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Prótesis fijas
Revolucionaria tecnología para lucir una gran sonrisa

La pérdida de uno o más dientes repercute en la salud general provocando trastornos tanto en la masticación y en la estética, como en el equilibrio sicoemocional de quien la sufre. Hoy, los avances en esta área permiten cubrir todas estas demandas, dejando obsoletas a las incómodas placas removibles.


Prof. Dr. Francisco Omar Campos.
"Cuando el paciente pierde total o parcialmente su dentadura, automáticamente se torna retraído, sicológicamente queda aniquilado y su calidad de vida se ve disminuida. Además, generalmente se le colocan prótesis que no son estables, que le impiden comer o hablar de forma normal y para reírse o toser tiene que ponerse la mano en la boca. Como se siente inseguro empieza a evitar todas las relaciones sociales".

De esta forma, el Prof. Dr. Francisco Omar Campos, especialista en implantología buco-maxilofacial de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile, explica por qué el proceso de rehabilitación de una dentadura dañada requiere una preocupación mayor que el simple devolver los dientes a una persona para que siga comiendo. Hoy se considera al afectado como un ser biosicosocial, es decir, que junto con ver mermadas sus funciones orgánicas, se desarrolla en un determinado ámbito social y posee un perfil emocional específico que se ve resentido y que se expresa a través de demandas específicas.

Dentro de este concepto, según el Prof. Campos, como la belleza y la estética se han convertido en la principal exigencia de los pacientes, cobra vital importancia que el profesional de esta área llegue a un equilibrio entre lo que la persona quiere y lo que él le puede entregar.

Afortunadamente la tecnología en este campo ha dado en el clavo con cuatro requisitos claves: devolver la función masticatoria en un alto porcentaje (con las prótesis removibles se pierde casi el 80% de esa capacidad), dar énfasis a las demandas estéticas, reinsertar en su entorno a quienes han perdido todos sus dientes y devolverles su calidad de vida.

Se trata de las prótesis fijas, implantes que obedecen a la norma de considerar al sistema masticatorio como una sola unidad, por tanto busca conseguir una armonía tanto en las articulaciones, la musculatura, dentadura y tejidos anexos, sin que ninguno salga perjudicado. El desafío es que el paciente recupere la normalidad al hablar, reír, comer o mover los labios. Los beneficios de este sistema de recuperación dental son evidentes. Es aplicable en todos los casos, cuenta con un alto porcentaje de éxito y puede durar hasta treinta años. La operación en la que se colocan los implantes es ambulatoria, nada invasiva, lo que asegura un post operatorio sin grandes alteraciones y una fácil recuperación que dura cerca de diez días.

Esta tecnología se puede utilizar en pacientes, desde los 16 o 17 años, cuando ya han terminado su proceso de desarrollo, y no tiene límite de edad. “El error ocurre cuando alguien dice ‘el paciente es muy viejito, para qué le vamos a poner el implante’, y como la mayoría de los abuelitos usa prótesis removibles, pierden casi en su totalidad la función de cortar y moler, por eso tragan y no desmenuzan los alimentos. Mientras el bolo alimenticio sea mejor y formado por micropartículas, es más fácil la absorción de los nutrientes lo que favorece el proceso digestivo. Por esta razón las prótesis fijas son altamente recomendables especialmente para los adultos mayores”, subraya el especialista.


Reconstruir sin destruir

Uno de los grandes problemas que enfrentan los profesionales de este campo es solucionar la pérdida de dientes molares, ya que son ellos los que detienen el movimiento de la mandíbula, impidiendo que esta se desplace. A diferencia de las prótesis removibles que no solucionan este problema, los implantes fijos garantizan la recuperación de esta función.

“Antes, para poder reemplazar una pieza dentaria se tenían que romper los dientes de los lados y hacer un puente artificial. En cambio, el axioma del nuevo milenio es recostruir sin tener que destruir, es decir, mantener la condición indemne de los dientes vecinos, no tocarlos y poder reponer la pérdida”, explica el Prof. Dr. Campos. Por esta razón las prótesis fijas actúan imitando el funcionamiento normal del sistema, es decir, se instala un elemento que reemplaza la pieza y que es conectado a la estructura ósea: primero, la raíz artificial es colocada dentro del hueso, el cual sin problema cicatriza a su alrededor, luego, se coloca una corona, con lo que queda configurado el implante como tal. Su composición de titanio, un bíomaterial que es muy bien recepcionado y que no produce reacciones contrarias, evita que sea rechazado por el organismo.

Dependiendo del resultado de un análisis de cantidad y calidad del hueso, se escoge para cada paciente una de las dos modalidades con que se realizan estos implantes. Cuando el diagnóstico es favorable se aplica la “carga inmediata”, es decir, en una misma cirugía se coloca completo el o los implantes y se recupera inmediatamente la función normal de la pieza dentaria. En cambio, en el sistema de “carga diferida” se colocan primero las raíces y se espera que se unan con el hue- so ( varía de tres a seis meses, dependiendo de la ubicación del implante: en la mandíbula o el maxilar), sólo cuando la cicatrización es óptima se colocan sobre ellas los dientes. Durante el tiempo de espera los pacientes debe utilizar prótesis de transición, que resultan un mal menor, al lado de todas las ventajas que obtienen una vez que se completa el proceso y se les instalan sus implantes definitivos. Esta intervención quirúrgica no es muy compleja- a menos que sea necesario recuperar ciertas condiciones dentales afectadas y hacer extracciones- pero requiere una rigurosidad extrema durante la hora y media a cuatro horas, dependiendo del número de implantes que se coloquen, que puede durar. Aunque algunos crean que se trata una experiencia traumática, hay que destacar que no es dolorosa, puesto que los pacientes durante la cirugía son sedados. Para facilitar la recuperación se usan anti inflamatorios, lo que permite que el paciente a los diez días ya este recuperado totalmente, con todas sus funciones orgánicas marchando en perfectas condiciones.

Para el Prof. Dr. Francisco Omar Campos, quien desde 1987 ha aplicado esta técnica, “la prótesis fija no es de uso masivo, debido a que aún tiene un costo alto, sin embargo, en los últimos años ha tendido a descender producto de la importancia que tiene dentro del concepto de salud integral. Lo básico es entender que si algo no funciona en el sistema masticatorio, ya sea en las articulaciones, dientes o tejidos, siempre va a repercutir en el resto del organismo”.

Dentro de este escenario el fin de las placas removibles es inminente, porque presentan grandes desventajas, como el ser inestables al actuar sólo por adhesión de los tejidos los que naturalmente van desgastándose, provocando inseguridad en quienes las utilizan. En los próximos años la única forma de que sobrevivan es que sean ancladas a implantes fijos, de modo que se conviertan en una renovada y cómoda alternativa.

En cambio, las prótesis fijas han ganado terreno al demostrar niveles de éxito y durabilidad muy altos, devolviendo a quien ha perdido parte de su dentadura la calidad de vida y la confianza para enfrentar el día a día sin temores ni vergüenza.










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