Equipo multidisciplinario liderado por las Profesoras Mónica Llaña y Ethel Escudero del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales, abordará temáticas como la construcción de la identidad, la autoestima y desarrollo personal de los alumnos. Con los profesores se espera tratar, entre otras cosas, el manejo de las emociones y el estrés.
 Prof. Mónica Llaña
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El caso de una profesora agredida
por estudiantes en un liceo de la
comuna de Puente Alto el año
pasado, constituye quizás uno de los
ejemplos más extremos de conflicto en
un establecimiento educacional. El hecho
provocó en su oportunidad gran conmoción
pública y junto con destapar otras
situaciones similares, reveló la importancia
de trabajar para el logro de una buena
convivencia en la escuela.
Convencida de que alcanzar este objetivo
no sólo permite el éxito de los proyectos
educativos, sino fundamentalmente
el desarrollo integral de los alumnos,
la socióloga y profesora del Departamento
de Educación de la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Chile,
académica Mónica Llaña, y un equipo
multidisciplinario, se dieron a la tarea de
diseñar un modelo de intervención
experiencial para ayudar a los establecimientos.
Dicha iniciativa se aplicará durante el
segundo semestre en el liceo de Puente
Alto y otro en la comuna de Las Condes,
donde el conflicto no es tan patente.
Una primera experiencia en este sentido
ya realizada hace algún tiempo en un colegio
de Santiago le indica a este equipo
que se pueden obtener logros. En esa
oportunidad se hizo una primera pauta de
intervención, y finalmente, una publicación
que recogió la experiencia. En esta
segunda etapa del proyecto se busca trabajar
con un rediseño del modelo anterior
en los colegios de las comunas mencionadas.
Según cuenta la Prof. Llaña, en el caso del establecimiento de Puente Alto el
diagnóstico -que concluyó en enero- evidenció
que uno de los problemas más serios
es la socialización en ambientes de
extrema violencia que tuvieron algunos
niños, además del consumo de drogas.
La gran desesperanza y apatía respecto
al futuro también es un factor gravitante.
A diferencia del primer colegio analizado
en Santiago, en el caso del liceo de
Puente Alto los jóvenes en su gran mayoría
no tienen expectativas de seguir
estudios superiores.
“La percepción que tienen del colegio es
que la formación no es buena, que los
profesores no los motivan y por lo tanto,
ellos se aburren y se portan mal”, explica
la académica.
Todo esto sumado a una cultura escolar
donde se da la existencia de pandillas con
liderazgo femenino y la agresividad se
manifiesta tanto en recreos como en clases,
hace que los profesores estén muy
desesperanzados y muchas veces en la
actitud de que “no vale la pena” gastar
energías en estos jóvenes. “Es un círculo
vicioso. Los profesores tratan de sobrevivir
en ese ambiente no creándose problemas
y los alumnos a su vez reclaman
que no reciben motivación... Para mi este
colegio es extremo y es un gran desafío
poder adecuar un modelo que ayude a
mejorar la situación”.
Énfasis en el alumno

El equipo liderado por la Prof. Llaña y la
académica Ethel Escudero, está conformado
por una sicóloga, un profesor, una
antropóloga y una socióloga.
Según se adelantó, la intervención que
está siendo diseñada para el liceo de
Puente Alto, debiera extenderse por unos
seis meses, a diferencia de la experiencia
“piloto” que duró sólo dos. Los talleres
se llevarían a cabo todas las semanas, con
un especial énfasis en las actividades con
los alumnos.
La idea es que tanto jóvenes -de 1º a 4º
Medio- como profesores trabajen separadamente
con el equipo multidisciplinario
y hacia el final de la experiencia se unan.
En el caso de los alumnos, la intervención
abordará principalmente el tema de
la construcción de la identidad, “el quién
soy, cómo soy, o qué es lo que quiero”.
Otro gran tema será el de los estereotipos,
“cómo veo a mis compañeros, a mis
padres o a los profesores” y
cómo estas consideraciones
inciden en las actitudes hacia
ellos.
La autoestima y el desarrollo
personal es un área que abordará
la psicóloga mediante dinámicas
a través de las cuales
los jóvenes puedan observarse
así mismos, ver sus potencialidades
y a partir de ello, las
posibilidades a futuro.
En el caso de los profesores
la idea es reforzar en talleres
el control de las emociones y
el estrés, así como también el
problema de los estereotipos.
“A veces el profesor no se da
cuenta como puede dañar a
una persona al decirle que es
un flojo, o que no tiene futuro.
La idea es que el profesor
pueda evitar estas
estigmatizaciones”, explica
la profesora.
El rol docente
Como muchos de los problemas
de los jóvenes tienen su
raíz en el hogar, también se espera realizar
un trabajo con las familias a través
del profesor jefe. “Estamos pensando
hacer proyectos de investigación - acción
con los profesores. Esto es, presentarle
los problemas familiares y orientarlo en
como abordar algunas situaciones en las
reuniones de apoderados. Así por un lado
pensamos potenciar el rol formador y
profesional de un educador, dándole
herramientas teóricas y también
metodológicas”.
En el caso del colegio de Las Condes, el
modelo estaría centrado justamente en la
tarea del profesor jefe. Según la Prof.
Llaña en este colegio, en general, no hay
problemas de disciplina y el ambiente es
grato. Sin embargo, la tranquilidad es aparente
pues los problemas más graves de
los jóvenes están a nivel de la familia ya
que muchos estudiantes están muy solos
y no tienen una comunicación adecuada
con sus padres. En esta línea, la intervención
apuntaría a sensibilizar a las familias
en relación a los problemas de los jóvenes.
Esto, porque por muchos esfuerzos
que realice el colegio en la formación
de los estudiantes, si la familia está
ausente hay riesgos, advierte la investigadora.
La Prof. Llaña está esperanzada en que
este proyecto dará frutos. Cuenta que en
la experiencia realizada en el colegio de
Santiago los alumnos pudieron darse
cuenta de que los profesores son personas
iguales que ellos, lo que de algún
modo redundó en cambios de comportamiento
y actitudes. Por otro lado, los profesores
apreciaron que muchas veces incurren
en estigmatizaciones o juicios infundados
hacia sus alumnos, y que sus
nociones, por ejemplo, de lo que es el respeto
es distinta a la del estudiante.
La socióloga explica que si bien cada
colegio tiene una realidad particular, el
objetivo de los modelos es aportar con
lineamientos generales para lograr una
mejor convivencia. Agrega que lo ideal
sería que el docente estuviera de antemano
preparado para abordar situaciones de
conflicto. “Pienso que la investigación-
acción es el futuro, porque si se
capacita al profesor para que sea investigador
de su práctica, el mismo
puede ser un agente del cambio”, concluye.