DIÁLOGOS SOBRE EL ABORTO “PARIR LAS HABLAS”
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dolor abdominal recurrente, entre otras. Asimismo, las con-
secuencias en la salud sexual y ginecológica son de particular
relevancia, existiendo la probabilidad de quedar embarazada
producto de la agresión, de adquirir una infección de trans-
misión sexual, incluida la infección por VIH. Dentro de estas
consecuencias también existe la posibilidad de desarrollar
dolor pelviano crónico, dispareunia (dolor en las relaciones se-
xuales), ansiedad e insatisfacción en las relaciones sexuales
futuras, así como alteraciones en la libido y respuesta sexual.
Otras consecuencias descritas son: menor edad de inicio de
actividad coital consentida, menor uso de anticoncepción,
mayor posibilidad de embarazo a edades más precoces, ma-
yor riesgo de que se repita la agresión, quedando estas per-
sonas más vulnerables a situaciones abusivas. Existiría una
mayor frecuencia de deserción escolar y abandono del hogar,
así como un mayor riesgo de caer en situaciones de riesgo,
como ser víctimas de explotación sexual.
De las consecuencias previamente mencionadas, sin duda
el embarazo producto de una violación es sobrecogedor por
las consecuencias que implica. En otro estudio realizado en
Cemera por un equipo liderado por el Profesor Ramiro Mo-
lina, se demuestra la magnitud de esta realidad. El estudio
aborda esta problemática en 48 adolescentes con embarazo
producto de violencia sexual, comparándolas con 192 ado-
lescentes con embarazo producto de una relación de polo-
leo. En las adolescentes del grupo de estudio, en la mayoría
el embarazo fue secundario a violencia sexual intrafamiliar.
Comparadas con el grupo control, hubo una mayor frecuen-
cia de adolescentes menores de 15 años, de menor nivel
socioeconómico con actitud inicial negativa frente al emba-
razo, con escasa modificación al término de éste, persistien-
do sentimientos negativos, de frustración y culpabilidad. Se
describen malas relaciones parentales y actitud negativa de
los padres hacia el embarazo, así como una mayor morbili-
dad de la adolescente gestante durante el embarazo, parto y
puerperio con mayor frecuencia de puntaje de Apgar para el
recién nacido menor a 7 a los 5 minutos.
González y otros, en “Sexualidad y relaciones de pareja en la
vida de mujeres que sufrieron violación en su niñez o adoles-
cencia”, un estudio cualitativo realizado a 31 mujeres de 20
a 30 años con antecedente de embarazo por violación en la
niñez o adolescencia, revela también este carácter trágico. Tal
como se demuestra en la literatura, en las mujeres entrevista-
das reaparecen las culpas sexuales, la ansiedad e insatisfac-
ción en sus relaciones sexuales futuras, con disminución de
la libido, menor frecuencia de orgasmos y conductas sexuales
de riesgo. En este trabajo, un grupo importante de mujeres pre-
sentaron dificultades en establecer acercamiento y relación de
pareja, rechazando esta idea e incluso presentaban un rechazo
hacia el sexo masculino. De las mujeres que habían logrado es-
tablecer alguna relación de pareja, la mayoría lo había hecho
para satisfacer sus necesidades de mantención, compañía, cui-
dado, protección de ella y de su hijo, pero en algunos casos fue
por la necesidad de maternidad:
“...sólo busqué un hombre…
para quedar embarazada, porque el otro hijo, el de la violación
lo regalé..., y me sentí muy mal, siempre que me acuerdo, me
da pena…”
(Susana, 25 años). Para ellas el momento de las
relaciones sexuales era una situación de gran angustia y temor:
“... cada vez que llegaba el momento de acostarme con él se
me paraban los pelos, yo no siento nada, ni sus caricias, ni sus
besos, me da repulsión, siempre recordaba lo que me pasó y
me da asco, no me dan ganas de tener relaciones sexuales...”
(Ángela, 23 años). Pero el recuerdo traumático de la violación se
hacía presente:
“... cada vez que tratamos de hacerlo (relación
coital) se me viene todo a la cabeza y no podemos seguir ha-
ciéndolo, entonces, él se va a la pieza de los niños enojado y no
me entiende...”
(Rosa, 26 años). Frente al deseo y placer sexual
la mayoría indicó tener algún grado de dificultad como dolor o
recuerdos perturbadores de la violación:
“…no me dan ganas,
antes no podía sentir porque me acordaba de la violación, pero
ahora puedo sentir un poco..”; “…me dan ganas aunque me
duele cuando lo hago”
.
Londoño y colegas realizaron una investigación en 121 mu-
jeres de la ciudad de Cali, Colombia, aportando una inte-
resante y conmovedora aproximación a esta temática. Las
características de las mujeres eran: un 58 por ciento menor
de 20 años y de bajo nivel socioeconómico. De ellas, un 34
por ciento no tenía antecedentes de vida sexual y el 64 por
ciento de los agresores eran desconocidos. El 59 por ciento
de las víctimas no devela la violación, principalmente por
temor a la estigmatización; tenían especial temor a la inter-
pretación negativa que pudieran hacer las demás personas
al identificarlas como víctimas de violación. La autora señala
que el embarazo por violación, cuya incidencia es difícil de
cuantificar, constituye un período crítico que se traduce en
una crisis múltiple, inevitable de soslayar, en una explosión
de padecimientos desestabilizadores que sitúa a la mujer en
momentos de gran fragilidad emocional frente a la toma de
decisiones difíciles, como continuar el embarazo y crianza,
decidir por la adopción o la interrupción. En este grupo de
mujeres, el 72 por ciento interrumpió el embarazo, el 21 con-
tinúo con la gestación y crianza y el 7 optó por la adopción.




