Rector Prof. Luis Riveros al asumir segundo período
La máxima autoridad expresó que siempre se dijo que el tercer Gobierno de la Concertación sería el de la educación superior, al no ser así, siente que el sistema está acumulando una crisis.

Cuatro años al mando de la conducción
de la Universidad de Chile le dejan al Rector Prof.
Luis Riveros una mezcla de sensaciones.
Dirigir la Casa de Bello -confiesa- ha sido
una experiencia fascinante, tanto por la
gran responsabilidad que significa guiar
el destino de la institución, como por el
aprendizaje permanente que ella le demanda.
También, admite, ha sido una tarea a veces
“angustiante” por la gran cantidad de problemas
de largo arrastre que enfrenta la Universidad
y que causan importantes frustraciones
a toda la comunidad del plantel.
Recuerda el caso de la Editorial Universitaria,
las necesidades en el ámbito del
arte y el déficit para atender la docencia
o la extensión artística, entre otros. “En
estos casos a uno le viene una angustia
muy importante porque francamente estas
cosas necesitan recursos y decisiones
que no están a la mano”, explica.
Pero más allá de estos sentimientos, es el
entusiasmo para superar las dificultades
lo que prevalece en el Rector ante el camino
que le queda. El 3 de julio iniciará
formalmente su segundo período en la
conducción de la Casa de Bello.
-Ha demandado mayor compromiso
del Estado con la institución ¿qué es lo
que espera y cuál será su postura frente
a esto?
-Uno debe esperar iniciativas que tengan
que ver con políticas respecto de la institución,
sin embargo, yo lo veo como un
tema de la educación superior en su conjunto.
Le hemos presentado varias veces
al Presidente la inquietud respecto a la
necesidad de ordenar el sistema, rediseñar
políticas, ver el tema del financiamiento.
Esto no sólo porque se necesitan más recursos,
sino porque hay que ordenar los
instrumentos por los cuales se invierte en
educación superior. Es un proceso que
creo no ha comenzado, que no ha habido
suficiente voluntad política...Por esto vamos
a seguir insistiendo en la necesidad
de definir políticas. Sin esto último no es
bueno que se hagan reclamos por recursos.
Por lo tanto, el llamado a las autoridades
es a definir qué queremos del sistema.
-En ese sentido ¿esperaba más del discurso
del Presidente el 21 de mayo?
-Esperaba que hubiese más focalización
de las políticas sobre los problemas de la
educación superior. No sólo el tema del
financiamiento, sino que en general, pero
el Presidente decidió privilegiar los de salud y de política social. El Presidente
determina cuáles son sus prioridades,
pero yo creo que no podemos seguir posponiendo
este tema. Siempre se dijo que
el tercer Gobierno de la Concertación sería
el de la educación superior, cualquier
cosa que eso signifique. Creo que el sistema
está acumulando una crisis... Tenemos
que pensar con más cuidado lo que
estamos haciendo porque si no tendremos
un sistema que avanza con reglas que
aunque se traduzcan en bajos costos, finalmente
nos lleven a la mediocridad y a
un desarrollo que es inadecuado para las
expectativas del país.
-A su juicio ¿cuáles son las reformas
más urgentes?
-En primer lugar la existencia de una
Superintendencia de Educación Superior
y el reordenamiento de los temas de
financiamiento, lo que requiere crear nuevos
instrumentos, ya que es necesario diferenciar
entre las instituciones por el nivel
de complejidad de sus tareas. Otro
gran tema es el del crédito universitario,
que tiene que ver con aseguramiento de
calidad y con el tema de la igualdad de
oportunidades. ¿Para qué nos cerramos
los ojos? El crédito debe ser utilizado para
estimular o apoyar ciertos grupos sociales,
áreas de conocimiento y regiones del
país y eso se puede hacer con crédito y
ayuda solidaria efectiva. No sacamos
nada con darle crédito a un muchacho
pobre si no puede subsistir por las condiciones
en que vive.
El cambio en marcha

Según explica el Rector, si en su primer
mandato el énfasis estuvo en la normalización
institucional y presupuestaria y la
reforma al pregrado, esta segunda etapa
será de consolidación de lo realizado,
poniendo un especial acento en la parte
académica, funcionaria y estudiantil.
“Había que poner muchas cosas en orden
en la casa para entrar a esta parte del
cambio”, sostiene.
De lo realizado hasta ahora, de los nuevos
énfasis y metas para su segundo período
y de lo que espera de la política de
educación superior habló el Rector
Riveros, advirtiendo que en el rumbo y
tareas que siga la Universidad de Chile,
será fundamental el compromiso de toda
la comunidad.
¿Cómo han sido estos cuatro años?
- Ser Rector es una experiencia fascinante.
Uno siente la enorme responsabilidad
de conducir una institución que tiene una
gran diversidad de la que tiene que aprender
siempre, tanto de lo que ocurre en las
distintas unidades como de sus planes, las
personas, de los cambios que van ocurriendo
en el ambiente externo y que obligan
a cambios en nuestras unidades... Por
eso uno no puede tener arrogancia y es
algo que se debe tomar con mucha sencillez
y humildad. También por la gran responsabilidad
que hay envuelta, la tarea
se hace a veces angustiosa. Hay que enfrentar
decenas de problemas simultáneamente,
ya sea con las unidades, con los
grandes desafíos de la universidad hacia
fuera, con las decisiones que muchas veces
hay que tomar y que son complejas y
delicadas, y sobre todo porque soy un
convencido de que un Rector debe ser
profundamente respetuoso de las personas
y por ello no puede pensar que está
dirigiendo una institución vacía.
-¿Está satisfecho con su gestión hasta
ahora?
-No. Porque como lo he dicho muchas
veces, hacer cambios en la Universidad
no es cosa de más o menos decretos. Es
un problema de convencer, de cultura,
porque todos los académicos hablan de
hacerlos, pero “que a mí no me cambien
nada”. Y cuando se suma eso, evidentemente
se produce un enorme inmovilismo,
entonces uno se da cuenta de que tiene
que ir produciendo una cultura de cambio
en cosas, por ejemplo, como la integración
del trabajo de las facultades que
es una cuestión fundamental para esta institución.
Y lo mismo en los cambios estructurales.
Creo que, por ejemplo, uno
muy grande está teniendo esta institución,
es el nuevo Estatuto, pero en él hemos
trabajado años y alguien podría decir por
qué no se hizo en un mes. Bueno, porque
la institución no resiste. Diría que nuestra
experiencia con ese tipo de cambios
son malas. Lo mismo sucede cuando se
dice reduzca personal o reduzca académicos.
Esas medidas no se pueden tomar
contra la voluntad de las personas. Aquí
debe haber tránsitos y procesos y esos envuelven
mucha complejidad y en consecuencia
las cosas deben ser a la velocidad
que admite la Universidad, porque si
no ésta se puede desmoronar. Uno podría
hacer listas de académicos y decir estos
se van o se quedan, pero qué queda después
de eso sino que un gran sentido de
frustración y de falta de respeto hacia las
personas.
-¿En qué se podría haber ido más rápido?
-Pensé que el estatuto lo sacaríamos en
un año y demoró más de dos. Creí que
transformaríamos rápidamente nuestra
enseñanza del pregrado, que aunque hemos
avanzado, sólo en unos años más
podremos concretarlo. Lo mismo en
posgrados, en cambios en las estructuras
de la Universidad y en el proceso de integración
del trabajo de las facultades.
Lo que viene
-¿Cuáles son sus próximos pasos?
-Hay que cambiar un poco los énfasis. El
de la primera parte de mi gestión estuvo
en la normalización institucional. Eso significaba
nuevos estatutos, qué queremos
ser y hacer, y hemos terminado con eso.
Esa fue una larga discusión que tenía que
darse con equilibrio, ya que no se podía
tener un proyecto que tuviese la oposición
de una parte significativa de la comunidad
universitaria. Había que
consensuar cosas y ello toma tiempo.
Otra prioridad fue la normalización
presupuestaria, la que hemos
alcanzado. Estamos funcionando
con un presupuesto que hoy al menos
es manejable. Los problemas estructurales
de la institución están aún
ahí porque necesitan más recursos.
Por otro lado, hemos avanzado
en hacer reforma en la parte de
los principios académicos, el
tema de integrar más el
pregrado, hacer más
posgrados y tener
lineamientos de desarrollo
estratégico. Todo eso lo hemos
hecho, hemos avanzado
mucho en eso.
-¿Pero cómo visualiza usted
su segundo período?
-Esta nueva etapa tiene
que tener como prioridad
el trabajo académico.
Eso significa un
programa para poder
profundizar nuestra
excelencia académica,
para poder
enriquecerla con personas
jóvenes, y eso es
posible hacerlo, ya que
tenemos más fundamentado
el crecimiento
de los doctorados.
También está la calificación
académica que es un
elemento muy importante.
Saber qué es lo que esperamos
de cada uno y contar con
un instrumento que sea adecuado
para eso y, junto con
todo, un ordenamiento que tendremos
que hacer Facultad por
Facultad para determinar qué
ahorros son factibles, qué necesidades
son posibles de cubrir
y qué transformaciones deben
hacerse. En un aparato académico
hay cosas que cambiar, ya
que hay áreas que están desgastadas
y hay otras que son muy
importantes y hay que apoyar.
Ese proceso tiene que tener prioridad.
-Usted se ha referido a los
programas de apoyo a los académicos ¿En qué consiste ello?
-Se relacionan con el rediseño de
las tareas. Hay académicos que se
desempeñan en áreas que hoy son
cruciales para el país y que necesitan
más apoyo y otras que necesitan cambiar,
redimensionarse o probablemente
un reenfoque. Eso no se puede hacer
en general, sino que; Facultad por
Facultad. Desde el punto de vista funcionario,
la prioridad está en hacer un
ordenamiento teniendo en cuenta que
hay una gran cantidad de personas que
está en condiciones de jubilarse y que
debiéramos buscar los mecanismos para que ese proceso sea aceptable y
adecuado.
-Y respecto a los estudiantes.
-Me preocupan desde luego los temas
externos y macro del financiamiento, pero
en lo interno que haya una demanda importante
por servicios de bienestar, por
apoyo en ese ámbito y que no seamos
capaces de satisfacerlo en su totalidad.
Evidentemente ahí hay un problema de
recursos y de prioridades. Entonces eso
es una cosa que hay que enfocar sin pasiones
y objetivamente, porque esta Universidad
debe promover diversidad social.
Y si queremos promoverla, tenemos
que apoyar nosotros a los estudiantes
pobres, pero eso significa tener instrumentos
que estén bien focalizados porque
estos muchas veces tienen filtraciones
y no están dirigidos a quienes lo necesitan.
Por lo tanto, en la parte académica,
funcionaria y estudiantil es donde vamos
a concentrar el trabajo.
-Volviendo atrás ¿cómo se va a canalizar
el apoyo que propone para el plantel?
-Lo que pasa es que tenemos que entregar
más instrumentos a las vicerrectorías
y a los decanos para ir poniendo estas
iniciativas en el campo específico. En el
caso de los funcionarios, hemos trabajado
suficiente en la necesidad de adoptar
una carrera funcionaria, pero eso significa
ordenar el tema de la dotación y las
jubilaciones.
-¿Y en cuanto a los académicos?
-Los programas para los académicos tienen
fundamentalmente que ver con el
tema de los incentivos, con el mejoramiento
de remuneraciones y con poseer
un sistema de calificación que sea realista
y efectivo. Esto es aparte de los programas
que tienen que dar apoyo en la
parte de investigación y capacitación docente.
En eso hemos hecho un esfuerzo
importante y vamos a continuarlo.
-Cuando fue reelecto usted dijo que recogería
parte de los programas de otros
candidatos ¿a qué iniciativas se refería?
-Lo que pasa es que nunca leí iniciativas
específicas... Más bien recojo la inspiración
que hubo en el apoyo a ellos en el
sentido de que se decía “aquí hay que profundizar
la calidad, ordenar la parte académica
o poner más énfasis en la investigación...”
Creo que en gran medida estoy
leyendo que eso es lo que quieren los
académicos de la Universidad...Cuando
dije eso estaba pensando en que no habían
existido programas que fueran tremendamente
contradictorios en sus principios.
Pero el apoyo que otros recibieron
ratificó el convencimiento de que eso
tenía mucho que ver con el deseo de los
académicos de avanzar en esa línea, de
que quieren un cambio. Siempre expliqué
que nada hay contradictorio con eso,
sino que lo que yo he hecho se relaciona
con las prioridades que debían ir a su
tiempo. Qué sacábamos con decir hagamos
cambios en lo académico si teníamos
un presupuesto que tenía un déficit gigantesco... Había que poner muchas
cosas en orden en la casa para entrar a
esa parte del cambio y ojalá en cuatro
años más alguien postule la necesidad de
partir de ese punto y avanzar más allá.
Creo que vamos a tener resultados importantes
en las materias académicas que
he indicado, pero siempre he pensado que
hay que partir por la parte primera y esa
era poner en orden la casa cuando no estaba
claro para dónde íbamos, qué presupuesto
teníamos y cómo lo manejábamos.
-¿Cómo pretende enfrentar la deuda
que actualmente tiene la Universidad?
-La tenemos que pagar con el presupuesto.
Hay que hacer una programación. La
deuda no ha aumentado, la hemos ido
reduciendo aunque marginalmente. No es
un problema inmanejable para la institución,
pero la Universidad debe programarse
para tratarlo en los próximos diez
años y terminar con eso.
-En los desafíos que enfrenta la “U” ¿qué
rol juega la comunidad universitaria?
-Todos, desde el profesor instructor al
decano, todos tenemos que tener conciencia
de que sólo un trabajo comprometido
con la institución y unido a un
concepto de cambio cultural puede
ayudar a cambiar las cosas. Esto es muy
importante porque muchas veces los
académicos nos quejamos de que estamos
desatendidos y la pregunta es qué
hacemos nosotros para que la Universidad
supere sus problemas... hay quejas
tanto de la política del Estado y la
forma anacrónica en que se tratan los
problemas, pero ¿cuántos son los académicos
que han participado en debates
públicos sobre esta materia? ¿cuántos
hemos escrito en los diarios? ¿cuántos
buscamos los espacios para poder
hacer presente esta materia? Son pocos.
Eso se espera que lo haga el Rector,
las autoridades y esa es una actitud
que hay que modificar. Tiene que
haber mayor compromiso. Por lo tanto,
mi llamado es a estructurar nuestras
ambiciones, nuestros sueños y voluntad
de cambiar las cosas, con un alto
grado de compromiso.
-¿Y ese llamado cómo puede materializarse?
- Esto significa participar. Los académicos
no pueden estar en su oficina esperando
que los problemas se solucionen.
Los buenos académicos deben participar
con ideas en los organismos que
la Universidad tiene para ello, como los
consejos. Los buenos académicos debieran
estar muy comprometidos en esa
tarea porque de otra forma esta institución
puede correr el riesgo de quedar
sólo en una gran multitud de afirmaciones,
de quejas, de voluntades que
se expresan, pero sin acción.