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UNIVERSIDAD DE CHILE

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del aborto, en lo que Chile manifiesta un evidente retroceso

respecto del resto del planeta.

Hemos dejado atrás los años de las grandes cifras de morta-

lidad materna por aborto gracias a la instalación desde la dé-

cada del sesenta del programa de planificación familiar, cuya

solidez hizo que hasta el día de hoy se sostenga en el sistema

público de salud. Pero no sólo por eso. También porque, a pe-

sar de que seguimos teniendo un número de abortos estimado

en cerca de 100.000 anuales, las condiciones y los métodos

a través de los que son realizados son menos riesgosos que

antes. Las mujeres ya no recurren a prácticas como la sonda y

el tallo de perejil, de altísimo riesgo. Actualmente los abortos

se practican en clínicas, y no sólo en las clandestinas, como

sabemos y ya se ha reconocido públicamente.

Hoy, junto con los conocidos raspajes, ha ingresado el Miso-

postrol. Este medicamento, con un costo mucho más accesible

que un curetaje, permite abortos con pocas complicaciones.

En países donde el aborto es legal es utilizado para la inte-

rrupción voluntaria del embarazo hasta las 12 semanas y su

uso es acompañado y gratuito en el sistema público. En Chile

se vende clandestinamente y es utilizado por las mujeres con

niveles de orientación desconocidos, produciéndose más com-

plicaciones que las necesarias, aunque estas son menos fre-

cuentes y de menor gravedad que con los métodos de antaño.

Una se pregunta, ¿será por eso que llegamos al 2015 sin

aborto permitido en Chile bajo ninguna circunstancia? Y re-

suenan entre los fundamentos conservadores: no se nece-

sita, en Chile ya no se mueren mujeres por aborto, ya no

hay patologías que pongan en riesgo la vida de las muje-

res, los médicos no necesitamos ley para salvarlas si es el

caso. Parece ser que las madres muertas cuentan más que

las mujeres vivas en este país, más que las ciudadanas por

cierto. Al igual que en el femicidio, importa la muerte, pero

la violencia cotidiana contra las mujeres y en este caso la

institucional no parecen contar.

Dicen que lo que no contamos no cuenta; la penalización del

aborto en nuestro país impide registrar y conocer la frecuen-

cia del aborto, sus complicaciones y los daños a la salud

producto de su realización en condiciones de inseguridad.

Sin embargo, hay formas de estimarlo, pues de los abortos

que se complican, cuyo número puede inferirse de las cifras

oficiales, puede estimarse cuántos habría por cada aborto

que llegó complicado al hospital. Por ejemplo, cinco por cada

aborto complicado, como el Instituto Guttmacher estudió que

Desde la mirada de la

salud pública no hay dobles

lecturas: en este caso la

legislación restrictiva es la

no política.

La inequidad de género

en salud en nuestro país

determina que las mujeres,

cuidadoras incansables de

otros y otras en la sociedad,

algunas hasta el mismo

fin de sus días, no tienen

mientras vivan en Chile

completa libertad para

cuidar de sí mismas, de sus

propios cuerpos y de sus

vidas según su voluntad.