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DIÁLOGOS SOBRE EL ABORTO “PARIR LAS HABLAS”

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sucedía en 1994. Este factor de multiplicación, en la medi-

da en que el uso informado del Misoprostol se extiende, irá

creciendo. Una estimación publicada en 2013 la situó discre-

tamente en 6, de ahí la cifra promedio de 109.000 anuales, se-

gún una estimación de 18.200 egresos hospitalarios debidos

a complicaciones de aborto inducido por 6. La inexistencia de

registros transparentes permiten que luego algunos cuestio-

nen las estimaciones y digan que la indesmentible realidad no

existe, argumento que solo muestra lo poco que les importa.

Desde la mirada de la salud pública no hay dobles lecturas:

en este caso la legislación restrictiva es la no política. Está

demostrado que los países que regulan el aborto, especial-

mente aquellos con legislaciones amplias de interrupción

voluntaria y por plazos, logran disminuir en el tiempo la fre-

cuencia con que las mujeres acuden al aborto y por supuesto

los riesgos de su realización. Esto porque existen bajo ley

servicios a disposición de las mujeres donde junto con un

aborto seguro (que de otro modo igualmente realizarían clan-

destinamente) recibirán información para evitar un nuevo

embarazo no previsto, no planificado, no deseado. Además

ese apoyo permitirá también que estén a salvo en caso de

que el aborto no sea realmente una decisión de ellas.

Que las leyes liberales aumentan el aborto es tan falaz como

el que las leyes restrictivas lo impidan. Como señala la Orga-

nización Mundial de la Salud, una mujer, una vez tomada la

decisión de abortar lo hará independientemente de si en su

país es o no legal el aborto; lo hará de cualquier modo y co-

rriendo cualquier riesgo. Por supuesto aquellas más pobres y

con menos información correrán los mayores riesgos.

Las causas que llevan a las mujeres a enfrentar embarazos no

planificados, no previstos, no deseados seguirán sucediendo. La

actual propuesta legislativa prevé solo algunas de ellas, proba-

blemente la más significativa es la violación, por avanzar en el

reconocimiento del derecho a decidir de las mujeres en ámbitos

menos médicos, de vulnerabilidad e inequidad social y de género.

Quiero citar aquí una reflexión de Tegualda Monreal en 1968,

en relación a sus investigaciones sobre aborto, donde ya

apelaba a una mayor apertura para responder a las necesi-

dades de las mujeres que recurrían al aborto:

“Cabe preguntarse, dejando prejuicios culturales a un lado,

si no debiera plantearse para nuestro país, por lo menos en

aquellos casos de fracasos de anticonceptivos que han sido

recomendados por los servicios de salud, a la inducción del

aborto por los mismos servicios, lo que sin duda disminuiría

sus riesgos y respondería a una necesidad muy sentida en

estos momentos por la mujer chilena”.

Pertinente pregunta que en Chile aún no tiene respuesta; la in-

equidad de género en salud en nuestro país determina que las

mujeres, cuidadoras incansables de otros y otras en la sociedad,

algunas hasta el mismo fin de sus días, no tienen mientras vivan

en Chile completa libertad para cuidar de sí mismas, de sus pro-

pios cuerpos y de sus vidas según su voluntad.

Desde el punto de vista de la salud pública, que no dista en lo

sustancial de la perspectiva de derechos, este proyecto legisla-

tivo de ser aprobado a cabalidad representa un avance, aunque

insuficiente, en la protección de la salud de las mujeres.

Las mujeres que recurren al aborto cada año según estimacio-

nes son 100.000. Según las más conservadoras serían 70.000

al año, es decir, por lo bajo 8 abortos cada hora en el territorio

nacional. Con el actual proyecto de ley una pequeña parte podrá

acceder a un aborto seguro.

La negación del derecho a decidir por parte del Estado tiene

consecuencias sobre la salud, bienestar y vida de las mujeres,

consecuencias que no pueden seguir siendo invisibles, minimi-

zadas por la sociedad, el Estado y sus instituciones, ni menos

aceptadas en silencio por nosotras las mujeres. El manifiesto de

las mujeres de la Universidad de Chile es la voz de las mujeres

chilenas por el derecho a decidir.

Parece ser que las madres muertas cuentan más que las mujeres

vivas en este país, más que las ciudadanas por cierto.