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IV Curso de duelo y trauma
Una pena que ayuda a la reconstrucción personal

Los duelos no están sólo asociados con la muerte. La pérdida de los vínculos afectivos también da origen a este proceso. Directores del Taller de Duelo y Trauma del Departamento de Psiquiatría Área Oriente de la casa de Bello, doctores Edmundo Covarrubias y Arturo Roizblatt, nos hablan del duelo, sus etapas más frecuentes y los factores que hacen posible su superación.


Prof. Dr. Edmundo Covarrubias.
Una casa e hijos eran parte de los planes que tenía Paula, de 26 años, hasta hace tan sólo cinco meses. Más de siete años compartiendo junto a su pareja le hacían pensar y sentir que ya era tiempo de dar un paso más en aquella relación. Hoy, Paula ya no sabe qué hará... perdió al hombre que había elegido como su compañero para toda la vida.

Una separación, cuyas causas son tan “traumáticas” como el proceso mismo, la tienen sumida actualmente en un parcial mutismo, que a ratos se mezcla con sentimientos de rabia, desesperación, impotencia y culpa. Ella trata de no hablar del tema, pero cada vez que lo hace no puede parar de llorar.

El duelo es un proceso que se produce como consecuencia de la pérdida de una persona o algo amado, y aunque muchos lo asocien a la muerte, ello también ocurre en vida y con más frecuencia de lo que uno cree.

En efecto, la ruptura de los vínculos afectivos, la separación matrimonial, así como la infidelidad y la infertilidad constituyen también pérdidas, que son siempre dolorosas y dan origen al duelo, que a veces yace en forma encubierta y oculta. Este proceso es algo natural, necesario y constituye un primer paso en la restauración del equilibrio para iniciar la reconstrucción personal, aun cuando muchos pueden llegar a requerir ayuda para poder superarlo.

Analizar estos eventos de pareja desde la perspectiva del diagnóstico y la terapia, es uno de los objetivos del IV Curso de Duelo, orientado a especialistas que se realizará entre el 10 y 12 de julio en la Casa Central de la Universidad de Chile. Los profesores y directores del Taller de Duelo y Trauma del Departamento de Psiquiatría Área Oriente de la casa de Bello, doctores Edmundo Covarrubias y Arturo Roizblatt, hablaron del duelo, sus etapas más frecuentes y los factores que hacen posible su superación. Según el Prof. Dr. Covarrubias, hay duelos que se viven de una manera más natural porque de un cierto modo están anunciados o son difícilmente evitables. Pero también hay otros especialmente complicados de enfrentar, ya que interrumpen abruptamente la vida de las personas, provocando un efecto muy traumático.

“Cualquier duelo, en especial el traumático, parte por un momento de shock en que la persona conectada con la pérdida pasa por un momento en que queda detenida, como paralizada”, dice el especialista, caracterizando precisamente lo que le sucedió a Paula.

Según el Prof. Dr. Covarrubias, posteriormente a esta etapa puede venir una reacción que es más o menos universal en la que quien está enfrentado a la pérdida se activa tratando de buscar la sanación, revivir o recuperar al ser querido. También entre las activaciones que desarrolla a veces casi de forma espontánea está la de tomar venganza. Otra reacción posible y distinta es la negación del duelo como mecanismo que permita sobreponerse a un hecho profundamente doloroso.

Sus etapas, de la experimentación de la pena, el dolor, la ira y la culpa, en general pueden darse en forma simultánea y junto a una fase depresiva que incluso lleva a muchas personas a perder el interés por la vida. A todo esto se suman las emociones o comportamientos asociados al duelo como pueden ser el llanto, los trastornos del apetito u otros síntomas físicos.

También, mentalmente, quienes lo viven pueden verse bombardeados de recuerdos o imágenes que les resultan perturbadoras.


Reconstrucción

Todo proceso de duelo requiere tiempo, el cual es relativo y depende de múltiples factores. Sin embargo, en esto incidirán los rasgos de personalidad que tenga la persona afectada, entre otros aspectos. El Prof.Dr. Roizblatt explica que las personas que tienden a no expresar sus afectos, mantienen pocas relaciones sociales o han tenido aún antes del duelo un ánimo subdepresivo, tendrán mayores dificultades para superar la pérdida.

“Muchas de ellos al enfrentar el duelo pueden ahondar este estado general que siempre han tenido, llegando incluso a lo que se llama la depresión doble, que significa que sobre esta subdepresión hacen una mayor. En estos casos, algunos requerirán ayuda de un psicoterapeuta o medicamentos”, explica el doctor.

Aceptar que el ser querido ya no está, vivir el dolor que esto provoca y poder situarse o reinsertarse en el medio sin esta persona, constituyen etapas en el camino hacia la reparación.

El Prof. Dr. Roizblatt indica que muy relevante en este tránsito es el entorno de la persona que vive en duelo y la disponibilidad de ayuda con que cuenta, ya sea de organizaciones sociales, de salud o religiosa y sobre todo la familia, que en estos casos es fundamental. En sus años de funcionamiento, el Taller de Duelo y Trauma, donde se reúnen y colaboran entre sí profesionales de la salud que trabajan con situaciones de duelo, han discutido la manera de ayudar a personas a enfrentar grandes dolores como la muerte o pérdida de un ser querido. Por lo general, en la terapia de ayuda se incluye a la familia extensa. El Prof. Dr. Covarrubias explica que estas dinámicas apuntan a que la pérdida sea compartida entre los miembros del grupo, facilitando la expresión de sus sentimientos y emociones, así como los recuerdos del pasado con la persona que falleció. Esto -indica- es muy curativo y puede estimular a que las personas afectadas comiencen a construir algo nuevo.

Un signo de que el duelo está siendo superado es cuando las personas comienzan a centrar nuevamente sus intereses en la vida, ya sea retomando la que tenían previamente o siguiendo un nuevo camino. Así pueden encontrar a otras personas o parejas si esta se perdió, o por ejemplo si murió un hijo centrarse en los que quedaron.

Esta etapa, indica el Prof. Dr. Covarrubias, es de reconstrucción, en que los individuos pueden empezar a canalizar sus fuerzas hacia sus actividades habituales u otras nuevas.

“El duelo significa un ataque al si mismo o a los suyos y esto puede llevar a reacciones destructivas. Por eso hablamos del proceso de la reconstrucción, de cuando la persona comienza a repararse buscando nuevos elementos dentro de si mismo y en sus vínculos”, puntualiza el especialista.

Otro signo de su superación, agrega el Prof. Dr. Roizblatt, se da cuando el afectado “puede incorporar la situación que provocó el duelo como un hecho natural que ocurrió en el pasado de su vida, sin que le provoque emociones tan fuertes como en un comienzo. Un ejemplo es que la persona pueda hablar de lo que pasó sin llorar o sin exteriorizar demasiada rabia”, señala.

Hay duelos, sin embargo, que pueden quedar detenidos en algunas de sus etapas, los que generalmente tienen carácter patológico, por lo que obligadamente debiera recurrirse a un especialista para recuperarse.










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