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De Claudio Arrau a Víctor Jara
Publican primer diccionario de la música española e hispanoamericana

Ya están disponibles nueve de los diez tomos de esta monumental obra que condensa toda la historia musical de la “Madre Patria” y Latinoamérica. Los directores de la sección chilena de esta iniciativa, auspiciada por el Ministerio de Educación y Cultura de España, fueron el decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile Luis Merino y el académico y compositor Fernando García.


Prof. Fernando García.
Todos los próceres de nuestra patria eran aficionados a la música: Bernardo O’Higgins tenía talento para el piano, Manuel Rodríguez animaba las veladas de los “húsares de la muerte” tocando la guitarra, José Miguel Carrera, quien no desentonaba en el canto, fundó la primera banda de Chile. El hecho que ya forma parte del anecdotario de nuestra historia, es desconocido por muchos, así como también lo son los artistas e hitos más relevantes a nivel musical, que han contribuido a enriquecer el quehacer cultural y a configurar la identidad del país.

Para remendar este olvido, resultó como anillo al dedo la convocatoria hecha por Emilio Casares, director del Instituto Complutense de las Ciencias Musicales de Madrid, a un total de 750 especialistas a contar la historia musical de sus países, para elaborar un Diccionario que llenara el vacío existente en el campo de la música hispana y latinoamericana. En nuestro país la misión recayó en los profesores del departamento de musicología de la Universidad de Chile, Luis Merino y Fernando García.

“Este es el gran aporte del centenario en este campo, porque jamás en nuestro país se había hecho algo así. Lo importante es que el 80% de los contenidos son totalmente inéditos y la información que ya existía tuvimos que revisarla completamente, lo que nos permitió modificar aquella que estaba errada”, señala el Prof. Fernando García. Junto con eso comenta que “este proyecto permitió que los musicólogos de Latinoamérica hayan tomado contacto, creándose espontáneamente una red musicológica de la región, aún débil, pero a todas luces enriquecedora” Este diccionario pretende ser referencia obligada tanto para profesionales como para aficionados de la música y la danza, es por eso que está elaborado de forma amena y contiene un amplio espectro de información organizada en: compositores y su catálogo de obras, intérpretes, estilos musicales, festivales, instrumentos, bailarines, coreógrafos, archivos y bibliotecas. De esta manera se busca reflejar todos los aportes de la música hispana y latinoamericana a la cultura musical del mundo.

Claudio Arrau

Buena Vista Social Club

José Zapiola
“Uno habla de música popular y del consulado para abajo a todos se les cae el pelo, aunque a todos les gusta”, ironiza el Prof. García explicando que este proyecto no discriminó entre los distintos tipos de música. La tradicional y la popular urbana (cuyo estudio académico es una tarea reciente) han sido tratadas con la misma profundidad, que la clásica. De eso dan cuenta las líneas que se le dedican a Violeta Parra, Claudio Arrau y Víctor Jara, tres de las figuras cumbres de la música chilena en el siglo XX. Sesenta fueron los encargados en nuestro país de investigar y escribir los artículos que se incluyeron en este diccionario, entre los que destacan, Margot Loyola, Samuel Claro y María Ester Gredes. Todos ellos debieron seguir ciertas normas editoriales, en cuanto a extensión, tipo de escritos y los músicos que podían ser incluídos, priorizando a aquellos de carrera más destacada, con un buen número de obras y que tuvieran algún grado de presencia internacional.

Alejo Carpentier

Víctor Jara
El aporte chileno es variado y permite reconocer las bases de la institucionalización musical: se destaca la importancia de figuras como Isidora Zegers, Bernardo Alcedo y José Zapiola que contribuyeron primero desde sus tertulias en los salones musicales que celebraron a generar conciencia del aporte de esta forma de arte y luego,

Homenaje póstumo

Recién el próximo año será estrenada la última obra compuesta por el Prof. Fernando García, profesional que en su extensa trayectoria cuenta con cerca de 150 creaciones propias. Esta vez y por encargo del Prof. Fernando Rozas se avocó a rendir un homenaje a Jorge Peña, fundador en Chile de las orquestas juveniles en la década del sesenta, que murió en 1973 víctima de la denominada “Caravana de la muerte”.

Su trabajo con los jóvenes de La Serena, Ovalle, Copiapó y Antofagasta es el precedente de una actividad artística, educativa y social, que hoy cuenta con noventa grupos repartidos en las trece regiones del país. La obra del Prof. García se enmarca dentro de la conmemoración de los veinte años del fallecimiento de este destacado músico nacional.
con el impulso que dieron para la creación de la Sociedad Filarmónica y el Conservatorio. Así también se menciona la importancia que ha tenido la Universidad de Chile, desde la creación en 1930 de la, en ese entonces, llamada Facultad de Bellas Artes en la formación de los músicos nacionales.

El resultado de siete años de trabajo de todos los profesionales que colaboraron, son mil 200 páginas distribuidas en diez tomos (ocho de los cuales ya salieron a la luz) con más de 27 mil entradas y 5 mil ilustraciones, muchas de ellas inéditas.


Diversidad y globalización

“Mestizos éramos y a mucha honra” escribió el cubano Alejo Carpentier, más conocido como escritor y periodista que como musicólogo, en su novela “La consagración de la primavera”. De esta forma explicaba la esencia de la cultura Latinoamérica, una mezcla entre las expresiones propias, marcadas por la diversidad étnica, con elementos extranjeros, que dan cuenta de los variados contingentes migratorios que durante años han ingresado a la región. Esta simbiosis refleja el intercambio histórico que se ha producido desde y hacia el Atlántico. “ Somos una especie de sopa hirviendo, a la que todo el mundo le echa algo. La mezcla entre lo propiamente americano, lo europeo y lo africano, evidencia tres troncos, que en sí ya son un conjunto de una gran diversidad. Por eso se producen discusiones cuando se habla del origen de la cueca: mientras algunos defienden que sea español, otros creen que es árabe”, señala el Prof. García.

Lo concreto es que esta situación se sigue produciendo y es la carta de presentación de la música latinoamericana cuando sale al mundo claro, porque la riqueza de ritmos, estilos y texturas cautivan a ciudadanos extranjeros. Basta ver el fenómeno que se produjo en 1999 con el documental del alemán Wim Wenders, “Buena Vista Social Club”, que mostraba la historia y de un grupo de músicos cubanos, los cuales a partir de ese momento ganaron reconocimiento internacional. El Diccionario de la Música española e hispanoamericana demuestra que existe una comunidad latinoamericana, espiritual y cultural que funciona como cordón de parentela. Todas las expresiones musicales del continente están marcadas por la heterogeneidad de estímulos de los que dan cuenta. “Aquellos que buscan la pureza de la cultura están propiciando su muerte”, enfatiza el Prof. Fernando García.

Margot Loyola



Violeta Parra
Un fenómeno que según el académico atenta en contra de esta multiplicidad que distingue la música latinoamericana es la globalización: “El proyecto de esta sociedad ahora es no tener proyecto. La diversidad ha ido desapareciendo, producto de las exigencias que el mercado impone. Hoy ganan los que fácilmente repiten las mismas fórmulas y buscan que el gusto de la gente sea lo más parejo posible. Es cosa de poner la radio, todas programan lo mismo y no se da cabida a los trabajos más elaborados. La ley ahora es “mientras más vendes, más ganas”. Cuando Emilio Casares, editor general de esta obra les dijo a los colaboradores del proyecto “escriban la historia musical de sus países” , la tarea parecía imposible, sin embargo, salió exitosa y los resultados ya están a la vista. El que toda la información musical de Latinoamérica esté contenida ahí es un aporte invaluable a la conservación y difusión de un área que en muchas naciones es descuidada. Así lo considera el Prof. Fernando García: “La música necesita amparo, no la apoya nadie, porque es carísima. Es vital que se formen músicos, que hayan compositores, investigadores y que más gente escuche música. Ahí radica la importancia de esta obra”.










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