UNIVERSIDAD DE CHILE
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Es por ello que el embarazo por violación es una realidad
social que multiplica las crisis para las sobrevivientes. Res-
pecto a la crianza, para las víctimas el hijo/hija es la cons-
tatación imborrable del hecho violento (independiente de los
afectos que puedan surgir), debiendo asumirlo sin desearlo
ni estar preparadas. La interrupción del embarazo no era una
decisión fácil, les generaba conflictos por los riesgos a los
que se verían expuestas si se realizaba en condiciones inse-
guras, por su penalización, por las sanciones religiosas y por
los imaginarios socioculturales condenatorios. La adopción
las situaba en una situación de fragilidad, por la preocupa-
ción sobre la impronta y estigma que dejaría en la vida de la
madre y quizás también en el niño/niña.
En el estudio de Lodoño se evidenció que las víctimas que
interrumpieron el embarazo no contaban con la capacidad ni
las condiciones para ser madres. La intensidad de su recha-
zo era tan fuerte, que estaban dispuestas a correr los riesgos
que fueran necesarios para la interrupción. Algunos testimo-
nios:
“Me sentí morir con la confirmación del embarazo”
. Otra
víctima manifestó
“que se sentía incapaz de traer al mundo
una criatura concebida en esas condiciones tan dramáticas”;
mientras que otra manifestaba:
“Si me tengo que morir me
muero y ¡sacaré plata de donde sea para hacerme el aborto!”.
Otros testimonios fueron:
“Vivimos de creencias, pero es muy
distinto tener un hijo con amor a mirarlo como si fuera una
cosa que se rechaza”; “Debía interrumpir pero el problema era
cómo hacerlo, a quien preguntarle, adónde acudir”; “Por amor
a mis otros hijos me decidí por la adopción”; “Nunca pensé
que interrumpir voluntariamente pudiera traerme tanta paz”.
Es así como, de quienes continuaron con la gestación, pocas lo
hicieron con agrado o alegría. En casi todos los casos fue por
falta de conocimiento sobre su estado, carencia de acceso para
interrumpir, falla de métodos empleados o presiones externas.
Continuar el embarazo no fue una opción ni una decisión per-
sonal. Unas pocas, con asesoría profesional o apoyo familiar,
trataban de aceptarlo y cambiar su percepción frente al mismo,
pero en general surge el estereotipo alentado por la cultura so-
bre la resignación, el cumplimiento de deberes, las creencias
de que una voluntad superior lo ha querido así, resultando muy
difícil oponerse o rebelarse.
Finalmente quisiera compartir algunas reflexiones personales
frente a los devastadores y abrumadores antecedentes y eviden-
cia de la violencia sexual y el embarazo producto de violación.
Lamentablemente, podemos observar que las mujeres sobre-
vivientes de violencia sexual tienen mayor probabilidad de
presentar consecuencias en su salud mental, física, gineco-
lógica y sexual, con serio impacto en su calidad de vida.
El embarazo producto de violación constituye una grave rea-
lidad social con connotaciones muy diferentes a un embarazo
no planificado producto de actividad sexual consentida, por
lo que resulta inadecuado interpretar, valorar y juzgar a las
víctimas con referentes ajenos al contexto de la violación,
que hace de ese embarazo un evento doblemente difícil y crí-
tico, por ser no esperado, no deseado, no planeado y además
consecuencia de violencia y agresión. Para las víctimas, con-
tinuar con el embarazo y crianza, interrumpirlo o considerar
la adopción, debieran ser opciones que correspondan a de-
cisiones informadas, que las personas sobrevivientes reali-
cen en base a sus propias convicciones, creencias y valores.
Nuestro rol como profesionales de la salud y como personas
debe ser informar y acompañar en este proceso de toma de
decisiones, teniendo extremo cuidado de no imponer nues-
tras propias creencias y valores. Es importante considerar
que frente a situaciones complejas, es necesario identificar
y considerar el curso de acción que mejor se acomode a las
necesidades y demandas de la víctima y no a las del profe-
sional o de terceros involucrados.
Para las víctimas, continuar con el embarazo y crianza, interrumpirlo
o considerar la adopción, debieran ser opciones que correspondan a
decisiones informadas, que las personas sobrevivientes realicen en
base a sus propias convicciones, creencias y valores.




