U-noticias
     Sitio Web del periódico de la Universidad de Chile

La vigencia de un clásico de la literatura
Papelucho, una caricia directa al corazón

Cien años se cumplen del nacimiento de Ester Huneeus, la afamada Marcela Paz, quien dio carne propia a un “chicuelo”de clase media, cuya brillantez precisamente radica en su condición de “común y corriente” y que no necesita ni trucos ni palabras mágicas para convencer, lo que lo ha transformado en lectura infantil obligada por más de cinco décadas.

Pido a mis lectores benevolencia para este libro pasatiempo, descuidado de estilo, incoherente, disparatado, fácil de digerir”. Dichas palabras de advertencia fueron las primeras con que Ester Huneeus Salas se relacionó con el público, a través de la selección de relatos ‘Tiempo, Papel y Lápiz’, su primera obra en ver la luz y con la que se dio a conocer. La sentencia fue escrita en 1933, cuando tenía treinta y un años, de los cuales buena parte había dedicado al oficio de escribir, y representa una buena forma de definir la clave de su éxito en la práctica de la narración infantil, género que presenta a los creadores la dificultad de tener que colocarse a la altura de comprensión de los niños, pero que ella practicó con naturalidad y muy atenta a los hechos cotidianos.

En lo físico, era una mujer que destacaba por su altura y delgadez. En lo esencial, la timidez, un carácter desprejuiciado, un agudo sentido de la autocrítica y el perfeccionismo, son características que reflejó en la nutrida serie de actividades que desarrolló a lo largo de toda su vida, que vio el fin en 1985. Su espiritualidad y sentido solidario, son las facetas más desconocidas de Ester Huneeus, quien a los diecinueve años comenzó la recolección de fondos para la Fundación Sociedad de Ciegos Santa Lucía, en la que se desempeñó como secretaria por más de veinticinco años.

Colocarse un apodo es una tarea complicada. Es autodefinirse en dos palabras, elegir la forma en que el resto a uno lo llamará y con el que se puede quedar marcado para siempre. La gracia es que tenga fuerza y personalidad para que justamente sea recordado. La indecisión por valerse de uno parece haber invadido a esta escritora, que en toda su trayectoria literaria utilizó varios, léase: Paula de la Sierra, Lukim Retse, P. Neka, Ada Romo y Juanita Godoy, hasta finalmente decidirse por Marcela Paz, nombre inspirado en la escritora francesa Marcelle Auclair.

Esta facilidad para cambiar de seudónimo queda en evidencia al revisar sus múltiples colaboraciones en publicaciones chilenas, como en las revistas Lectura, El Peneca, Ecrán, Zigzag, Eva y Margarita, y en los diarios El Mercurio, La Nación y La Tercera. Dichos medios de comunicación dieron a Ester Huneeus la posibilidad de desarrollar una pluma vivaz, llena de contenido.

Esta miembro de la Sociedad de Escritores de Chile y creadora de la sección chilena de la Organización Internacional del IBBY, fue capaz de demostrar una imaginación sin límites, por qué no decir envidiable, que agarraba hechos reales, a primera vista simples y los transformaba en un carnaval de sorpresas. Como cuando creó a un pastorcito de ovejas y lo hizo protagonista de su propia Loca Geografía, llamada “Perico trepa por Chile”, obra cuya data es 1978 y en cuya elaboración participó también la escritora Alicia Morel.

1935, año en el que su marido, José Luis Claro Montes, le regaló un sencillo diario de vida, debe considerarse una fecha de honor en el calendario de lo más selecto de la literatura chilena, o al menos así lo consideran los seguidores a ultranza de Marcela Paz. Claro, porque fue ese el puntapié inicial para que la escritora diera rienda suelta a su prosa relajada, certera imagen de la realidad, y diera cuerpo a Papelucho. Personaje que influyó poderosamente para que su talento fuera reconocido en 1982 con el Premio Nacional de Literatura.


¡Baja a la tierra!


Papeluchos de carne y hueso participaron en esta celebración.
“Te vas a pegar al techo como las moscas. Vives en las nubes”, le dice la profesora. Pero este pequeño héroe, alto, delgado y de pronunciadas orejas, que cobró vida en doce volúmenes, lo que menos hace es dejarse llevar por las ataduras que le impone la sociedad. Le hace caso a sus impulsos, a su ingenuidad, genialidades infantiles con las que se manifiesta su irreverencia en un mundo dominado por los adultos. Su percepción abarca todo orden de cosas, filosofa de lo humano y lo divino, “es un niño chileno como hay miles, que tiene sus momentos de felicidad, de tristeza, de tremenda rabia, de conciencia de justicia, claro que en general es feliz, porque tiene bastante libertad para ser niño”, en palabras de su propia autora. (ver recuadro)

Para Ester Huneeus, bautizar al pequeño de ocho años parece que fue una tarea mucho más fácil que elegir su propio nombre literario. La inspiración vino de cerca: su esposo era apodado Pepe Lucho. Pero para caracterizarlo, “ se inspiró en ella misma. Fue su forma de expresión. El personaje tiene muchas características de su manera de ser, como la espontaneidad, la manera de reflexionar, la postura ante la vida, la familia y los acontecimientos”, comenta Paula Claro, la tercera de sus
En gloria y majestad

Releer los doce volúmenes de Papelucho es encontrarse con citas memorables que dan cuenta de un sentido de la realidad que oscila entre ultradirecto a deformado. A continuación una muestra de lo más selecto de sus dichos:

- “Resulta que no he sido feliz más que una vez en mi vida y no me acuerdo cuándo fue”.(Papelucho casi huérfano)

- “La Ji, no sabe que yo soplo por mi diente suelto y cuando lo levanto con la lengua suena tipo trompeta, cuando lo doblo hace cascabeles y si lo dejo libre marca un verdadero jazz” (Papelucho: mi hermano hippie)

- “Es una pena que no hubiera fotógrafo en tiempos de los indios, porque a mí me gustaría tener un retrato muy grande en mi casa, tal vez de Caupolicán, Lautaro o Galvarino. Es rico ser tataranieto de un indio famoso y poderle decir a su papá que uno tiene sangre india y por eso es como es...” (Papelucho historiador)

- “Yo quería seguir soñando en Marte y aprovechar mejor ese viaje estereofónico. Era una tremenda lesera no haber explorado más ese planeta choro. Y por último, si uno es el que sueña y hace sus propios sueños, ¿por qué no podía volver a soñar en ídem?” (Papelucho y el Marciano)

- “A mí me da la tincada de que los perros son transmisores y tienen su antena de temblores y patillas con los astros. Yo creo que sus antenas son las pulgas, o sea su teletipo. Por eso me interesan y también porque nadie las quiere. Cada vez que me vienen esas ideas trato de ponerme distraído y pensar en tonteras y hacer leseras. Igual que Santiago Watt cuando tapó la tetera con la cuchara, sin pensar” (Papelucho y el Marciano)

- “Resulta que junté los cables del teléfono con los de la lamparita del velador de mi mamá. Lo que yo quería era ver si salían luces del teléfono y voces de la lamparita” (Papelucho)

- “Al estirar el espinazo y levantar la cabeza, nos cayó el HAMBRE de golpe y para consolarnos hicimos un ejercicio mental- yoga- salchichónico. Cada uno contaba lo que estaría comiendo de más rico (...) Pero no nos llenábamos” (Papelucho en vacaciones)
cinco hijos y Presidenta de la Fundación Marcela Paz.

Papelucho funciona como un libro que es capaz de reflejar la cotidianidad, en él circulan las nanas, los maestros chasquilla, los vendedores de maní y otros personajes populares. Es narrado en primera persona (como tradicional diario de vida) a través de un lenguaje cargado de jerga propia. Cómo no mencionar los frecuentes: ídem, hipsoflatus, chirimpoya, choriflai, cataclíptico, sulfuroso, tilimbre y estereofónico, que se repiten en toda la saga, y que dan cuenta de un habla “papeluchística”, creada exclusivamente para facilitar al personaje la tarea de contar sus aventuras infantiles.

El principal hijo literario de Marcela Paz se lee y percibe tan cercano que sus travesuras -como la recreación de la historia de Chile, en donde comparte con Pedro de Valdivia y Lautaro, o cuando alberga en su cuerpo al marciano Det- dan pie para que los niños fácilmente abran su imaginación y se sientan identificados con el personaje.

El gran mérito de la autora fue justamente reflejar el paso del tiempo, desde la creación de Papelucho en 1947, hasta la década del setenta, cuando escribió, “¿Soy dix - leso?”, el último capítulo de la colección. Pocos libros cumplen el cometido de identificar generaciones y éste ya lleva más de cinco décadas. De sobra también son sus atributos didácticos, que lo han hecho lectura obligada en los colegios del país.

En el marco de la conmemoración del centenario del nacimiento de Ester Huneeus, a lo largo del año se realizará una serie de actos para recordar su obra, como el del pasado 12 de marzo, en la Casa Central de la Universidad de Chile, donde la Editorial Universitaria presentó una nueva publicación de los doce títulos de Papelucho, que para luchar contra la piratería presenta la novedad de contar con ilustraciones a color. También, en el mismo recinto, fue inaugurada una exposición que contiene manuscritos, ediciones en otros idiomas y publicaciones de la escritora. Es una oportunidad única de observar una colección histórica.

Junto con eso, algunas editoriales transnacionales ya han manifestado su deseo de distribuir la colección a otros mercados, tema que aún no ha sido definido por los dueños de los derechos de la obra de Marcela Paz. Recordemos que no es primera vez que Papelucho sale al mundo, ya que ha sido traducido al francés, al ruso y al japonés. También existe la posibilidad de que el personaje llegue a las tablas en el segundo semestre, en una representación de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile.

Todo sea por mantener la vigencia de este héroe que, a lo Dorian Gray, se ha mantenido joven y ha perpetuado a su autora como la pluma más destacada en la literatura infantil chilena.

Tiraje de 237 mil ejemplares integra los doce tomos de la colección

Una gran torta con cien velas y un coro de niños cantando el “Cumpleaños Feliz” fueron parte de la ceremonia de homenaje a Ester Huneeus -más conocida como Marcela Paz-, que se realizó en la Casa Central de la Universidad de Chile (Alameda 1058), al conmemorarse un siglo de su nacimiento. El acto, al que asistieron el Rector, Prof. Luis Riveros, familiares de la escritora y autoridades académicas, fue también la ocasión en que la Editorial Universitaria presentó una nueva reedición de la serie completa de la clásica obra “Papelucho”.

La colección consta de 237 mil ejemplares que incluyen los doce tomos originales, cuya novedad son las ilustraciones a todo color que por primera vez complementan las deliciosas aventuras de este niño travieso, que ha deleitado a los niños chilenos durante los últimos 50 años. El gerente general de la Editorial Universitaria, Prof. Reinaldo Sapag, anunció que la nueva gráfica no encarecerá el valor de la serie, que seguirá a la venta por el valor de 14 mil pesos.

El Prof. Sapag valoró la obra de Marcela Paz señalando que “fue una mujer capaz de interpretar el alma de los niños de Chile”, para quienes -agregó- “Papelucho” representa valores “porque a través de sus escritos se intenta identificar a los niños con la naturaleza, con su vida cotidiana y de esa manera empiezan a amar la vida”.

Junto al acto de homenaje y lanzamiento, también se inauguró una gran exposición alusiva a la obra infantil consistente en un gran número de ediciones, en varios idiomas y de distintas décadas, y otras publicaciones de Marcela Paz, exhibición que se mantendrá abierta al público en el patio Domeyko de la Casa Central de la Universidad de Chile.








Sitio Web del periódico mensual publicado por la Dirección de Comunicaciones y RR.PP. de la Universiadad de Chile, Avda. Bernardo O'Higgins 1058, teléfono: 6781060, fax: 6781132, e-mail: unoticias@uchile.cl
© Universidad de Chile, 2002