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El 17 de abril se recuerda primera clase de la escuela de medicina
Esa antigua facultad que tiene 169 años a la vanguardia

Un lugar que habla de decenas de generaciones de hombres que estudiaron para dar a diario sus vidas y así prolongar las de sus semejantes. Un lugar donde se lucha para salvar del dolor, para evitar el sufrimiento. Un lugar donde sólo se puede estudiar si se tiene vocación.

Buenmozo, rubio, de ojos azules es ese doctor irlandés que viene a visitar a su hermano, también médico, que vive en Chile. Sólo pensaba estar un tiempo y volver, pero aquí se enamora de María de la Luz Gana y se queda.

Llega a Chile a fines de 1823. En 1831, el Dr. Blest adquiere la nacionalidad chilena. Y en 1833, por iniciativa del Ministro Diego Portales, se crea la Escuela de Medicina en el local del Instituto Nacional. Guillermo Cunningham Blest pasa a ser un personaje fundamental, al igual que otros extranjeros, en el desarrollo del mencionado lugar.

La Medicina en nuestro país está directamente vinculada con la historia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Por ende, sus destacados docentes han marcado no sólo el camino que ha

Dr. Blest Gana.


Dr. Nataniel Cox.
seguido el plantel para educar a generaciones de los más brillantes profesionales durante 169 años, sino que también forman parte de los anales nacionales, incluso fuera del área de la salud.

Para reconocer siquiera a parte de ellos hay que remontarse a mediados del Siglo XIX, época en la cual la influencia directa de la medicina europea romántica se inició por la inmigración de los médicos británicos Guillermo Blest y Nataniel Cox, de los franceses Lorenzo Sazié y Julio Lafargue, y de los españoles Manuel Julián Grajales y Juan Miquel: ellos introdujeron en la Universidad de Chile los progresos tecnológicos europeos y el espíritu de esos días, originados en la Ilustración y el Romanticismo, al cual contribuyó también Andrés Bello.

Blest, Sazié y Pedro Morán fueron los profesores fundadores que el 5 de abril de 1833 inauguraron el primer curso de la carrera de Medicina. Al poco tiempo, el primer Claustro del Profesores de la Facultad de Medicina quedó compuesto por ocho médicos: los chilenos Luis Ballesteros y Francisco Javier Tocornal; los británicos Tomás Armstrong, Nataniel Cox, Guillermo y Juan Blest, y los franceses Lorenzo Sazié y Julio Lafargue; con fecha 28 de junio de 1833, un año después de que se dictara la Ley Orgánica de la Universidad de Chile. El 21 de julio fue nombrado como decano el Dr. Sazié.

En 1845 se reformuló el plan de estudios reordenando las asignaturas en los seis años, y quedando el Dr. Lafargue a cargo de la cátedra de Anatomía; Vicente Padin en Fisiología e Higiene desde 1847; Juan Miquel en Medicina a partir de 1851 y, una década después, José Joaquín Aguirre en Anatomía.


Epoca parlamentaria

Durante la época parlamentaria (1891 - 1925) se produjo el nacimiento formal de las ciencias biológicas y médicas en Chile, con la organización de los primeros laboratorios especializados en las

Dr. Lorenzo Sazié.


Dr. Manuel Antonio Tocornal.
ciencias básicas, instalados en la nueva escuela de Química y Farmacia creada a partir de la Facultad de Medicina, por los médicos nacionales que retornaban de Europa. El primero de ellos que se formó en el rigor de los laboratorios germanos fue Vicente Izquierdo Sanfuentes quien, después de estudiar cinco años con His y Waldeyer revalidó su título de médico cirujano y fue nombrado profesor de Histología, Anatomía Microscópica en 1882. Creó la cátedra ese año, dotándola de biblioteca y laboratorios de microscopía. Fue sucedido por el profesor italiano Juan Noé Crevani, quien vino al país contratado por la cátedra de Zoología Médica, en que enseñaba Citología, Genética, Evolución, Embriología, Anatomía Comparada y Parasitología, además de la Histología.

El desarrollo de la Anatomía Patológica se inició con el doctor Francisco Puelma Tupper, quien después de estudiar en el Viejo Continente logró formar un laboratorio de la materia en 1883. Luego de la revolución del ’91 lo sucedió Aureliano Oyarzún Navarro, quien reorganizó el laboratorio de Histopatología y fundó la Biblioteca Central de la Facultad, y luego comenzó la segunda parte de su vida científica transformándose en el más importante antropólogo chileno de la primera mitad del siglo XX.

La enseñanza de la botánica era parte fundamental de las asignaturas básicas del siglo XIX. Los estudios sistemáticos de la flora chilena comenzaron con Rodulfo Amando Philippi, fundador del Museo de Historia Natural y profesor de Botánica Médica, quien fue sucedido por su hijo Federico. A éste lo sucedió Federico Johow de 1910 a 1925, quien continuó estudiando la flora nacional y describiendo nuevas especies en el territorio chileno.

Después del trabajo pionero del químico Angel Vásquez, la renovación de la docencia e investigación en Ciencias Químicas se inició en 1894 con Adeodato García, quien organizó un moderno laboratorio de Química Fisiológica y Patológica, siendo reemplazado en 1925 por el doctor Eduardo Cruz Coke Lassabe.

Todos estos maestros fundadores debieron trabajar en precarias condiciones académicas tratando de imponer en sus alumnos los rigurosos estándares científicos adquiridos en Europa. Fue una labor que sólo vino a fructificar ampliamente a fines de los años 20, cuando sus discípulos crearon la Sociedad de Biología (1928) y las nuevas cátedras y laboratorios de especialidades. Entre 1925 y 1929 se completó esta época fundacional de las ciencias biomédicas, con la designación de los nuevos profesores que iban a desarrollar con gran esplendor la época de oro de la Medicina chilena (1925 - 1968).


Modernidad

La Universidad de Chile modernizó su estructura en 1931 y su Facultad de Medicina pudo iniciar un período de gran esplendor con el desarrollo y expansión de las ciencias biológicas y médicas. Ya no era la única escuela del país, pues se habían fundado otras en la Universidad de Concepción (1924) y en la Católica (1930), pero fueron alumnos y profesores de la Universidad de Chile quienes crearon nuevos centros biomédicos en todo el país, incluyendo Valparaíso, Valdivia y Temuco, además de los ya mencionados. De la misma forma, se dio vida a todas las sociedades científicas médicas, las revistas, los institutos especializados, bajo el amparo del Estado y nuestra casa de estudios.

La escuela biológica del Prof. Noé en la segunda década del siglo educó decenas de profesionales, entre los que se destacaron Amador Neghme en Parasitología; Gabriel Gasic en Inmunología y Oncología; Gustavo Hoecker, en Inmunogenética; Danko Brncic en Genética Básica y Walter Fernández, en Histología. Brncic y Hoecker recibieron el Premio Nacional de Ciencias en 1987 y 1989, respectivamente.

La escuela de Química Fisiológica y Patológica del Dr. Eduardo Cruz Coke formó una gran pléyade de destacados Premios Nacionales de Ciencias, como el farmacólogo Jorge Mardones Restat (1977); el fisiólogo Héctor Croxatto (1979); el bioquímico Herman Niemeyer (1983) y el fisiopatólogo Luis Vargas (1985). También el neurofisiólogo Joaquín Luco Valenzuela (1981) recibió la influencia de Cruz Coke.

El desarrollo de las ciencias clínicas estuvo liderada por los grandes profesores de Medicina de esa época, encabezados por Hernán Alessandri Rodríguez y Alejandro Garretón Silva y posteriormente por Rodolfo Armas Cruz, los cuales introdujeron en la clínica médica todas las nuevas subespecialidades clásicas como la Cardiología, Gastroenterología, Nefrología, Endocrinología, Hematología y Reumatología. Fueron los últimos grandes médicos generalistas internistas, que abordaban y trataban todas las enfermedades en la tradición de la clínica europea.

En el área de la Cirugía, los discípulos del gran maestro Lucas Sierra expandieron y desarrollaron las clínicas quirúrgicas en todas las especialidades. En Oncología descolló Félix de Amesti y en Neurocirugía Alfonso Asenjo, el cual obtuvo el Premio Nacional de Ciencias en 1972. El oncólogo Leonardo Guzmán fundó el Instituto de Radium.

En otras especialidades, tales como Pediatría, destacan de entre los discípulos de Luis Calvo Mackenna Aníbal Ariztía, Arturo Scroggie y Eugenio Díaz, quien creó la Cirugía Infantil. En Obstetricia y Ginecología, los doctores Carlos Monckeberg, Juan Wood y Víctor Manuel Avilés; en Oftalmología, Carlos Charlín; en Urología, Carlos Lobo; y en Dermatología Luis Prunés.


Nueva influencia

Al comenzar la segunda mitad del siglo XX, las ciencias médicas chilenas iniciaron una nueva época de progreso y desarrollo. A partir de la posguerra mundial comienza la influencia estadounidense y la gran mayoría de los becados viajan más a ese país que a Europa, y los laboratorios se equiparon principalmente con instrumentos norteamericanos. Esta influencia fue más notoria en el área clínica, donde los médicos se afiliaban a los colegios americanos de Medicina, Pediatría y Cirugía.

La década de los años ’60 fue de gran esplendor científico, pues comenzó a funcionar la nueva Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, impulsada principalmente por los científicos de la Facultad de Medicina, siendo su primer decano el Dr. Gustavo Hoecker, profesor titular de Biología.

Pero un nuevo acontecimiento vino a perturbar este proceso: la Reforma Universitaria. Iniciada en 1968, afectó la continuidad administrativa de las cátedras, las que se transformaron en departamentos. Las ventajas reformistas se anularon con el turbulento período reformador que culminó en 1973 con el golpe militar, que produjo el éxodo de más de un tercio de los investigadores de la Universidad de Chile, afectando decisivamente el desarrollo de las ciencias médicas por el lapso de una generación y produciendo una detención de la expansión científica y docente y una involución material y humana que redujo su participación en la comunidad especializada nacional de un 80% a un 50%.

Hoy, la Facultad de Medicina mantiene invariables sus principios y postulados básicos: considera a la salud un derecho primordial del hombre, independiente de cualquier condición religiosa, étnica, política o económico-social. Ese derecho incluye el acceso a toda persona que lo necesite a los mejores medios científicos y tecnológicos orientados a la protección, fomento, recuperación y rehabilitación de la salud. Por ello, se propone formar profesionales altamente calificados en lo científico tecnológico y con sensibilidad ante el dolor, la aflicción o la enfermedad, que los habilite e impulse a brindar al prójimo la mejor atención que sea posible.

Así, no sólo imparte docencia en el área de pregrado a través de la Escuela de Medicina, sino que también mediante otras siete escuelas de salud, que están bajo su tutela: Enfermería, Fonoaudiología, Kinesiología, Nutrición y Dietética, Obstetricia y Puericultura, Tecnología Médica y Terapia Ocupacional. Pero su labor se extiende también a los cursos de posgrado y a la investigación, materia en la que es el primer organismo de desarrollo del conocimiento en ciencias de la salud del país, especialmente en el área básica, hoy con un centenar de proyectos en ejecución de los cuales la mayoría cuenta con financiamiento concursado y externo. Por último, le compete en extensión la difusión general y a la comunidad del país, especialmente de los conocimientos, avances y aportes que al bienestar nacional obliga su condición de casa de estudios superiores estatal, nacional y pluralista.








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