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La causa es por la mayor mezcla caucásica en ese sector
Estrato alto de la población es más vulnerable a reacciones anómalas frente a fármacos

Una investigación de la Académica Dra. Mónica Acuña, del Programa de Genética Humana, ICBM, de la Facultad de Medicina, realizó un estudio para determinar las variantes de diferentes enzimas que metabolizan anómalamente fármacos y/o químicos ambientales en distintos estratos socioeconómicos de la población chilena. Las personas más protegidas genéticamente son las que tienen un mayor componente indígena.


Prof. Dra. Mónica Acuña.
Sin poder hablar ni caminar y con un diagnóstico que hablaba de un severo daño neurológico, Mónica, una joven de apenas 17 años, abandonó el quirófano donde se sometió a una rinoplastía. Nunca pensó que una reacción adversa a la anestesia simplemente le cambiaría la vida.

La experiencia de esta mujer, recogida en un reportaje con varios otros casos similares, inquietó a la académica, Dra. Mónica Acuña del Programa de Genética Humana, ICBM, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. La presencia de una de las variantes inusuales para la Butirilcolinesterasa podría haber sido -a su juicio- la causa del mal estado en que salieron estas personas de los recintos asistenciales.

La Prof. Dra. Acuña ha implementado la tecnología suficiente para determinar las variantes de distintas enzimas que metabolizan anómalamente fármacos y/o químicos ambientales. Las enzimas, cuyos estudios genéticos poblacionales están más avanzados son para la butirilcolinesterasa sérica, la paraoxonasa1 y la paraoxonasa2. Según la profesora, las variantes que provocan respuestas anómalas frente a un fármaco determinado pueden provocar dos cosas: una lenta metabolización del fármaco que puede conducir al envenenamiento, o una rápida degradación que hace que el fármaco no tenga el efecto deseado.

En el marco de su investigación, la académica ha estudiado a unas 500 personas de estrato alto y bajo de Santiago y a una población de la Novena Región, constatando que el estrato alto -que tiene mayor mezcla caucásica o europea- es donde se encuentran las frecuencias mayores de las variantes inusuales del gen que codifica para butirilcolinesterasa, mientras que algunas de ellas son inexistentes en la población con mayor componente indígena. Así, se concluye que el grupo más vulnerable sería el primero y que las variantes inusuales no estaban en la población indígena nacional sino que fueron traídas por los europeos.

“Esto es algo que la gente debe tener conciencia porque si posee las variantes inusuales y llega a tener contacto con este relajante muscular (succinildicolina) pueden producir apneas prolongadas, un paro cardiorrespiratorio, un coma e incluso morir. En las personas del estrato alto encontramos todas estas variantes inusuales, mientras que donde hay mayor mezcla indígena, las personas tienen bastante menor riesgo de sufrir un problema de este tipo”, explica.

De todos modos, la investigadora agrega que aún para las poblaciones con mayor mezcla caucásica la frecuencia de los marcadores es baja, de alrededor de un 3%. Sin embargo, explica que es fundamental tener claro estas frecuencias en los distintos sectores de la población porque ellas constituyen probabilidades de riesgo. En esa línea hace hincapié en que si bien las respuestas anómalas a fármacos son poco frecuentes, a nadie le gustaría sufrir sus consecuencias. “No hay que mirar en menos las bajas frecuencias. Lo que importa es la persona y no las cantidades”, dice.

La otra enzima es la paraoxonasa1 que está relacionada con la degradación de organofosforados que contienen, por ejemplo, algunos insecticidas y varios otros productos usados en la agricultura y en la industria. Individuos que presentan un determinado genotipo (homocigotos para el alelo A), hidrolizan más lentamente el organofosforado paraoxon que los individuos homocigotos para el alelo B. Por el contrario el diazoxon, el soman y especialmente el sarin son hidrolizados más rápidamente por los primeros individuos y más lento por los segundos. Ambas formas, tanto para la AA y BB superan una frecuencia del 10% en los estratos socioeconómicos alto y bajo. Según destaca la académica, cierta combinación genotípica de los genes que codifican las enzimas paraoxonasa1 y paraoxonasa2 aumenta el riesgo de hacer una enfermedad cardiovascular. La Prof. Dra. Acuña encontró que un 12,4% (24 de 193) de individuos del estrato bajo y un 5,74% (7 de 122) del estrato alto, presentaban la combinación genotípica que aumenta el riesgo de enfermar.


Farmacogenética

Los estudios de la académica Acuña se enmarcan en lo que se denomina la farmacogenética, una disciplina que se dedica al estudio de las variaciones genéticamente determinadas que pueden detectarse con exclusividad por el efecto de los fármacos. Así, en especial, esta rama que mezcla técnicas de farmacología, bioquímica, genética y biología molecular, investiga la base genética de las respuestas adversas a algunas drogas. Según la investigadora se trata de una disciplina muy poco difundida en nuestro país. Explica que aunque se han realizado estudios genéticos en América, Chile cuenta con escasa información específica, por lo que considera importante realizar un tamizaje completo de las variantes que existen en nuestro país para descubrir sus frecuencias según las distintas subpoblaciones que integran la población chilena.

Ello -a su juicio- sería muy importante para los pacientes y la salud pública en general, ya que la información puede ser utilizada para estimar la probabilidad que tendría un individuo de presentar problemas si utiliza un determinado medicamento. “Lo más importante es que se logren conocer las frecuencias de estas variantes inusuales. Así, las personas que recetan los fármacos sabrán que la población chilena, de acuerdo a sus estratos, tiene cuales o tales riesgos de hacer reacciones anómalas a fármacos”.

Para esta académica uno de los desafíos hacia el futuro sería la implementación de métodos de detección de genotipos que provocan efectos negativos o respuestas terapéuticas inadecuadas tanto a medicamentos como a químicos ambientales, antes de que estos sean utilizados. Ello permitiría prevenir accidentes graves o fatales así como también evitar los efectos secundarios en personas que deben tomar drogas durante toda su vida, y las cuales necesitarían una dosis precisa e individualizada.










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