Documento de trabajo 8 de marzo de 2018. Día Internacional de la Mujer en la Universidad de Chile

Veamos ahora qué ocurre con las expectativas de los futuros docen- tes. En este estudio, conjunto con Salomé Martínez y Francisco Mar- tínez, usamos una metodología de casos hipotéticos, trabajamos con 208 estudiantes de Pedagogía Bá- sica de 17 universidades distintas del país, a quienes les presentamos aleatoriamente el caso de un es- tudiante de enseñanza básica que tenía problemas en matemáticas. Cada estudiante de Pedagogía se enfrentaba a un caso de un alumno en que lo que se relata era idéntico, lo único que cambiaba era el nom- bre del protagonista (Julio o Julia). Y luego se les preguntaba si este es- tudiante iba a seguir con problemas con las matemáticas en el futuro. Lo que encontramos fue que si se trata- ba de una niña, los futuros docentes pensaban que continuaría teniendo problemas en matemáticas en el fu- turo, pero si se trataba de un niño, este no continuaría con problemas. No obstante, lo que encontramos más potente es que al hacerle la pregunta sobre si iban a tener a fu- turo problemas en otras materias, los futuros docentes extrapolaban los problemas de matemáticas a otros ramos sólo en el caso de las niñas y no en el caso de los niños. Hicimos el mismo ejercicio con len- guaje y no encontramos diferencias entre niños y niñas, o sea, esto sólo ocurría en matemáticas. Como no teníamos suficientes hom- bres en la muestra, dado que eran estudiantes de Pedagogía Básica, no pudimos separar y diferenciar lo que pensaban las futuras profeso- ras versus los futuros profesores. La gran mayoría eran estudiantes de Pedagogía mujeres, por tanto, tal como mencionó Johanna, da la im- presión de que las bajas expectati- vas respecto a las niñas es más bien algo generalizado. Para ver qué ocurre con los profe- sores en la sala de clases, podemos recurrir adosestudios, uno realizado por el BID y otro por la Universidad Católica de Chile. Ambos estudios hicieron un análisis de la interac- ción alumno-profesor en el aula. Los videos no fueron grabados para evaluar comportamiento de género, por lo tanto, no están sesgados en este sentido. Lo que estos estudios independientes encontraron es muy similar. En primer lugar, constataron que los docentes prestaban menor atención, medido en menor tiempo, a las niñas que a los niños. Más allá de que los niños son más activos o desordenados en clase, había una mayor atención hacia ellos. También observaron que los docentes formu- laban preguntas de matemáticas más complejas a los niños que a las niñas. Encontraron también que las mayores diferencias ocurrían cuan- do los profesores tenían menos con- trol de la clase; o sea, si las clases eran más desordenadas, con menor control disciplinario, se producían más diferencias. Además, los pro- fesores que tenían peor desempeño en su enseñanza, medido por la he- rramienta de observación de clases CLASS, presentaban mayores ses- gos de género. También se obser- vó que las niñas cuyos profesores mostraban mayores sesgos tenían peores puntajes en el Simce. Asimismo, no se observaron dife- rencias entre profesores hombres y mujeres, pero sí había una correla- ción entre las creencias que tenían los docentes en relación a los este- reotipos de género y lo que ocurría en la sala de clases. Otro estudio tiene relación con la hipótesis de que la brecha de resul- tados puede tener que ver con el ar- tefacto que usamos para evaluar, o sea, con el tipo de pruebas. Hay evi- dencia en la literatura que existen diferencias de género en la aversión al riesgo y también en las actitudes hacia la competencia entre hom- bres o mujeres. La aversión al ries- go y la actitud hacia la competencia tienen que ver con estereotipos so- ciales, con la forma en que hemos sido criados. Hay un estudio muy interesante que analiza dos tribus, una en Tanzania, denominada Maa- sai, y una en India denominada Kha- 65 Universidad de Chile, 8 de marzo de 2018

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