Proyectos estudiantiles 2019-2020

9 Libro Premio Azul 2019 - 2020 U no de los grandes desafíos que nos impuso la pandemia fue la obligación de adaptarnos, en un plazo muy corto, a nuevas formas de hacer Universidad, y los proyectos son parte de ello. Pese a todas las dificultades técnicas, logísticas y de organización que puedan haber tenido los equipos, la flexibilidad y adaptabilidad que demostraron es digna de ser destacada. Ser capaces de reaccionar, resignificarse y adaptarse son valores que probablemente esta generación va a instalar como parte de su formación laboral y académica, entendiendo que ésta no será la última vez que nos enfrentemos a una situación que pone de cabeza toda la planificación de la que éramos capaces de hacernos cargo en los distintos dominios de la vida. Creo que los proyectos pueden ser modeladores de la transición al mundo laboral y a las organizaciones sociales. Por lo tanto, tenemos la responsabilidad de darle creciente visibilidad al valor que tienen desde su función formativa, su contribución a la construcción de una ciudadanía activa y su aporte a la formación integral que está en el modelo educativo y que nos compromete a todas y todos. En ocasiones tendemos a mirar la Universidad como un espacio autocontenido o una realidad paralela en la que está inserta el estudiantado, pero la permeabilidad de las y los jóvenes es mucho mayor. En ese sentido, es natural e indispensable que las experiencias fuera del aula se reflejen e instalen en sus iniciativas, entendiendo que lo que está pasando en la vida cotidiana impacta en las maneras en que aprenden, participan y hacen exigibles sus derechos. Este ciclo da cuenta muy fuertemente de eso. La ventaja del proceso de elaboración de proyectos, independiente de su resultado, es que implica un grado de participación sostenida en torno a un objetivo que motiva y compromete una actividad sistemática, que involucra necesariamente a otras y otros, y desafía la lógica del encierro. Esta dimensión mucho más acotada, pero de mucha calidad en la experiencia, es algo que deberíamos significar. Creo que el elemento motivacional y protector que tienen estas acciones, entendidas en un dominio muy distinto al que nos habíamos imaginado, precisamente por las modalidades de acompañamiento que hubo que instalar en un contexto tan cambiante, fortaleció un componente formativo que estaba implícito, pero que ahora es mucho más directo, abierto y no sólo se detiene a apoyar la formulación, sino que también a acompañar la implementación. Pamela Díaz-RomeroMonreal Directora de Bienestar y Desarrollo Estudiantil (DIRBDE)

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