Después de los temporales... viene el estrés pos traumático
Las estragos de las peores lluvias en cien años que asolaron la zona central, provocaría en las casi cincuenta mil personas que sufrieron pérdidas de seres queridos y anegamiento, este trastorno que se caracteriza por generar baja autoestima y depresión. Una barrera que en gran parte de los casos se torna insuperable e impide dejar el mal rato en el pasado.
 Prof. Germán Rozas.
|
Quedó completamente arrasado el
balneario de Los Molles, producto
de un aluvión que dejó
cuatro víctimas fatales. El dramatismo del
hecho, lo ha convertido en la cara más
oscura del temporal, y ha puesto en el tapete,
la discusión sobre cómo un episodio
de este tipo afecta sicológicamente a
quienes sufren en carne propia la fuerza
de la naturaleza.
El hogar es el lugar que cobija a cada ser
humano en lo más íntimo de su existencia
y en “un desastre inesperado del que
no se tiene ningún control, como también
lo son los terremotos y atentados, generan
un estrés fuertísimo en las personas.
Eso significa que impacta en la personalidad
y puede desarticular las relaciones
familiares y sociales. Todo eso provoca
una especie de inmovilidad, que no le
permite que salga adelante”, argumenta
Germán Rozas, Profesor de la Escuela de
Sicología de la Universidad de Chile.
El estrés pos traumático se caracteriza
porque quienes lo padecen manifiestan
baja autoestima, depresión y reacciones
emocionales que lo fatigan más y que
pueden afectar a la familia en su conjunto.
Como la persona siente que no puede
explicar lo que pasó, no sabe qué hacer
en el diario vivir y cómo actuar. Su vida
se vuelve vulnerable.
Nadie está preparado para enfrentar una
muerte inesperada, muy distinto es cuando
afecta a una persona que ya está enferma
y que se sabe que podría morir.
Cuando ocurre producto de un evento
sorpresivo trae consigo un trauma enorme,
que va a mantenerse por lo menos
durante un año, aunque toda la vida va a
estar presente el recuerdo de esta oscura
situación.
La muerte, desde el punto de vista
sicológico, presenta impactos diferenciados
de acuerdo a quien sea la víctima. La
pérdida de un hijo, encabeza la jerarquía
de los factores que producen el estrés y
que provoca mayor dolor, porque genera
un vacío imposible de llenar. Distinto es
cuando una persona sufre la muerte de
los padres, sobretodo si ya son de la tercera
edad.
Cuando un niño queda huérfano producto
de una catástrofe, “se produce un
desequilibrio, porque se trata de las figuras
que lo guían y le muestran el mundo,
lo que hace muy fuerte el impacto. La dificultad
que se presenta en este caso es
que los infantes tienen mayor dificultad
para reflexionar y asimilar intelectualmente
esta situación”, explica el Prof.
Rozas. El estrés pos traumático en niños
se manifiesta a través de la confusión
acerca de lo que es verdad y la presencia
de fantasías, muchas veces destructivas
que les provocan dificultades para quedarse
dormido y pesadillas. Ante esta situación
juega un rol fundamental la familia,
ya sean sus hermanos mayores, tíos
o abuelos, quienes deben ayudar a amortiguar
los efectos de esta debacle emocional
y brindarle apoyo en la parte
afectiva. Asimismo, los vecinos y la comunidad
en general puede aportar a través
de la solidaridad. Para el académico,
“es importante también la asistencia
sicológica de un profesional, porque la
mayoría de las soluciones que se dan a
veces, pasa sólo por la entrega de productos,
ropa, colchonetas, que es una ayuda
importante, porque resuelve la urgencia,
pero se tiene que tomar en cuenta
también el factor emocional”.
Más abajo en la escala de impactos se
encuentra la pérdida material, ya sea de
la casa o de los enseres, situación que en
la mayoría de los casos tensiona las relaciones
familiares, porque empiezan a
generarse culpas y resentimientos del tipo
“por qué compraste la casa aquí”. Para
sobrellevar esto es importante que el grupo
analice y reflexiones sobre lo que ocurrió
y evalúe el real impacto financiero
que han sufrido. A partir de ahí podrán
ver cuál es la salida concreta que tienen
para dejar atrás el episodio y de qué forma
pueden evitar sufrir lo mismo nuevamente.
Los desastres naturales como detonante
del estrés pos traumático no discrimina
entre chicos y grandes y la única forma
de aplacar sus síntomas es que la persona
busque una salida activa, para que no siga
decayendo. El contacto con los colegas,
compañeros de colegio y el entorno más
cercano es fundamental y se considera
clave para superar la depresión. Cuando
la situación se torna crítica se recomienda
la ayuda sicológica de un profesional.
Solidarios, pero no precavidos

Cuando alguien experimenta o presencia
eventos que amenazan su vida, su integridad
física o la de otras personas, se
anula y queda inmovilizado. Esto ocurre
principalmente, según el Prof. Rozas,
porque la población no tiene conciencia
de que en nuestra sociedad siempre está
latente la probabilidad de un desastre, por
eso cuando este ocurre, es incapaz de
internalizarlo y entenderlo. “Nos hace
falta formar una cultura preventiva, entender
que nuestra vida en términos individuales
tiene un límite, así cuando ocurra
una catástrofe natural, nos podamos
dar cuenta de que afecta a todos y que
individualmente no lo podemos resolver”.
El factor prevención en este sentido es
fundamental para anticiparse y enfrentar
este tipo de problemas. Así como es importante
que las autoridades asuman su
responsabilidad y determinen cuáles son
los problemas que existen, cada persona
debe autoanalizarse y ver en qué ha fallado.
Una conciencia colectiva, implica
que la responsabilidad sea entendida
como problema de todos: así como corresponde
a la municipalidad hacer los
estudios previos para autorizar la construcción
de viviendas, un ciudadano común
debe preocuparse, en este caso, antes
de que llueva, de revisar las instalaciones
para evitar la posible entrada de
agua a su hogar.
Esta organización para la acción es la
mejor forma para resolver satisfactoriamente
los desafíos que pone la naturaleza.
Para el Prof. Rozas lo sumo del problema
radica en que “los chilenos todavía
no tenemos esa cultura preventiva,
aunque sí poseemos una cultura solidaria.
El dolor que sienten las familias afectadas
es compartido por el resto que trata
de ayudar materialmente, pero lo ideal
sería organizarse con anticipación y no
esperar que ocurra un desastre de gran
magnitud para movilizarse”.