El debate público sobre la sustitución
de la actual P.A.A. por el proyecto
SIES, culminó en una solución
lógica que debió preverse desde un
comienzo. Existirá un período de transición
de tres años, (2003 a 2005) a lo largo
de los cuales se irá incluyendo mayor material
curricular en cada una de las pruebas
(lenguaje, matemáticas, ciencias y
ciencias sociales). Los estudiantes estarán
obligados a rendir sólo tres de
estas pruebas (cuyas ponderaciones
serán establecidas por
cada institución universitaria),
no se impondrán preguntas de
puntuación graduada ni se introducirán
preguntas de ensayo. El
período de transición permitirá
evaluar cuidadosamente el proceso
en un sistema administrado
por la Universidad de Chile
y que contará con pautas y evaluación
académica por parte de una Comisión
Directiva del Consejo de Rectores.
El debate finalizó con una prueba equilibrada
y lógica, que permitirá el tiempo necesario
para observar el impacto de los
cambios y valorar sus contingencias. Esta
postura, que fue siempre la de la Universidad
de Chile, fue llevada públicamente
para favorecer este cambio, que es el “inevitable”
experimento generalizado de
nuevas pruebas. Aquí se toma la P.A.A.
como base para ser enriquecida con el caudal
de materias que comprende el currículo
de enseñanza media. La comunidad escolar
debe estar, por tanto, tranquila respecto
de los desarrollos en esta materia,
puesto que sus representantes serán también
invitados a participar con sus opiniones
en el establecimiento de las necesarias
pautas académicas.
Lo ingrato de las discusiones públicas y las
acusaciones injustificadas contra la Universidad
de Chile, deben quedar atrás. Especialmente
porque se ha encontrado un camino
de equilibrio y consenso, pero también
porque es impertinente efectuar comparaciones
poco felices en asegurar que
existen ganancias sobre normales.
La Universidad de Chile nunca diría,
por ejemplo, que las notables
diferencias en los montos de los
aranceles que prevalecen entre
distintas universidades, se debe a
la existencia de “negocios” más
o menos rentables. Al ser la nuestra
una Universidad pública
que no practica la generación
y reparto de utilidades financieras,
esta lógica de análisis le es extraña y
poco afortunada en una discusión académica.