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Según estudio del músico y académico Carlos Silva
En Santiago se genera un especial ritmo de jazz

Difundir el desarrollo del jazz en Chile y explorar sobre cómo son las bandas que interpretan esta música, son algunos de los objetivos de la investigación que está concluyendo el músico y Prof. de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile Carlos Silva.


Prof. Carlos Silva.
Simplicidad y una especial rítmica que aún le resulta difícil describir, fue lo que desde la adolescencia acercó al pianista Carlos Silva Vega a la música que se transformaría con los años en la pasión de su vida: el jazz.

En dicha aproximación inicial, él mismo cuenta que hubo algo casi visceral, pero que más tarde tanto el trabajo del intérprete como el estudio, le fueron planteando interrogantes más profundas respecto a esta música.

“¿Es realmente jazz lo que hacemos? ¿Cómo analizar a las bandas nacionales? ¿Somos estereotipados o no? ¿Cuál es el aporte nacional al jazz?”, fueron algunas de las interrogantes que permiten hoy entender el origen de la tesis doctoral que este académico está a punto de concluir y que posibilitará, de algún modo, contar con un primer retrato de nuestras bandas actuales.

El Prof. Carlos Silva es pianista de jazz y académico de los departamentos de Danza y Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, desde hace más de 10 años. Estudió pedagogía en música y luego composición en esta misma casa de estudios y próximamente su tesis será leída en la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Este Prof. es además integrante de la banda de jazz Pancho Molina y los titulares, nominada al premio Altazor en la categoría Alternativa y Jazz.

En su estudio “El jazz actual en Santiago de Chile; análisis, evaluación y perspectivas metodológicas”, Carlos Silva se aboca a la idea de entender cómo hacen este tipo de música las bandas
chilenas, cuyos intérpretes en su mayoría no han aprendido esta disciplina directamente, en forma vivencial, desde la tradición afroestadounidense.

En esa línea, plantea que los códigos del jazz han sido mezclados con nuestra cultura, lo que ha originado un estilo de música que aunque no deja de obedecer a sus patrones originales, se ha convertido en una manera particular de hacer jazz en Santiago.

Para identificar esas características, el académico centró su atención para el análisis en las bandas de la capital que llevan más de tres años como grupo. “Quiero entender cómo hacemos jazz desde nuestra tierra”, explica.

Para ello analizó en las performances de bandas como Santiago Stompers, Retaguardia Jazz Band, Pancho molina y los Titulares, La Marraqueta, entre otras, cuestiones como la gestualidad, el lenguaje y los mecanismos musicales y extramusicales que los realizadores utilizan para llamar la atención del oyente, aspectos que a su juicio permiten en gran medida saber cómo son los músicos chilenos de Santiago cuando hacen jazz.

“En cuanto a la gestualidad, el músico chileno de jazz aprende ciertos comportamientos no verbales del jazz estadounidense y, además, inconscientemente utiliza otros gestos de sus tradiciones músico-culturales chilenas. Esta combinación gestual es la que intento definir y conceptualizar como jazz chileno”, explica como ejemplo de su trabajo este autor.

Otra mirada es la relativa al lenguaje musical. “Algo puede sonar a Charlie Parker, pero a lo mejor quien está interpretando hace algo para que no suene así, sobre todo en los momentos de la improvisación. Para mí esa diferencia ya es jazz chileno”, sentencia.

-Metodológicamente ¿qué elementos considera para retratar este jazz nacional?
-Principalmente me baso en la observación y la entrevista. Veo cómo son los intérpretes desde que entran al escenario hasta que se van; cómo son como músicos; en qué se diferencian a los de afuera; cómo se comunican entre ellos; que piensan del jazz; qué opinan de los estereotipos, etcétera. Todo eso lo observo y lo trato de fundamentar a través de investigadores que han tratado este tema, no sólo del jazz como performance, sino que han tratado la performance como concepto de realización que considera un antes, la presentación propiamente tal y las consecuencias, como por ejemplo qué hacen después de tocar...
-El contexto o escenario ¿también incide en la performance que desempeñe una banda?
-Así es. Existen diferencias entre teatros, bares y clubes, principalmente por la relación que se da con el público. Precisamente esos son los tres contextos en que me fijo en mi trabajo, porque en los tres lugares las bandas se expresan de forma distinta. Por ejemplo, la mayoría de los músicos me expresaba que en el bar sienten más comunicación entre ellos porque la gente está más cerca... El caso del cóctel yo lo descarto porque es una performance donde hay una mínima conexión con el público.
-¿Cuál piensa que será el aporte de su tesis?
-En primer lugar, dar a conocer los grupos nacionales, porque también en la presentación de la tesis va una cinta con una selección de una pieza por cada grupo, con una discografía de lo que se ha hecho en Chile. En segundo lugar, encontrar una metodología que sirva para que veamos el jazz sin estar siempre comparándolo y miremos un poco hacia nosotros en cuanto a quiénes somos y cómo tocamos, cómo comunicamos.
-A partir del análisis realizado, ¿cuál considera que es el aporte nacional en términos de performance?
-Hay más atrevimiento. Creo que a partir de 1990 existe una impronta más agresiva para tocar. Quizás no importa si se meten las patas, pero con alma. En Barcelona los músicos tocan de otra manera, son muy buenos, pero tienen otra forma cultural de expresión. Quizás ponen un mayor acento sobre la técnica, porque han tenido más cercanía con músicos estadounidenses.
-¿Cuáles son los rasgos que diferencian a los jazzistas chilenos respecto de los otros?
-Principalmente el lenguaje, puesto que hablamos y actuamos de una manera pero tocamos de otra. Eso quiere decir que dentro de nuestro lenguaje existe una serie de comportamientos no verbales que utilizamos inconscientemente. Eso tiene relación con nuestra cultura, principalmente con la santiaguina, que es la que más conozco.
-¿Cómo ve a las bandas chilenas actuales?
-Fantásticas... sobre todo los grupos jóvenes. Las nuevas generaciones están muy metidas con hacer música en grupo. Pero lamentablemente muchos viven de eso y están tocando en diferentes bandas, porque del jazz se vive, pero mal. Tienen que estar tocando en la televisión, en bailables, que yo no digo que sea malo, pero si el músico se pudiera dedicar a una sola cosa para poder mantenerse sería mejor. Además, creo que las generaciones jóvenes están siendo cada vez más especializadas. Ahora hay escuelas con excelentes profesores. Nosotros fuimos de una época en que no había tanto acceso...
-¿Cómo considera que acoge el medio nacional a los jazzistas chilenos?
-Muy bien. El jazz está de moda, salen artículos. Se están grabando discos. Las productoras se están interesando porque los discos están muy bien grabados, hay mucha creatividad... Son grupos que tienen propuestas, que están interesados. También los músicos de más experiencia tocan con ellos y hay conexión. Eso es muy bueno porque hablamos el mismo idioma y no nos interesa vernos la suerte entre gitanos. Queremos hacer música y queremos hacerla en grupo, y bien.








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