocistografía por vía ascendente. (figura 2)

FIG. 2. radiografía ventrodorsal de abdomen de un canino. Se visualiza el riñón  izquierdo (k), el colon ascendente (cd) con fecas en su interior, dificultando la visualización renal.

Los incrementos de la densidad renal pueden ser difusos o localizados, siendo la causa más común los cálculos mineralizados. Estos varían en apariencia desde ramificaciones múltiples, hasta concreciones bien limitadas, dependiendo de su tipo y del mineral que predomine en su constitución. Otras causas menos comunes de radiopacidad renal son la calcificación distrófica de abscesos necrosados, áreas necróticas y neoplasias, o las nefrocalcinósis que, en el perro, se asocia a la intoxicación con etilenglicol, a disfunciones como el hiperparatiroidismo y al Síndrome de Cushing. La incapacidad de visualizar los riñones en el examen radiográfico simple, puede deberse a la falta de grasa perirrenal por caquexia, a una enfermedad extraperitoneal, aplasia renal, problemas de técnica radiográfica o superposición de otras estructuras o fluidos, siendo imprescindible realizar la confirmación del diagnóstico por medio de examenes radiológicos contrastados o de ecotomografía.



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